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Los científicos dicen que poner tu comida en un triángulo la vuelve más instagrameable

Un estudio muestra que la orientación de la comida en los platillos "realmente importa" y puede afectar el valor que le damos a lo que comemos.
Phoebe Hurst
London, United Kingdom
18.8.15

Soy un fotógrafo de alimentos sin complejos, uno de esos idiotas molestos que toma una foto rápida de su ensalada cuando las hierbas micro parecen plantas de hadas verdes, o el cordero brilla con tanta ternura que se asemeja a una especie de trampolín de carne miniatura.

Pero no soy el único. Estamos obsesionados con tomar fotografías de las cosas que comemos. @ItsFoodPorn tiene más de 1.3 millones de seguidores en Twitter y los swathes de Tumblr son corrientes continuas de galletas y cupcakes, que únicamente existen con el fin de ser una exposé culinaria.

La semana pasada se supo la noticia de un restaurante en Tel Aviv que lleva a cabo cenas de "Foodography", noches especialmente diseñadas para alimentar tales deseos. Los platillos se presentan en "platos de medios optimizados" y a los clientes se les enseña a fotografiar lo que están a punto de comer bajo la luz más apetecible (presumiblemente antes de que la comida se enfríe).

La gastronomía se ha convertido en "arte culto" y todos somos fotógrafos amateurs. Nada más no se lo digas a Charles Campion.

Pero, conforme el instagramear nuestros almuerzos llega al punto de ser casi fetichista, la investigación publicada hoy por el Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford sugiere que no son solo los derechos por presumir o la emoción general inducida por el bistec los responsables de la manía de fotografiar comida.

El estudio, escrito por el chef y científico Charles Michel y publicado en Food Quality and Preference, muestra que la orientación de la comida en los platillos "realmente importa" y puede afectar el valor que le damos a lo que comemos.

Michel y su equipo trabajaron con el Museo de la Ciencia para interrogar al público, junto con la "metodología de ensayo por Internet" para evaluar el "impacto" de platillos en diversas formas. Encontraron que hay un "punto o ángulo explícito" en el que la gente tiene una preferencia por lo que está frente a ellos.

Uno de los ejemplos de los platillos que se muestran a los participantes del estudio muestran un triángulo de cebollas en escabeche apuntando lejos del comensal. El equipo descubrió que esta posición de las cebollas resultó más atractiva para la mayoría de los comensales, mientras que los platillos con elementos dispuestos en triángulos hacia abajo pueden ser "asociados con amenaza".

Tal vez lo más importante de todo (al menos para los restauranteros) es que entre más estéticamente agradable sea la comida, más propensos a gastar serán los clientes. Según el estudio, "la gente está dispuesta a pagar mucho más por un platillo con mayor atractivo visual".

"(El emplatado es) un detalle tan pequeño en la experiencia de comida –algo en lo que la gente rara vez piensa– pero sí importa", me dice Michel. "Al parecer muchos de los principios de la estética visual y la percepción del arte se aplican cuando se trata de comida".

Aunque el estudio nos ofrece una visión de lo que hace exactamente que se nos haga agua a la boca con ciertas imágenes en el feed de Instagram, Michel dice que el estudio también tiene la intención de beneficiar a las personas que trabajan en la industria alimentaria.

"Supongo que mi objetivo es hacer que la gente piense más a la hora de colocar la comida en su plato; elevando la sensibilización", explica. "Al mismo tiempo, usamos tecnología moderna e Internet para dar herramientas a los chefs y a la gente que sirve mucha comida, una manera de mejorar el disfrute".

"Colocar la comida en forma de un triángulo ascendente resultó más atractivo para la mayoría de los comensales, mientras que los platos con elementos dispuestos como triángulos invertidos podrían 'asociarse con amenaza'".

Una de las imágenes utilizadas en el estudio es de un platillo de Alberto Landgraf, el chef con estrella Michelin en Epice en Sao Paulo y co-autor del estudio.

"La forma en la que veo la belleza se traduce en cómo presento mi comida en los platos. La comida es hermosa. Creo que la gran diferencia con un restaurante galardonado con una estrella Michelin es la delicadeza", me dice Landgraf. "Ya sea que estés plateando un hot dog o una pieza muy cara de carne, tienes que tener delicadeza".

Nadie encarna con mayor "delicadeza" el arte del emplatado de un hot dog que Jacques la Merde, el saboteur de Instagram que hace que los dinosaurios de goma parezcan nuevas obras maestras nórdicas.

A pesar de la parodia de la Merde, Michel cree que la presentación de la comida se pasa frecuentemente por alto en la vida cotidiana.

"La comida es una parte importante de nuestro bienestar cotidiano, y nunca merecerá suficiente atención", dice. "En particular en las últimas décadas, en las que parece que atribuimos poco valor a todo el esfuerzo que subyace a la creación de un platillo desde la granja hasta la mesa".

Pero aunque la apariencia es importante, el sabor y el gusto permanecen como la mayor preocupación de Michel cuando se trata de comida.

"También creo que la esencia de la delicia se encuentra en el sabor, no en lo que vemos. La calidad de los ingredientes está por encima de todo, y las técnicas para respetar lo que trae la naturaleza ", dice. "Pero la presentación (o emplatado) es el último detalle, donde todos podemos buscar belleza todos los días. Desde la mirada de Platón, la belleza es una realización a nivel físico de lo que podríamos, en un plano psicológico, llamar 'bondad'".

"La comida es hermosa. Creo que la gran diferencia con un restaurante galardonado con una estrella Michelin es la delicadeza. Ya sea que estés plateando un hot dog o una pieza muy cara de carne, tienes que tener delicadeza".

Dejando de lado las comparaciones platónicas, para Peter McGunnigle, profesor titular de Dirección Hotelera en Oxford Brookes y ex chef (antes de la llegada de la alta cocina), la comida siempre se ha tratado del abastecimiento de los mejores ingredientes.

"Supongo que nunca le di mucha importancia a si había alguna preferencia psicológica por el dónde estaban las cosas", dice McGunnigle, que se formó en un colegio de catering que sirve la carne con la salsa y todo lo demás por separado. "Sin embargo, al enseñarle el diseño del menú a los estudiantes de administración de servicios de alimentos de pregrado, estaba consciente de la "teoría del movimiento de la mirada", tomada de la psicología del consumidor. Sugiere que hay un patrón estándar de movimiento en la mirada y que el impacto de algunas posiciones tiene mayor influencia en la elección del platillo".

McGunnigle le atribuye el interés reciente de la industria de restaurantes en el emplatado no tanto a la búsqueda de la belleza, sino a las ganancias.

"Los diseñadores de menú para las cadenas de restaurantes colocaban los platillos con valor o margen altos en estas posiciones, maximizando así los ingresos", dice. "Parece plausible extender esto al emplatado, supongo".

Los restaurantes de alta cocina han sabido por mucho tiempo que pueden obtener ganancias al lograr que sus alimentos se vean sexys. Michel y el estudio de su equipo acaban de amplificar nuestra comprensión de lo que se ve bien en un plato, incluso la dirección a la que debe ver nuestro filete de bacalao.

Por lo menos, nos muestra que el fotografiar y publicar fotos de verduras atractivas no se va a detener en el corto plazo.

¿Y cómo puede detenerse? La comida simplemente se ve tan, tan deliciosa.