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Principios a cambio de dinero: ¿es la SLS buena para el skate?

El skate se está convirtiendo en un deporte profesional, y la SLS lo pone frente a la pregunta del millón: ¿a qué principios está dispuesto a renunciar por pasta?
20.7.16
Courtesy Street League Skateboarding

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Cinco años atrás, Shane O'Neill era un skater común que patinaba por las calles australianas de Melbourne, saltando rejas y escaleras en centros comerciales y edificios públicos. Ahora, a sus 26 años, Shane viaja por todo el mundo como el líder de la Street League Skateboarding Nike SB World Tour, la primera liga profesional de skate en el mundo.

La participación exitosa de O'Neill en el Open de Badalona del pasado mayo fue una cátedra de recursos y creatividad. Ejecutó a la perfección un truco tras otro para asegurarse la victoria con una puntuación final de 9,3: el premio fue un cheque de 20 000 dólares. Shane también ganó el concurso al mejor truco y se embolsó otros 5 000 dólares.

Para O'Neill, la SLS ha sido un oportunidad única para darse a conocer en este deporte, ya que cuenta con una plataforma para proyectar su talento que además le proporciona cuantiosos ingresos. Hoy en día conduce un Jaguar y es dueño de una casa en Los Ángeles que cuenta con un skatepark personal.

La SLS quiere ayudar a más jóvenes como O'Neill, quiere promocionar más historias de éxito y ser una fábrica de nuevos trucos, pero… ¿realmente es buena para el mundo del skate?

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La gira de la SLS fue fundada en 2010 por un skater profesional que se convirtió en magnate de los medios y en un famoso de la televisión: Rob Dyrdek. Desde su colaboración con los X Games en 2013, la SLS se ha convertido en la liga más grande de skateboard del planeta.

Muchos consideran que, dado su alcance y sus vínculos corporativos, el mercado de la SLS seguirá creciendo a un ritmo infernal… y es aquí donde vienen las dudas. No está tan claro que este crecimiento exponencial sea algo bueno para el skateboarding.

En su apogeo, la SLS se encuentra en el centro de uno de los dilemas del skateboard moderno: ¿puede la subcultura del street skate mantener sus raíces rebeldes si se televisa como si fuese una carrera de Fórmula 1 o un partido de la Champions League? ¿Debe este deporte seguir siendo el mismo de la década de los 70, o por el contrario sería mejor que incrementase su alcance a través de competiciones dirigidas a una audiencia mainstream?

El jefe de operaciones de la SLS, Brian Atlas, quiere cambiar la opinión pública sobre los eventos de skate callejero y convertir a la SLS en "el primer tour de street skateboard profesional que realmente importe". Desde el principio, aclara, él y Dyrdek se han esforzado para "reunir a los mejores profesionales" con el objetivo de mostrar al mundo "lo emocionante que es este deporte" por medio de las competiciones en directo.

La Street League sigue los pasos de los X Games al llevar este deporte a la televisión e intentar traducir sus peculiaridades para la audiencia popular: para ello ha llegado a acuerdos con grandes canales de televisión en varios países del mundo.

El skatepark de la SLS el año pasado en Los Angeles

Los detractores de la SLS argumentan que la gira es un intento de convertir en una empresa comercial una actividad que realmente no debería tener sitio en la publicidad mainstream. Jeff Grosso, skater profesional establecido en el sur de California con más de 30 años de experiencia, explica que la SLS se acerca más a un producto para generar ganancias que al mundo romántico que solía caracterizar el skate.

"Todo es una apuesta para generar dinero. Los skaters son ahora parte del negocio y por eso promueven su producto", dice Grosso. "Ahora que han visto que produce dinero, comenzarán a redefinir el skateboard para que sea como ellos quieren".

Los problemas de Grosso con la SLS son los de cualquier purista. Como veterano de la industria, se describe a sí mismo como "un skater viejo de 48 años" y cree que la SLS "terminará consiguiendo que una gran parte de skaters dejen el deporte".

La SLS, añade Grosso, premia a cierta clase concreta de skater callejero: el tipo con los trucos grandiosos que emocionan al público y que encaja a la perfección con la televisión. Muchos skaters, particularmente de la clase de Grosso, se verían en aprietos dentro del conjunto de obstáculos que se encuentran en un skatepark de la SLS. Dyrdek, de hecho, ya lo apuntó en 2013 cuando aseguró que esta liga "no era para todos".

El estilo de la SLS y el hecho que los competidores sólo muestren una única forma de skate callejero molesta a muchos riders que ven el deporte como una forma de libertad. Grosso considera que los participantes son puntuados como en la gimnasia, lo cual les impide capturar la verdadera espontaneidad del skate callejero.

La SLS es un tour para aquellos que son constantes, hacen suficientes trucos y demuestran que son mucho más buenos que la mayoría

Rob Dyrdek, skater a quien conocerás más por Jackass y Vergüenza Ajena que por sus trucos

Hay otros skaters, sin embargo, que ven la SLS como el medio y formato correcto para hacer crecer a este deporte.

"Algunos dirán que la SLS no es lo mejor para el skate, pero creo que a fin de cuentas este deporte intentará explotar todo su potencial económico con o sin skaters como yo", comenta Cody McEntire, texano de 29 años que actualmente se encuentra en el sexto lugar de la clasificación de la SLS. "Mientras los skaters individuales puedan seguir viviéndolo a su aire, no debería haber mayor problema".

Al principio, McEntire dudó de la SLS: incluso afirmó en 2013 que la liga representaba "el uno por ciento elitista de los skaters". "Hay 20 riders que se llevan todo el dinero y obtienen patrocinadores de renombre… y por otro lado tienes al 99% restante batallando para conseguir un apartamento por menos de 300 dólares al mes", aseguró Cody.

