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Clubes caídos por el narco en Monterrey

La vida nocturna regia dio un giro de 180 grados tras estos difíciles años.

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Es la noche de Halloween de 2009 en el centro de la ciudad de Monterrey; ríos de gente disfrazada han provocado que la policía cierre las calles en el cruce de las calles Morelos y Dr. Coss. La multitud avanza, saltando de bar en bar, despreocupados y sin saber que, ese año, sería el último en el que el Barrio Antiguo vería tal cantidad de gente congregada.

Ese recuerdo quedará por siempre plasmado en una fotografía que flota en la perennidad del internet y que quedará como evidencia de lo que alguna vez fue la vida nocturna en la ciudad regia.

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En esta imagen –recientemente viralizada por los regiomontanos–, se puede apreciar a los costados los logotipos de dos de los antros más concurridos durante esa época: el UMA Bar y el San Pedro Night Club, dos testigos de la entonces veintena de negocios que conformaban la oferta de lugares de diversión nocturna.

Ambos sitios no sobrevivieron la guerra contra el narco, esa misma guerra que el presidente Felipe Calderón declaró cuando asumió el poder en el 2006, y que este año cumple 10 años, tiempo en el que, según el New York Times, se calcula que ha dejado 150 mil muertos, 18 mil desaparecidos, un índice de homicidios de al menos 19 por cada 100 mil habitantes.

Es precisamente esta guerra que en 2010 y 2011 acabó con la vida nocturna de la ciudad de Monterrey, y que permite que esa fotografía de Halloween de 2009 sea lo único que perdure de esas extensas noches en las que algunas de las 16 calles del Barrio Antiguo eran casi intransitables por la cantidad de gente que asistía a la oferta de bares y antros los fines de semana.

Incluso, Hay quienes aseguran que llegaron a transitar hasta 10 mil personas en un solo fin de semana entre las arterias del famoso 'Barrio'.

La vida antes de la guerra

La oferta de entretenimiento del Barrio Antiguo era muy variada, había de todo y para todos. Desde el ambiente ska o punk que había en lugares como el Antrópolis, de electrónica en el Karma, Akbal o el Skizzo, la trova y canto nuevo en LaTumba; hasta el metal en el Ibex, sin dejar de mencionar al Café Iguana, cuyo enfoque siempre ha sido el rock en sus diversas modalidades, y que en aquel entonces era el corazón del Barrio.

Homero Ontiveros, tecladista de la banda de ska Inspector, relata que desde la mitad de la década de los noventa, el Barrio Antiguo comenzaba a tomar fuerza como punto de encuentro y donde el denominador común era la música.

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"Desde mediados de los noventa ya empezaba a haber música ahí, sobre todo en los lugares más emblemáticos, el Café Iguana, La Tumba y el Skizzo, prácticamente eran estos tres lugares. Era como cualquier zona de entretenimiento y diversión, pero la diferencia era que de alguna forma se metió la música original, música local, se empezaron a hacer tocadas y pequeños conciertos donde la gente entraba con boleto pagado".

Fotografías: Luis Machín / Vista de la calle Padre Mier, una de las principales de la zona.

El Barrio Antiguo se convirtió en un punto crucial, para el desarrollo de la famosa 'Avanzada Regia', un conjunto de agrupaciones musicales que derribaron las fronteras locales y nacionales, integrado por bandas como Control Machete, El Gran Silencio, Zurdok, Plastilina Mosh, Genitallica, Panda, Jumbo entre muchos otros.

Con esa efervescencia musical fue como los bares y antros ubicados en la zona empezaron a consolidarse en el gusto de la población. Luego aparecieron otro tipo de opciones donde el objetivo no era realizar conciertos, sino sólo la fiesta y el baile.

En la época previa a la decadencia del Barrio Antiguo, la oferta de centros de diversión estaba compuesta por el Café Iguana, La Casa Amarilla, El Reloj, UMA Bar, San Pedro Night Club, Monasterio, La Puerta, La Tumba, McMullens, el Morfos, Antrópolis, Ibex, El Clandestino, El Tinieblo, el Skizzo, Salón Morelos, Kokoloco, ABC, Café Infinito y el Karma, principalmente.


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"El Barrio Antiguo era un punto de encuentro donde convivía gente de distintos puntos de la ciudad. Fue tanta la afluencia y atención que recibió que no tardó en llegar el crimen organizado", recuerda Homero.

Fue precisamente durante ese auge cuando empezaban a verse los primeros brotes de violencia en esa zona, recuerda.

