Sexo oral ciencia inteligencia artificial

Científicos procesan 109 horas de sexo oral para desarrollar una AI que hace mamadas

Un grupo de ingenieros de aprendizaje automático anónimos redactaron ‘The Blowjob Paper’ con la finalidad de crear una máquina que haga mamadas más realistas.
LC
traducido por Laura Castro
31.10.18

La Autoblow AI es un juguete sexual diseñado para personas con pene. Consiste en una especie de funda de caucho equipada con un motor alojado en un tubo y su objetivo es simular el sexo oral. La semana pasada arrancó su campaña de financiación en Indiegogo y no tardó en recaudar su objetivo de 50 000 dólares (unos 45 000 euros). La principal novedad respecto al modelo predecesor de 2014, la Autoblow 2, es un algoritmo de aprendizaje automático que “cambia continuamente de técnica” para complacer al usuario de formas sorprendentes y excitantes.

En lugar de movimientos mecánicos y repetitivos, el nuevo “modo IA” promete emular los matices y los gestos impredecibles de una mamada de verdad. Para ello, la empresa encargó a un equipo de seis personas la tarea de visualizar y analizar 109 horas de porno, y contrató a un grupo de ingenieros de aprendizaje automático para que creara un modelo que compilara toda esa información y la volcara en el dispositivo. En total, el proceso se prolongó tres años.

El resultado de la investigación es The Blowjob Paper, un estudio (no evaluado por homólogos, claro) repleto de investigación algorítmica sexual: “Con este trabajo, pretendemos cuantificar los movimientos ‘comunes’ o ‘típicos’ que se dan durante el sexo oral practicado en hombres”, señalan en la introducción. “Para ello, analizamos un conjunto de datos extraídos de más de 108 horas de vídeos pornográficos en los que se examinaba, fotograma por fotograma, la posición de los labios en torno al pene. Utilizamos técnicas de cuantificación para hallar dieciséis movimientos distintos, a partir de los cuales diseñamos un sistema que reproduce secuencias de movimientos realistas generados por procedimientos mediante aprendizaje automático. Demostramos cuantitativamente que este sistema es superior a las técnicas del modelo de Márkov”.

“A mí no me supuso ningún problema”

Pedí a Brian Sloan, creador de la Autoblow AI, que me hablara de cómo fue lo de contratar a científicos serios para que trabajaran en la creación de una máquina de hacer pajas. Sloan no se anduvo con rodeos al explicarles su proyecto.

“Les dije que quería hacer un juguete sexual para hombres que recreara la sensación de una mamada y les pregunté si podían usar una IA para analizar mamadas y reproducirlas de forma más realista”, me explicó en un email. “Aquello bastó para que siete empresas me respondieran casi de inmediato que ‘el trabajo no era para ellos’. Les pregunté por qué, pero me respondieron”.

Pero el octavo equipo aceptó y elaboró The Blowjob Paper, un trabajo por el que Sloan dijo que pagó 27 000 euros. Pese a contener infinidad de cálculos y métodos de compilación de datos, resulta curioso que el estudio no muestre los nombres de sus autores. No hay ningún equipo de investigación al que atribuir este concienzudo trabajo ni institución responsable de su contenido. Este anonimato se debe a que los científicos temían que darse a conocer pudiera afectar a su imagen para futuros proyectos.

Sloan me puso en contacto con ellos a través de una dirección de email dedicada para preservar su anonimato. También tuve ocasión de ver varios correos que Sloan había intercambiado con ellos (con los nombres eliminados) y en los que hablaban del progreso del estudio.

“Brian se puso en contacto con nosotros por redes sociales… creo que por LinkedIn”, escribieron los científicos anónimos. “En nuestra conversación inicial no se habló de juguetes sexuales ni de porno. Fue más técnica; hablamos de análisis de vídeo y de inteligencias artificiales. Desde el principio nos dijo que varios otros equipos habían rehusado trabajar en un proyecto de esas características. A mí no me supuso ningún problema”.

La persona que había escrito el email decía tener un “doctorado especializado en IA” y haber aparecido en más de 30 publicaciones y patentes. El resto del equipo, dijo, estaba compuesto, en su mayoría, por ingenieros.

Nace Sliderman

The Blowjob Paper empieza con un puñado de tablas y gráficos en los que los autores ilustran cómo cuantificaron los movimientos observados en vídeos de sexo oral y los convirtieron en la variedad de movimientos que la Autoblow AI es capaz de reproducir. El estudio contenía diagramas de clúster que representaban actos como detener la mamada, llegar al borde del orgasmo y parar, juegos con la cabeza del pene y mamadas profundas.

