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Nacieron en Estados Unidos y hoy viven en Guatemala. Ahora estos niños quieren regresar

Luego de que sus padres indocumentados fueran deportados de la Unión Americana, Amavilia y Edison volvieron a vivir al país de sus padres, pero muchos de ellos sufren por problemas de adaptación.
18.4.16
Amavilia Maxima avec son fils, Edison, dans leur maison au Guatemala. (Photo par Daniele Volpe)
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Amavilia es una niña de 13 años que ahora vive en Guatemala, pero cuyos recuerdos de su vida en Estados Unidos, la asaltan constantemente. Recuerda ver a 'Dora la exploradora' y comer helado en el buffet chino. También recuerda las reuniones con amigos después de la escuela, su apartamento de tres recámaras, y hablar inglés.

Sus familiares le decían además que Guatemala, su patria, "era un lugar peligroso".

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Su hermano de 10 años, Edison, menciona un vídeo de Guatemala que alguna vez vio, y las "cosas muy malas" que mostraba: policías y gente peleando en las calles.

"Sabía que era feo", dice del país donde él y su hermana, ambos nacidos en EE.UU., ahora viven.

En 2014, se alcanzó la cifra histórica de alrededor de 68.000 niños, solos e indocumentados, que fueron detenidos en EE.UU. provenientes de América Central, luego de que la violencia y la pobreza los obligará a huir de sus países. Hoy en día, dicha cifra es menor, pero de las naciones que conforman la problemática región del Triángulo Norte de Centroamérica — Guatemala, Honduras y El Salvador —, Guatemala es la que manda más niños hacia el norte. Entre octubre de 2015 y enero de 2016, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los EE.UU. reportó que 8.329 niños guatemaltecos desamparados fueron detenidos.

Sin embargo, Amavilia y Edison son parte de un grupo de niños que realizaron el viaje opuesto: niños nacidos en EE.UU. que terminaron regresando a Guatemala [a México u otros países de Centroamérica] luego de que sus padres indocumentados fueran deportados de la Unión Americana.

'Regresa a tu país porque le quitas oportunidades a los verdaderos guatemaltecos'.

Después de las redadas en toda la nación a principios de este año para deportar a inmigrantes que habían recibido órdenes de deportación de la corte, es posible que su difícil situación sea más común. Hasta el 2012, cerca de 4,5 millones de menores nacidos en EE.UU. vivían con sus padres inmigrantes ilegales.

De acuerdo con Clara de Reyes, delegada regional del Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (CONAMIGUA) quien trabaja con Maxima y sus hijos, los niños nacidos en Estados Unidos a menudo enfrentan discriminación y acoso escolar al regresar a sus países.

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"[Otras personas] les dicen 'regresa a tu país [EE.UU.] porque le quitas oportunidades a los verdaderos guatemaltecos'", dice Reyes.

Amavilia y Edison tuvieron problemas hablando y escribiendo en español cuando llegaron a Guatemala con sus padres en 2011, y Maxima dice que cuando les planteó el problema a los dirigentes escolares, le dijeron que los niños deberían regresar a EE.UU.

Reyes dice que 50 niños estadounidenses se han mudado a la región oeste de la Ciudad de Guatemala desde el 2009. Les ha ayudado a obtener documentos y encontrar seguro médico, y también asistió a ocho de ellos para que regresaran a vivir con sus familiares en Estados Unidos. De acuerdo con CONAMIGUA, nadie sabe con exactitud cuántos niños nacidos en EE.UU. hay en Guatemala, y el país del norte no ofrece ningún tipo de ayuda allá.

Guatemala está 'reprobada' por no mantener a sus niños dentro de las escuelas. Leer más aquí.

En su libro de 2015, Forgotten Citizens: Deportation, Children, and the Making of American Exiles and Orphans, Luis H. Zayes, decano de la Universidad de Texas en la Escuela de Trabajo Social de Austin, analizó los efectos de la deportación en decenas de niños nacidos en Estados Unidos. Los niños que Zayes estudió eran todos de ascendencia mexicana y los categorizó en tres grupos: aquellos viviendo en EE. UU bajo la amenaza de la deportación de sus padres, aquellos que se quedaron luego de la deportación de sus padres, y los que viven en México después de la deportación de sus padres.

Los niños llevados a México presentaron más problemas depresivos y escolares, tanto social como académicamente. En términos económicos, sus familias empeoraron. Todos los niños dijeron que intentarán regresar a la Unión Americana una vez que cumplieran los 18 años o terminaran la escuela, y la mayoría tiene intenciones de estudiar la universidad en el país del norte, pero Zayes concluyó que las escuelas rurales a las que asistían en México no los estaban preparando.

