¿Realmente necesitamos un resurgimiento del indie en 2017?

¿Realmente necesitamos un resurgimiento del indie en 2017?

¿Qué está pasando ahora que básicamente todos —The Shins, Dirty Projectors, Clap Your Hands Say Yeah, Broken Social Scene— están de regreso?
3.4.17

En algún lugar de un viejo Motorola que he reciclado, hay una imagen de muy baja calidad de mi novio de la adolescencia sentado en un Starbucks dentro de la librería Borders en donde salimos con el mismo par de jeans super skinny de Topshop, complementados con delgadas bufandas y cardigans sin sentido. Pasamos mucho tiempo allí pretendiendo disfrutar del café negro a los 17 años porque era el único lugar que vendía la efímera revista de artes indie Plan B fundada por Everett True; la habíamos leído completa antes de cortar las ilustraciones de la parte de atrás para reutilizarlas como arte para mixtapes.

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Esta imagen no tiene cabida en 2017. Todavía puede haber recuerdos flotando en la forma de un cómic francamente chistoso sobre Crass que todavía guardo en mis estantes de vinilos, pero lo demás realmente ya no tiene sentido en el mundo. Para bien o para mal, Borders se ha ido, seguido de Plan B y los pantalones cargo están por todas partes. El indie —en el sentido más generalizado de la palabra existente fuera de Camden— ya no tiene la influencia cultural que solía tener. En los tiempos políticamente tensos de hoy, la gente quiere que la rabia visceral de Beyoncé cruce a través del agua delante de lanzallamas en "Freedom", mientras Kendrick Lamar escupe barras acerca de la discriminación racial, no a Death Cab For Cutie susurrando suavemente letras sobre las turbias finanzas de Donald Trump.

Y aún así —aún así—, justo hace unas semanas vi a The Shins presentar su primer sencillo nuevo en más de cinco años en el Late Show con Stephen Colbert. Definitivamente recibí un comunicado de prensa sobre Broken Social Scene haciendo giras de nuevo con un nuevo álbum bajo el brazo, después de volver poco a poco a la acción a través de esporádicas apariciones en festivales. Alguien definitivamente puso a Clap Your Hands Say Yeah en los gastos generales de la oficina el otro día, y su quinto álbum The Tourist salió hace dos semanas. Land of Talk anunció en febrero su primer LP desde Cloak and Cypher (2010), Feist anunció su primer álbum desde Metals (2011) esta semana, Solange coescribió en el nuevo álbum de Dirty Projectors y The New Pornographers también están en la sección de noticias de los blogs. Entonces… ¿Qué pasa? O en las inmortales palabras de Robin Williams en Jumanji: ¿Qué año es este?

El año es 2017 y el indie está de vuelta, básicamente eso está pasando —y hasta ahora suena exactamente a como sonaba hace 15 años. Obviamente, al igual que cualquier grupo de artistas amontonados en un género, nunca "se fueron a otra parte", pero definitivamente parecen estar teniendo un momento. Las bandas que no han estado de gira, soltando música o existiendo en la vanguardia mental de la gente desde la era de los flip pones, están recibiendo comentarios positivos en Pitchfork y llenando el Alexandra Palace. La pregunta no es cómo; la mayoría de las bandas indie de los 2000 siguen en grandes sellos, como Evan Rytlewski señala en su reseña de Heartworms de The Shins, establece que han "sobrevivido por mantenerse en el rumbo" y "en gran medida resistieron las tendencias o cualquier tentación de alejarse de su lugar ideal", por lo que casi siempre hay una base de fans preestablecida preparada para adoptar de nuevo su sonido familiar favorito. La pregunta es, ¿por qué ahora?

Estamos muy lejos de la inocencia de 2004 en la que Natalie Portman podría recurrir a Zach Braff y decir con toda convicción que escuchar una canción del Chutes Too Narrow "cambiará su vida". Por muy icónica que sea, no estoy convencida de que si The Shins estuviera empezando hoy tendría el mismo éxito con un álbum que abre con seis claps y un "woo!". El mes pasado, Dave Longstreth de Dirty Projectors, comenzó lo que voy a llamar educadamente "una conversación" sobre si el 2009 fue el último año verdaderamente progresista del indie rock al publicar una nota en Instagram denunciando la condición actual del género como "bad y boujee". Malo significando fabricado y "musicalmente abrumador", boujee significando "que los raindrops y los drop tops se han perdido de la experiencia ganada".

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Robin Pecknold de Fleet Foxes —quien también lanzará un álbum en solitario este año— respondió cuestionando lo que el indie significa en 2017: ¿Phil Elverum? ¿Mac DeMarco? ¿Car Seat Headrest? "Estoy atorado pensando que hay una música correcta para un momento cultural determinado", escribió, "pero para mí siempre hay una vasta extensión de sentimiento que está siendo explorada por todos los involucrados en la música y todo es válido, en el sentido de crear o definir un sentimiento nuevo". Ed Droste de Grizzly Bear también entró a la discusión en Instagram, contribuyendo con un emoji de carita espantada.

