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Identidad

​Las chilenas que sufrieron violencia político sexual siguen esperando justicia

Durante la dictadura de Pinochet cientos de mujeres fueron violadas, torturadas y vejadas. A día de hoy, la legislación no reconoce la tortura político sexual como un delito especialmente aberrante.
21.4.16
Fotografía de Francisco Farias vía VICE México

La impunidad es una herida abierta que se infecta con el paso del tiempo. No importa si son meses, años o décadas. Una víctima de tortura sexual política jamás olvida, solo aprende a canalizar el dolor y la rabia.

En Chile, la falta de justicia por la violencia sexual política ejercida contra la mujer durante la dictadura de Augusto Pinochet es un clamor infectado. Cientos de supervivientes esperan aún reparación y cambio de legislación en este aspecto.

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Tras el Golpe de Estado de 1973, que supuso la muerte del presidente Salvador Allende, se instaura en el país una dictadura militar que siembra el terror entre los activistas de izquierdas entre otros colectivos.

El brazo ejecutor fue la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) que instauró casas de tortura como Villa Grimaldi, Tres Alamos, Londres 38 o Belgrano. Especialmente cruel es el relato de aquellas que pasaron por la tristemente conocida como 'Venda Sexy'. El sobrenombre hace alusión a las violaciones que se ejercían sobre detenidos con los ojos vendados. También era conocida como 'La Discoteque' ya que según los vecinos, que nada presagiaban, escuchaban constantemente música alta en el interior —para que los gritos no se escuchasen en el exterior—.

Esta casa de detención fue el epicentro de la mayor violencia sexual sufrida hacia la mujer durante la dictadura de Pinochet. Cada caso acontecido entre sus paredes es un infierno silenciado demasiado tiempo.

Beatriz Bataszew ingresó en la Venda Sexy con tan solo 20 años. Su delito era formar parte del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). Fue sacada de su casa por la noche, a la fuerza y antes de ingresar en la casa de tortura la vendaron los ojos.

A Beatriz la electrocutaron y la violaron aquella misma noche. Eso solo fue el principio de una pesadilla que duró 10 días. Es complejo relatar lo que allí sucedió sin que a uno se le desgarre algo por dentro.

La violaron repetidas veces en presencia de su hermano y su padre, incluso trataron de obligarles a ellos a abusar de ella

L.A.M. fue detenida el 30 de enero de 1974 y llevada a la casa de tortura. Militaba en el partido socialista. Allí la violaron repetidas veces en presencia de su hermano y su padre, incluso trataron de obligarles a ellos a abusar de ella. Más tarde, trataron de violarla con la ayuda de animales, incluso con perros entrenados para vejarla.

Esta es, sin duda, una de las narraciones más crueles y que más tiempo ha tardado en ver la luz. Las propias víctimas se sentían avergonzadas de las vejaciones que los militares ejercieron hacia ellas, por lo que la labor de sacar a la luz la verdad ha durado más de 40 años.

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La culpable, tiene nombres y apellido: Ingrid Olderock. La integrante más cruel de la DINA, conocida como 'La mujer de los perros'. Nancy Guzmán, escritora que sacó a la luz la figura de torturadora, la describe como una mente perversa, brillante y fría en la ejecución.

Olderock entrenaba perros para que violasen a hombres y mujeres de forma indiscriminada. La vergüenza de las víctimas hizo que hasta hace poco tiempo no se atreviesen a hablar, muchos incluso esperando a que sus familiares más cercanos falleciesen para que no tuviesen que enterarse de su espantosa experiencia.

Pero su calvario no acababa en la Venda Sexy, tras la violencia muchas de ellas fueron infectadas con terribles enfermedades —algunas propias de animales— e incluso obligadas a abortar en repetidas ocasiones.

Tras 'curarse' de las heridas visibles empezó el tránsito por el segundo círculo infierno, el más largo, el que en el caso de algunas víctimas el que a día de hoy permanece. La huella invisible de una grieta que no se cierra nunca.

A.H. estudiaba veterinaria antes de ser detenida. La herida sigue intacta. Tras su paso por el centro de tortura se vio incapaz de continuar con sus estudios por el pánico y la aversión que la provocaban los animales. Lo más doloroso fue hablar con su madre tras ser liberada, como si ella estuviese infectada por un dolor crónico y no quisiese trasmitírselo por vía oral a ningún ser querido.

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Años después, exiliada en Francia, un joven que desconocía su historia intentó besarla. Aquella situación, que había tratado de evitar, la trasladó automáticamente a los intensos forcejeos que había sufrido en Venda Sexy. Poco después, a pesar de su rechazo inicial a su pretendiente, se casó con ese joven. Fue su forma de dar una bofetada a la sombra de la tortura sexual que ejercieron sobre ella. De vencerla mirándola de frente.

Beatriz Bataszew. Fotografía de Luis Fernando Arellano

La reparación, en la mayor parte de los casos ya es imposible. Muchos de los militares que abusaron de ellas han fallecido sin ser juzgados, otros cumplieron unos pocos años antes de morir.

La primera querella por violencia política sexual se interpone en 2014, cuarenta años después de los hechos relatados. Las víctimas reclaman una legislación que entienda este delito como un abuso especialmente cruel que no debe repetirse en ningún caso, lo que a día de hoy no se cumple.

En el año 2012, se detienen a 30 jóvenes por manifestarse por la gratuidad de la educación en Chile. Muchas de ellas son sacadas de sus establecimientos escolares y otras tomadas durante las manifestaciones. Durante su traslado a la comisaría, fueron desnudadas y tocadas por los agentes de policía.

El delito por el que aún no se les ha juzgado podría ser 'abuso deshonesto', como si algún abuso de poder pudiese ser considerado honesto. Existe una filmación donde se escucha a un alto cargo dar la orden a los subalternos de "levantar las faldas".

Las víctimas de la tortura política sexual son las primeras en levantar la voz. Las primeras en recordar que hay una herida enquistada en la sociedad.

"Es un crimen de lesa humanidad, indescriptible, inadmisible, sin derecho a indulto en ningún caso", sigue sentenciando Beatriz Bataszew, 40 años después.

En el juicio de Núremberg se reconoció el uso de la violencia sexual hacia las mujeres de parte de ambos bandos. Ninguna condena. Las mujeres republicanas españolas fueron objeto de este delito durante la Guerra Civil. Ni investigación, ni condena. Muchas mujeres defensoras de derechos humanos de América Latina, particularmente las que defienden derechos de los pueblos originarios, derechos sexuales y reproductivos, son objeto de violencia política sexual. Ni investigación ni condena. Chile es un caso más en la larga lista de impunidad.

"Queremos aportar para la construcción de una sociedad en que se garantice el derecho de las mujeres a protestar, a manifestarse, a tener visiones y proyectos políticos, a defender sus derechos sexuales. De lo contrario, las humanas no tenemos derechos humanos" subraya Bataszew.