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ESPAÑA

Este ‘Youth Hostel’ que alberga refugiados evidencia las carencias de España en materia de acogida

Refugiados de varias nacionalidades están alojados en un albergue de Barcelona a la espera de un hogar definitivo. Algunos de ellos denuncian sentirse desamparados. ¿Está España preparada para asumir la cuota de refugiados a la que se comprometió?
24.2.16
Familias de refugiados ucranianos posan en el albergue juvenil junto a la traductora, a la derecha. Imagen por Quique Badia.

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Entre los distritos barceloneses de Sants y Sarrià - Sant Gervasi, cerca de la Avenida Diagonal, para muchos la frontera que delimita la zona pudiente del resto de barrios de la ciudad, hay un albergue gestionado por una fundación religiosa. En él conviven la joven fauna habitual de estos establecimientos, también llamados youth hostel, con unos inquilinos mucho menos ordinarios: refugiados de Ucrania, Rusia, Siria, Pakistán, India, Senegal, Irán o Venezuela. Son casi una treintena.

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Algunos hace casi dos meses que desayunan, comen y duermen ahí, en habitaciones para ocho personas con literas. Los ucranianos lo hacen entre carritos y cunas para bebés. Están a la espera de ser alojados en la Casa Bloc del barrio de Sant Andreu, en el otro extremo de la ciudad, y a casi una hora en transporte público de su alojamiento actual. Las familias ucranianas denuncian que su situación de provisionalidad se dilata demasiado.

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La directora del albergue, Mariluz Álvarez, explica a VICE News que, antes de la pasada Navidad, la Cruz Roja, la organización que gestiona el programa en el que participan estas personas, les pidieron plazas para solicitantes de asilo. De acuerdo con la planificación inicial, su estadía no debía demorarse más de quince días, aunque el plazo va camino de triplicarse debido a las obras de adecuación del bloque de viviendas. Cruz Roja afirma que en un mes o quince días ya debería estar listo.

La organización humanitaria alquila las habitaciones y sufraga los gastos de alimentación a la fundación Pere Tarrés, la propietaria del hostel. El total a pagar se concretará cuando esta situación circunstancial concluya, y será un precio especial, según Cruz Roja. Esta suma corresponde a las tarifas que la Pere Tarrés reserva a casos extremos como el mencionado, pero esta organización prefiere no hacer públicas las cifras para evitar agravios comparativos.

Veronika y Alexandr vienen de la ciudad ucraniana de Mykolaiv, a la que se refieren por su denominación rusa, Nikolaev. Es un importante enclave militar en ese país, en el que la guerra ya se ha cobrado más de 2.000 vidas y 3.200 heridos. Junto a ellos viajan sus dos hijos, el pequeño de los cuales tiene un año y medio.

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De acuerdo con Naciones Unidas, hay más de 1 millón de solicitantes de asilo repartidos por el planeta que huyen del conflicto ucraniano, dato al que hay que añadir 1,6 millones de desplazados internos. Fuentes del Servicio de Atención a Inmigrantes, Extranjeros y Refugiados (SAIER) de Barcelona afirman que, en términos cuantitativos, es el primer grupo de solicitantes de asilo en Barcelona, a falta de datos actualizados publicados en España y la comunidad autónoma de Cataluña.

Al estar registrados en Sant Andreu, las familias han de dedicar varias horas al día a llevar a los niños a las guarderías y escuelas del barrio en el que vivirán. Afirman que esto conlleva dificultades para compaginarlo con la formación que necesitarán para integrarse cuando empiecen a trabajar. Esta contingencia se ceba especialmente con las mujeres, a las que se presupone el trabajo de cuidados. A esta dificultad hay que añadir que disponen sólo de un abono de transporte por habitación.

La vida cotidiana es la habitual en un albergue juvenil. En ese sentido, denuncian que cuando los jóvenes que se hospedan ahí montan fiestas ellos no pueden dormir y que las condiciones higiénicas de un youth hostel no son las más adecuadas para los niños, quienes durante las pasadas semanas enfermaron varias veces. Aseguran que tuvieron que pagar sus medicinas con la asignación de 50 euros mensuales por adulto y 19 por menor que perciben del programa de refugiados. El ruido de los grupos de adolescentes que pernoctan en el albergue interfiere en su descanso.

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La crisis de refugiados deja en papel mojado la regulación de la Unión Europea. Leer más aquí.

Y hay casos más graves. Andrey, natural de la localidad ucraniana de Zaporozhye, sostiene haber sido víctima de una agresión por parte de su compañero de habitación; un hombre camerunés que está en paradero desconocido. Muestra el parte de lesiones del Hospital Clínic para constatar los hechos. También fue víctima de un robo, denunciado ante la policía autonómica catalana; los Mossos d'Esquadra.

