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El bajo mundo del boxeo sin guantes en Reino Unido

Bare Knuckle no es solo una película sobre luchas, es una película que trata sobre una minoría de hombres en Reino Unido. Estos hombres odian su trabajo y les resulta difícil encajar en él, pero han encontrado algo de paz gracias a este deporte...
30.6.14

Bare knuckle (boxeo sin guantes) es un concepto que al parecer está muy arraigado en la imaginación colectiva de las Islas Británicas. Esas dos palabras consiguen evocar un bajo mundo de camisetas, casas rodantes, rateros, cabezas rapadas, narices rotas, brazaletes de oro, fardos de heno y tabernas poco acogedoras. Es el mundo de Lenny McLEan, Roy Shaw, Bartley Gorman, Big Joy Joyce, Cliff Fields y Charles Bronson antes de que empezara a untar manteca en su cuerpo desnudo y atacara a los celadores de la prisión. Es un mundo que no puede tolerar la debilidad, un mundo que cree que dar puñetazos con guantes a la gente simplemente no es tan divertido.

Como tal, parece que estamos tanto asqueados como enamorados del boxeo sin guantes. Sólo tienen que ver a la sección True Crime de Waterstones, o Snatch, o a Bronson o bien, los comentarios de los videos de luchas de los viajeros para entender que hay una fascinación innata con el mundo del boxeo sin guantes. Tal vez Lenox Lewis, Joe Colzaghe, Amir Khan y demás tengan sus cinturones de campeones, premios por ser los deportistas del año, presentaciones en Strictly Come Dancing y hayan salido en los tabloides por consumir cocaína (algo que no está penado en las reglas de Queensberry), pero el mundo turbio, mítico, casi legal del boxeo sin guantes parece tener una intriga más ilícita. Por eso quisimos hacer una película al respecto.

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Bare knuckle (Nudillos desnudos), próximamente en VICE.com, no es una película de peleas como tal, sino una película acerca de una subcultura, cuya historia data de hace siglos pero aún no ha entrado en lo convencional.

Parece extraño que el boxeo sin guantes, el deporte de combate más antiguo de todos, en general es considerado como algo que pasa sólo en películas de Guy Ritchie y en comunidades gitanas. El boxeo sin guantes sigue siento algo inaceptable, incluso para los estándares de hoy en día, hasta en la era posterior a las artes marciales mixtas, la violencia mano a mano y hueso a hueso podría reinventarse como un compuesto multimillonario de NASCAR, luchas y palizas en grupo.

Sin embargo, si se observa con más atención, se puede ver que hay una escena que prospera y crece muy rápido en el Reino Unido, la cual muchas personas esperan que llegue a ser tan popular como la UFC en los próximos años.

Andy Topliffe (derecha) y Sean Rowlands.

Andy Topliffe es un ex luchador que se quedó con un mal sabor de boca del bajo mundo del boxeo sin guantes después de ver cómo abandonaron medio muerto a un luchador polaco en un campo. También podría decirse que él es el luchador más importante de la escena por el momento.

La empresa que lo patrocina, B-Bad, ha llamado la atención muy rápido últimamente; las vistas de los videos están aumentando, los periódicos empiezan a ponerle atención y tiene un grupo de fans obsesivos y un grupo fijo de luchadores de todo el país listos para romperse la madre unos a otros de acuerdo a la tradición del pasatiempo más temido del Reino Unido.

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No obstante, lo de Andy es la legitimidad. Puede ser que las peleas se lleven a cabo entre fardos de heno y las personas acaben con la cara destrozada pero siempre hay médicos, esquineros, seguridad y a veces incluso hay oficiales de la policía curiosos supervisando los eventos. La mayoría del público parece como si estuviera listo para entrar al ring ellos mismos, pero Andy enfatiza que hace todo lo que puede para asegurarse de que no haya apuestas, caídas fingidas, gangsterismo y trampas de ningún tipo en sus eventos. Dicho esto, admitió que siempre va a haber este tipo de elementos cuando se mencione la frase boxeo sin guantes.

Tatuaje de un miembro del público de B-Bad.

Esta ambigüedad es típica del boxeo sin guantes, el cual parece existir en lo profundo de trampas legales, evasiones y juramentos. Por lo que entiendo, no es del todo penalizado ni es del todo legítimo. No hay pautas adecuadas que todos puedan seguir pero mientras nadie presente cargos en contra de otros y no sea ilegal, entonces todo es "limpio".

