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El canibalismo en los campos de concentración nazis

Diversos testimonios narran capítulos de canibalismo, ahogamiento y crucifixiones. Las víctimas de los campos de concentración también revelan en unos documentos elaborados para reclamar indemnizaciones la dura lucha para acceder a las compensaciones.
31.3.16
Foto di Andrzej Grygiel/EPA
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Canibalismo, ahogamientos, crucifixiones: son sólo algunos de los horrores descritos en relatos de primera mano de las experiencias de británicos a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, que fueron publicados el jueves en el Reino Unido.

Los testimonios largamente ocultados — contenidos en las solicitudes que los ciudadanos del Reino Unido hicieron al régimen nazi en el programa de compensación que Alemania Federal acordó con los británicos entre 1964 y 1965 — también revelan la pelea de aquellos que sufrieron dicho horror para cumplir con los estrictos criterios necesarios para obtener una remuneración.

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De las 4.206 personas que solicitaron una indemnización solamente 1.015 tuvieron éxito. Muchas fueron sometidas a meses e incluso años de dolorosos interrogatorios acerca de sus experiencias antes de que sus solicitudes fueran rechazadas.

Los relatos incluyen uno de Harold Le Druillenec, único superviviente británico del campo de concentración de Bergen-Belsen, donde fue encarcelado durante 10 meses. Le Druillenec declaró en los juicios de Belsen.

Él escribió: "Todo mi tiempo aquí lo invertí en llevar cadáveres a las fosas comunes excavadas para nosotros por 'trabajadores externos ya que nosotros no teníamos la fuerza necesaria para realizar ese tipo de trabajo que, afortunadamente, fue asumido por autoridades del campo".

"La ley de la selva reinaba entre los presos y por la noche o matabas o morías; de día el canibalismo era rampante".

"La mayor parte de Auschwitz había sido trasladado a Belsen cuando llegué y fue aquí que oí la expresión: 'Sólo hay una manera de salir de aquí: a través de la chimenea'", dijo, refiriéndose a las cámaras crematorias y de gas.

En imágenes: las inquietantes fotos en color del Tercer Reich. Ver aquí.

Le Druillenec recordó diferentes "métodos para asesinar a los detenidos incluyendo golpes, ahogamiento, crucifixión, etc.", y narró que el intento de suicidio "era un delito grave ya que la elección del medio para morir no era nuestra, y como no había privacidad en absoluto, no puedo recordar un solo suicidio exitoso". Más de 70.000 personas murieron en el campo de Bergen-Belsen entre 1941 y 1945.

Él perdió la mitad de su peso corporal durante su encarcelamiento y sufrió los efectos de la disentería, la sarna, la desnutrición y la septicemia durante casi un año después de su liberación. Con el tiempo se le concedió una indemnización por valor de 1.835 libras [alrededor de 30.000 libras o 43.000 dólares actuales] por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

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Otro solicitante, Albert Slack, era un particular en el regimiento de Royal Berkshire, cuando fue hecho prisionero en mayo de 1940 y encarcelado en varios campos, incluyendo el campo de concentración de Theresienstadt [Terezin], donde fue obligado a cavar tumbas.

Tras ser liberado y al regresar a su hogar afirmó que le fue "difícil seguir adelante" y que su familia no quería tener nada que ver con él, de acuerdo a su archivo. Fue indemnizado con 340 libras [alrededor de 6.000 libras u 8.625 dólares en la actualidad] en compensación por la pérdida de un dedo.

Entre aquellos a quienes se les negó cobrar una compensación se incluye el teniente James Bertram, un oficial británico que participó en el célebre "gran escape" del campo de prisioneros de guerra de Stalag Luft III.

James fue informado por funcionarios del Reino Unido que él no sufrió "el trato inhumano y degradante propio de un campo de concentración". Su caso fue recogido posteriormente por el Parlamento británico y la prensa, y, finalmente, recibió 1.192 libras [unas 21.600 libras/31.000 dólares de hoy].

Otra persona a la que se le negó la compensación fue la británica Elizabeth Spira, quien fue encarcelada en un campo checo de Theresienstadt. Ella describió horribles escenas en ese campo, donde dijo que los niños "no podían comer del miedo a lo que haríamos con ellos, ya que los niños sabían que sus padres nunca salieron".

Elizabeth dijo: "Tratamos de limpiar [a los niños] en la zona de baños. Cuando tratamos de llevarlos se negaron a entrar y se aferraron al pomo de la puerta. Al final, forcé al niño más pequeño, lo llevé a la zona de baños, le di [al niño] un buen baño caliente… pronto [los niños] se recuperaron por completo sólo para regresar…y para luego ser gaseados".

El dinero para las indemnizaciones salió de un fondo de 1 millón de libras [1,44 millones de libras actuales] del Reino Unido para el gobierno alemán destinado a las víctimas de la persecución nazi.

Los criterios utilizados incluyeron la discapacidad física resultante de las detenciones y el tiempo que las personas estuvieron encarceladas.

Muchos de las solicitudes fueron rechazadas, ya que, o bien los solicitantes no eran ciudadanos británicos en el momento de la persecución o tenían doble nacionalidad. Otras fueron rechazadas por haber sido soldados quienes las reclamaban, y por lo tanto, legalmente capturados como prisioneros de guerra; o porque el Ministerio de Asuntos Exteriores considerara que habían experimentado sufrimiento, pero no persecución.

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