Homero explica que en las mañanas después de una noche de fiesta, se volvió común ver rastros de sangre sobre el empedrado de las calles. Esta sangre era producto de riñas comunes, sin embargo, era uno de los síntomas previos a una crisis que apenas empezaba a gestarse.

De esta manera, hacia el 2010, que es el año en que empieza a notarse con mayor fuerza la presencia de los grupos criminales en todo Nuevo León, en el Barrio Antiguo ya imperaba un orden implícito.

Había una especie de segunda ley, añade Homero, impuesta específicamente por Los Zetas, que con frecuencia generaban casos de gente golpeada por el sólo motivo de ir gritando por la calle o estar de 'malacopa'. "No sé cómo decirlo sin que suene tan mocho, pero fue por las drogas (el origen de la crisis de violencia)", comenta.

El choque de principalmente dos grupos criminales que se encontraban peleando la plaza de Monterrey, el Cártel del Golfo y Los Zetas, dejaron a toda la población en medio de una ola de enfrentamientos que pronto comenzaría a ser parte de la vida diaria de los regiomontanos.

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El brote de violencia

En la fachada de concreto del mítico Café Iguana aún permanecen las marcas de las balas que se incrustaron durante el ataque ocurrido en los primeros minutos del domingo 22 de mayo de 2011.

Son como una especie de cicatrices que recuerdan aquel trágico suceso en el que murieron no sólo las cuatro personas que fueron alcanzadas por las balas de un cuerno de chivo; sino también la vida nocturna de Monterrey.

El hecho determinó el cierre de dicho centro nocturno, que destacaba entre la oferta de antros y bares, como el corazón del Barrio Antiguo.

Fachada del Café Iguana donde se pueden apreciar aún las marcas de las balas en la esquina inferior izquierda.

"En lo personal, yo sí creía que en el momento que llegaran (los grupos criminales) y tocaran el Café Iguana –que era el punto central– en ese momento se iba a acabar todo, pero nunca pensamos que así sucedería", comenta Homero, quien vivió esa época oscura del centro de la ciudad como usuario de la oferta de dispersión de la zona y como músico.

Para ese entonces, el Barrio Antiguo no estaba exento de balas y muerte. Un año antes, ocurrió el asesinato del propietario del San Pedro Night Club, dentro del establecimiento, el 6 de diciembre de 2010. Según datos periodísticos de la agencia Reforma, Andrés Imperial Garza, de 49 años fue ejecutado cuando se encontraba en una mesa de su negocio, por un desconocido que se fugó por una salida de emergencia.

En lo personal, yo sí creía que en el momento que llegaran (los grupos criminales) y tocaran el Café Iguana –que era el punto central– en ese momento se iba a acabar todo, pero nunca pensamos que así sucedería.

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Jesús González, activista y promotor de los derechos humanos y representante dela organización civil Alianza Cívica, recuerda que los testimonios de los propietarios de los bares y centros nocturnos aludían a que estaban siendo forzados tanto a pagar piso como a vender o permitir la venta de drogas dentro de sus instalaciones.

"Los establecimientos quedaron en medio de la guerra; entonces los narcotraficantes obligaban a los bares o restaurantes a vender droga, eso nos lo han comentado los dueños de estos negocios. No tenían otra: o vendían o cerraban".

"Cuando empieza a circular mucha más droga de la que circulaba en Monterrey, empieza descomponerse más el tejido social y comienzan a darse más levantones y ejecuciones".

Días después de la balacera en el Café Iguana, varios movimientos sociales se manifestaron en el lugar.

Efecto dominó

Antes del cierre del Café, otros lugares ya habían cerrado o estaban en la víspera del final de sus operaciones. En esa época cerraron lugares como La Casa Amarilla, El Reloj, UMA Bar, Monaestero, La Puerta, Antrópolis, Ibex, El Clandestino, El Tinieblo, el Skizzo, Salón Morelos, Kokoloco y el ABC, por nombrar a los más concurridos.

En su momento el Antrópolis y el Ibex, representaron dos de los cierres más dolorosos, explica Gerardo Wario, periodista y locutor de radio, quien frecuentaba aquellos lugares donde la carta fuerte era la música en vivo.

"El Ibex, los sábados siempre tenía lleno el lugar, no se podía transitar. Aunque en la etapa de la violencia ya iba menos gente, pero como quiera seguía abierto", dijo.

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El Ibex, ubicado en la calle Morelos, fue uno de los lugares que antes de la escalada de violencia registraba una fuerte actividad en lo que respecta a organización de conciertos; sin embargo, para 2010 ya veía afectado su dinamismo debido a la poca afluencia.

