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Los civiles huidos de Faluya provocan el colapso de los campos de desplazados en Irak

El gobierno iraquí está teniendo serios problemas para alojar a los miles de civiles que huyen de Faluya, mientras los combates entre el ejército y Estado Islámico continúan en los distritos del norte de la ciudad.
Soldados iraquíes ayudan a civiles que huyen de Faluya durante una tormenta de arena, Irak, 18 de junio de 2016. (Reuters)

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Los campos de desplazados habilitados por el gobierno iraquí trataban ayer domingo de albergar a los miles de personas que huían de Faluya, mientras el ejército y Estado Islámico se enfrentaban en los distritos del norte de la ciudad.

El primer ministro Haider al-Abadi declaró la victoria sobre los yihadistas el pasado viernes después de que las tropas gubernamentales tomaran el centro de la ciudad, tras una ofensiva de cuatro semanas que había contado con el apoyo de Estados Unidos.

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Pero los combates, los ataques suicidas y la lluvia de morteros continua.

La ONU ha dicho que desde que comenzó la ofensiva sobre Faluya, una ciudad a una hora en coche al oeste de Bagdad, más de 82.000 civiles han huido y hasta 25.000 más podrían estar tratando de hacerlo en estos momentos.

Sin embargo, los campos que deberían albergarlos ya están repletos por los miles de personas que escaparon de la ciudad entre francotiradores y campos de minas colocados por Estado islámico y bajo un sofocante calor.

"La gente ha de correr y caminar durante días. Han abandonado Faluya sin nada", detalla Lise Grande, coordinadora humanitaria de la ONU para Irak. "No tienen nada y necesitan de todo".

El éxodo de población civil podría ser aun mayor si finalmente se produce un asalto a Mosul, bastión de Estado Islámico y la segunda ciudad más grande de Irak después de la capital.

Diferentes fuentes apuntan a que esta ofensiva podría producirse antes de que finalice el año y este hecho tomaría al gobierno y a los grupos de ayuda humanitaria sin estar preparados para dar refugio a los miles de personas que huirían de Mosul.

Con la atención centrada durante meses en Mosul, el pasado mayo el primer ministro Haider al-Abadi dijo que el ejército daría prioridad a Faluya, la primera ciudad iraquí capturada por los militantes yihadistas a principios de 2014.

'En Faluya puede producirse una catástrofe humanitaria', advierte un oficial iraquí. Leer más aquí.

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El sábado Al-Badi ordenó medidas para ayudar a los desplazados y anunció la creación de 10 nuevos campos. Pero el gobierno iraquí no dispone de una estimación aproximada del número de personas que están huyendo, ya que muchas familias están atrapadas a campo abierto sobreviviendo en tiendas de campaña.

Para hacernos una idea de la crisis humanitaria, uno de los campos de desplazados habilitado para 1.800 personas sólo tiene una letrina, según el Consejo Noruego para los Refugiados.

"Imploramos al gobierno iraquí a que se haga cargo de este desastre humanitario", ha alertado, Nasr Muflahi, director para Irak de esta organización.

Los problemas económicos del gobierno de Bagdad, han provocado que el ejecutivo iraquí tenga problemas para satisfacer las necesidades básicas de los más de 3,4 millones de personas desplazadas en todo el país por el conflicto. Por este motivo, el gobierno central está apelando a la financiación internacional y se está apoyando en las redes locales de ayuda de carácter religioso.

Sin embargo, a diferencia de otras batallas, donde muchos civiles buscaron refugio en las ciudades cercanas o en la capital, a las personas que huyen de Faluya se les ha prohibido la entrada a Bagdad, a tan sólo 65 kilómetros de distancia, y los funcionarios destacan la falta de movilización por parte de la población de la capital.

Muchos iraquíes consideran Faluya unos de los bastiones de la insurgencia suní tras la ocupación del país por parte de Estados Unidos en 2003 y consideran que muchos de sus habitantes son partidarios de Estado Islámico.

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La participación de milicias chiíes en la batalla junto al ejército gubernamental ha aumentado los temores de matanzas sectarias, y las autoridades han detenido a varios milicianos chiíes tras recibir denuncias que estos habrían ejecutado a decenas de hombres suníes.

Las fuerzas gubernamentales investigan a los hombres que huyen de los territorios que arrebatan a Estado Islámico para evitar que milicianos yihadistas puedan camuflarse entre los miles de civiles que huyen de Faluya.

Fuentes del aparato de seguridad iraquí han dicho a la agencia Reuters, que miles de hombres bajo investigación han sido liberados tras haber pasado por los tribunales, pero de muchos otros sigue sin tenerse información.

En el campamento de Amiriyat, cerca de Faluya, Fatima Khalifa, una desplazada, dijo que no tenía noticas de su marido ni de su hijo de 19 años de edad, que habían sido retenidos por las fuerzas gubernamentales en un pueblecito hacía ya dos semanas.

"No sabemos dónde están ni cuando fueron apresados", señaló. "No queremos arroz ni aceite de cocina, sólo queremos que vuelvan nuestros hombres", sentenció.

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