Sin embargo, para sorpresa de todos, el boxeo sin guantes es legítimo no sólo en el sentido legal. Aunque sea difícil de creer, dada su reputación, el boxeo sin guantes es de cierto modo más seguro que el estilo de las reglas de Queensberry normales (al igual que las de MMA). La ciencia detrás de esta idea equivocada es simple: se noquea a una persona cuando un puñetazo agita los fluidos craneales por todos lados, lo que provoca un desmayo. Un gancho derecho al mentón es muy efectivo, no por la fuerza sino porque provoca que los fluidos se agiten al máximo.

A pesar de que las personas queden noqueadas en el boxeo sin guantes (con frecuencia) es más seguro precisamente porque no hay guantes, hecho que irónicamente es lo que atrae más críticas de las personas que no entienden por completo el deporte. Boxear con guantes en realidad presenta un mayor riesgo de causar un daño interno más serio al oponente. Con lo puños desnudos, el área de la superficie es más pequeña y es más probable que se rompa la mano, entonces los luchadores ya sea que se rindan más pronto o que sus golpes sean menos fuertes.

Para los fetichistas de la violencia, lo bueno del boxeo sin guantes es que es más probable que cause heridas superficiales, lo que significa que hay mucha más sangre. En pocas palabras, se ve mucho más morboso, cuando en realidad es mucho menos probable que haya lesiones internas letales que puedan causar problemas en el boxeo tanto a largo como a corto plazo.

Un par de luchadores pasando el rato en una taberna.

A pesar del argumento de que es un deporte más seguro y entretenido que su primo legal, sus superestrellas siguen pudriéndose en la clase de nicho oscuro de fan-boy que está reservada por lo general para modelos de Babestation y estrellas olvidadas del pop de los 80. Tienen apodos que son famosos pero viajan en autobuses turísticos y toman cerveza en el bar después de la pelea.

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Mientras los luchadores de box son de los deportistas mejor pagados en el mundo, los luchadores de box sin guantes se llevan como recompensa una cantidad insignificante de 220 libras esterlinas por una victoria y 80 libras esterlinas por una derrota. No hay profesionales en la escena y la mayoría de los luchadores se ganan la vida con distintos trabajos de oficina. Muchos de ellos tienen condenas previas y la mayoría han recorrido caminos muy duros. Los luchadores a menudo son mayores de 40 años.

James Gypsy Boy McCrory.

James Gypsy Boy McCrory es sin duda la estrella de la escena británica del boxeo sin guantes. Un luchador joven y carismático nacido en Tyneside con un aire de Sébastien Chabal. Lleva 200 peleas acumuladas en su carrera y ha derrotado a algunos de los mejores, incluyendo a Dave Radford, un yesero y alguien que ha estado mucho tiempo en el boxeo sin guantes que una vez aguantó hasta el final de la pelea con el boxeador profesional de Panamá Roberto Durán.

Visitamos a James en su hogar en Newcastle días previos a su pelea histórica contra Jason La Metralleta Young, la primera pelea de EU contra RU en más de 150 años. Él tuvo que subir mucho de peso para pelear contra Jason y lo logró tomando una cantidad exorbitante de cerveza Guinness, algo que al parecer no impresionaría a los neeks (mezcla de geeks y nerds) del Comité Olímpico británico.

Seth Jones después de una pelea.

A los 32, edad a la que muchos boxeadores ya se habrían retirado, James es relativamente joven en la escena. Quizás es cuestión de fuerza mental o el hecho de que la escena del boxeo sin guantes parece ser algo con lo que la gente se topa más que algo por lo que te esfuerzas para entrar —o tal vez mi generación es demasiado debilucha— pero la escena está llena de acero gris. En la Bahía Colwyn, North Wales, vimos a Seth Jones, un ex dealer que ahora es pasante de abogado, pelear con un hombre 20 años más joven que él.

El Bulldog de Leicester.

El Bulldog de Leicester (también conocido como Tony) era otro luchador veterano que conocimos en nuestros viajes. Parado en su jardín —su camiseta manchada de aceite cubría el pecho más ancho que he visto en un ser humano— reveló un negoció suplementario inverosímil: preparar parrilladas modernas con tanques de butano y promocionarlas en eBay.

