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Italia

¿Por qué se vuelven locos por Facebook los jóvenes camorristas?

El fin de semana pasado dos jóvenes camorristas fueron abatidos en Nápoles. VICE News disecciona en este artículo sus perfiles póstumos de Facebook con la ayuda del experto en organizaciones mafiosas Marcello Ravveduto.
11.8.16
[Via Facebook]
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Es la tarde del 3 de agostoy acaba de celebrarse una cumbre de capos de la camorra para decidir el equilibro de la zona de Nocelle, en Nápoles. Ciro Marfè, de 25 años, y Salvatore Esposito, de 32, abandonan la reunión acompañados por Pasquale Amodio.

Marfè y Esposito viajan en su ciclomotor. Amodio les sigue en su motocicleta. Se desplazan a través de las estrechas calles del sur, unas calles de las que Esposito se ha convertido en el jefe indiscutible tras arrebatarle el tráfico del hachís a la todopoderosa familia Lepre.

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Unos asesinos a sueldo les esperan en la intersección que les separa de la rampa por la que se sube a Nocelle. Los sicarios se han apostado en la zona del trazado en la que se obliga a los conductores a reducir la marcha. Los cómplices de los asesinos se encargan de sellar las salida de los vehículos de las víctimas de la improvisada ratonera urbana.

Así que Marfè y Esposito se quedan sin salida. Las balas les acribillan antes de que tengan tiempo de reaccionar. Amodio, sin embargo, salva su pellejo milagrosamente porque uno de sus amigos logra detener a una ambulancia en código rojo que pasa por la zona, amenazar a su conductor a punta de pistola para que el resto de heridos sean trasladados hasta un hospital.

Se trata del enésimo ajuste de cuentas entre los capos de la Camorra, los jóvenes que quieren jubilarles — una guerra en la que la mayoría o bien muere asesinada o bien termina con sus huesos en prisión—, y el resto de familias del centro, que luchan por hacerse con el control de los barrios del Decumani, Forcella, Sanità y Cavone, que conforman el suculento pastel del centro de Nápoles.

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Unos pocos días después del asesinato, el centro de la ciudad del sur de Italia es sacudido de nuevo por el sonido de los disparos. Sucedió a las once la noche del pasado domingo en el barrio de Decumani. Allí el ajetreo de los turistas, que recorren el barrio fue interrumpido por una ráfaga de disparos.

Todo apunta a disparos lanzados al aire por los amigos de las víctimas de la encerrona, quienes han querido hacerles saber a los miembros del clan rival que saben bien quienes son los que están detrás del doble asesinato.

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Se trata de manifestaciones flagrantes, de demostraciones impunes de poder; una manera napolitana de anunciar que el centro de la ciudad está tomado por las organizaciones criminales de siempre.

Lo cierto es que Ciro Marfè parecía llamado a convertirse en un gran capo de la camorra. Su imparable ascenso así lo delataba. Era uno de los protegidos de los máximos responsables del clan de los Sequino, y un tipo bien conocido en el barrio de Sanità. Y era también uno de los pocos camorristas que se desenvolvía con facilidad en las redes sociales, donde buscaba reafirmar el reconocimiento y la supremacía que se había ganado en las calles.

"Su manera de dirigirse a su público en las redes sociales era siempre la misma: lo primero que hacía era llevar su chaqueta de una manera determinada y de una marca concreta. De tal manera, facilitaba que le identificaran. Especialmente después de publicar sus consignas a través de Facebook", explica a VICE News el profesor de la de Salerno, Marcello Ravveduto, autor de "Nápoles… Serenata calibre 9. Historia e imágenes de la Camorra, entre el guión cinematográfico y los neomelodici [estilo musical]" y miembro del Comité Científico de la Biblioteca digital de la Camorra.

"Se trata de detalles que le permitían distinguirse, que le ayudaban a crear un personaje con una serie de rasgos singulares con los que trataba de captar la atención y fascinar al personal. Como sucede con los narcos, los camorristas tienen una auténtica estrategia comunicativa que se va modulando y perfilando a golpe de likes y de los comentarios de sus seguidores en las redes sociales", explica Ravvenuto

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Basta con echar una ojeada al perfil de Ciro Marfè para reconstruir tanto los elementos lingüísticos más característicos de su dicurso, como las necesidades comunicativas de la nueva generación de camorristas.

Lo primero que descubre el perfil de Facebook de Marfè es la leyenda que reza: Nato per combattere (Nacido para luchar). A su lado se ven dos manos unidas, que simbolizan "el saludo del legionario".

