Hay que tener huevos para ser un grafitero en Kenia

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Hay que tener huevos para ser un grafitero en Kenia

Lo han arrestado varias veces, pero el arte es revolución.
1.3.12

Fotos por Andre Epstein

Boniface Mwangi (arriba) es un fotoperiodista keniano a quien le gusta meterse con los políticos. Se ganó su reputación fotografiando la violencia postelectoral en Kenia en 2008, lo que le valió el premio de CNN al Fotoperiodista del Año. Lo han arrestado y le han roto su cámara en varias ocasiones, incluso cerraron su Facebook por ser demasiado crítico políticamente.

Ahora Mwangi usa el grafiti para retar al régimen, la política tribal y otra serie de problemas como la apropiación de la tierra, la hambruna, y las personas internamente desplazadas. Después de recibir fondos de algunos donantes misteriosos, contrató a un equipo para pintar 50 murales políticos en las zonas más pobres del país antes de las elecciones de este año. Esto es ilegal, pero a Mwangi le vale madres.

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"La gente en el poder lleva 49 años cogiéndose al país. Hablamos desde el corazón. Queremos contar la historia de Kenia. No puedes abarcar 49 años con una foto, pero puedes hacerlo con el grafiti".

Mwangi se reunió con media docena de artistas la noche de un martes en el centro de Nairobi para trabajar en su mural inaugural. Un trabajo de este tamaño normalmente tomaría días, incluso con un equipo grande. Ellos lo hicieron en siete horas. Iluminaron una pared blanca en un lote abandonado cerca del mercado de la ciudad y varios miembros del equipo trazaron el mural de 30 metros de altura que cuenta la historia de la corrupción en Kenia.

“Estamos usando imágenes de una PM que aplasta un rostro, de manifestaciones y del Parlamento, para explicarle a los kenianos que cuando vendes tu voto, están hipotecando su futuro".

Los andamios utilizados terminaron como un simple montón de madera, y una luz bastante cara se rompió en la confusión, pero fuera de eso todo salió bien. Llegaron policías armados con metralletas al lugar, pero resultó que Mwangi los había contratado para vigilar. No tengo idea de cómo lo hizo.

Su única explicación fue: “Tengo muchos amigos".

Al frente del equipo estaba Markus Quinting, también conocido como Tona, un grafitero alemán que empezó a pintar en Kenia después de presenciar la violencia postelectoral, que dejó un saldo de más de mil muertos y miles de desplazados. "Recuerdo ver ola tras ola de gente, amontonada en los camiones que los llevarían a los campamentos, sin un lugar donde dormir o sentarse. Después de eso terminé en una fiesta de hip-hop con una traficantes, les enseñé mis dibujos y me dieron latas de pintura. Así empezó todo".

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Quinting ya fue arrestado una vez por pintar ilegalmente arte político en los barrios bajos de Kibera. La policía en Alemania intervino su teléfono y los de su equipo.

Después de reunir a los artistas y dirigir todo, Quinting tuvo que salir corriendo para tomar un vuelo a Alemania a las 3:00 am, así que Mwangi se quedó sin un miembro importante del equipo. Kenia tienes una escasez de grafiteros profesionales, y pintar murales ilegalmente en la madrugada es complicado. Pero Mwangi tiene fe en que el proyecto tendrá éxito. "¿Qué es lo peor que pueden hacer? ¿Arrestarnos? No nos preocupamos por el proyecto. Preocuparnos sólo hará que suceda".