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Cultură

Estos tipos han inventado un chaleco para que los perros publiquen fotos en Facebook

Ezequiel De Luca y Nicolás Diaco han creado un dispositvo para captar la felicidad de los perros y permitirles fotografiar aquello que más contentos les ponga.
15.4.16

Uno de los perros del estudio. Todas las imágenes de Saatchi & Saatchi

Ezequiel De Luca y Nicolás Diaco son pareja. Concretamente, pareja creativa. Se conocieron en la Escuela Superior de Creativos Publicitarios de Buenos Aires y no se han separado nunca desde que empezaron a trabajar juntos en Publicis. Dos años después de su primer empleo, se mudaron a Del Campo Saatchi & Saatchi y de ahí a Ogilvy en Sao Paulo. En este momento trabajan para Saatchi & Saatchi en Madrid y unos pocos privilegiados tenemos la suerte de escuchar sus ideas disparatadas cada vez que coincidimos con ellos en el salón de algún amigo o en sótanos de esos que no cierran hasta el día siguiente. Su última hazaña ha sido crear The Posting Tail un chaleco para que los perros (como este) cuelguen fotos y posts en las redes sociales.

VICE: ¿Cómo se os ocurrió hacer esta chaladura?

Ezequiel: Se nos ocurrió pensando en cómo podíamos hacer para conectar perros con redes sociales, más allá de vídeos de gatitos y las publicaciones que hacen los dueños de sus mascotas. La idea estuvo como un año dando vueltas, hasta que encontramos la gente indicada para desarrollarlo. Cuando lo compartimos con nuestros jefes, Maxi Itzkoff y Mariano Serkin, les encantó y entonces decidimos enfocarnos totalmente en el proyecto. El gran diferencial era la idea de la cola, poder traducir ese gesto para identificar la felicidad, pero no sabíamos si era posible o si era real eso que nosotros creíamos.

Nicolás: El proceso de desarrollo del dispositivo duró tres meses trabajando mucho. Las pruebas con la cola mecánica duraron un mes aproximadamente. Lo que más trabajo llevo fue el desarrollo tecnológico, hacer que todos los componentes funcionasen sincronizados. Luego estuvimos dos meses probándolo con perros y haciendo ajustes. Lo típico, al principio la cámara estaba muy abajo y solo se veía la cabeza del perro, tuvimos que ajustar el ángulo y probar varias cámaras para dar con la indicada. El diseño del chaleco fue lo que más rápido hicimos, porque queríamos priorizar el funcionamiento. Estábamos haciendo algo que nadie había hecho antes.

Cuándo algo no se ha hecho antes puede ser o porque a nadie se la ha ocurrido o porque es una gilipollez.

Ezequiel: En este caso es una gilipollez que a nadie se le ocurrió. Nos gustan las ideas que respiran eso. Como Facebook, por ejemplo, que es otra gilipollez que a nadie se le había ocurrido. Por suerte, el momento de compartirlo con ingenieros y veterinarios fue buenísimo, porque nos dijeron que se podía lograr y que no era algo totalmente descabellado.

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Pero supongo que su primera reacción sería de sorpresa.

Nicolás: La verdad es que, cuando les preguntábamos si a través del movimiento de la cola del perro se podían sacar fotos, nos preguntaban: ¿para qué quieren saber eso? Y nosotros tratábamos de no contarles mucho de la idea, para que no se la roben. No sabían bien lo que estábamos planeando. Hasta que dimos con unos chicos que nos dijeron que sí y ahí ya les contamos todo.

Ezequiel: En la etapa de desarrollo hablamos más que nada con los ingenieros y ellos eran los que trabajan en conjunto con los veterinarios. Ya después en el estudio armaron una cola falsa que imitaba los movimientos y ahí realizaban los ajustes, en esa cola robot, para después probar la evolución del dispositivo en diferentes perros.

Habladme de esa cola de perro biónica. ¿Cómo era ese rabo robótico?

Nicolás: La cola era bastante artesanal. La armaron con argollas de madera simulando los huesos del rabo y un motor tiraba de unos hilos que hacían que moviera como la cola de un perro, de un lado a otro. La hicimos así porque era imposible tener a un perro durante horas en prueba. Una de las primeras veces que fuimos al estudio a ver cómo funcionaba la cola mecánica, no paraba de tirar mil fotos por minuto. Nos asustamos bastante hasta que lo mejoraron.

Ezequiel: Es que había que simular con esa cola todos los movimientos, porque para que detecte el gesto de felicidad el movimiento no solo es de velocidad sino que también influye el ángulo de balanceo. Antes de empezar no teníamos ni idea de eso, solo sabíamos que los perros de todo el mundo mueven la cola por felicidad. El reto fue probar si existía ese movimiento en particular y después si podíamos captarlo. Ese fue uno de los trabajos más duros de los ingenieros.

Espero que ningún animal haya sufrido durante el proceso.

Nicolás: Jajaja, no. Solo un asistente recibió un mordisco. Estábamos en una plaza a punto de probar el dispositivo, con un perro que nos habían prestado pero que no tenía ganas de colaborar. Parecía enojado, nadie se animaba a ponerle el chaleco, y por descarte le tocó un asistente. Cuando empezó a ponérselo, el perro le mordió. No fue grave, pero no pudimos probarlo con él.

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Ezequiel: Trabajar con perros todo el día es jodido. Llegar con los dos pies meados a casa, uno por un golden que se quedó con mi pie derecho y un jack rusell con el izquierdo. O el día que lo probamos con una perra afgana y llegué con la chaqueta llena de pelos rubios. Tuve que darle explicaciones a mi novia.

El chaleco es muy ortopédico pero admito que impresiona verlo funcionar.

Ezequiel: Claro, pero es que no pesa nada. Para ser el prototipo está bien, pero hay que seguir trabajando su aspecto. Fue increíble verlo funcionar. Piensa todo el proceso de investigación inicial que hubo por nuestra parte, hasta ser completado más seriamente por los ingenieros y veterinarios que nos iban reportando la evolución. Poder ver por fin un primer prototipo y descubrir que funcionaba fue alucinante. Solo era un prototipo, en realidad no estaba ensamblado todavía, la parte del diseño fue posterior. Y, una vez que lo tuvimos, salimos a probarlo con varios perros de verdad.

¿Cómo fue presenciar ese milagro?

Ezequiel: Ver que realmente estaba pasando fue genial, increíble, porque es algo muy complejo. Tiene un procesador Raspberry Pi que esta programado para identificar el movimiento de felicidad, pero como de cada perro es diferente, uno al principio tiene que hacer una pequeña configuración. Por ejemplo, cuando se lo pones por primera vez a tu perro le muestras su juguete favorito y obviamente va a mover la cola de felicidad. En ese momento uno define que ese movimiento ese felicidad y ahí comienza la magia porque ese procesador va aprendiendo del propio perro. Cuando más tiempo tenga el perro puesto el dispositivo mejor funciona.

Nicolás: Le pusieron el posting tail y una de las diseñadoras salió a la calle. Luego hizo el acting como si estuviera volviendo a su casa. Abrió la puerta, la perra estaba ahí esperando dentro y cuando la vio se puso muy contenta, comenzó a mover su cola y disparó una foto. Nosotros estábamos mirando la pantalla de un ordenador, cuando vimos la foto posteada. Movimos la cola también.

¿Creéis que las cosas que cuelgan los perros en Facebook son más honestas que las de los humanos?

Ezequiel: Los perros no mienten. Y menos con un dispositivo que capta su felicidad. Una vez uno de los perros hizo una foto de mi culo mientras me ataba los cordones, en el Retiro.