Mundial 2018

Gabriel Galván nos contó qué significan 15 años sin perderse un partido del Tri

Platicamos con un miembro fundandor de "La Ola Verde", la única organización de fanáticos que ni de chiste se pierde un partido de la selección.
22.6.18

Gabriel Galván es uno de los fundadores de la Ola Verde, una organización de fanáticos de carácter familiar, que tiene una misión y sólo una: acompañar, a donde sea, a la Selección mexicana de fútbol. En los últimos 15 años, más o menos, Gabriel ha visto a la Selección jugar en prácticamente todos los continentes del planeta, incluyendo los mundiales de Brasil, Corea-Japón, Sudáfrica y Francia; también ha viajado a partidos de repechaje en Nueva Zelanda, de preparación en Perú o a la derrota terrible en Estados Unidos contra Chile. Su pasión por la Selección es verdaderamente incondicional. Y ahora, disfruta con alegría el histórico triunfo de México sobre Alemania, desde las tierras rusas mientras se prepara para el siguiente compromiso frente a Corea del Sur.

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“Todo requiere planeación y tiempo para poder hacer las cosas bien”, me comenta Gabriel mientras nos sentamos en unos bancos en su azotea, un espacio que antiguamente no tenía propósito alguno mas que ser el techo de su casa y ahora es todo un museo al aficionado. “Somos un grupo independiente y hemos logrado muy buenas amistades. Es un grupo de amigos, más que nada. Pero para hacer esto se necesita tiempo, dinero y esfuerzo. La verdad es que hemos hecho muchos sacrificios, ninguno de nosotros es millonario ni mucho menos. Somos personas normales y tenemos que encontrar la eficiencia en todos los aspectos de los viajes”, dice mientras especifica que el grupo base – que puede extenderse siempre – son de 5 a 8 personas por lo regular.

Captura vía VICE Video

Gabriel es abogado de profesión y tiene su propio despacho que le permite trabajar desde casa la mayor parte del tiempo y, por lo mismo, puede seguir a la Selección a cualquier lugar del mundo. Adriana su esposa trabaja como agente de seguros con el horario común de 9 a 6, por lo que tiene que decidir con antelación a qué partidos sí podrá asistir; el Mundial, por supuesto, es uno de ellos. Juntos, de alguna manera que parece difícil comprender, han hecho funcionar su matrimonio alrededor de la pasión de Gabriel que terminó por envolver completamente a Adriana –tanto así que se casaron en el estadio de los Gigantes de San Francisco, la otra gran pasión de Gabriel. En su casa, me cuenta Gabriel, además de toda la memorabilia de la Selección y de los jugadores del Tri, también tiene asientos originales del AT&T Park, casa de los Gigantes, champaña oficial del equipo “con la que celebran los jugadores”, pelotas autografiadas, guantes y miles de objetos más.

Los sacrificios, me cuenta, tienen que ver con economizar al máximo sus salidas y organizar siempre el presupuesto que tiene a mano. “Mi esposa bromea que cuando le preguntan de vacaciones la respuesta siempre es ‘a donde vaya a ir la Selección’”, aunque sea completamente verdad. “Lo que intentamos es ir al partido, pero aliarlo con el turismo, la cultura y conocer cualquier lugar que podamos, hacerlo funcionar a favor de las vacaciones en familia. Pero siempre, siempre, hacerlo con mucha organización”. Gabriel me dice que no es extraño escuchar personas que venden sus coches, se endeudan o tienen problemas familiares con tal de asistir al mundial. Su tirada, en cambio, está lejos de ser desmedida sino que siempre va primero la familia, el trabajo y el bienestar; no morir en la línea por la imposibilidad de ver un partido. Sin embargo, aún así, reitero: su pequeño grupo lleva 15 años sin perderse un partido de la selección.

El apoyo de la Ola Verde no es elitista; sea buen o mal fútbol, ellos están ahí. Con visible emoción, me comenta que se hace todo por amor al equipo y por el gozo de apoyar al equipo, pase lo que pase. “No tenemos mucho contacto con los propios jugadores ni la Federación, pero por nuestra manera de actuar es que empezamos a destacar de las otras barras; ni siquiera nos gusta llamarnos así ya que nuestra idea es mucho más familiar. Hay gente que le gusta vender, otros gritar, otros nada más amasar números y lo respetamos mucho, pero nosotros no. Nosotros venimos a apoyar siempre y, claro, apoyarnos entre nosotros mismos. Lo hemos hecho a partir de una cuestión que fortalece las amistades”, añade.

Captura vía VICE Video

Como es bien sabido, la selección mexicana en su región de la CONCACAF, en especial en Centroamérica no sólo no es querida, sino que es despreciada. “Para ciertos países, como Honduras o Salvador, sus juegos contra México son su Mundial; la gente me lo ha llegado a decir en las calles y realmente puede convertirse en algo muy intenso ir a un partido de esos”, me dice. “Como aficionado, sin duda, el más duro es El Salvador. Hay gente buena, como en todos lados, pero también hay muchos locos. Una vez apedraron al camión de la Selección y nosotros estábamos ahí. Los granaderos que supuestamente nos estaban protegiendo nos empezaron a agredir y nos cayeron piedras también. En otra eliminatoria, en Guatemala, la gente arrancó trozos de las gradas de piedra o concreto para aventárnoslas. Honestamente, no obstante, las historias que no son tan buenas realmente son las menores”.

Pasear por la casa de Gabriel es el sueño de cualquier fanático: desde CD’s y vinilos de seleccionados cantando, mascotas, llaveros y pines hasta playeras originales de Jorge Campos, autógrafos, balones, prácticamente cualquier cosa que se pueda ocurrir. Aún así, más que cualquier cosa, lo que se presenta es un monumento a la pasión y no a un equipo, a una persona y a un esfuerzo, eso es la Ola Verde de Gabriel.