Sexo

Fotos de la época dorada del cine porno francés

"Os guste o no, el sabor del cine francés se parece un poco al de mi polla".

por Éditions de l'Œil; entrevista por Théophile Pillault
08 Abril 2016, 3:00am

Al director Gérard Kikoïne se le considera uno de los arquitectos del cine porno francés. Entre 1974 y 1984, Kikoïne filmó docenas de películas con las que capturó el lado salvaje de una generación que acababa de liberarse gracias a la cadena de protestas que se llevó a cabo en mayo de 1968, a la píldora anticonceptiva y a que el sida todavía no había hecho estragos.

A finales del año pasado, Kikoïne publicó Le Kikobook, un fotolibro con miles de imágenes inéditas que muestran varios momentos entre grabaciones en el set de rodaje. Me reuní con él para que me hablara de la época dorada del porno francés.

VICE: Hola Gérard. ¿Realmente los 70 fueron una época de orgías colosales que duraban 24 horas?

Gérad Kikoïne:
Para nada, se trata más bien de un mito colosal. Cuando llegas a un set a las nueve de la mañana solo estás ahí para trabajar. Jamás abusé de mi cargo como director y productor. Muchos de los que están en el mundillo —y sobre todo en la industria tradicional del cine— aprovechan para acostarse con las actrices jóvenes, pero yo no lo hice. Nos portábamos mejor que lo cineastas "consagrados".

¿Cómo era tu trabajo?

Los carretes de película eran muy caros y teníamos que filmar dos versiones de cada película: una suave para evitar la censura y una más hardcore para pasarla en cines específicos. Así que estábamos lejos, muy, muy lejos de esa colosal fantasía orgiástica. De hecho, todo estaba bien organizado y preparado. Casi nunca improvisamos para las escenas hardcore, a menos que los actores se sintieran muy cómodos. Montábamos el set con mucho cuidado y los castings eran muy precisos. El encargado de la gasolinera tenía que ser creíble, al igual que un arquitecto.



Entonces, todo era muy profesional.

Todo era cuadrado. El director de arte era muy estricto con las luces y los accesorios. Yo tampoco me movía cuando se trataba de los detalles. Sobre todo porque había mucho diálogo en mis películas. Quizá tenga algo que ver con mi pasión por el Expresionismo alemán. Admiraba los estrenos de Mike Nichols, la iluminación de Stanley Kubrick o la subversión de Lindsay Anderson. Todos mis colegas amaban el cine.

¿Tenías detractores?

El Movimiento de Liberación de las mujeres nunca llegó a interrumpir ninguna de las filmaciones, pero tampoco me sorprende, porque mis películas ensalzaban a las mujeres. Mis actrices eran el eje central del argumento. De alguna forma mis películas eran una forma de liberación para ellas, y ninguna fue obligada a grabar una película; nadie llegaba al set con un proxeneta.

¿Cómo eran los actores con los que trabajabas?

Trabajé con una generación de hedonistas posterior a 1968. Les gustaba divertirse y exponerse y disfrutaban del sexo. Brigitte Lahaie, una de las actrices, venía de una familia adinerada; estaba allí por diversión. La mayoría de mis musas actuaban en las películas porque querían y no porque les faltara dinero. En las noches, quienes quisieran podían hacer una orgía, pero todos trabajamos durante el día.

"Os guste o no, el sabor del cine francés se parece un poco al de mi polla" - Alban Ceray

¿Mucha gente vio tus películas?

¡Sí! Entre 1977 y 1982, mis películas vendieron más de cuatro millones de entradas. Fue muy bien y las distribuyeron en cerca de treinta países. Estábamos en todas partes. Un día, Alban Ceray, un actor porno e inspiración de Kikoïne entre 1970 y 2000, dijo: "Os guste o no, el sabor del cine francés se parece un poco al de mi polla".

Bien dicho.

Y un porcentaje de las ventas de entradas se fueron a CNC [El Centro Nacional del Cine y la Animación, una agencia gubernamental que promociona y produce películas francesas]. Nuestro dinero fue muy bienvenido. ¡Dinero pornográfico!

¿Qué pensó de ti la industria tradicional del cine?

Creo que la industria tuvo la peor opinión de nosotros. Cuando dejé de hacer cine porno, me pusieron en la lista negra. Los estadounidenses querían trabajar conmigo, pero no los franceses.


Brigitte Lahaie en "Parties Fines"

¿Qué opinas de que el porno esté en todos lados hoy en día?

El porno siempre ha progresado a través de rupturas y conmociones. Dirigí porno para cine; podías ir a las salas y ver un pene en una pantalla de tres metros de ancho. Posteriormente, podías ver porno en VHS o en televisión. En 1985, el porno se transmitió por primera vez en televisión. Ese fue un gran shock, incluso para mí. Un par de años antes, eso habría sido inconcebible. El hecho de que el porno se haya vuelto tan accesible a través de plataformas gigantescas como YouPorn definitivamente puso a mucha gente en contacto con el género.

Hoy en día todavía hay gente que se acerca a estrecharme la mano cuando salgo a comer. Eso no habría pasado hace quince o veinte años. La cultura porno ha llegado al punto de inspirar a la industria creativa. No obstante, ese acceso ilimitado a contenido pornográfico —el mejor y el peor— hace que los trabajos individuales sean poco memorables. Nuestras películas durarán por que las hicimos con humor, vitalidad, amor y respeto por las mujeres.

Le Kikobook fue publicado por Les Éditions de l'Œil.

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