Fachada del Antrópolis, cuyo cierre fue uno de los más resentidos.

Incluso, detalla Gerardo, se llegaron a cancelar eventos como consecuencia de la inseguridad, aunque el argumento usado para justificar tal cancelación eran "cuestiones logísticas".

Sin embargo, la fama de Monterrey como una ciudad violenta, creció gracias a los medios de comunicación por lo que ahora, además de la poca afluencia de público, los mismos artistas se negaban a tocar en la ciudad. "Lo logístico era el primer argumento, pero luego resultaba un poco chocante que una banda metalera, por ejemplo, que hablaba de muerte o destrucción, tuviera miedo de viajar a una ciudad con estos problemas", indica Gerardo.

Por ese motivo, Wario considera que quienes resintieron más la ausencia de espacios y de eventos, fueron aquellos que asistían a conciertos de artistas extranjeros, que poco a poco dejaron de visitar la ciudad.


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Leonardo Torres, quien además de organizador de eventos musicales, es parte del staff del bar Gargantúas, también en el centro de Monterrey, comenta que su negocio fue uno de esa minoría que no padecieron ningún altercado.

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"La gente no salía, sí hubo un bajón para el negocio. No cerramos pero sí estuvo muy difícil. Había balaceras a cada rato; cerrábamos la puerta cada vez que se escuchaba desmadre. Eso es algo que hemos agradecido muy cabrón (no haber sido víctimas), a pesar de que estamos en una zona donde está más cabrón que el Barrio Antiguo. Pero hay un chingo de cantinas, congales, table dances", dice.

Aunque reconoce, sin precisar la dimensión de la caída en las ventas, que por esas fechas la clientela tuvo un descenso dramático.

Como cliente, a Leonardo le tocó la escena musical agonizante del Barrio Antiguo. "En un cumpleaños de un compa, en ese tiempo en que nadie salía, nos lanzamos al Tinieblo y estaba solo. Nos echamos una chela y nos fuimos. Como a la media hora se chingaron a un güey al lado del Tinieblo, en uno de esos lugares de reggaetón", recuerda.

Graffiti que representa la unión del Barrio Antiguo en la esquina de las calles Allende y Platón Sánchez.

La avenida Madero es reconocida por ser la vía donde está instalada la mayor parte de la oferta de table dance de la ciudad; negocios que durante esa época también fueron objeto de ataques o se convirtieron en escenario de ejecuciones y levantones.

Y aunque para estos negocios la afluencia también se redujo, no hubo un cierre de establecimientos "masivo", como ocurrió en la zona de antros del Barrio Antiguo.

En este caso, destaca lo sucedido en el table Matehuala en agosto de 2012, cuando un grupo armado irrumpió en el lugar donde atacó a clientes y trabajadores, dejando un saldo de nueve personas muertas.

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En respuesta, la autoridad municipal decidió clausurar el lugar; lo que ocasionó que trabajadores del lugar, bailarinas y clientes frecuentes de éste, salieran a las calles a manifestar su inconformidad y exigir la reapertura del Matehuala.

El periódico Crónica detalla que durante esta manifestación fueron 7 mil 500 personas las que salieron a la calle a exigir que este negocio siguiera funcionando.

Incluso, otro tipo de establecimientos también ubicados en el centro de la ciudad, pero del giro de "ficheras", fueron también víctimas de ataques lo que ocasionó el final de sus operaciones.

Tal es el caso del bar llamado el Sabino Gordo, ubicado en la calle Villagrán, a unas cuantas calles de la zona identificada como Barrio Antiguo, que fue atacado ese mismo año, el 9 de julio.

Ahí, 21 personas fueron ejecutadas y siete más resultaron heridas; actualmente, el establecimiento presenta todavía las cicatrices de ese ataque, donde las marcas de las balas en la pared, como las del Café Iguana, no han sido reparadas.

La masacre del Sabino Gordo se registró de la misma manera que en muchos otros casos, el ataque no distinguió entre clientes y trabajadores del lugar.

Las alternativas

"Vénganse a San Pedro, aquí los vamos a tener seguros"

En esa época, la el nombre de Mauricio Fernández Garza se dio a conocer por la República, el empresario regiomontano entonces fungía como alcalde de San Pedro Garza García, el municipio más rico de América Latina y vecino de Monterrey; mismo que en ese momento, también le fue atribuido el calificativo de "el más seguro", al menos de la zona metropolitana.

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Incluso, Fernández Garza llegó a presumir que San Pedro era más seguro que algunas ciudades texanas, según menciona el periódico El Zócalo.

