La bruja tatuadora transexual que usa la tinta para ejercer su poder

Noel’le Longhaul tiene miles de seguidores en las redes sociales gracias a su hechizante arte.

|
02 Agosto 2016, 6:30am

All photos courtesy of Noel'le Longhaul

La mayoría de cuentos de hadas empiezan con un viaje hasta lo más profundo del oscuro bosque, donde habitan lobos, brujas y otras bestias monstruosas. Para la tatuadora Noel'le Longhaul, la naturaleza salvaje también es el punto central de su arte, junto con la intersección entre su identidad como persona trans queer y como bruja. Como páginas arrancadas de un viejo libro de cuentos, la obra de Longhaul combina la sombría delicadeza de una ilustración de Edward Gorey con la familiar iconografía de la naturaleza procedente del folclore: cuervos, cepas retorcidas, flores silvestres y bestias de rapiña.

Esta artista y música de 25 años de edad que reside en Great Falls, Massachusetts, aprendió su oficio tatuándose a sí misma y a sus amigos durante varios años. Longhaul se licenció en Bellas Artes —en la especialidad de grabados— en la Escuela de Diseño de Rhode Island, aunque ahora trabaja a tiempo completo como tatuadora en Charon Art Visionary Tattoo, donde describe su trabajo como una especie de "magia de sangre" y el hecho de tatuar como un ritual que practica sobre todo con otras personas trans y queer para ayudarles a construir un hogar más seguro y confortable dentro de sus cuerpos. Hablamos con Longhaul sobre brujería, visibilidad trans y las posibilidades mágicas del tatuaje.

Esta entrevista se ha resumido y abreviado para facilitar su claridad.

BROADLY: ¿Cómo te iniciaste en el mundo del tatuaje?
Me tatué a mí misma por primera vez cuando iba al instituto... Después empecé a tatuarme en un estudio, pero mis experiencias fueron en general bastante desagradables. En los primeros seis meses después de cumplir 18 años me hice como cuatro tatuajes y después no volví a tatuarme en un estudio hasta seis años después. Durante aquel tiempo sobre todo me tatuaban amigos o me tatuaba yo misma y principalmente lo hacía como forma de dejar una huella en mi cuerpo mediante lo que ahora denomino 'espacio ritual' con personas que intentan encontrar la forma de ayudarse las unas a las otras, contarse sus historias y habitar los cuerpos de otros.

¿Por qué fueron tan desagradables tus primeras experiencias en estudios de tatuaje?
Sobre todo fue por el punto de mi vida en que me hallaba. Todavía estaba muy encerrada en mí misma y no tenía un marco de referencia para saber lo que quería realmente o cómo conectar con mi cuerpo, de modo que me aferraba a esos pequeños símbolos de conexión que me hacía tatuar. Pero la mayoría de tatuadores no suelen ofrecer un proceso de escucha más profundo que vaya más allá de la estructura de lo que quiere alguien. Yo creo que necesito algo distinto de lo que podía brindarme un estudio de tatuaje y aquel estudio en concreto también era lisa y llanamente un espacio bastante tóxico e hipermasculinizado que no estaba en absoluto equipado para comprender los pequeños matices de la fragilidad del momento que yo estaba viviendo con respecto a mi cuerpo. Aquellos tatuajes son los únicos que he cubierto conscientemente con otros.

Noel'le Longhaul. Todas las fotos cortesía de la entrevistada.

¿Cómo interactúa tu propia identidad como persona trans con lo que haces como tatuadora?
Para mí, aprender a tatuar fue una parte de mi proceso de aprender cómo ser transexual y lo que significaba para mí. Fue una manera de transformar la tensa, complicada y ampliamente desesperante relación que mantenía con mi cuerpo y llevarla a mi propio terreno, con mis propias reglas. Y el hecho de que los demás vean mis tatuajes antes de ver mi género es un motivo práctico y material. Siempre he deseado llevar muchos tatuajes para que mi género no fuera una de las primeras cosas que viera y procesara la gente.

¿Crees que también es una cuestión de visibilidad? ¿Consiste en reafirmar tu espacio cuando la gente te mira?
Sí, creo que tiene mucho que ver con el poder. Disfruto enormemente del hecho de que llevar tantos tatuajes me hace sentir menos vulnerable cuando me enfrento al mundo. Es una forma de que mi visibilidad se rija por mis propias normas, porque mi relación principal con el hecho de que me vean abre un sendero de dolor. Si la gente debe atravesar esta especie de oscuro laberinto de imágenes antes de llegar hasta mí yo me siento más segura.

¿Puedes contarme algo más sobre cómo desarrollaste tu propio estilo estético?
Cuando era niña dibujaba sin parar y pasaba muchísimo tiempo en el bosque, construyendo casitas de cuento de hadas y pequeños refugios, rodeada de plantas y animales y hablando con ellos como una friki. Gran parte del arte que yo desarrollo tiene el aspecto del lugar del que procedo. Crecí en las montañas al oeste de Massachusetts, viajé y viví en otros sitios durante seis o siete años y ahora vuelvo a residir aquí. Tengo la sensación de que el objeto de mi arte son los lugares que me acompañaron en la infancia.

En tu página de Instagram te describes como bruja.Háblame de eso...
Fue algo con lo que siempre mantuve una relación muy intuitiva desde muy pequeña. Pasaba mucho tiempo sola, porque a los críos se les da genial alienar a los niños y las niñas trans desde muy pequeños diciéndote que no formas parte del equipo y dejándote de lado. Experimentar aquella alienación por parte de mis compañeros desde tan pequeña y hasta que me hice adulta me llevó a espacios liminales donde pude encontrar mi poder en los lugares donde la gente me decía que no debía buscar mi poder. Para mí, identificarme con la brujería es sinónimo de identificarme con siglos de lucha contra el patriarcado. Y contra la iglesia. Y contra la hegemonía blanca.

¿Cómo encaja tu identidad como bruja en tu arte como tatuadora?
Mis tatuajes con un ejercicio de múltiples facetas de mi identidad y mis prácticas. Es un nexo con mi condición de queer, un nexo con mi arte, un nexo con todas las cosas que se entrecruzan dentro de este espacio estructurado y ritualizado.

Para mí, tatuar gira tanto en torno a un trabajo feminizado como en torno a la brujería. Es mi modo de encajar en el capitalismo y reivindicar que el trabajo y la práctica de la brujería por parte de las mujeres son absolutamente valiosos y merecen compensación económica. Tengo la sensación de que tanto la magia como el tatuaje giran en torno a la construcción de espacios secretos y ocultos donde podemos emplear los rituales y la intención para invocar esta cúpula bajo la que mantener una posición de poder colaborativo. Para mí, escuchar a la gente hablar acerca de qué se quieren tatuar y que me cuenten su historia se sitúa inmediatamente en la intersección de todas mis identidades políticas.

Has identificado el arte de tatuar como un ritual en un par de ocasiones,¿en qué sentido te parece un ritual el hecho de tatuar?
En todos los sentidos. El proceso de prepararse, conocer a alguien... Para mí, gran parte de lo que supone un ritual —tanto a la hora de tatuar como en general— es el proceso de encontrar las vías y las puertas que normalmente están cerradas, a través de factores como el estado y otras ramas opresivas de pensamiento y cultura, para imaginar de qué modo podrían ser diferentes las cosas. Intentan obligarnos a pasar por un estrecho embudo, pero los rituales consisten en detenerse en ese embudo y abrir un espacio autónomo para revelar la puerta cerrada.

O en ampliar dicho embudo.
O incluso simplemente en tratar de encontrar la salida y escapar de él.