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Ibiza tiene un problema con el agua

Todo el que viene a Ibiza pronto descubre que pese a ser una isla mediterránea, no se puede beber ni una gota del agua del grifo.

por Michelle Lhooq
14 Octubre 2015, 3:52am

Foto del usuario de Flickr dariusz69

Este artículo fue publicado originalmente en THUMP, nuestra plataforma de música electrónica

Son las siete de la mañana de mi último día en Ibiza y las consecuencias de la deshidratación están empezando a pasar factura a mi cabeza. Estoy en la recta final de una fiesta de seis días, bailando en una cueva con luces estroboscópicas en Space, donde su DJ residente desde hace 15 años, Carl Cox, ataviado con una gorra de marinero y una camiseta con la palabra «VIBES» estampada, lo está dando todo, codo con codo con Nic Fanciulli. Llevo dos días sin dormir.

Consciente de que estoy al borde de sobrepasar mis límites físicos, me escabullo al lavabo de los baños del club, bajo las luces fluorescentes, con la intención de llenar una botella que he comprado horas antes con agua del grifo. A la mierda, pienso, la lleno aquí mismo y me ahorra algo de pasta . Cuando abro el grifo, varias mujeres se giran a mirarme, con una sonrisa de perplejidad. Ellas ya sabían lo que estoy a punto de descubrir: el agua que he bebido tiene un sabor rancio, como si fuera el vómito salado de un monstruo con problemas de estómago. He cometido un error de novato y esta desagradable sorpresa es el precio que debo pagar por ello.

Todo el que viene a Ibiza pronto descubre que, irónicamente, pese a ser una isla mediterránea rodeada de aguas cristalinas, no se puede beber ni una gota de la que sale del grifo. Aquello ocurrió en Space, pero prácticamente en todos los superclubs a los que fui se repetía la misma historia: Pacha, DC10, Amnesia y Sankeys, así como en otros locales menores como Lips e Ibiza Underground.

Al principio sospeché que estaban jugando sucio. Teniendo en cuenta que los clubs de Ibiza dependen tanto de los hábitos de consumo de los turistas, ¿no podría ser que hubieran contaminado el agua del grifo a propósito? Con un precio por botellín de entre 8 y 12 euros, el margen de ganancias que puede sacarse de su venta no es nada desdeñable. Pero como pronto descubriría, el agua salada que sale de los grifos de estos locales procede de la infraestructura del país y constituye un problema de mayor envergadura que afecta a toda la isla, desde las viviendas de los autóctonos a los hoteles de cinco estrellas junto a la playa.

En resumen, Ibiza sufre una crisis hídrica.

El problema surge del consumo excesivo de agua potable, un recurso preciado en toda isla que se precie, sobre todo cuando está tan solicitada por millones de turistas sedientos durante el verano. Según Katherine Berry, voluntaria que dirige la campaña para la conservación del agua del ecogrupo Fondo para la Conservación de Ibiza, el suministro de agua de la isla procede de dos fuentes: la primera, una extensa red de lagos, denominados acuíferos, que se hallan bajo una capa de piedra caliza. De estos acuíferos se obtiene casi la mitad del agua que se consume en Ibiza. La segunda fuente es un conjunto de plantas desalinizadoras con las que se filtra el agua del mar.

Pero con una cifra récord de 3,5 millones de turistas durante los primeros siete meses de este año, la demanda de agua potable de Ibiza supera con creces la capacidad de suministro. Como consecuencia, los acuíferos se están agotando con tanta rapidez que las lluvias no tienen tiempo de rellenarlos, según explica Berry. Asimismo, la escasez de agua en los acuíferos podría provocar cambios de presión en las paredes de roca caliza, provocando fisuras por las que podría filtrarse el agua de mar (razón por la que el agua del grifo sabe tan mal). La contaminación salina varía según la zona. Berry señala que en la famosa zona de Platja d'en Bossa –donde se encuentran los principales clubs de la isla-, el agua contiene 24 veces más sal que el agua potable.

Una de las tres plantas desalinizadoras públicas de la isla. Foto cortesía del Fondo para la Conservación de Ibiza.

La contaminación de los acuíferos ha llevado a la isla a depender en mayor medida de las desalinizadoras, la segunda fuente principal de agua. Existen tres plantas desalinizadoras en Ibiza, aunque una de ellas todavía no está en funcionamiento debido a litigios financieros. Berry me explica que se dice que algunos hoteles disponen de sus propias desalinizadoras ilegales. Si bien no es tan frecuente encontrar clubs con desalinizadoras, el director creativo y de eventos de Space, John Fisher, me contó que se rumorea que Ibiza Underground, un club de menor tamaño ubicado en una antigua villa privada, dispone de su propia máquina de osmosis, una forma de tratamiento del agua muy cara y usada en residencias privadas. Este tipo de tratamiento resulta poco ecológico, ya que desperdicia varios litros de agua para obtener un litro de líquido purificado.

