masculinidad

Caí en todos los clichés machistas para ver si mi testosterona aumentaba

Comí huevos crudos, disparé un arma, y me tatué para descubrir si el machismo era algo más que pura mierda.
Imagen: Justin Caffier

Como alguien que regularmente defiende ideologías progresistas en Internet, estoy acostumbrado a que mi masculinidad sea puesta en duda. Este tipo de antagonismo es difícilmente algo nuevo. En la mayor parte de la historia humana, los conceptos (afeminados) de compasión, empatía, y piedad han chocado con los impulsos básicos del hombre. Y aunque la derecha política ha afirmado que la hombría es una característica intrínseca de su plataforma, su marca de machismo está renaciendo en la era de los memes y Trump.

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La extrema derecha, en particular, parece totalmente obsesionada con probar su hombría y desmentir la de sus oponentes. Sus demostraciones de masculinidad tienen ciertas formas familiares, como defender el sometimiento de las mujeres con la 'sharia blanca', mostrar colecciones de armas o fantasear con las esposas infieles de los adversarios políticos. Pero a medida que te adentras en este hoyo negro, los estándares de masculinidad de la extrema derecha se vuelven confusos, frecuentemente no encajan entre sí, como estas dos publicaciones que se chocan, /r/The_Donald, una que proclama que "los hombres de verdad sostienen sus propias sombrillas", mientras que la otra sugiere que "los hombres de verdad no usan sombrillas".

Francamente, todo eso suena agotador. Con tantas horas sin dormir dedicadas a las pautas arcaicas sobre qué constituye a un hombre y qué no lo hace, no pude evitar preguntarme en dónde estos modelos de masculinidad encuentran el tiempo de vivir las vidas varoniles de sus sueños.

Decidí explorar esta idea de tener el día más varonil humanamente posible; todo mientras pruebo mis niveles de testosterona —la métrica de masculinidad por la que estas personas parecen más preocupadas— antes y después, para ver si tuvo algún impacto. Después de buscar en la web y juntar una lista de actividades y actitudes cliché que los hombres de extrema derecha y otros machos de Internet consideran como masculino, compuse un itinerario para poner mi fortaleza testicular a prueba.

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En una mañana cuando mi vello facial alcanzó un adecuado nivel de barba muy masculina, recogí una muestra de saliva para el "antes" y fui a trabajar.

Comencé con una ida al gimnasio de mi edificio, en donde levanté lo más pesado que encontré, asegurándome de vocalizar ruidosamente mis esfuerzos. Me alegra que el gimnasio haya estado vacío mientras yo lo hacía porque si alguien se hubiera molestado con mis gruñidos, me habría visto forzado a ser alfa, y mirar fijamente a la persona hasta someterla.

Dicho esto, aparte de las reaccionarias muestras de agresión, me había prometido no arruinarle el día a alguien con mi experimento, por lo que, mierdas como piropos y otras formas de acoso estaban fuera de la mesa.

Una vez en casa y ligeramente lavado (quería preservar algo del hedor de mi entrenamiento), me puse una corbata. Luego me la quité, ya que solo estaba demostrando mi habilidad y solo los cuadriculados se ponen traje cuando no es necesario. Así que me puse mi ropa varonil para el día: jean negro, botas de motociclista, una camisa de franela y una camiseta con un escote profundo que dejaba ver el pelo de mi pecho. Sé lo que estás pensando. ¿Preocuparse por un atuendo no es la antítesis de la hombría? Bueno, adivina qué, amigo. Me importa una mierda lo que pienses, esta mentalidad es fundamentalmente más varonil que tu preocupación.

Mi desayuno varonil consistió en un huevo crudo, una bebida energizante Monster, y lo que pensé que era carne seca, aunque en realidad era carne de cerdo. Pero era lo que quería porque los hombres no admiten errores.

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Ignoren la pared de color femenino detrás de mí.

Lo siguiente en la agenda era la clásica tarea masculina de trabajarle al carro. Mi carro funcionaba bien y no necesitaba cambio de aceite, así que solo lo levanté y le quité una rueda, poniéndola de vuelta una vez que mis manos estaban satisfactoriamente sucias. Complacido con mi trabajo, encendí un cigarrillo y conduje hacia el próximo punto de mi agenda, asegurándome de acelerar mi motor en cada luz roja.

Esto seguramente me hace un hombre.