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"Habrá repercusiones en el futuro, respecto a las políticas estadounidenses cuando se toma en cuenta a estos niños, que podrían regresar a los Estados Unidos cuando sean mayores de edad, o antes", dice Dennis Stinchcomb, jefe de proyectos del Centro para Latinoamericanos y Estudios Latinos de la Universidad Americana de Washington, DC.

Un estudio en 2013 de la organización defensora con sede en Oakland, Compañeros para el Impacto Humano, sobre niños estadounidenses cuyos padres viven bajo la amenaza de ser deportados, o han sido deportados, encontró que los niños enfrentaron desenlaces económicos, educativos, sociales y de salud menos satisfactorios. Lili Farhang, codirectora de la organización, dijo que los niños que se encuentran en medio de la violencia de Centroamérica posiblemente experimenten mayor estrés.

"Es una población de niños que han sido desconectados de toda una serie de instituciones cívicas y gubernamentales en los Estados Unidos", dice. "Puede que cuenten con todas las condiciones adversas que no los preparan para un bienestar óptimo en el futuro".

Delia Junech con su hijo Brayan Francisco. (Imagen por Daniele Volpe)

Los niños de padres guatemaltecos califican para la ciudadanía guatemalteca, dice Rodríguez. Pero el proceso requiere de tres viajes a la capital de Guatemala. Para Maxima, el proceso fue aún más complicado. Reyes ayudó a los niños a obtener documentos, pero el número de identificación que Amavilia obtuvo para ir a la escuela no funcionó, y la niña terminó inscribiéndose en la escuela nocturna para adultos. Ambos niños dejaron de ir a la escuela.

Maxima, quien mantiene a sus hijos sola — su esposo dejó a la familia después de su regreso a Guatemala — muy pocas veces les permite salir del patio que rodea el cuarto donde viven, porque el barrio cercano a Antigua es una "zona roja", un lugar de mucha violencia. Maxima es especialmente estricta con Amavilia. Los psicólogos, trabajadores del gobierno, y defensores que trabajan con inmigrantes en Guatemala dicen que las mujeres y niñas que regresan del norte son a menudo consideradas sexualmente promiscuas.

'Estados Unidos es tranquilo y bonito… quiero regresar'.

"Conocimos a dos niñas el año pasado que fueron físicamente abusadas en la escuela por esta razón", comentó Reyes.

En San José Calderas, a unas 40 millas al oeste de la Ciudad de Guatemala, todo es más tranquilo. Ahí, Delia Junech vive con sus seis hijos, de los cuales dos nacieron en Estados Unidos. Junech se encontraba en permiso por maternidad de la planta empacadora de carne en Postville, Iowa, donde ella y su esposo Francisco trabajaban, cuando agentes federales realizaron redadas en 2008. Junech evitó la deportación porque no se encontraba trabajando, pero Francisco no; fue arrestado junto con otros 400 trabajadores en la redada histórica, en aquel entonces la más grande en la historia de los Estados Unidos. Finalmente, Delia Junech decidió unirse a su esposo en Guatemala.

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El bebé, Brayan Francisco, ahora es un enérgico niño de siete años. Su hermana de nueve años, Yaritze de Rosario, también nació en EE.UU. Ninguno de los dos recuerda su país de nacimiento, pero Junech recuerda los problemas que enfrentaron cuando regresaron a Guatemala. Yaritze sufrió una serie de malestares intestinales. Brayan necesitó vacunas, pero como aún no contaba con documentos de dicho país, Junech tuvo dificultad para conseguirlas. Sin embargo, la mayor diferencia entre los dos países, dice, son los sistemas educativos.

'Niños en fuga', el drama de la travesía de miles de menores centroamericanos hacía EEUU. Leer más aquí.

"Allá se ve que aprenden más, estudian todo el día", dice Junech. "Pero aquí realmente no hay mucho".

Junech, quien nunca cursó más allá del segundo año, dice que su hija mayor, Paola, nacida en Guatemala, estaba a punto de entrar a sexto grado cuando regresaron, y fue colocada en tercero. Paola se dio de baja un año después. Yaritze tiene dificultades para aprender a leer y aún sigue en primer grado. Junech está considerando mandar a Yaritze y Brayan de regreso a EE.UU; hace seis meses, Francisco regresó a Iowa a trabajar.

Maxima también planea mandar a Amavilia y Edison a la Unión Americana — el abuelo de ellos vive ahí — aunque a los dos ya se les olvidó el inglés. En CONAMIGUA, Reyes ha almacenado en un cuaderno, las historias de niños nacidos en Estados Unidos con quienes trabaja. Amavilia y Edison aparecen en la página 17; debajo de la foto de la niña, hay una cita de ella que dice, "Estados Unidos es tranquilo y bonito… quiero regresar".

Katya Cengel realizó esta reportaje con la ayuda del International Reporting Project (IRP)

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