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Los elefantes del desierto de Mali en peligro de extinción por las milicias y los traficantes

Durante las dos primeras semanas de 2016, 16 ejemplares han muerto a manos de cazadores furtivos. Se calcula que solo quedan 350 individuos de esta especie y que si no se actúa podrían extinguirse en tres años.
Imagen por Jake Wall/Reuters
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Durante décadas, la población de una escasa especie de elefantes en la zona de Gourma, Mali, consiguió mantenerse estable. Representa una de las dos subespecies de elefantes del desierto existentes en el mundo, que vive buscando alimento a lo largo y ancho de territorios yermos en condiciones extremas.

En el año 2012 los cazadores furtivos comenzaron a apuntar sus armas contra los elefantes gourma. La actual inestabilidad política de la zona — milicias armadas y traficantes de armas y drogas — solo han empeorado las probabilidades de subsistencia de estas enormes criaturas.

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Según las cifras publicadas recientemente, compiladas a partir de imágenes aéreas, solo quedan alrededor de 350 especímenes de estos elefantes. El Proyecto Elefante Mali, una colaboración entre el Fondo Mundial para la Naturaleza y el Fondo para la Conservación Internacional de Canadá, informó que 83 elefantes fueron asesinados en 2015. Ya en las primeras dos semanas de este año, 16 elefantes fueron víctimas de la trata internacional de marfil. Y el proyecto advirtió recientemente que los elefantes del desierto de Mali podrían extinguirse en tan sólo tres años.

En diciembre de 2014, sin embargo, las cosas comenzaron a desmoronarse.

La caza furtiva, que comenzó con los conflictos armados y la guerra civil en 2012, ha continuado, dice Susan Canney, responsable del Proyecto Elefante Mali. Canney, quien comenzó a trabajar con los elefantes de Mali en 2003 y nunca imaginó que su trabajo en el campo de la zoología la llevaría a enfrentarse al terrorismo. Tras el estallido de la guerra civil en 2012, combatir al terrorismo se convirtió en una parte inevitable de los esfuerzos de conservación. "Las comunidades antes del conflicto convivían, pero ahora se están reabriendo todas las viejas heridas y se está produciendo una fractura social", afirma.

Sophie Ravier, representante de Medio Ambiente de la ONU en Mali, dijo a VICE News en octubre pasado que una conexión entre la caza furtiva y el terrorismo era probable.

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"Sospechamos que existe un vínculo entre los cazadores furtivos y los terroristas armados, que podrían utilizar el comercio ilegal de marfil para financiar algunas de sus actividades", dijo. "Hay todo tipo de actividades de tráfico en la región: de drogas, de personas… Esas operaciones ilegales también están vinculadas a organizaciones terroristas armadas. Es posible que el marfil se trafique por las mismas rutas".

En un esfuerzo por combatir estos vínculos, Canney y su grupo reclutaron a una red de más de 500 hombres jóvenes en todo la región de migración del elefante para supervisar a estos animales y dificultar la caza furtiva. Ofrecieron comida a cambio de trabajo — menos que los 30/50 dólares al día que los grupos yihadistas pagan a los jóvenes reclutas, según los informes. A pesar de ello, el proyecto que defiende a los elefantes logró formar un equipo fuerte. "Ninguno de ellos se unió a los grupos armados", dice Canney. "La protección de los elefantes es considerada un trabajo noble".

Este tipo de monitoreo logró mantener las cosas bajo un relativo control entre 2012 y 2014. De acuerdo con Canney, entres años sólo murieron 18 elefantes. Varios cazadores furtivos fueron capturados y detenidos. Y un traficante de marfil fue detenido, pero huyó a Libia.

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En diciembre de 2014, sin embargo, las cosas comenzaron a desmoronarse. Comenzaron a llegar órdenes de caza furtiva desde fuera de la región, y las familias locales comenzaron a recibir ofertas de puestos de trabajo bien remunerados como cómplices de las misiones de caza furtiva, explica Canney. A los potenciales reclutas se les comunicó que cada colmillo tendría un valor de 3 millones de francos CFA de África Occidental, casi 5.000 dólares.

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En un esfuerzo por combatir esta nueva ola de caza furtiva, el Proyecto Elefante Mali trabajó junto con el gobierno nacional para crear nuevos puestos de guardaparques. Se reunió dinero para las comunicaciones, vehículos, equipo y entrenamiento. A pesar del impulso, Canney indica que existen enormes retos. "La situación de seguridad se ha enconado; los militares han sido desplegados en las bases pero no tienen recursos para hacer nada".

La migración de los elefantes es un testimonio de su perseverancia y tenacidad para sobrevivir en un lugar donde el agua y los alimentos son cada vez más difíciles de conseguir.

"Lo que es sorprendente es la forma en que han logrado sobrevivir en este ambiente increíblemente adverso; cómo se las arreglan para encontrar comida en determinados momentos del año, cómo se abren camino a través del paisaje", expresó Canney. "Ellos son increíbles supervivientes".

De acuerdo con las proyecciones de población basadas en la caza furtiva mensual del 2015, los elefantes gourma podrían extinguirse en tres años. El cálculo, publicado esta semana por el Proyecto Elefante Mali, es un indicador del impacto que tienen estas duras condiciones, no sólo en los elefantes, sino también en los seres humanos.

Canney recuerda las primeras reuniones con los líderes de la comunidad y residentes, al comenzar con los trabajos de conservación. El sentimiento local era muy favorable a los elefantes. Los habitantes locales temían que si los elefantes desaparecen eso significará que el medioambiente ya no será seguro para los seres humanos tampoco. Los elefantes gourma son un barómetro de lo que está pasando en el país, afirmó Canney.

"Su presencia es indicador de que el medioambiente es saludable", añadió.

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