Desde entonces, sin embargo, McEntire ha cambiado de parecer sobre la SLS. Tras dos años compitiendo en el tour, ahora apoya lo que la liga hace por este deporte.

Rob Meronek, otro veterano más, experimentó una conversión similar. Meronek es el responsable de la página web TheBoardr.com, donde se miden las ganancias de los skaters y se ofrecen clasificaciones no oficiales según la posición que estos ocupan en los eventos. Rob recuerda haber visto sus primeros X Games en televisión en 1995 con cierta amargura.

"No quería ver esa mierda", dice. "El skate es lo que me hizo diferente de todos los demás cuando iba a la escuela, pero de repente vi que todo mundo lo practicaba". Con el tiempo, no obstante, Meronek suavizó su postura.

"El cambio de mentalidad vino con la edad", explica Rob. "Para todos los que hemos practicado este deporte durante 20 o 30 años, sigue siendo lo mismo. Creo que como más hemos envejecido y madurado, más nos hemos abierto a lo que sea que ayude al skate a crecer".

Cody McEntire en las finales de la SLS en Los Angeles

Los tradicionalistas como Grosso no creen que el skate deba ser alterado para complacer a la audiencia televisiva. Para él, y para muchos riders, el skate es el 'antideporte'. Los skaters transforman el ambiente urbano en su campo de juego; no meten canastas en un aro concreto ni siguen las tácticas de una pizarra.

"Siempre ha sido así desde los 70. ¿Cómo presentamos esto al público?", se pregunta Grosso. "Es un deporte, pero a la vez no lo es. Es una forma de arte y un estilo de vida: todo junto. De la nada quieren presentar esta actividad como una competición, pero es muy difícil calificar a los participantes: todos son muy diferentes y hacen las cosas a su manera".

"Los eventos de la SLS asignan puntos a los participantes mediante un sistema instantáneo que ofrece resultados en tiempo real", explica Atlas, que considera que esto hace atractivo el torneo para los competidores. La SLS utiliza la tecnología de puntuación ISX, un software que manda las calificaciones de los jueces directamente a la pantalla del recinto.

Con el ISX, dice Atlas, "los skaters saben lo que está ocurriendo después de cada truco y los fans también. Esto crea momentos emocionantes".

Este mismo sistema, sin embargo, molesta a otros skaters. Tommy Guerrero, padre del street callejero moderno y veterano de la infame Bones Brigade de Powell, aseguró lo siguiente al periódico estadounidense The New York Times en 2013: "Para mí, hay cierta esterilidad en la forma en la que se presenta la SLS. Vengo de una filosofía diferente, donde se trata de vivir el momento y no de intentar acumular puntos".

En la Street League, en realidad, se trata de aprenderte los tres o cuatros trucos que generan más puntos y que ganan al resto. Es como practicar gimnasia

Jeff Grosso, skater profesional escéptico de la SLS

Puede que la SLS sea la única competición de skate que utilice alta tecnología para puntuar sus eventos, pero no es la única que ofrece grandes premios económicos. El Dew Tour regala unos premios estimados en alrededor de 2,5 millones de dólares a sus participantes; el Kimberley Diamond Cup, que planea lanzar su propio campeonato del mundo en Sudáfrica, ofrece 100 000 dólares al ganador cada año.

Premios como estos permiten que muchos skaters puedan dedicarse a la disciplina de forma profesional. Los que participan en la SLS forman parte de la reducidísima élite de skaters que pueden vivir bien haciendo lo que hacen. Atlas, sin embargo, apunta que aunque la SLS tenga las arcas más grandes que cualquier otra competición de skate, el dinero y los concursos son tan viejos como el deporte mismo.

"La competición ha estado presente en el skate desde el principio", dice Atlas. "Fue parte de la cultura desde el primer día. La gente que lo niega en realidad no saben que están en contra de algo que ha estado siempreahí".

Luan Oliveiria después de ganar el evento de la SLS el año pasado en Los Angeles

El pasado 2 de julio, la SLS visitó la ciudad alemana de Múnich. Los fans abarrotaron el estadio: el evento pareció un partido decisivo de la Bundesliga. El estadounidense Paul Rodriguez se llevó la victoria al ejecutar un switch backside nosegrind que le permitió obtener una puntuación de 8,7 e irse a casa con 80 000 dólares.

Igual que en el caso de Shane O'Neill, el estatus de Rodriguez como superestrella está vinculado a la SLS: sus patrocinadores van desde icónicas marcas de tablas de skate hasta tiendas de ropa.

En 2013, Rodriguez quedó en la tercera posición de la gira y aún así ganó 137 000 dólares. Un documental aparecido recientemente muestra a Rodriguez como el icono por excelencia de este deporte, firmando autógrafos mientras le acosa una ola de fans —precisamente lo mismo que ocurrió cuando alzó los brazos con el trofeo en mano ante la escandalosa multitud de Múnich.

La victoria de Rodriguez le aseguró el pase para el SLS Super Crown World Championship que se celebrará en octubre en Los Angeles. El año pasado, el premio para el ganador fue de 200 000 dólares, y este año la cantidad será similar.

¿Vale la pena sacrificar la concepción romántica del skate si a cambio se gana todo este dinero? La pregunta que plantea la SLS, en realidad, es la misma a la que terminan llegando todos los demás deportes profesionales: ¿a qué principios estamos dispuestos a renunciar por pasta?

El autor tiene más trucos en Twitter que sobre la tabla de skate: @Blumnessmonster