Fotografía: Facebook Mauricio Fernández

"Yo les digo; ¡Caray!, muchos se han ido, ojalá y regresen, con todo respeto a mi querido cónsul, de las ciudades estas americanas, y que se traigan muchos americanos, que se traigan a los que han conocido allá; vénganse a San Pedro, aquí los vamos a tener seguros", dijo durante su segundo Informe de Gobierno el 5 de noviembre de 2011.

Esta propaganda atrajo la mirada de los empresarios dueños de algunos centros nocturnos que habían cerrado sus operaciones en el Barrio Antiguo; y en consecuencia decidieron abrir dentro de los límites de este municipio.

Surgieron entonces ofertas como la del Gómez, el mismo Café Iguana se mudó para este municipio, aunque sin el mismo éxito; el Sergio's, otro de esos espacios que se sumaron a la ya entonces nutrida oferta de antros y bares de San Pedro, que durante 2010, 2011 y 2012 fueron solo testigos de cómo se desmoronaba el ambiente nocturno en el centro de la ciudad.

Mientras que San Pedro se convertía en el destino de aquellos que buscaban fiesta; en Monterrey era casi imposible conseguirla.

Carolina Olguín, catedrática de la Universidad Metropolitana de Monterrey asidua a las fiestas del Barrio Antiguo, recuerda que el Café Iguana, una vez que se instaló en San Pedro después de haber cerrado sus puertas en Monterrey, operó lejos del auge obtenido en su anterior locación.

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"Como se creó una comunidad en todos esos años, un grupo de gente que veías y saludabas ahí (en el Barrio Antiguo), los jueves, viernes o sábados. Eso hizo que algunos bares siguieran ese movimiento en San Pedro".

"En lo personal ya no fui, ya no me interesó tanto. No quise revivir esa nostalgia, entendí que se había terminado una etapa y lo asumí y mis amigos más cercanos también cayeron en esa situación", explica.

Sin embargo, agrega Carolina, una buena parte de esa comunidad cambió de espacios, más íntimos, donde las reuniones se hacían en casas o fiestas en las que se pasaba de voz en voz el dato para que llegara más gente, antros improvisados de bajo perfil.

Surgieron una especie de bares o antros clandestinos. A los que sólo podías acudir si te invitaban personalmente. Por lo mismo, para evitar que gente relacionada con el crimen acudiera.

Por su parte, Homero recuerda que él sí llegó a asistir a los espacios sampetrinos, sin embargo, la buena fiesta que se armaba en el Barrio Antiguo, había quedado atrás.

"No fue lo mismo. También porque ya era otro público el que iba. Por ejemplo, el Gómez, tenía buena música. Llegué a ir a varios eventos, pero sí era para otro tipo de público, era un ambiente muy de San Pedro".

En este municipio están instalados la mayoría de los corporativos que componen la vida industrial de la ciudad. Por ejemplo, ahí están las oficinas de Grupo Alfa, Vitro, Cemex y Femsa. Es también el lugar de residencia de los directivos de estas compañías y de muchas otras.

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"No es sólo el municipio más rico de Latinoamérica, sino también el más educado y civilizado. Aquí en San Pedro Garza García viven cientos de egresados de maestrías de todo el mundo. Tiene grandes corporativos y las clases sociales más altas", dijo en su momento Fernández Garza ante medios de comunicación.

Cuenta con una población aproximadamente de 125 mil habitantes, de los cuales, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sólo el 15.2 por ciento de esta población se encuentra en estado de pobreza.

El surgimiento de nuevas alternativas de diversión

Carolina recuerda como también se gestó una forma de diversión "privada" que no necesariamente se realizaba dentro de los límites de San Pedro.

"Surgieron una especie de bares o antros clandestinos. A los que sólo podías acudir si te invitaban personalmente. Por lo mismo, para evitar que gente relacionada con el crimen acudiera", explicó.

Por ese entonces surgió, por ejemplo, el Rosemary, un bar ubicado en el sótano de una casa del centro de la ciudad, dirigido por una pareja de polacos y al que, efectivamente, sólo se podía acceder si había una invitación de por medio.

La Galería Café, uno de los pocos sobrevivientes.

"También se dio mucho lo de hacer fiestas en casas y cobrar un cover, además de vender la cheve o las bebidas ahí mismo, que sí eran un poco más baratas que como las conseguías en un lugar establecido", añade Carolina."Sólo podías acudir si te invitaban personalmente. Por lo mismo, para evitar que gente relacionada con el crimen acudiera"

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Fue en esta época que se dieron los primeros eventos al aire libre, y fue precisamente en el municipio de San Pedro donde se dio el primer festival musical de esta "nueva era", el Pa'l Norte, en el parque Diego Rivera.

