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Los feminicidios en Brasil castigan mucho más a la mujer negra que a la blanca

Un nuevo y esclarecedor estudio ha revelado que mientras el número de asesinatos de mujeres negras en Brasil aumentó un 54 por ciento entre 2003 y 2013, el de blancas bajó un 10 por ciento.
20.11.15
Imagen por Eraldo Peres/AP
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La violencia ha perseguido a Joana durante toda su vida.

Tras sobrevivir a una infancia brutal, tuvo que defenderse a sí misma y a sus dos hijos, de la violencia de un maltratador seriamente perturbado. Joana terminó huyendo de sus garras, el mismo día que eludió que la apuñalara mortalmente. Sin embargo, sus problemas no terminaron ahí. Joana se trasladó hasta un barrio decrépito y marginal de Sao Paulo, donde pasaba muchos apuros para llegar a fin de mes. Un día, uno de sus sobrinos le propuso mudarse a vivir con ella y ayudarla a pagar el alquiler. Poco después de que se mudara a su casa, Joana descubrió que su sobrino estaba metido en una pandilla de narcotraficantes del barrio.

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"Quisieron demostrarnos quién es el jefe", explica esta brasileña negra, de 40 años, a VICE News, que esgrime una sonrisa fugaz, una sonrisa que tiene muy poco de halagüeña. "Nos violaron a mí y a mi hija y amenazaron con hacer lo mismo con mi hijo".

Joana está sentada en una habitación pequeña y abigarrada. Las paredes están cubiertas de moho negro. Ella recuerda la desesperación en la que vivió durante cinco años de violencia ininterrumpida.

"A nadie le importaba. De hecho, los policías de aquí estaban metidos en el mismo cartel que mi sobrino, así que ni siquiera podía contarles nada de eso", explica. "Nunca sabes a quién puede conocer aquel con el que hablas. Así que no pude pedir ayuda a nadie".

Joana prefiere no dar su nombre real. Sigue viviendo con miedo, aunque, al menos, consiguió escapar de aquel agujero.

Un revelador informe publicado la semana pasada ofrece una ilustrativa panorámica de la violencia feminicida en Brasil. Solo en 2013, 13 mujeres morían a diario en el país carioca víctimas de la violencia machista — la cifra constituye un incremento del 21 por ciento de las estadísticas registradas en la década anterior. Se trataría de un 9 por ciento si la cifra se ajusta al crecimiento demográfico de aquellos años.

Pese a todo, un nuevo informe titulado 2015 Mapa de la Violencia: Feminicidios en Brasil, elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales latinoamericano, desvela que el aumento de asesinatos no afecta de la misma manera a todas las brasileñas.

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La estadística demuestra que mientras los feminicidios de mulatas y de negras ascendía en un aberrante 53 por ciento entre 2003 y 2013, la cifra de mujeres blancas asesinadas caía en un 10 por ciento durante el mismo periodo.

La tendencia es idéntica a la que registró un estudio anterior centrado en todos los homicidios cometidos entre 2002 y 2012. Entonces se observó que los asesinatos entre la población negra aumentaban un 29 por ciento, mientras que la cifra de blancos disminuía en un 25 por ciento durante la misma década.

Ahora, el nuevo informe sugiere que la mejoría registrada en las cifras de las mujeres blancas no es proporcional a la que arrojan los números sobre hombres blancos. Claro que lo más alarmante es la desproporción de la carnicería que padecen las mujeres negras, comparadas con los hombres del mismo color. En ambos estudios, el término "negra" incluye a hombres y mujeres de raza mulata.

"Existen evidencias de una cierta 'radicalización' social que está provocando un aumento de la violencia. Y gran parte de la culpa la tienen la policía y las fuerzas de seguridad brasileñas, que se ensañan con un determinado perfil de víctima; a saber: blanca, negra, pobre y vecina de la periferia". Lo cuenta a VICE News Julio Waiselfisz, sociólogo y autor del Mapa de la Violencia. "En Brasil se asesina cada vez más a personas de raza negra. Y las mujeres son las peor paradas en esa estadística".

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Hay una pregunta, sin embargo, que sigue costando responder: ¿Por qué los casi 50 millones de negras brasileñas tienen muchas más posibilidades de morir violentamente que las blancas? — las primeras representan el 53 por ciento de la población y las segundas el 47 por ciento restante —. Una segunda pregunta sería: ¿Por qué las mujeres negras son mucho más vulnerables ante las escaladas de violencia que los varones de la misma raza?

Maria Sylvia de Oliveira, presidenta del Instituto Geledés para la Mujer Negra sugiere que la razón tiene que ver en su posición social "que está en la encrucijada en la que se encuentran los dos mayores pilares de la opresión brasileña: el racismo institucional — motivado por las secuelas dejadas por siglos de esclavitud que todavía impregnan la sociedad del país — y por la dictadura social del machismo y del sexismo".