Los investigadores diseñaron una arquitectura de red neuronal densa (RND) que predice el siguiente movimiento de quien hace la mamada basándose en el análisis de movimientos anteriores, un poco como el texto predictivo de tu móvil. Sobre el papel, el proceso de creación de esos modelos funciona del siguiente modo: para recopilar los datos, Sloan contó con la ayuda del serbio Dalibor Copic. Copic trabaja para Very Intelligent E-Commerce Inc., una empresa de marketing de Sloan desde la que se han llevado a cabo otras campañas de contenido sexual, como el concurso para elegir a la vagina más bonita del mundo o su homólogo para el sexo masculino, el concurso de testículos. La empresa de Sloan es una gran herramienta que le permite dar visibilidad a sus productos anunciándolos con un trasfondo científico. Antes de The Blowjob Paper, el mismo equipo produjo The Vulva Paper para el concurso de belleza vaginal.

Copic reunió a un equipo de seis personas para recoger datos sobre mamadas a partir de vídeos porno. No eran expertos en estadística ni en aprendizaje automático, sino amigos y confidentes dispuestos a contribuir a un proyecto absurdo. Idearon un sistema para comentar 109 horas de metraje de mamadas ⎯1200 vídeos de sexo oral en total⎯ mediante una cabeza y un pene creados con animación y superpuestos a un deslizador que podían ajustar con el ratón mientras veían los vídeos. En un email, Copic me dijo que bautizaron la cabeza como “Sliderman”.

“Cuando empieza el sexo oral y la chica hace lo que hace, movemos a Sliderman imitando los gestos del vídeo. Así es como transmitimos los movimientos a nuestro sistema”, proseguía Copic en el mail. Veían los vídeos a la mitad de la velocidad y anotaban los valores del deslizador para obtener los datos que necesitaban.

Pregunté a Copic si el trabajo le resultaba tedioso. “Si te digo la verdad, me consideraba afortunado y desgraciado ☺”, dijo. “Al principio del proyecto hubo algunos vídeos interesantes… pero al final ya era un poco pesado. Demasiado sexo oral…”.

“En la vanguardia”

“Lo cierto es que es un problema muy interesante en el que trabajar”, dijo el científico anónimo autor de The Blowjob Paper. “Ahora estamos en la fiebre del aprendizaje automático, por lo que los desarrolladores pueden permitirse ser selectivos con los proyectos que quieren asumir. Mi criterio es el de trabajar en proyectos que sean interesantes y remunerados. Este tiene las dos cosas”.

Si tantas ganas tenían de trabajar en el campo de las mamadas automatizadas con IA, por qué hacerlo de forma anónima, les pregunté. Me dijeron que consultaron con varios de sus clientes si supondría un problema para ellos que los asociaran públicamente con este proyecto.

“La respuesta fue sorprendente”, dijeron. “Las corporaciones no quieren tener nada que ver con ningún tipo de controversia. Para ellos no es aceptable y lo ven como una pesadilla desde el punto de vista de las relaciones públicas. Por eso lo hago desde el anonimato. A nivel personal no hemos recibido ninguna presión. El problema viene más por la parte corporativa. Para que te hagas una idea, gran parte de nuestro trabajo se desarrolla en el ámbito de la tecnología financiera o en instituciones gubernamentales. De ahí vienen las advertencias”.

No resulta sorprendente. Las actitudes hostiles y de rechazo al contenido sexual son una realidad que se repite con frecuencia en procesadores de pago y legisladores.

Operaciones matemáticas al margen, el documento es una explicación bastante accesible de cómo se cifra una IA en un producto y en otras herramientas de uso diario, como las sugerencias de autocompletado de emails de Google y los resultados de búsqueda. Todas se basan en un aprendizaje de experiencias anteriores, y la Autoblow AI no difiere de estas, en teoría, solo que ella aprende del porno.

Los científicos anónimos me aseguraron que, para ellos, no se trataba de un proyecto desechable. “La conclusión que saco es que las redes neuronales convolucionales son muy puntillosas y que es sorprendente que una IA sea capaz de entender un concepto de tan alto nivel como una mamada”, dijo. “Creo que estamos a la vanguardia, aplicando bibliotecas que hace seis meses ni siquiera existían”.

La Autoblow AI está creada con muchos cálculos y el sudor, las lágrimas y los síndromes del túnel carpiano de muchas personas. Pero pese a tanta estadística y tanto aprendizaje automático, no es más que un tubo de plástico forrado de silicona que te frota el pene. Estos investigadores visualizan un mundo en que es posible mejorar el aspecto inmersivo e interactivo del porno y los juguetes sexuales (y del entretenimiento no sexual, también) mediante la IA. Algo que no va a ocurrir de un día para otro.

“Básicamente, solo pueden comprarse juguetes sexuales en países desarrollados. Está claro que existe una demanda de estos dispositivos, que serán cada vez más inteligentes gracias al trabajo de científicos e ingenieros como yo”, me dijo. “Eso, en general. Luego también podemos aplicar mejoras técnicas a la solución que hemos creado para este juguete concreto, como perfeccionar la generación por procedimientos de los movimientos que emulan las mamadas y otras aplicaciones más allá de eso. Por ejemplo, hemos descubierto que también podríamos reconocer la penetración anal”.

Este artículo se publicó originalmente en VICE US.

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