Sexo

Puse a mi novio a comer piña para comprobar si el sabor de su semen se endulza

Piña y semen ¿Realmente funciona o es sólo un rumor de internet?
22.1.19
semen alimentacion

Todo comenzó como un meme en el que podían verse cuatro imágenes: una rasuradora, vaselina, Netflix y algunos trozos de piña. Los tres primeros elementos tenían sentido: en una noche de sexo, a veces te depilas para tener el área despejada (o al menos para quienes no les gusta el vello), pones un rato Netflix para ambientar o como preámbulo, y finalmente la vaselina puede usarse como lubricante (aunque no se recomienda, ya que puede dañar los preservativos, pero bueno: memes son memes). Yo, que me preciaba de tener cierto nivel de conocimiento en sexo, no sabía qué carajo hacía la piña ahí. No entendí, así que decidí preguntarle al amigo que lo publicó. “Se dice que comer piña puede ayudar a que el semen sepa mejor, como más dulcecito”, me contestó mi amigo. La información me dejó perplejo, aunque no me pareció del todo descabellado. Si en la ganadería se suele alimentar a algunos animales con fruta para darle un sabor especial a su carne, o sin ir más lejos, si cuando alguien come mucha cebolla esto puede apreciarse en su sudor, ¿por qué no sería plausible que agregar algo a la alimentación cambiara el sabor del semen?

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Me puse a investigar —gracias, internet— pero no encontré mucha información de valor: la mayoría eran notas que lo afirmaban a nivel hipótesis. “Comer piña puede enduzar el semen de tu pareja” o “afirman que la piña puede ayudar a darle un sabor especial al semen” eran los titulares de la notas que encontré. Nada de primera mano y nadie que se hubiese ocupado en comprobarlo de verdad. Fue entonces que decidí poner manos a la obra.

Lo primero fue tener un sujeto de pruebas. Primero pensé en probar mi propio semen, en una especie de “antes” y “después”. Pero después pensé que así no era tan divertido. Entonces le propuse a mi novio que me ayudara en el experimento. Contra lo que yo pensaba, no sólo no se extrañó ni opuso resistencia, sino que me dijo que sí, si ningún tipo de extrañeza o resistencia. “Por eso me voy a casar con este cabrón”, pensé para mis adentros. Tenía todo el sentido del mundo: ya me había comido muchas veces su semen, así que conocía perfectamente su sabor. Ya no tendría que hacer una comparativa del “antes”.

Compró varias piñas. Según lo que leí en varias publicaciones, no basta con una sola ingesta, es decir, se tiene que comer piña al menos durante 48 horas previamente al acto sexual. Antes de comenzar a comerla, tendría que “vaciar su almacén”, para garantizar que el semen que se saborizara fuera fresco y nuevo. Así que tuvimos una buena sesión de sexo y lo dejé listo para que volviera a reabastecer sus reservas. Ya saben: todo en nombre del periodismo.

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Ahora sí, era hora de proceder al experimento. Primero le pregunté a un nutriólogo si poner a alguien a dieta exclusiva de piña durante 48 horas era viable y sin poner en riesgo la salud. Él me dijo que mientras fueran sólo dos días, no habría problema. Así que con el visto bueno de un profesional, restringí la dieta de mi chico a únicamente piña. Según los materiales consultados, comer carne roja en exceso puede provocar que el semen tenga mal sabor, mientras que comer frutas puede dulcificarlo. Así que nada de carne, nada de nada: únicamente piña.

Al terminar el primer día, mi chico ya estaba harto. “Me duele la lengua, creo que ya no puedo más”, me dijo. Se había comido un total de tres piñas ese día, entre trozos de fruta y agua de sabor. Era claro que tenía la lengua irritada. Le prometí recompensarlo con un blowjob de campeonato cuando cumpliera con su segundo día. “¿Te parece si cuando llegue mañana de trabajar de inmediato me como tu semen y luego te invito a cenar, como premio por haber resistido como los grandes?”. Sabía que no se iba a negar. Sexo y comida, ¿quién diría que no?

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Foto cortesía del autor.

Y así fue, al segundo día, después de un día de trabajo él estaba ya sobre la cama. Pensé que me encontraría a una fiera dispuesta a vaciarse en mi boca, pero en lugar de eso lo encontré en posición fetal abrazando una almohada. “¡Ya, hagámoslo, que me muero de hambre!”, me dijo. Su cara no era de alguien que estuviera ansioso por tener sexo, sino el de alguien que estaba harto de comer piña por dos días enteros. Conmovido, decidí poner fin a su sufrimiento.

Puse algo de música ambiental y comencé a besarlo. De inmediato su actitud se transformó y su pene comenzó a levantarse y endurecerse. Sin grandes preámbulos, le desabroché el pantalón y comencé a darle una buena sesión de sexo oral, mientras él respiraba agitado y de cuando en cuando bajaba la cabeza para ver el trabajo que yo estaba haciendo. Lo desnudé y me quité la ropa también. Ahí estábamos ambos: él con su cuerpo velludo tendido sobre la cama, yo con mi cuerpo lampiño sobre él, haciéndole una mamada de campeonato.

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Para ese punto, yo también estaba masturbándome. “Me voy a venir”, dijo, y entonces sí, era el momento de la verdad. ¿Realmente habría cambiado el sabor de su semen? Estaba a punto de descubrirlo. Se vino a chorros dentro de mi boca. Yo no quería que pasara directo a la garganta, sino saborearlo para ver si el experimento había fracasado o había sido un éxito. “¡Funcionó!”, grité triunfante, todavía con su semen empapando las paredes de mi boca.

Si bien su semen no se había saborizado —como cuando te comes una paleta de piña— el cambio en el sabor de su semen sí era notable. Se había suavizado, neutralizado diría yo. Caliente como estaba, decidí seguir masturbándome. Con la visión de su cuerpo desnudo, me puse todavía más horny. Subí el ritmo de los movimientos de mi mano y mi pene también estalló. Estaba tan caliente que de la altura de mi ombligo, mi semen salió disparado hasta mi pecho y llegó a la almohada. Con la mano todavía embarrada de mis fluidos, decidí contrastar ambas muestras: pasé la lengua por mis manos y mis dedos y probé mi propio esperma.

En efecto, había una diferencia sustancial entre ambos sabores. ¡Prueba superada! Puedo decir que sí: el comer piña si bien no endulza el sabor del semen, sí lo hace mucho más neutro. Esto puede ser especialmente bueno para aquellos o aquellas que el sabor les parece chocante o desagradable. Así que ya no hay más excusas para no comerse el semen de sus chicos. Ellos lo agradecerán y ustedes se verán como todos unos pornstars (amateurs, pero pornstars).

¡Bon apetit!

@PaveloRockstar