De Oliveira ha añadido que la furibunda discriminación provoca que, para la gran mayoría, sea virtualmente imposible escapar de la pobreza y conseguir una posición de independencia desde la que poder combatir la violencia.

"Las mujeres negras ocupan el escalafón más bajo de la pirámide social. Una mujer negra es como una no-persona", sentencia. "Es el resultado de varios factores. De la pobreza, de la ausencia de educación y de un escaso acceso a trabajos estables y dignos. Las negras brasileñas son consideradas como una propiedad en las ancestrales y desfasadas percepciones culturales del hombre".

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Waiselfisz, el autor del estudio, considera que las brasileñas de raza blanca han tenido tradicional y socialmente muchas más oportunidades para forjar la independencia necesaria para escapar de la violencia. Además, un número mucho mayor de brasileñas blancas están protegidas por sistemas de seguridad privada, como los guardas que supervisan las entradas a sus bloques de apartamentos en las zonas residenciales más exclusivas.

En cualquier caso, tanto para unas como para las otras, el mayor peligro sigue estando en casa y duerme en misma cama. Según el Mapa de la Violencia, el 55 por ciento de los feminicidios se producen en el interior de la residencia doméstica de la pareja. La estadística, de he hecho, dicta que la mitad de los feminicidios son cometidos por las parejas actuales de la víctima. Y que el 33 por ciento son cometidos por ex parejas.

Los activistas dicen que muchas mujeres que son víctimas de asaltos físicos en sus casas, viven, a menudo, en circunstancias de aislamiento, a menudo orquestadas deliberadamente por sus propios maltratadores.

Según Maria Dejacira Lopes, que trabaja para la organización de apoyo a la mujer Casa de Isabel, muchas de las maltratadas ignoran por completo cuáles son sus derechos, e ignoran, también, que disponen de la ayuda de los servicios sociales.

En algunos casos, añade, ambos cónyuges son incapaces de comprender que el maltrato es negativo. De hecho, muchas mujeres no comprenden que ellas también son víctimas hasta que buscan ayuda para proteger a sus hijos. Todos estos obstáculos para conseguir ayuda, explica, están más acusados entre la población negra.

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"Nosotros ayudamos a víctimas de toda procedencia y de todas las edades. Desde adolescentes a nonagenarias. Pero lo cierto es que el 80 por ciento de las mujeres a las que ayudamos son negras o mulatas", confiesa Lopes a VICE News.

De acuerdo con Lopes "la extendida discriminación provoca que estén abocadas a una educación muy precaria y que solo pueden aspirar a los peores trabajos. Muchas mujeres negras son cada vez más vulnerables socialmente. Sus condiciones de vida han caído en picado en los últimos años, y la violencia ha alcanzado unos niveles extremadamente altos".

Marcus vio cómo su padre pegaba a su madre durante toda su infancia. Él también se convirtió en una víctima de aquella agresiones. El joven estudiante, de 20 años, nacido en Bahía, ha dejado la violencia atrás. Sin embargo, no ha conseguido persuadir a su madre de que ella también lo haga.

"Mi padre intentó matar a mi madre dos veces", relata a VICE News. "Yo he tratado de convencerla de que él es un borracho violento y de que necesita dejarle antes de que pase algo peor. Pero sigue a su lado. Todavía a día de hoy".

Lo peor le sucedió a una amiga de su madre. Después de décadas de palizas y de malos tratos, fue asesinada por su marido. Marcus dice que prefiere no desvelar el nombre del asesino. Pero asegura que, seis años después del crimen, sigue libre.

El Mapa de la Violencia estima que en Brasil se resuelven entre el cinco y el ocho por ciento de todos los casos de homicidio, una estadística muy baja, especialmente si se la compara con la de Estados Unidos. Allí se resuelven el 65 por ciento de los casos. Para Waiselfisz los medios de comunicación brasileños contribuyen a empeorar la impunidad generalizada de los feminicidios, especialmente cuando se trata de negras.

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"Cuando una blanca es asesinada, la prensa sigue el caso de cerca y exige respuestas. Pero si se trata de una negra, entonces ni siquiera es noticia", cuenta. Waiselfisz repudia también la reacción del gobierno, que tan solo orquesta campañas demagógicas y racistas para reducir el feminicidio en los destinos con menor índice de asesinatos.

Un informe sobre las cárceles de Brasil evidencia un 'desastre en derechos humanos'. Leer más aquí.

La policía — que en Brasil es tristemente célebre por la significativa cantidad de gente a la que asesina tanto cuando está de servicio como cuando no; y el desproporcionado número de mujeres y de hombres negros asesinados — es una parte del problema, cuenta Jackeline Ferreira Romio, que investiga las desigualdades sociales en la universidad de Campinas.

