Cultură

"Aserejé": el tarot que convierte a los no creyentes

Fui parte del tarot del artista Santiago Olaya: el arcano que representé fue al "colgado". Salí con una botella de vodka y una bolsa de perico.
29.7.16

Todas las fotos de Santiago Olaya.

Entré por primera vez al Templo del Indio Amazónico en octubre de 2015 cuando acompañé al artista Santiago Olaya a solicitar el permiso para presentar ahí su proyecto.

––Santiago, ¿usted en qué nos está metiendo? ––le dije.

Él solo rió.

El lugar, el templo, que por ese entonces se ubicaba en la avenida Caracas con calle 39 en Bogotá, me produjo una sensación de desconfianza. No era atemorizante pero sí intimidante: estaba rodeado de símbolos que no reconocía ––una especie de mezcla zodiacal, popular e indígena–, de representaciones de cosas en las que no creía, de objetos que me hacían sentir ajeno e ignorante.

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Sin embargo, Santiago se sentía como en casa. Me dijo que su abuela solía ponerle un cigarrillo al Equeco y me lo señaló, ahí estaba: era una estatua de un señor chistoso y regordete que estaba detrás del mostrador en el que una mujer nos atendió. Me dijo que de pequeño le daba miedo ver un cigarrillo consumirse en los labios de esa estatua. Me habló del señor caído, de San Gregorio, de las cartas y de Tabú, el perfume que usaba su abuela y la abuela de su abuela. Ahí lo vendían.

"Santiago, ¿usted en que nos está metiendo?".

Le hice esa pregunta porque varios amigos y yo hacíamos parte de su proyecto. De alguna manera, al menos: él nos tomó fotografías para hacer un tarot. Cada uno de nosotros posó para una carta. Él nos convirtió en cada uno de los 22 arcanos mayores del Tarot de Marsella, y según él, se había basado en rasgos de nuestra personalidad.

Yo, por ejemplo, era "el colgado". Este es el único arcano que está de cabeza cuando la carta está al derecho. Es una carta paradójica que tiene que ver con una personalidad contradictoria y ambivalente, con llevar la contraria a lo establecido sin tener ese propósito, con una habilidad para esconder las cosas que no queremos dejar ver. En la versión de Santiago, salgo con una bolsita de perico y una botella de vodka, que de cierto modo, para él, representan mi natural tendencia a la autodestrucción y el auto-desprecio.

A pesar de las influencias de una abuela mística, una tía feminista y una hermana mamerta, Santiago se viste con chaquetas fluorescentes y no teme hacer pública su adicción a las Barbies. Su película preferida es Mean Girls. En su iPod hay música de Aqua, Shakira, Las Ketchup, Spice Girls y Britney Spears. Su mente está plagada de íconos de la cultura pop de la década de los 90 y principios de los 2000: la época en la que él creció.En un intento por reconciliar su herencia mística y la aparente superficialidad de su plástico ser, Santiago decidió crear "Aserejé", un proyecto artístico que ha pasado ya por varias etapas y que resulta difícil resumir en una sola frase.

No lo haré, entonces. Me demoraré en explicarlo.El primer paso ya estaba dado: tenía en sus manos la baraja, había logrado transportar a sus amigos a su universo con una cámara, un estudio, una versión de prueba de Photoshop. Y ropa de segunda y juguetes de su infancia y una que otra adquisición del mercado de las pulgas. Éramos como sus muñecas: nos vestía, combinaba la ropa como quería, nos acomodaba, y, entonces, click: el flash nos pegaba en la cara, de frente, como en la publicidad de las revistas y en las portadas de CD.

Luego vino la exposición simultánea. Para él estaba claro: no bastaba con imprimir las cartas y pegarlas en la pared de un cubo blanco. Era necesario crear experiencias, hacer que las personas se relacionaran con esa baraja sin estar él presente. En diciembre de 2015 mostró su trabajo en Espacio Odeón y en el Templo del Indio Amazónico, con dos apuestas distintas y acordes a los espacios de exhibición.

Al llegar al último piso de Espacio Odeón, un lugar en la Jiménez con quinta en el que se realizan exposiciones artísticas y obras de teatro, me encontré con un cuarto oscuro iluminando por dos barras de luz ultravioleta. El techo estaba lleno de estrellas de plástico verde fluorescente, como esas que en alguna época regalaban con el tarrito de jugo Tampico que llevaba para las onces del colegio.

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Un sillón inflable estaba frente a una mesa forrada de peluche azul, esperando a que me sentara y moviera el mouse, conectado a una CPU muy parecida a la de mi primer computador, el que llegó a la casa cuando era niño, en los noventa, cuando tener un computador en la casa era todo un acontecimiento. Sobre una gran pantalla de plástico se reveló el icónico fondo de Windows 98, su símbolo de inicio sobre un cielo azul con nubes blancas: la marca "Windows 98" decía "Aserejé".

Unas instrucciones estaban claramente impresas en una lámpara en forma de corazón puesta junto al mouse: había que tomar uno de los 22 disquetes que había sobre la mesa e insertarlo en la CPU, ir a Inicio, Mi PC, Disco de 3½, y ahí estaba, un archivo JPG. Al dar doble click se reveló una de las cartas, y, junto a ella, un pequeño pronóstico que decía lo que me depararía el año 2016.

