Mark Hollis, Talk Talk obituario

Recordando a Mark Hollis, el rebelde apacible del pop

Antes de su muerte esta semana a los 64 años, el cantautor de Talk Talk hizo álbumes que se sentían como escrituras secretas. Luego lo dejó todo atrás.
Marc-Aurèle Baly
traducido por Marc-Aurèle Baly
Paris, FR

Los primeros instantes del Laughing Stock de Talk Talk llegan con el silencioso drama de una cortina cayéndose al suelo. El suave feedback del amplificador se escucha a lo lejos casi en silencio durante 18 segundos antes de que un acorde rebosante de trémolo entre en la foto. Las cuerdas parecen surgidas de la nada como una neblina, disipándose sin tomar una forma tangible. Una voz, a la mitad entre cantante de lounge y animal herido, se arrastra desde un susurro hasta el grito desgarrador. Es hermoso, pero escalofriante, lleno de detalles que, de alguna manera incluso ahora, evocan un vacío profundo que lo consume todo.

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Laughing Stock es un álbum que revela más con cada escucha, sus piezas sin molde palpitando y respirando como formas de vida en constante cambio, nunca iguales a la última vez que las escuchaste. Desde su lanzamiento en 1991, el disco se ha convertido en una de las grabaciones más influyentes de la música underground, y ha sido alabado como uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. El hecho de que esta obra monumental pudiera provenir de una banda que originalmente fue etiquetada como imitadores de Duran Duran solo se suma a su enigma.

Mark Hollis murió el pasado 25 de febrero rodeado de tanto misterio como el que lo rodeó en vida (hasta el momento de escribir esto, incluso la enfermedad que padecía se desconoce). El flujo de emoción que ha surgido desde todos lados del mundo de la música ha sido asombroso, aunque particularmente de artistas en la comunidad experimental. Entre mi círculo de amigos, su música siempre ha sido un secreto a voces como una especie de escritura secreta; el que originalmente me mostró Laughing Stock decía que lo había escuchado todos los días durante años.

Talk Talk siempre estuvieron peleados con su propio éxito, una actitud que consolidó su reputación como íconos de la individualidad en la música. Hollis frecuentemente se mostró hostil hacia la prensa (sin mencionar hacia sus propios fans), y trabajó activamente por romper con el sonido y la imagen lustrosas con la que fueron asociados cuando la banda firmó con EMI en las épocas de su debut. Aunque la voz afligida y dolorida de Hollis tiene sentido en el contexto de las raíces new wave de Talk Talk, la banda no tuvo la suficiente presencia para convencer a la prensa británica. Las revistas de punk inglesas los clasificaron como "Typical Typical"; sus sencillos se desplomaban en el mercado local pero llegaron a las listas de popularidad en el extranjero.

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No sabemos mucho sobre la infancia y adolescencia de Hollis, pero tomando en cuenta algunos fragmentos revelados por él mismo, parece que batalló con figuras de autoridad en la escuela y pasó su juventud tocando punk y trabajando en fábricas. En diversas entrevistas habló sobre cómo Singin' In the Rain fue una de sus películas favoritas de todos los tiempos. Al igual que en ese clásico de la historia del cine, la visión artística de Hollis era mucho más soñadora que lo que aparentaba a primera vista. Hollis pensaba en Talk Talk en términos mucho más abstractos, incluso desde el principio: en el ciclo de prensa de su debut, Mark Hollis elogiaba a Shostakovich y dio a entender que existían paralelos entre el synth-pop brilloso de su banda y la interacción instrumental de John Coltrane.

En el transcurso de su tiempo con EMI, Hollis luchó contra las percepciones que había de su banda, empujando su sonido cada vez más y más lejos del mainstream. Irónicamente, solo fue capaz de verdaderamente rechazar a la industria una vez que la había conquistado. The Colour of Spring, el tercer álbum de la banda, marcó su primer gran alejamiento del dance-pop, alineándose con los sofisticados y futuristas sonidos de artistas como Kate Bush o Tears for Fears. El disco reveló el gusto de Hollis por generar ambientes marchitos, como quedó demostrado en canciones melancólicas tipo "Chameleon Day" o "April 5th". Propulsado por el sencillo "Life's What You Make It", The Color of Spring se convirtió en un éxito internacional, finalmente brindándole a Talk Talk el respeto de sus compatriotas y la concesión a Hollis de una preciada libertad financiera que necesitaba para hacer lo que finalmente se convertiría en su declaración definitiva.

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The Spirit of Eden y Laughing Stock, los dos álbumes que Hollis produjo a raíz de The Color of Spring, suenan como el trabajo de una banda totalmente diferente: una que podría haber puesto a circular esta música en cassettes actualmente. En lugar de girar en torno al ritmo y la melodía, las canciones actúan como atmósferas por sí solas, flotando libremente a medida que Hollis retuerce cada nota de su voz con una intensidad que hace que sus letras sean tan indescifrables como irrelevantes. Ya sea la temblorosa armónica con la que abre "The Rainbow", el coro radiante que aparece al final de "I Believe in You", o la cosa disonante que emerge a los cuatro minutos de "After the Flood" y se sostiene por un minuto entero (Hollis afirma que son dos saxofones que se reproducen a la vez, pero no aparece ningún crédito de saxofón en el álbum), todos estos sonidos rebosan con vida. Se siente completamente orgánico a pesar de que Hollis literalmente pasó años en una habitación oscura reuniéndolos por horas y horas de sesiones de grabación.

Estos dos álbumes (así como su increíble álbum homónimo en solitario de 1998) convergen el amor por el free jazz y la música clásica avant-garde de Hollis en una improvisada y sorprendente música, que es la que siempre había querido hacer. Por supuesto, ninguno de los dos discos se vendió particularmente bien, lo que ayudó aún más a solidificar la misión de Hollis de pintarle un dedo medio a la música pop en favor de independencia y la búsqueda de la verdad. Este tipo de actitud individualista se ha convertido en una modelo desde el cual generaciones de artistas han buscado orientación, desde héroes clandestinos como Broken Social Scene y Califone hasta nombres tan grandes como Radiohead y No Doubt.

Después de estos tres lanzamientos que rompieron todo tipo de paradigmas, Hollis dejó el mundo de la música completamente para pasar más tiempo con su familia. Hollis pasó años tratando de deshacer todas las suposiciones que sus compañeros tenían sobre quién era él y qué significaba su trabajo, llegando a algo tan cercano como se puede llegar a un tipo de música que fuese tan de la tierra como del alma. Luego, renunciar al proceso mismo de grabar música para simplemente estar con tus seres queridos, dice más sobre lo que Hollis vio en el mundo que lo que podría agregar cualquier otra obra maestra. Hollis buscó vivir su vida como individuo, y al hacerlo nos enseñó que no es imposible superar ninguna etiqueta en el camino hacia la búsqueda de uno mismo. Hollis quería que lo viéramos por lo que realmente era, como cualquiera de nosotros.

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