Mundial 2018

Rusia, la prostitución y los Mundiales

El morbo que provocan cada cuatro años las noticias sobre burdeles y toneladas de condones muchas veces oscurece realidades amenazantes y los problemas que permanecen una vez que acaban los torneos de futbol.
9.7.18
Fotografía por el autor

Artículo publicado por VICE México

A pesar de que el Mundial es el escenario perfecto para amplificar el intercambio cultural entre aficionados de todo el mundo –incluso de países que no juegan la copa–, el futbol no deja de ser un negocio y uno con zonas bastante turbias. Como ejemplo claro está el caso conocido como FIFA Gate, que llevó a la renuncia y suspensión del entonces presidente del máximo organismo del futbol, Joseph Blatter. Sin embargo, no solo el potencial de violencia y la vigilancia y la represión gubernamental son parte de la problemática que rodea a esta fiesta del futbol; la prostitución también es una actividad compleja y muchas veces problemática.

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En 2002, Alemania siguió el ejemplo de los Países Bajos y legalizó la prostitución. Para su Mundial, en 2006, calculaban que aproximadamente 175,000 mujeres ejercían la prostitución en el país. Muchos medios y organizaciones estimaban que sería tal la demanda que incluso los prostíbulos incrementaron su espacio y se construyeron locales cerca de los estadios para dar cabida a los visitantes. Los mismos reportes hablaban de una mayoría de mujeres extranjeras y muchas de ellas fueron llevadas por la fuerza o con engaños de países de Europa del Este y el norte de África para ser prostituidas ante el incremento de demanda durante las fechas mundialistas. Para el Mundial de Sudáfrica 2010 en los meses previos sucedió lo mismo: los medios anunciaban la llegada de decenas de miles de prostitutas –por voluntad o por la fuerza–, no obstante que ahí la prostitución era ilegal. El LATimes desmintió la información y al finalizar ambos torneos, el panorama no es claro. Tanto en Sudáfrica como en Alemania son escasas las cifras oficiales sobre casos de abuso. En un reportaje del New York Times, por ejemplo, un vocero del Buró de Investigaciones Criminales de Alemania dijo “no tener información ni conocimiento” de casos de abuso reportados. Sin embargo, eso no quiere decir que no suceda. Al contrario, como reportó en el mismo artículo el New York Times en su momento, las cifras son complejas de estimar debido a la naturaleza sombría y clandestina del tráfico de personas y la explotación sexual infantil.

En Brasil 2014, país donde la prostitución es legal, la prensa reportó los preparativos –una mezcla de notas morbosas y alertas urgentes por el gravísimo problema de la explotación sexual infantil. Al final del torneo, el saldo parece haber sido un incremento en la violencia –en particular la policiaca–, y un decremento en la clientela durante las semanas del Mundial, según un estudio de una organización especializada con sede en Rio de Janeiro. El alarmante estado de cosas sobre violencia y violaciones tampoco parece haber cambiado ni con toda la aparente atención puesta en el tema.

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Rusia, a diferencia de Brasil y Alemania, no es un país donde la prostitución es legal. No obstante, la organización Silver Rose enfocada en defender los derechos de las mujeres y las trabajadoras sexuales, asegura que hay casi 3 millones mujeres que tienen que sobrevivir con este trabajo improvisado. Muchas de ellas son estudiantes, amas de casa, incluso algunas son mujeres casadas, pero la necesidad las obliga a buscar otra alternativa.

Tras la desintegración de la URSS, a inicios de la década de los noventa, la prostitución comenzó a hacerse popular en la calle. La prostitución comenzó a ejercerse en las calles, es decir, en la clandestinidad, y con el paso del tiempo empezaron a frecuentar hoteles y departamentos donde varias mujeres comparten el sitio para ofrecer sus servicios sexuales. Hasta 2017, apenas unos meses antes del Mundial, se calculaba que solamente el 10% de las sexoservidoras ofrecían sus servicios en la calle debido a la falta seguridad y las amenazas, principalmente por parte de la policía, quien emite multas de aproximadamente 1,500 rublos a las detenidas, 500 rublos menos de lo que cuesta un servicio por hora en promedio.