Pasé las próximas dos horas y media en un salón de tatuajes con un artista varonil que me hizo una calavera ruda en mi brazo que fue específicamente diseñada para esta ocasión varonil. Aunque la aguja apuñaló repetidamente mi carne, me aseguré de que no hubiera rastro de dolor registrado en mi cara. Tampoco dejé saber lo feliz que estaba con el trabajo que el artista estaba haciendo.

Después de esto, fui a una cervecería para ver algunos deportes con una cerveza. Desafortunadamente, el lugar que elegí no tenía ningún televisor que diera deportes. Como el código de hombres me prohibía pedir sugerencias sobre a dónde podría ir, me tomó tres intentos más encontrar un local de bebidas alcohólicas que transmitiera cualquier tipo de "gran juego". Pedí una cerveza fuerte —son más varoniles que las India Pale Ale (cervezas inglesas)— y me obligué a mirar un partido de baloncesto universitario. Las paradas en bares que no tenían juegos me retrasaron, entonces, después de unos minutos de ver el juego, bebí el resto de mi cerveza —también varonil— y me largué.

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Ignoren el meñique levantado.

Lo siguiente era una cena de carne costosa con papas, el único vegetal permitido del día. Di sorbos de whisky con una mano, mientras sostenía un filete en la otra, dando mordiscos lo más carnalmente posible.

Había planeado hacerme el valiente, pero me hicieron usar protectores de oídos.

Simbolizando el final de mi comida con un fuerte eructo, partí hacia el destino final de la noche, un campo de tiro. Después de alardear de mi nivel de experiencia con el cajero, me fui al campo y disparé una caja de cartuchos. Lo hice perfecto, pero perdí el cartón, así que tendrás que creer en mi palabra.

Cuando llegué a casa, terminé mi día varonil con un último esfuerzo desesperado por elevar mi testosterona recibiendo un golpe de mi compañero antes de ir a la cama. Si eso no me hizo un hombre, nada puede. La mañana siguiente, tomé mi muestra de saliva de "después" y las envié al laboratorio. Ahora, de vuelta a mi estado normal, lo único que podía hacer era esperar los resultados.

Los resultados llegaron dos semanas después, con EverlyWell, la compañía que me dio las pruebas y me guió en los resultados. Resulta que, el día que hice mis actividades varoniles en realidad disminuyeron mis niveles de testosterona. El rango 'normal' de un adulto hombre saludable es de 49.0 a 185.0 pictogramas de testosterona por miligramo, con dieta, ejercicio, genética, niveles de estrés, y otros factores que afectan los niveles. En solo veinticuatro horas, mis niveles habían descendido de 65.0 a 54.0, peligrosamente cerca del punto de corte.

De de esta experiencia, la única conclusión que pude sacar de este estudio para nada científico de una muestra es que los hombres obsesionados con la masculinidad no solo actúan como cabrones con toda la mierda de la masculinidad, al final, el estrés de simular esos aires podría en realidad ser contraproducente para sus metas. Reflexionando sobre estos pensamientos, la directora médica de EverlyWell, la Doctor Marra Francis, me explicó que el cuerpo tiene una fluctuación diaria de producción de testosterona entre el cinco y el doce por ciento y mi pequeña caída estuvo dentro de esa variación biológica, haciéndola insignificante. La doctora Francis dijo que, de hecho, hay maneras legítimas de incrementar la testosterona, pero solo había tocado una de esas en mi día de métodos aprobados por la extrema derecha. Para causar un aumento significativo en mis niveles de testosterona, tendría que comprometerme a meses de levantar pesas y un cambio total de dieta. Pero Francis luego me informó que, a menos de que uno quiera tener el físico de un levantador profesional, no hay razón real para tratar y cambiar el nivel de testosterona si se encuentra dentro del rango saludable. Entonces, sigan adelante, muchachos. Lloren viendo películas, comiencen a tejer, y laven su tofu con leche de soja. No tendrá efecto significativo en su nivel de masculinidad. Pero incluso si lo tuviera, ¿A quién le importa una mierda ese tipo de cosas? Claramente, ser un hombre tiene que ver más con tu carácter que con cualquier actividad superficial o nivel hormonal. Es mejor ser una buena persona con poca testosterona que un tipo de voz profunda que sostiene una antorcha tiki.

Sigue a Justin Caffier en Twitter.