Igor, quien forma parte del colectivo de ucranianos, escribió una carta que alguien tradujo al castellano en la que enumera los agravios que dice percibir. Recuerda que, en un ataque de nervios, un solicitante de asilo senegalés amenazó con poner una bomba en el albergue. "He llegado a España para evitar el riesgo de perder mi salud y mi vida, pero aquí estoy en las mismas condiciones", reza el texto. Entre los ucranianos, el grupo que más tiempo lleva alojado en el hostel, el nerviosismo es patente.

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"Esto es un albergue de juventud, así se lo mostramos a Cruz Roja cuando vinieron a visitarlo para ver si era el sitio adecuado, y ellos creían que iba a ser una estadía más corta", replica a esto Mariluz Álvarez, quien enumera las bondades de su establecimiento. Recuerda que estos huéspedes gozan de un buffet libre en los almuerzos y cenas, y de lavabo dentro de la habitación. Lo cierto es que cosecha muchos comentarios positivos en Internet.

Tanto la dirección del albergue como la Cruz Roja reconocen que los empleados del hostel no disponen de la formación adecuada para manejar situaciones de este tipo; quienes llevan a cabo el acompañamiento son educadores, trabajadores e integradores sociales de la organización humanitaria, que trabajan regularmente y de lunes a viernes en el recinto. El seguimiento jurídico y psicológico va a cargo del SAIER, afirma a VICE News Óscar Barbero, director de Intervención Social de Cruz Roja en Cataluña. Pero no están siempre: de ahí las quejas de los ucranianos.

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Para dar cuenta de los fondos públicos que gestiona Cruz Roja, los solicitantes de asilo deben firmar, periódicamente, una serie de impresos que muestran a VICE News. Muchos de ellos en castellano. Los refugiados aseguran no entender lo que firman, pues muchas veces no disponen de nadie que se lo traduzca. Barbero reconoce que esto puede pasar, pero que, en todo caso, "está la puerta abierta a preguntar qué han firmado y a pedir una copia".

En el momento de la entrevista, en las instalaciones, entre los muebles de plástico de color verde fosforito característicos de los youth hostel, están el sirio Tamer Karim, de 57 años, natural de Alepo, y Hasnain Ali, pakistaní de 26 años, que escapó de Lalamusa, cerca del Kashmir, un territorio disputado por su país de origen con India.

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Ali cuenta a VICE News que en su ciudad regentaba un establecimiento. Un día los talibanes le exigieron el pago de 3.000 euros a los que él no podía hacer frente. Luego tirotearon su tienda. Tras el incidente decidió abandonar Pakistán. Viajó hasta Ghana por carretera y después en avión hasta España, a donde llegó el pasado 23 de enero. Tras ser atendido por la Cruz Roja en el madrileño aeropuerto de Barajas fue enviado a este albergue, en el que lleva una semana.

Karim, por su parte, huyó de Siria tras el estallido de la guerra civil en 2011. Asegura haber sido un cantante reconocido en Alepo, donde llevaba un negocio de decoración. Estuvo viviendo en Turquía hasta el octubre del año pasado, cuando tomó una balsa hacia Grecia desde Izmir. Afirma que fue el único superviviente del naufragio de la embarcación, en la que viajaban más de 40 personas. Cruzó Grecia y los Balcanes hasta llegar a Alemania. Bajó hasta Valencia y se estableció en Barcelona para probar suerte en el oficio de la música. Lleva en el hostel el mismo tiempo que Ali.

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Ambos dicen estar satisfechos con la ayuda, aunque lo cierto es que su estadía ha sido mucho más corta que la del colectivo eslavo.

La mayor parte de estos solicitantes de asilo no forma parte de la cuota de 17.670 refugiados que España se comprometió a acoger. De esta cifra, solamente 19 personas han sido recibidas hasta el momento. Muchos de ellos han llegado aquí por su propio pie.

Ante la evidencia de las carencias, surge una pregunta inevitable: ¿Está España preparada para cumplir con sus compromisos? Las respuestas divergen.

"El programa de refugiados viene con una dotación que yo creo que es la adecuada para los objetivos que plantea", declara a VICE News Óscar Barbero, quien ve óptima la asignación de recursos por parte del Gobierno.

"Es esencial que España se prepare para dar una respuesta adecuada en acogida e integración tanto a la situación actual de los solicitantes de asilo y refugiados que están en la península y llegan de forma espontánea al país, como a los refugiados que puedan llegar bajo los programas de reubicación o reasentamiento en un futuro próximo", asegura a VICE News Rosa Otero, portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en España.

Es un cuadro complejo: trabajadores del ámbito de los derechos humanos consultados por este medio explican que no disponen de los recursos necesarios y que, hoy por hoy, no existen las condiciones para lidiar con este flujo. ¿De verdad España destina los recursos adecuados a la acogida?

España matiza su postura respecto a las cuotas de refugiados — sus excusas cuestionadas. Leer más aquí.

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