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día del orgullo lgbt

LGBTQI e Islam: musulmanes y sexualidades disidentes

Una extensa red de grupos musulmanes LGBTQI lucha, a la vez, contra la islamofobia de colectivos no heterosexuales y contra la homofobia, desde dentro de la propia comunidad religiosa.
28.6.15
Imagen por Mark Blinch/Reuters

Una curiosa entrega de premios se llevó a cabo el pasado miércoles 24 de junio en el Centro Urbano Cultural de Sisli, en la ciudad turca de Istanbul. Hormonlu Domates, Tomates Modificados Genéticamente. Este es el nombre de la ceremonia con la que colectivos por los derechos LGBTQI de Turquía "galardonan" a lo más homófobo del país.

El evento, a caballo entre la protesta y la sátira, debe su nombre a la estrella televisiva ya retirada Erman Toroglu, que dijo una vez: "Si comes tomates modificados genéticamente te convertirás en homosexual".

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En su décimo certamen, el primer premio fue otorgado al tres veces galardonado Recep Tayyip Erdogan, ahora presidente de la república. El polémico líder del conservador Partido por la Justicia y el Desarrollo - AKP en sus siglas turcas - recibió este dudoso honor por haber arremetido contra el candidato y activista por los derechos LGBTQI del prokurdo Partido por la Democracia de los Pueblos (HDP), Baris Sulu. "No vamos a nominar a un candidato gay", afirmó.

Además del presidente, periodistas, psicólogos, rectores de universidad y el equipo femenino de basquet del Fenerbahçe recibieron este premio.

Igualdad ante la ley en el Islam

Un trabajo académico del historiador paquistaní Ishtiaq Hussain recuerda que el Imperio Otomano despenalizó la homosexualidad en 1858, durante el periodo de reformas que vivió el país, denominado Tanzimat. 65 años después, los fundadores de la República de Turquía no vieron motivos para su persecución. Cabe recordar que la Asociación Americana de Psiquiatría no dejó de considerar esta opción una enfermedad hasta 1972, más de un siglo después.

Con Turquía, hay una veintena de países de mayoría musulmana donde ser gay no es un crimen. Como parte del Imperio Otomano, en Jordania la homosexualidad dejó de estar perseguida desde mediados del XIX. Pero esto dejó de ser así mientras el país estuvo bajo el mandato de la Liga de Naciones, entre 1922 y 1945. En 1951, cuando devino una nación soberana, restituyó la despenalización.

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En Albania ser gay está permitido legalmente desde 1995 y, según la sección Europea de la Asociación Internacional LGBTI (ILGA-Europe), es el país de la región más amigable para los homosexuales. La pequeña nación balcánica dispone de una ley anti-discriminación.

Abkhazia, Azerbadjan, Bahrain, Bosnia y Herzegovina, Burkina Faso, Chad, Djibouti, Guinea-Bissau, Costa de Marfil, Kazakhstan, Kosovo, Kyrgyzstan, Mali, Níger, norte de Chipre y Tajikistan. Todos estos son otros tantos países predominantemente musulmanes en los que lesbianas, gays, bisexuales, trans y demás sexualidades divergentes gozan de una igualdad de derechos ante la ley.

De este grupo, un caso que merece especial atención es el indonesio. Con más de 213 millones de creyentes, Indonesia se erige como el país con más musulmanes del mundo. En este, a pesar del reconocimiento legal, la homosexualidad sigue siendo una cuestión tabú en el debate público. Pero el año pasado la sociedad editorial Elex Media Komputindo publicó el cómic Why dan My Wondering Body, en el que, de manera explícita, se expone y discute sobre relaciones entre personas del mismo sexo. "El amor por alguien no puede ser presupuesto. Está determinado por el corazón. Todo el mundo tiene derecho a querer y a ser querido. Las relaciones con personas del mismo sexo son una opción", reza una de sus páginas.

En Irán las operaciones de cambio de sexo son legales mientras que el resto de opciones son castigadas con la muerte.

Un matiz: en algunos países musulmanes la persecución contra los homosexuales no es extensible a las personas trans. En Irán, por ejemplo, las operaciones de cambio de sexo son legales, mientras que el resto de opciones son perseguidas y, en algunos casos, castigadas con la muerte. Para muchas lesbianas y gays, cambiar su identidad es la única forma de vivir libremente su deseo, tal y como muestra un documental emitido en Televisión Española.