Así como ocurrió con los ultras rusos que habían vaticinado un Mundial lleno de violencia, el gobierno reforzó sus advertencias en cuanto a la prostitución con el fin de mostrar orden, control y una imagen prístina y moralina. Debido a la exigencia de mantener las apariencias ante el mundo la mayoría de los clubes y prostíbulos tuvieron que cerrar, principalmente en Moscú y San Petesburgo. Además de que el gobierno comenzó, desde unas semanas antes de comenzar el evento, a “limpiar” la imagen de las ciudades. Solamente permanecieron abiertos los que tienen la protección de la policía y las autoridades, obviamente, por ser quienes ofrecen una mejor parte de las ganancias obtenidas. Los encargados del negocio del proxenetismo no dudaron en atender al llamado gubernamental, ya que cuatro años antes las sanciones no se hicieron esperar. En 2014 Sochi fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno y a quienes no atendieron a las peticiones de hacerse a un lado para no mostrar esta parte oculta y clandestina del país se les impusieron multas más altas de las cotidianas e incluso algunas prostitutas y sus manejadores fueron encarcelados hasta que terminó el evento.

La oferta de sexoservicio. Fotografía por el autor

Los países al oeste de Rusia como Letonia, Lituania y Estonia, así como todos los llamados “istanes” (Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán) y otros que también formaron parte de la URSS como Ucrania fue donde Rusia centró su atención para reclutar sexoservidoras para la Copa del Mundo. El mecanismo fue más sencillo de lo que parece. Por primera vez en la historia los aficionados y las personas que querían entrar a Rusia tenían que realizar un registro y obtener la aprobación por parte del país sede y la FIFA a través de un documento temporal denominado Fan–ID, que permite a quien lo posea estar en territorio ruso sin visa alguna desde el 4 de junio y hasta el 25 de julio.

Se cree que fue mediante este mecanismo de acreditación que miles de mujeres fueron llevadas a Rusia para que se prostituyeran. Lo que pasará después, cuando caduque su Fan–ID, en unos días, es una incógnita. Pero así como su presencia fue vetada, también llegar a ellas fue menos fácil de lo que esperaban los turistas. En las calles era difícil de encontrarlas, salvo por San Petesburgo, donde en la calle que salía del metro y llevaba al Fan Fest era posible ver a algunas mujeres que intentaban comunicarse en inglés con los aficionados para ofrecer sus servicios sexuales a las afueras de algún departamento. Los que aceptaban eran tomados de la mano e ingresaban junto a ellas a un edificio a no más de cinco metros para evitar cualquier detención. De igual forma, las paradas de autobuses y tranvías están llenas de carteles y stenciles con nombres de mujeres y sus números para contratar los servicios. Sin embargo, tal vez por la fuerte presión, más de la mitad ya ni siquiera contestan el mensaje o incluso ni siquiera les llega, como si el número ya no existiera.

En una de las habitaciones que alquilé para dormir me hice rápidamente amigo del dueño de la casa y él me ayudó un poco traduciendo al inglés las respuestas. Cuando al fin tuvimos suerte con un número escribimos: “Me gustaría verte hoy, ¿cuánto cobras?”. La respuesta llego en apenas 10 minutos. “Son 2,000 rublos por una hora para sexo normal y 3,000 si quieres algo específico”. Después del mensaje llegó adjunto un pequeño documento donde se especificaba cada cosa. Cuando preguntamos si había costo extra para que ella hiciera la visita en algún domicilio nos dijo que solamente recibía citas en su casa y al insistir fuimos bloqueados.

Pero también las aplicaciones de citas fueron un recurso. Marina, una estudiante de 19 años, aparece en la plataforma de Tinder en la ciudad de Rostov. Después de persuadirla un poco desde el teléfono de un amigo, Marina accede a responder algunas preguntas. “Yo uso Tinder porque puedo cobrar el doble de lo que cualquier otra mujer a cambio de sexo y todo es para mí, no tengo que darle la mitad a nadie”, me dice al principio. “Es difícil vender tu cuerpo en las calles o en departamentos porque siempre llega algún policía a robarte o tienes que darle parte de tus ganancias a quienes prometen protegerte”.. Le escribe a los interesados y sin siquiera saludar lo primero que hace es preguntar en ruso: “¿Estás interesado en cambiar sexo por dinero?”. Si la respuesta es negativa, o bien, el hombre en cuestión tarda más de 24 horas en responder, ella elimina su mensaje, denuncia la publicación y se evita cualquier conflicto, tanto con la plataforma como con las autoridades. Si es positiva, ella cobra 5,000 rublos la hora por sexo, el lugar de la cita es en un parque público y asegura que hace que todo parezca lo más natural posible para no levantar sospechas.

Desafortunadamente el Mundial no solamente es un evento que podría compararse con una Torre de Babel posmoderna, también sirve como plataforma para negocios lícitos e ilícitos, y la prostitución, acompañada por problemas tan complejos como la trata de mujeres y la explotación sexual infantil, es una de las realidades de los que los aficionados deberían permanecer desinformados.