Vi entrar a varias personas, tomar un disquete y reír leyendo su pronóstico, reconociendo la Bola 8, el Furby, el Barnie y el Libro del Mal de las Mean Girls. Cada quien sacaba una carta diferente. Las risas se hacían más fuertes cuando tocaba esperar a que la foto cargara ––todo el proceso era lento, como en 1998––. Eran objetos obsoletos: artificio innecesario que irónicamente tenía sentido: eran divertidos.

En el templo del Indio Amazónico la exposición era muy distinta. Allá le permitieron a Santiago retirar las tres cartas del Tarot normales, que por entonces estaban enmarcadas con neón en la ventana junto a la entrada del templo, y reemplazarlas con las suyas. Ahí estaba mi imagen, una introducción del proyecto, y la imagen de otra amiga. Ahí regresó a mí la sensación de desconfianza: el templo era el mismo pero ahora yo era un adorno de él. Lo que no le permitieron fue usar un cuarto que, según él, estaba reservado para hacer exorcismos únicamente.

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Dentro del templo, una pirámide de cartas colgaba sobre las sillas en las que la gente esperaba a ser atendida. Gente que cree en fenómenos y presencias más allá del plano material: ahí estaban los 14 arcanos. Al mirar a la tarima, junto a las muletas y las sillas de ruedas que dejan las personas cuando el indio amazónico los cura milagrosamente, había dos grandes manos con símbolos zodiacales pintados, y en ellas, los ocho arcanos restantes.

Esta exhibición no causaba risa: provocaba una sensación sublime. Era un sincretismo que iba más allá del Señor de los Milagros que estaba puesto junto a una vitrina llena de barajas de tarot de todo tipo. Era ver a Furby y a McDonalld's en la misma tarima en la que se exhibía una gran estatua de San Gregorio. Profano o no, el tarot de Santiago había sido aceptado por el mítico Indio Amazónico. Superficial o no, ahora en el templo había símbolos que yo podía reconocer.

El proyecto no se quedó ahí. Como buen hijo de Internet, Santiago creó un Tumblr para poner sus imágenes. Parece un gesto banal, pero qué mejor manera de poner a circular su tarot que en el sitio web donde la gente como yo pasa su tiempo escroleando entre imágenes de gatos, videos de terroristas, memes, mucho porno y muchos horóscopos posteados y reblogeados por jóvenes que creen en la astrología..

Es común escuchar que para los de mi generación es difícil creer en algo. Dicen que la posmodernidad destruyó las promesas del capitalismo y el catolicismo, que no habrá dios ni sueño americano que nos salve, tampoco la ilustración. Que estos son tiempos en los que la verdad no existe la razón es algo de lo que se carece. Saber algo siempre depende de dónde se aprendió. La historia debe ser pensada dos veces, porque la oficial fue hecha por unos pocos y dejó por fuera a unos muchos.

Al fin y al cabo, qué importa. Seguimos viviendo y haciendo cosas, cosas como ir a ferias de niños alternative en las que se venden fanzines, stickers, pines, parches y accesorios.

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Es en estas ferias donde se puede encontrar a Santiago Olaya, haciendo lecturas de tarot cual pitonisa de película, rodeado de escarcha, peluche y estrellas de plástico, con su pinta excéntrica que encaja perfectamente con la gente que asiste. Santiago planea volar a México en septiembre para continuar con su "Aserejé", pero estará haciendo lecturas de tarot en Bogotá el próximo 30 de julio en la Feria Barullo #1 (de 2:00 p.m. a 8:00 p.m. en la Transversal 17A Bis # 36-47). Allí estará todo el día volteando cartas a cambio de un aporte voluntario, vendiendo las esrellitas de plástico que le sobraron de su instalación y una que otra galleta de la fortuna.

Fue en una de esas ferias que dejé que Santiago me leyera el tarot. Me senté frente a él, solté una risa nerviosa, él también, y me dio la baraja.

––Barájelas y piense en una pregunta ––me dijo.

Lo hice y se las entregué. Él las tomo y puso cinco cartas boca abajo sobre la mesa, haciendo una cruz. Cuando inició no pude evitar sentirme un poco ridículo. Estaba prevenido, pero tenía curiosidad, además las cartas y su stand eran lindos. Igual de escépticos a mí, mis amigos estaban cerca, pero no tan cerca como para escuchar.

Destapó la primera carta, la de arriba, y me dijo lo que estaba obviando: con la de la derecha me habló del pasado, con la de abajo del presente, con la de la izquierda del futuro, y con la del centro trató de concluir. Sus ojos se movían a través de las cartas color pastel, tratando de hallar el sentido entre una porrista, una lolita y un drogadicto, sus manos inquietas trataban de explicar con gestos cuando se quedaba corto de palabras. Yo no hablé mucho, él hizo toda la charla, es una persona extrovertida. Él sabía que estaba desarmando a una persona escéptica, que lo que decía me hacía sentir vulnerable de alguna manera, pero lo hacía parecer como si no fuera gran cosa.

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He visto a personas sentarse frente a Santiago con cara de despistadas y salir al borde un colapso nervioso, otras, como yo, se limitan a soltar risas nerviosas durante la lectura y huir.

Acá unas más.

***

Juan estará este sábado en Feria Barullo #1 haciendo snaps con sus amigos alternative. Para saber más sobre su futuro pregúntele por acá.