Redes solidarias

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El colectivo de musulmanas LGBTQI ha trenzado una densa red alrededor del mundo para provocar cambios desde dentro de sus propias comunidades islámicas. En su nodo europeo y norteafricano está la Confederación de Asociaciones LGBTQI Euro-Africanas o Musulmanas (CALEM, en inglés).

Atiende a VICE News el doctor e imán Ludovic-Mohamed Zahed, director de ésta: "CALEM nace de la necesidad de contactar con otras organizaciones y para reforzar las dinámicas queer- término con el que se designan sexualidades no heteronormativas - musulmanas en Europa".

Reconocer la situación de las opciones no heterosexuales en el Islam obliga a una distinción: alguien puede contradecir la sexualidad hegemónica en un país de mayoría musulmana desde el ateísmo, o puede asumir su condición como creyente. Es el caso del presidente de CALEM, la historia de un ex hermano salafí que, estudiando esta religión, descubre que es gay y deviene imán.

Zahed explica que la organización que él dirige, además de por grupos de la Unión Europea (UE), está integrada o tiene vínculos con colectivos de Pakistán, Jordania o Suráfrica. En casos extremos, CALEM les da consejos para marchar del país, ayuda para la llegada y, si así lo quieren, visibilidad en los países de acogida para denunciar la situación de su estado de origen. "Lo hacemos poniéndolos en contacto con periodistas", sigue Zahed.

Al ser preguntado sobre la relación con las comunidades musulmanas de su país, el director de la confederación recuerda que, según un estudio del instituto de estadística francés IFOP, la homofobia ha descendido estos últimos años entre los creyentes. "Sobretodo entre la gente joven", afirma.

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Ludovic-Mohamed Zahed hace una lectura optimista de las reacciones extremistas: "Es una señal de que están fuera de juego. El descenso de la LGBTfobia en la comunidad les hace ser más violentos". Y sigue: "Esto no tiene nada que ver ni con el Islam, ni con la cultura árabe. Está relacionado con la emancipación económica, con la educación y con el acceso a la cultura. He aquí el problema".

Al otro lado del Atlántico, la organización Musulmanes por los Valores Progresistas (MPV) promueve una lectura heterodoxa del esta religión. Predican a favor de una visión inclusiva del Islam que aboga por los derechos de la mujer, la libertad de expresión, la libertad de credo y la aceptación de personas LGBTQI en la comunidad desde la lectura de los textos sagrados.

'Creemos que el Islam es tan americano como la tarta de manzana'.

Ani Zonneveld, presidenta de MPV, declara a VICE News que "la relación con la comunidad musulmana estadounidense es tibia. Algunas veces nos hemos acercado a ellos, pero ellos no siempre se acercan a nosotros".

"Pero no nos importa", asegura Zonneveld, "pues solo el 22 por ciento de los musulmanes americanos va o pertenece a una mezquita. A muchos de ellos no les gustan las mezquitas porque discriminan a las mujeres y a las personas LGBTQI. Nosotros no". "Creemos que el Islam es tan americano como la tarta de manzana", sigue.

La cantante malayo-americana y presidenta de MPV apunta a algunas de las dificultades a las que han de hacer frente como organización: "La financiación. Muchas fundaciones y empresas no financian la religión, especialmente si eres musulmana".

Sus soluciones contra el extremismo: "una reeducación masiva y la purga de teologías radicales. A Arabia Saudí le costó 35 años, con todo su dinero, propagar el wahabismo, que es la raíz de la violencia que vemos", acaba.

El año pasado, el Tribunal Constitucional de Uganda tumbó una ley contra los homosexuales por un defecto de forma. Esta ley pretendía perseguir cualquier expresión a favor de los derechos LGBT del país. Uganda es un país de mayoría cristiana en el que el terrorismo de grupos como el Ejército de la Resistencia del Señor se ha cobrado ya miles de vidas. Joseph Kony, el líder de esta banda armada, saltó a la palestra con la campaña de la ONG Invisible Children Kony 2012.

Sigue a Quique Badia en Twitter: @qbadiamasoni