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Decca La Máquina Hedgie, un hombre grande como tráiler —y un luchador tan intimidante que una vez hizo que su oponente vomitara y se retirara de la pelea sólo con verlo— puede parecer alguien que causó unas cuantas molestias en la Batalla de Hastings pero en realidad es un hombre de familia de veintitantos que proviene de Cumbria y que alguna vez se probó para el club de futbol Newcastle United.

Pero eso no significa que no haya jóvenes, como lo demuestra Ross Chittock, también conocido como Sangrejóven, MC Adrenalina y como un trabajador y rapero de Abingdon en Oxfordshire. Un bribón adorable con una sonrisa brillante y gorra ajustada, tiene ese sencillo encanto de un hombre que te robaría a tu novia y luego te invitaría un trago.

James Lambert, también conocido como el Sr. Feliz.

También conocimos a un personaje con una historia muy distinta que contar de la escena. James Lambert fue un luchador de boxeo sin guantes, boxeador sin licencia y sacaborrachos durante varios años. Él nunca fue derrotado hasta que se retiró de las luchas y se reinventó como el Sr. Feliz, un instructor de vida y de acondicionamiento físico. En su garaje cuelga un saco de boxeo pero James se rehúsa a cerrar el puño y menos a mostrarnos lo que puede hacer con él. Predica la paz pero es fácil ver destellos de su pasado en su manera de comportarse. Se mueve de repente, lanza miradas de odio con ojos muy abiertos y en ocasiones retoma la clase de vocabulario que usaría en su vida anterior.

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Él me recuerda a los alcohólicos en recuperación que he conocido y que ni siquiera pueden tomar una copa de vino en un restaurante: tratan de vencer a sus demonios pero quizás también los desean, y es el contraste que nos da a pensar en muchos de los fanfarrones y swaggers que nos encontramos.

Aaron Gaughan (a la izquierda) enfrentándose a Seth Jones.

Durante la filmación me acostumbré a la violencia constante. Al principio las peleas eran impresionantes y me revolvían el estómago. Al ser un aficionado del boxeo estás acostumbrado a que detengan las peleas cuando la sangre empieza a brotar, a que tiren la toalla y a que los réferis paren la pelea. Pero en el boxeo sin guantes el sentimiento constante es: "No puedo creer que esto siga". No puedes evitar asumir que alguien va a resultar gravemente herido pero a pocos minutos de que termina la pelea los tipos están bebiendo juntos. Presionan sus tragos fríos contra los moretones que van creciendo conforme avanza la noche.

Aprendí mucho en mi viaje a través del mundo del boxeo sin guantes. En cierto punto empecé a preguntarme si tal vez todos tienen el derecho de hacer uso de los talentos con los que fueron bendecidos, incluyendo a sujetos normales que casualmente fueron bendecidos con un talento que muchas personas considerarían repugnante. Las personas que conocí trabajan en cosas que ofrecen poco con respecto a un futuro: sólo son trabajos que pagan las cuentas. Gracias a que sus habilidades reales yacen en algo que es tan clandestino, para ellos el boxeo sin guantes puede quedarse sólo como un hobby, un ingreso extra y un intento menor de gloria en una vida que probablemente no es la que soñaron.

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Debido a esto, comencé a ver la cara más amable del mundo del boxeo sin guantes. Si dejas de lado lo que pasa en realidad en el deporte, te das cuenta de que son tan buenos aficionados como pugilistas. Los fanáticos leales, las estrellas que son hombres ordinarios, me recordó a una división menor de futbol o heavy metal, un pasatiempo de machos ambientado en un mundo que casi ha desaparecido.

Decca La Máquina Hedgie (a la izquierda) peleando contra El Bulldog de Leicester.

Lo que sea que opinen que la violencia en la sociedad —y el impacto que las peleas organizadas tienen en ella— es imposible negar el romance y la camaradería alentadora en la escena del boxeo sin guantes. Es como si las personas que tal vez están destinadas a existir en los márgenes de la sociedad hubieran encontrado un sentido de pertenencia cuando se juntan y cultivan esta subcultura propia. Además, como espectáculo, es muy emocionante.

Bare Knuckle no es sólo una película sobre luchas, es una película que trata sobre una pequeña parte de los hombres en Reino Unido. Estos hombres odian su trabajo y les resulta difícil encajar en él pero han encontrado algo de paz gracias a este deporte sangriento. Aunque, en la superficie, no lo parezca.

@thugclive