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Cosas que no viste en el video de la vieja rica puteando a los raperos

OPINIÓN | Sin importar si es verdadero o falso, el video deja unas interrogantes que vale la pena plantear.
28.9.17
Montaje: Mateo Rueda | VICE Colombia

Primero, véanla a ella, porque es magnífica. Párrafo aparte para ese envejecimiento bien cultivado que ostenta. Pónganle pausa al video y contémplenla al detalle: la pinta impecable de una mujer que tiene plata, la postura perfecta, la delgadez, los bordes de mangas y cuello de camisa azul claro salidos unos centímetros por encima de un abrigo de pelo beige bien peinado. Todo: la caminata por El Virrey yendo de gancho con su marido, las canas disimuladas con sutileza, pintadas ellas del mismo invariable dorado que describió Carolina Sanín en su última columna de VICE, dedicada a las señoras bogotanas de clase alta. Miren esos lentes oscuros de ancho marco y ligero color rosa; miren su elegancia jamás interrumpida por la ira que a ella le da la diferencia: es decir, la desesperación que siente por ver a alguien que no se comporta como ella. "¡Trabajen!", les grita.

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No los entiende. No los concibe.

En el video hay dos cosas. Así sea falso, como andan diciendo algunos escépticos (para más información respecto a esta teoría, sigue el hashtag #sinetiquetas), retrata dos situaciones que podrían pasar en la vida real. Es más, si es falso, los guionistas debieron pensar en estas dos cosas que vengo a mencionar, lo que hace mucho más diciente la realidad que ellos tienen en la cabeza: su concepción del mundo.


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Me llama la atención que la señora —o la actriz— les diga justamente eso: que trabajen. Me intriga cómo los raperos le responden que sí, que ellos trabajan, que la cultura, que no sé qué historias, y ella, intranquila, los calla y se empeña en decirles que no, que no señores, que no le vendan humo. Me da risa: eso que hacen, eso de ponerse a cantar en una calle, es vagancia pura y dura. Y jamás lo entenderá la señora bogotana de otra forma: apenas hay un atisbo de respuesta por parte de los raperos, ella los vuelve a callar y a decirles que ella sí trabajaba cuando era joven. Eso de cantar en una calle no es trabajo: se rehúsa a pensarlo. Y así morirá, creo yo: hay toda una generación arriba de la nuestra —dos, tal vez— que verán en esto lo mismo que sus padres: vagancia, estar en una calle haciendo nada, perder el tiempo y la vida.

Y la otra cosa. Morirá ella —la actriz también, si es que es una actriz— en un mundo que no acepta todavía que una mujer cogida de un hombre hable con altanería. Al segundo reclamo de ella, uno de los muchachos le habla es a su marido —o al otro actor—, que se ve como un adorno colgado de ella, asustado —aunque mal actuado—, ante el ímpetu de su esposa: "caballero, por favor, ¿qué es esto?", le dice el rapero. A pesar de que no hable nunca, él es el responsable de lo que haga su mujer, como si fuera una mascota, que me imagino es como los raperos —o los guionistas— de manera inconsciente proyectan el mundo.

Increíble.

Ojalá todos envejezcamos viéndonos como ella, al menos.

*Manden antidepresivos, por fa.