"Al igual que la sociedad, la policía brasileña está atravesada por unos niveles de racismo y de sexismo que hay que atajar", asegura Romio. "Los agentes de policía deberían de ser entrenados para archivar o registrar los delitos contra la mujer correctamente y garantizar la seguridad de esas mujeres, una vez las denuncias han sido interpuestas".

El informe Mapa de Violencia se ha publicado en un momento en que las autoridades brasileñas han proclamando públicamente que están combatiendo el grave problema. Es más, se trata de un momento en que la discusión popular de la violencia contra la mujer empieza a calar y a propagarse.

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El tema asumió una dimensión fenoménica después de que en las pruebas de acceso a la universidad de Brasil se propusiera a todos los estudiantes, nada menos que 7.7 millones, que escribieran el ensayo obligatorio de la prueba sobre "la persistencia de la violencia doméstica".

Y en marzo de este año, el parlamento ha aprobado una nueva ley sobre el feminicidio y ha incrementado duramente los castigos para los asesinatos y cualquier otros delitos relacionados con la violencia de género, especialmente cuando va dirigida contra mujeres embarazadas, menores de 14 años, mayores de 60, o incapacitadas.

Eleonara Menicucci, secretaria del departamento de políticas especiales para la mujer, ha celebrado las revelaciones sobre feminicidios expuestas por el Mapa de la Violencia. "Es un gran paso para castigar a los delincuentes y para frenar los feminicidios y todos los delitos relacionados con la violencia de género. Según ella, "el gobierno tiene una tolerancia cero contra la violencia contra la mujer y trabaja sin descanso para reducir las estadísticas".

Este miércoles miles de negras participaron en una manifestación contra la violencia celebrada en Brasilia, la capital del país. El organizador, Valdecir Nascimiento ha contado a Associated Press que el objetivo de la manifestación (fotografiada arriba), era denunciar la "vulnerabilidad y la fragilidad" de las mujeres negras y de las mulatas de Brasil, y la discriminación a la que se enfrentan.

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Los expertos entrevistados por VICE News han saludado con entusiasmo la llegada de la nueva ley contra el feminicidio. Y han celebrado también que el debate de la violencia contra la mujer se haya propagado. Aunque para ellos, lo más importante es educar a la policía mejorar las infraestructuras.

"La ley es fundamental, pero se enfrenta a limitaciones estructurales como la ausencia de refugios para las mujeres maltratadas en las comisarías", explica Eric Gil Dantas, miembro del Centro de Investigación de Políticas Sociológicas de Brasil. "El siguiente paso tiene que ser que el gobierno centralice más las políticas destinadas a la protección de la mujer, y que aumente la financiación de las agencias del gobierno que se dedican a la causa".

Algunos han señalado que la posibilidad de conseguir la financiación necesaria se enfrenta a un obstáculo mayúsculo. Brasil tiene hoy el congreso más conservador que ha tenido en décadas. Prueba de ello es el rechazo que ha mostrado a incluir cuestiones de género en la educación.

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El autor del Mapa de la Violencia, Julio Waiselfisz, asegura que los recursos públicos están bajo mínimos por culpa de la embestida de la recesión y los tijeretazos públicos que está ejecutando el gobierno.

"Los recursos están exprimidos. Y eso significa que pese a que los planes del gobierno están bien formulados, no pueden ser aplicados en la escala necesaria" advierte. El problema está muy lejos de ser resuelto. Tanto como que la violencia contra la mujer sigue sin bajar".

A Joana le llevó muchos años recuperarse. Nunca llegó a solicitar ayuda profesional. Sin embargo parece que, finalmente, su suerte ha cambiado.

Después de ahorrar para pagar una fianza, se ha trasladado recientemente a un barrio mejor. La habitación, que es una caja de cerillas, sigue infestada de todas las cajas que todavía tiene que desembalar. Eso sí, ya ha tenido tiempo de colocar donde se merece una fotografía de su madre y de sus dos hijos — curtidos pero todavía intactos.

Joana sujeta una taza de café con leche entre sus manos. Y se le ilumina el rostro cuando anuncia que sus dos hijos están yendo a la escuela y que ha conseguido que su trabajo de asistenta doméstica, le permita llegar a fin de mes.

Claro que esta superviviente de 40 años, sigue perseguida y atemorizada con la idea de volverse a cruzar, algún día, con alguno de sus varios maltratadores.

"Los cortes cicatrizan, pero las cicatrices se quedan", explica mientras se acaricia las sienes. "La verdad es que no sé cómo es posible que siga viva. Conozco a muchas que no tuvieron la misma suerte".

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