Las desalinizadoras producen agua potable eliminando el contenido de sal, pero están lejos de ser la panacea. De hecho, resultan más perjudiciales para el medioambiente, ya que los residuos se vierten en el sistema de alcantarillado de la isla, que no está acondicionado para asumir tales niveles de concentración de sal. «Según la planificación agrícola, en principio, el agua del alcantarillado se recicla y se destina a la irrigación de los campos de cultivo», explica Berry. «Pero ahora no se puede reciclar, así que hay que desecharla».

Una planta de tratamiento de aguas residuales de Ibiza. Foto cortesía del Fondo para la Preservación de Ibiza.

Para empeorar más la situación, Ibiza está sufriendo una sequía. Según datos estadísticos de la Dirección General de Recursos Hídricos de la Consejería de Agricultura, Medioambiente y Territorio del Govern Balear, los dos años de sequía han provocado que las reservas de agua se redujeran al 29 % en junio de 2015, un nivel al que no se había llegado en una década.

La situación es tan crítica que el 18 de septiembre de este año, el Govern Balear aprobó medidas de emergencia para paliar los efectos de la sequía y conservar las reservas de agua, como establecer un límite a la extracción de agua de los acuíferos, suspender las perforaciones de nuevos pozos y la realización de auditorías sobre el uso de agua a los residentes. En un informe publicado por el diario digital Noudiari, la presidenta del Govern Balear, Francina Armengol, señaló que las nuevas medidas abordarían la situación de emergencia medioambiental de Ibiza y arremetió contra los Gobiernos anteriores por su falta de iniciativa para atajar el problema.

Casita Verde, en Ibiza. Foto vía Casita Verde.

Los intentos del gobierno autonómico por poner solución al problema hidrológico de la isla han sido aplaudidos por Chris Dews, un robusto ecologista de pelo canoso responsable de dos organizaciones ecológicas de Ibiza: la granja local Casita Verde, que hace las veces de centro educativo sobre vida sostenible y energías alternativas, y la ONG Greenheart International, un programa de intercambio que fomenta la conciencia medioambiental y el voluntariado. «Quedarse sin agua es un asunto serio, sobre todo si has invitado a muchísimos turistas que no van a poder darse una ducha», me explica Dews en nuestra conversación por Skype.

La crisis hídrica de Ibiza se debe, en su mayor parte, al turismo de ocio: este sector constituye el motor económico de la isla y en 2008 aportó 17.400 millones de euros, el 72 % del PIB de Ibiza. Según el DJ británico residente en Ibiza Chris Barratt, conocido como Eagles & Butterflies, el problema es bastante complejo. Pese a que tanto autóctonos como autoridades son conscientes de la gravedad del asunto, las hordas de visitantes que peregrinan cada año a la meca de la fiesta para abandonarse al baile viven en la ignorancia o, peor aún, en la apatía. «No creo que a los turistas les preocupe, porque no viven aquí», explica Barratt. «Pronto se encontrarán con que no hay agua potable en la isla», añade con tono sombrío.

Si bien el estado de alerta ha cundido entre los estamentos del Gobierno, un grupo organizado de residentes en la isla y expatriados con conciencia ecológica parecen ser el verdadero motor de un movimiento cada vez mayor que promueve la sensibilización sobre el problema hídrico de Ibiza. «Desde el punto de vista ecológico, este es el mejor momento para organizarnos», asegura Dews, en referencia a la era de activismo en la red en la que vivimos. «Se crean grupos para debatir sobre el problema, la gente habla de ello en Facebook y se ha corrido la voz de que hay que cuidar la isla. Estamos plantando la semilla de la revolución».

Esta escena ecológica tiene su máxima expresión en el Spirit Festival, un acontecimiento gratuito que se celebra en Agroturismo Atzaro, un hotel aislado ubicado en una granja en el centro de la isla.

Una pareja haciendo yoga en el Ibiza Spirit Festival. Foto vía Ibiza Spirit Festival / Facebook.

Después de casi 40 minutos de trayecto por caminos de tierra en taxi, llego a mi destino, donde me reciben estilizadas modelos de moda, bohemios europeos con mucho estilo, niños con tirabuzones dorados y un DJ llamado Josh Wink, entre sesiones de yoga, talleres de tantra y círculos de canto, camas con dosel y parcelas de césped con fuentes. En medio de toda esta actividad elísea, la joven emprendedora británica Nat Rich reparte muestras de agua de su empresa, Sustainable Flow. Rodeada de un aura brillante de salud, Rich parecía un cruce entre Marissa Cooper, de The O.C., y esa barista superzen del bar kombucha del centro de tu ciudad.