"Quizá es por eso que hoy Monterrey sea una de las ciudades donde más festivales musicales se realizan al año. Por esa necesidad que teníamos de salir, y de hacer las calles nuestras de nueva cuenta", comenta Homero.

Para muestra de esto sólo en el 2016 se han realizado los festivales Pa´l Norte, el Machaca Fest, Hellow Festival, Live Out, Festival Unión Libre, NorthSide, Tecate Location, entre otros.

El recuento de los daños

Definitivamente el cierre del Café Iguana en 2011 vino a consumar los efectos de la crisis de violencia que se vivía en Monterrey y su área metropolitana en ese entonces; la estadística de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León indica que de enero a diciembre del 2011, en el Estado hubo 2,003 homicidios dolosos, 1,179 lesiones culposas, 792 amenazas y 120 delitos contra la comunidad.

Y aunque no especifica cuántos de estos crímenes están relacionados directamente con el crimen organizado, es irónico que señala como ilícitos vinculados con delincuencia organizada, agrupación delictuosa y pandilla sólo a 13 casos sucedidos durante ese año.

Datos recopilados por CNNMéxico señalan que en el transcurso de 2010 y 2011, fueron al menos 20 negocios, los que cerraron como consecuencia de la violencia que se vivió en la zona. En el periodo de 2009 al 2011, mil 179 licencias para venta de alcohol fueron revocadas por el municipio de Monterrey, entonces encabezado por el panista Fernando Larrazábal.

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Se habla de que para entonces la caída en ventas ya estaba en los márgenes del 75 por ciento, según reportó en su momento la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera (Canirac), detalla el diario El Economista.

Los sobrevivientes

Sitios como La Tumba, el TOPAZdeluxe, el McMullens o el Café Galería resistieron el embate de la crisis y ni cerraron ni cambiaron de ubicación. Son los sobrevivientes de ese oscuro trance de la vida nocturna de la ciudad.

"Yo tuve que irme a vivir al bar", explicó en una entrevista a Telediario, Sergio Treviño, El Pájaro, propietario de uno de los lugares sobrevivientes y emblemáticos de la vida nocturna de Monterrey, La Tumba.

Fachada de La Tumba, que resistió el embate de la crisis sin cambiar de locación.

"La gente ya no salía de su casa. Había días que acudían 12 personas al bar y éramos 14 los músicos que estábamos amenizando, no sabía ni cómo le hacíamos para pagarles, porque no había dinero", detalla El Pájaro.

Es decir, de al menos veinte antros y bares que representaban la oferta más fuerte de la vida nocturna del centro de Monterrey, sólo tres lograron superar esa etapa de violencia que se vivió en el Estado.

Hoy en día, el Antrópolis vive una nueva etapa, lo mismo que el Café Iguana, pero no se les puede considerar sobrevivientes, sino que renacieron luego de haber sido abatidos por la delincuencia y la violencia.

El resurgimiento

Hoy en día es evidente que la vida nocturna de Monterrey vive una segunda oportunidad, aunque en apariencia el bullicio emerge con una bandera de "mayor tranquilidad", la comunidad regiomontana parece no confiar por completo en este nuevo dinamismo.

"Hay gente de generaciones más abajo, que le pasó de noche o lo vivió de otra forma, no están obligados a entenderlo todo; pero muchos van con la referencia de vamos al Café Iguana, el lugar donde mataron a unas personas".

Casa Morelos, una de las nuevas ofertas de la zona.

"De pronto es como si hiciéramos un reset, y no quisiéramos acordarnos de eso, porque sabemos que parte de lo que pasó fue nuestra culpa", dice Ontiveros.

El Café Iguana reabrió, lo mismo que el Skizzo y el Antrópolis; también se crearon otros espacios de entre los que destacan Casa Morelos, la nueva zona metalera del Café Iguana, y próximamente, la Casa del Ogro, un bar/foro de conciertos en construcción que ocupará el predio vecino a otro afamado bar extinto en las épocas de violencia: el Garage.

Para Jesús González de Alianza Cívica, el aprendizaje obtenido de esa etapa fue que "se perdió la vergüenza" a exigir, se formaron frentes ciudadanos que hoy presionan a las autoridades para evitar que una crisis como la vivida en aquellos años vuelva a la ciudad.

"Es (la presión social) lo que ha llevado hoy al Gobernador (Jaime Rodríguez Calderón) a dar dos meses de plazo a sus responsables de seguridad para dar resultados; creo que ese sería el primer aprendizaje".

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