Después de mucho opinar sobre si Longstreth estaba intentando alargar el fenómeno del indie rock en Twitter, Reddit, la sección de comentarios de The Guardian y básicamente en todos los sitios a los que se meten los fans de Dirty Projectors, Longstreth tuvo entonces que explicar que se refería un poco más a "un chiste sarcástico con lenguaje teórico mezclado con las letras de Migos" y que "estaba absorto en el contexto de su banda, escribiendo sobre la manera que el término ha sido cooptado por playlists de Spotify, presets de Garageband etc." Tiene un punto. El indie en 2017 se siente menos tangible que hace ocho años. Todas las escenas / movimientos / estilos de música agrupados en algún momento se unen y se descarrilan una y otra vez —ya sea indie, grime o punk— con el pico comercial apareciendo y siendo estimulado por el momento en que todas las cosas suceden a la vez. Pero la pregunta central parece ser: ¿la música tiene que ser innovadora para que sea relevante?

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Pecknold utiliza "Real Death" de Mount Eerie como ejemplo: "La nueva canción de Phil Elverum * crea * un sentimiento que no existía antes, aunque musicalmente no sea innovador, en virtud de ser una expresión directa de su experiencia se siente honesto, y que uno puede relacionarse con ella o reconocer su verdad ", dice. Y, por una vez en mi vida, estoy de acuerdo con un Fleet Fox; te conectas con algo o no. El resto es semántica. Alex G no está haciendo nada especialmente innovador, pero la forma en que hace las cosas, sus métodos de comunicación, son lo que lo llevaron a dos lanzamientos de Frank Ocean. Lo mismo ocurre con G.L.O.S.S. o Girlpool o Katy Perry. ¿Nuevo? No. ¿Buenas canciones? Sí. Por toda la experimentación bombástica y el baile interpretativo que Sufjan Stevens pasó realizando entre mediados de los 00's, tocando con Carrie & Lowell, un álbum indie-folk tan minimalista que la mayoría de las canciones son solo su voz, una guitarra y un teclado, y que terminó siendo la mejor cosa que se ha hecho en años. Al final de su crisis existencial, Longstreth concluye diciendo que "la novedad es emocionante y útil para reflejar un mundo cambiante, pero parece que la experiencia / naturaleza humana tiene una forma de mantenerse constante: para esto, no necesitamos música que cambie todo el tiempo; la tradición es valiosa ".

Las guitarras no han sido los componentes principales del "sonido moderno" desde hace años. Cualquiera que quiera sobrevivir en el mainstream ha tenido que adaptarse en cierta medida; Coldplay, Bring Me The Horizon, incluso Ed Sheeran, se han aventurado en los reinos del house tropical. Por supuesto, la exposición tiene mucho que ver con ello. Lo que es popular en un momento dado y lo que realmente es bueno son dos cosas extremadamente diferentes. Puede que no escuches una nueva rola de The Shins reventando un comercial de Nike, pero eso no lo hace irrelevante tampoco. En algún momento, la mayoría del arte se reduce al simple gusto. Te gusta o no.

Escuché Heartworms y The Tourist, para la posteridad, y ambos son buenos en mi opinión. Heartworms es lo mas sintético y solipsista que The Shins ha hecho (Pitchfork le dio un 7.6, en caso de que te estés preguntando), y The Tourist (7.5) es tan extraño y teatral como Clap Your Hands Say Yes siempre ha sido. Lo único que hace cualquiera de ellos menos emocionante, es el hecho de que no hacen mucho para ampliar las innovaciones de ambos artistas. James Mercer y Alec Ounsworth son centros creativos de proyectos más grandes, no precisamente de cantautores, que constantemente tratan de encontrar la forma de llevar sus ideas más allá de sí mismos, de lo contrario The Shins y CYHSY serían simplemente un hombre con una guitarra, aplaudiendo. A propósito, ambos tienen voces muy específicas que: a) sólo funcionan dentro de ciertos confines y; B) son una gran parte de la razón por la cual ambas bandas tienen la chispa que tienen. Es una maldición y a la vez un testamento que no puedas escuchar a The Shins sin querer dejar de oír lo nuevo y regresarte a Oh, Inverted World.

Así que, ahora que todos están de vuelta, como un grupo de compañeros de la universidad que se encuentran en una fiesta, ¿Qué pasa ahora? ¿Vamos a empezar a usar túnicas con medias otra vez? ¿Las bandas con metales dominarán nuestros festivales? Se podría decir que lo último que el mundo moderno necesita es más hombres blancos con barba hablando de sus sentimientos y es por eso que la gente en Twitter está haciendo chistes sobre bandas con "canciones folk de cabaña" discutiendo sobre lo que es y no es "vanguardista" en 2017. Pero tal vez su lugar ahora es el mismo de siempre; siendo escuchados solo y en silencio, donde su contexto importa menos que la conexión emocional contigo en ese momento.

Personalmente creo que bandas como The Shins están destinadas a lo mismo que las bandas emo de los 90s como Mineral, Braid y American Football,: los fans de vieja escuela casi siempre se entusiasmarán, los fans ocasionales probablemente no se molestarán, y los primerizos dirán "!¿qué?¡" y seguirán adelante. En algún lugar dentro de ese diagrama de Venn hay un pequeño pero valioso círculo de la gente que le encontrará un significado a la música nueva. A veces es bueno —y necesario ahora, en medio del caos que es el mundo exterior— sentarse en casa con los audífonos y reflexionar con un malfuncional artista que haya estado haciendo música las mismas dos pinches décadas que tienes de edad. "Name For You" no es "Bad and Boujee" —es objetivamente mil veces peor que "Bad and Boujee"— pero en lo que a relevancia se refiere, no tiene una fecha de caducidad.