Más tarde, Rich me cuenta por Skype que el año pasado, mientras meditaba, se le ocurrió la idea de crear una empresa de suministro de agua sostenible que fuera una alternativa más sana a la opción de consumir agua del grifo o embotellada. Después de una década pasando temporadas en la isla, este verano finalmente decidió trasladarse definitivamente y fundar Sustainable Flow. Su empresa vende productos como destiladores, purificadores y kits análisis de aguas, y va un paso más allá que otras empresas del sector al combinar la ciencia con las teorías de la Nueva Era, en concreto el concepto de que la geometría sagrada y los campos magnéticos tienen la capacidad de purificar el agua de agentes tóxicos como la cal. Rich afirma que el resultado, lo que ella denomina «agua consciente», posee cualidades beneficiosas, aumenta el rendimiento de las cosechas y reduce el volumen de agua consumido por residentes y empresas. «El agua consciente implica tener consideración por el planeta y no malgastar este recurso para obtener agua pura», aclara Rich.

Rich conoció al fundador de Casita Verde y Greenheart International tras haberle vendido un dispositivo para su granja. Ambos decidieron celebrar un encuentro bisemanal centrado en aunar a todas las empresas con conciencia medioambiental. «Hoy día, el mundo tiene más organizaciones benéficas centradas en la conservación del agua que nunca y, pese a ello, el agua sigue siendo nuestro mayor problema», lamenta Rich. «Algo falla en el ámbito colectivo y es necesario un enfoque distinto». Rich explica que su plan consiste en crear un colectivo organizado de empresas del sector en Ibiza, que posteriormente ofrecerán alternativas más ecológicas a los hoteles y clubes de la isla.

«No se puede culpar solo a los clubs porque no se ha hecho nada por resolver el problema a nivel general», explica Rich. «Tenemos que trabajar unidos. No es cuestión de fastidiar al prójimo. Todos queremos la mejor situación para la isla».

A pesar del optimismo de Rich, cuesta imaginar un escenario en que los clubs sacrifiquen voluntariamente los beneficios monetarios que les reporta la venta de botellines de agua por medidas como, por ejemplo, cambiar los envases de plástico por unos de cristal, más caros pero mucho menos perjudiciales para el medioambiente; extraer agua de las desalinizadoras, de forma que los clientes pudieran beber agua corriente gratis; o aumentar el tamaño de las botellas para reducir su uso. Para el director creativo de Space, Fisher, la razón por la que las discotecas siguen vendiendo botellines de agua con un precio tan elevado es porque la demanda es muy alta. «Hay que tener en cuenta que mucha gente entra gratis en la fiestas, todo el mundo toma narcóticos y generalmente cuatro personas comparten una bebida», explica. «No nos aprovechamos de la venta de agua para sacar más dinero, pero puedo entender por qué el agua es tan cara en las discotecas».

Los residentes de la isla ya tienen una dilatada experiencia en reunirse para luchar por una causa común –desde la paralización de las prospecciones petrolíferas en 2014 a impedir que MTV grabara una temporada del spinoff de Jersey Shore, Ibiza Shore . El problema de la crisis hídrica de Ibiza, sin embargo, es que hay demasiados intereses opuestos en juego. Es un círculo vicioso: la isla vive de las discotecas, que a su vez están destruyendo Ibiza. Los clubs tienen la prerrogativa de seguir atrayendo turistas en cifras récord y sacar provecho de su sed insaciable de agua y hedonismo.

Respecto a Space, Fisher afirma que el club está poniendo de su parte para ser más ecológico mediante el reciclaje del plástico, el cartón y el vidrio. Pero esas medidas se topan con la realidad de que no existen plantas de reciclaje en Ibiza. Los productos reciclables se depositan en puntos de recogida y son transportados a plantas de procesamiento en Zaragoza y Mallorca, lo que implica que incluso una botella de agua reciclada deja una huella de carbono considerable. El Govern debe poner en práctica más medidas, según Fisher. «Creo que gran parte de la culpa la tienen los ayuntamientos: penalizan a los taxis ilegales, el consumo de drogas o la falta de decoro en la vía pública, pero no dicen nada del agua».

A fin de cuentas, las discotecas están atadas de pies y manos en este asunto si los grupos de turistas quemados por el sol y ávidos de juerga no quieren escuchar, lo que plantea una pregunta interesante, explica Fisher: «Si una discoteca te advirtiera de que hay escasez de agua, ¿te preocuparías?».

Traducción por Mario Abad.

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