Pasé 15 minutos en un cuarto con Garry Kasparov
Foto: Camilo Jiménez Santofimio | VICE Colombia
libertad de expresión

Pasé 15 minutos en un cuarto con Garry Kasparov

BLOG | Cuarta entrega de nuestro director editorial sobre su paso por el Oslo Freedom Forum 2017 en Noruega.
26.5.17

Lea aquí la primera entrada de este blog: 'VICE Colombia: De parche en la cumbre del activismo global'

Lea aquí la segunda: 'Ojo: la mayor amenaza del mundo hoy es el autoritarismo'

Lea aquí la tercera: 'Diez preguntas a Anas Aremeyaw Anas, el rockstar del periodismo africano'

Cinco y cinco de la tarde. Tomo el ascensor, oprimo el botón del lobby y maldigo porque… pues eso: voy cinco minutos tarde.

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Llego a la recepción del Grand Hotel en el centro de Oslo, Noruega, y nadie me aguarda. Entonces maldigo de nuevo y pienso que él, impacientado tras poco esperar, se ha ido. En el fondo: ¿Qué le va a importar a un tipo así que un periodista colombiano quiera entrevistarlo?

El lobby, enchapado en mármol blanco de vetas negras y dominado por un juego de enormes muebles color púrpura, rebosa de gente. De derecha a izquierda recorro los rostros hasta que lo veo. Ahí está, sentado hablando en ruso con un hombre mayor, departiendo tranquilo sobre quién sabe qué genialidad con quién sabe qué otro genio. (Tiendo, como notan, no solo a la paranoia, sino también a sentirme diminuto frente a un gigante como él).

A Garry Kasparov, el legendario campeón mundial de ajedrez, poco le ha importado mi pequeña impuntualidad. Y claramente tampoco le importa convertirse ahora él en el impuntual.

Me planto frente a él y su interlocutor, pero Kasparov no me mira sino hasta que el hilito de voz que me sale le dice: "Excuse me, Mr. Kasparov…". Me gustaría hablarle más duro, recordarle que, ¡a ver!, tenemos una entrevista en un cuarto en el séptimo piso del hotel. Pero no: estoy en blanco. Y la situación no mejora ahora que gira la cabezota y me clava encima sus ojos pequeñitos y me dice a toda velocidad: "Yes. Later, later…". Luego hace con la mano el gesto que le hacen a un sirviente para que se retire y sigue su conversación.

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Pienso: ya no habrá entrevista.

No voy a presentarles por escrito a Garry Kasparov. Para eso está el periodismo digital: para que vean este video y sepan a quién buscaba yo el pasado miércoles en ese hotel de Oslo, a donde vine a participar en representación de VICE Colombia y ¡PACIFISTA! en el Oslo Freedom Forum, invitado por la Human Rights Foundation (HRF).

Después de ver el video a lo mejor todavía no sepan esto:

Kasparov es también uno de los activistas políticos más prominentes de Rusia. Esto quiere decir que es crítico y enemigo declarado de Vladimir Putin y su régimen y que por esta razón ha sido perseguido en su país. A Oslo vino no solo a participar en la conferencia de derechos humanos de la HRF, sino porque es también presidente de la organización.

Es inevitable concluirlo. Pero Kasparov, ya retirado del ajedrez, a sus 54 años sigue jugando, y aquí en el lobby del Grand Hotel, claramente, juega conmigo.

Quince minutos después del primer intento fallido vuelvo al lobby y lo veo todavía ahí embutido en el sofá púrpura y sumergido en su conversación. Pero entonces un miembro del personal de la HRF, un boliviano diligente llamado Javier, le dice: "Mr. Kasparov, your interview…". Este abre los ojos, sonríe, mira al funcionario con la cara iluminada, levanta rápidamente ambos brazos con las palmas hacia arriba y, como si nada de lo que les acabo de contar hubiera ocurrido, dice: "Yes, of course…".

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Yo sigo siendo un espectro porque Kasparov, que ha vuelto a ocultarse detrás de sus párpados entrecerrados, en el ascensor no me mira, ni me habla. Suena la campana, salimos al séptimo piso, una llamada le entra y, durante los quince minutos que le toma conversar por teléfono, un amigo suyo, un profesor de Harvard, me llama a un lado. "El asunto con Garry es que siempre está unos cinco o seis pasos delante de ti", me dice.

Frente a la cámara (pronto podrán ver el video en VICE) vuelve a salir de su cueva. Mientras yo alisto todo, él me dice: "Entonces, ¿usted es de Colombia? La última vez que fui fue hace once años. Lo sé con precisión porque era el tiempo en que Uribe quería reformar la constitución para hacerse reelegir". Le pregunto si conoce personalmente a Álvaro Uribe Vélez y me dice que una vez se topó con él en un aeropuerto y que, al verlo, Uribe le propuso viajar un par de días a una isla privada. "Por supuesto, dije que no".

Es inevitable concluirlo. Pero Kasparov, ya retirado del ajedrez, a sus 54 años sigue jugando, y aquí en el lobby del Grand Hotel, claramente, juega conmigo.

Los ojos bien abiertos y la sonrisa permanente me hacen sentir que ahora hablo con una persona distinta a la del lobby. Garry Kasparov responde a mis preguntas con generosidad y con una voz aguda que contrasta con su contextura maciza. El tema: los derechos humanos "en un mundo en que la democracia se disminuye a pasos agigantados y nadie alza la voz al mismo volumen que respecto a otros temas". Los casos que lo preocupan por estos días: por supuesto "la dictadura" de Putin en Rusia, Corea del Norte, Trump y Venezuela.

Lo más llamativo: en cierto momento, se revela frente a mí el jugador de ajedrez.

Foto: Camilo Jiménez Santofimio | VICE Colombia

Sucede cuando le pregunto por qué no se ha dedicado a disfrutar de su retiro en vez de andar por el mundo intentando apalear a tiranos, dictadores y autócratas. Entonces se le mueven tres dedos rollizos de uñas cortas de la mano derecha y dan dos, tres golpecitos ágiles sobre la silla en que está sentado. Sonríe con malicia y me dice: "Mientras hablaba con usted también estaba pensando en…". No me importa en en qué estaba pensando (mencionó al menos cinco cosas distintas), me importa y me aterra que haya estado pensando en tantos asuntos mientras me hablaba. Pienso en su amigo de Harvard. Luego me dice suavemente: "En la vida todo es táctica y estrategia. En mi caso, lo uno viene de mis padres, un judío y una armenia en la Rusia de la Guerra Fría que fueron muy políticos y me inculcaron la consciencia política, y lo otro de mi necesidad de denunciar a través del discurso y los actos".

Quince minutos, y hay que terminar. El profesor y Javier lo esperan. Garry Kasparov todavía sonríe. Me deja sacarme una foto con él. Se levanta despacio de la silla apoyando las dos manos sobre las rodillas y firma sin siquiera leer el documento de trámite que nos permite usar en una entrevista el material que grabamos. Me aprieta la mano con su mano grande y blanda. Vuelve a entrecerrar los ojos. Vuelvo a dejar de existir para él.