En la siguiente imagen, pueden verse el tatuajes de Marfè en el que se lee la palabra LOVE junto a un arsenal de armas distintas: una granada, una ametralladora, una pistola y una navaja.

Entre los ídolos del joven delincuente destacan los "soldados" del terrorismo islámico.

A Marfè también le gustaba colgar leyendas proclamadas por Benito Mussolini. Con ellas daba habitualmente las buenas noches a sus fieles.

El vínculo entre el extremismo islámico y la extrema derecha es muy recurrente y tiene un significado preciso, tal y como explica Ravveduto: "ambos apelan a una forma de actuar totalitaria y fundamentalista, una manera de proceder que les emparenta inevitablemente con organizaciones yihadistas como Estado Islámico.

En este sentido, los únicos referentes continentales que han desplegado unos niveles de violencia ciega y nihilista son Hitler y Mussolini (por no hablar de Franco) y por eso se convierten en modelos perfectos.

El discurso público del camorrista toma como referente a estos políticos convertidos en dictadores que han destruido el estado para levantar en su lugar otro sistema. Algo que casa con una de las leyendas más emblemáticas de la mafia: "el sistema no es lo mismo que el estado".

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"En el fondo ellos son la herencia de totalitarismo y del fundamentalismo. Por eso, idealizan las reglas por las que se rige la Camorra, reglas absolutas que conforman su mensaje. Estas actúan, a ala vez, como un mecanismo psicológico", explica el maestro.

Uno de los personajes más interesantes entre los contactos online de Ciro es Silvestre "Silvio" Pellecchia. Este aparece mencionado en algunas de las comunicaciones intervenidas como uno de los individuos que impulsaron el llamado clan de los Barbudos en el barrio de Sanità, una delegación del crimen organizado napolitano. "Silvio" intervino entonces como emisario del clan de los Sequino.

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El caso de Silvestro es muy ilustrativo. Sus mensajes en las redes sociales se basan en su admiración por Mussolini y Hitler y van acompañados de un despliegue propagandístico muy folclórico que vincula a los criminales con estos nefastos dirigentes de la extrema derecha.

"La necesidad de reivindicar el integrismo tiene raíces complejas, aunque su mensaje es directo y concreto. Se trata de una narrativa contemporánea falaz, de una retórica que reconstruye la historia del Norte y del Sur a partir de la explotación política y económica de los norteños. La idea no es otra que denunciar al totalitarismo del estado, de culpabilizarlo por las desgracias locales", precisa Ravveduto.

Para este experto, "es evidente que las acusaciones nacen de un malestar social real, que cada vez más se expresa de manera radical y extrema, y que se identifica plenamente con la región, en este caso con el sur, y con Nápoles. A partir de ahí, la identidad social asume una nueva dimensión de identidad étnica. Se apela al orgullo local para convertir la proverbial debilidad del sur en fortaleza".

Los mensajes de los perfiles de Pellechia y de Marfè están imbuidos siempre de ese tono nacionalista y disconforme, cuyo objetivo no es otro que comunicar cuál es su estilo de vida y cuales son los principios que lo han inspirado.

Otra de las maneras de apelar a la identidad regional consiste en reivindicar a los líderes de zonas como Sanità, como es el caso de Gennaro Cesarano, quien fue asesinado por error durante una operación desplegada con el objetivo de interceptar a otros objetivos.

Entre estas personalidades a las que se invoca de manera igualmente romántica e idealizada, se contaría también Pasquale Pica, que fue arrestado poco después del homicidio de Gennaro, oficialmente por el robo de relojes de lujo de la marca Rolex, aunque el caso es más complejo.

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Pica, amigo cercano de Marfè, fue detenido después de que se produjera un apuñalamiento en el estadio de San Paolo, el campo de fútbol del Nápoles y se considera que este episodio fue el desencadenante de la actual oleada de violencia.

Aunque en su caso la imagen de Gennaro simboliza un vínculo con el territorio, un vínculo que también arrastra sentimientos encontrados, como la culpa y la responsabilidad.

Otro de los contactos interesantes de Ciro Marfè es Salvatore Sequino Pellechia, un amigo de Ciro que aparece repetidamente en imágenes junto a él. La familia Sequino es una de las principales familias de la Camorra de Sanità. Y de lo que no cabe ya ninguna duda es de los vínculos de Marfè con esta familia.

Aquí, Sequino apela a imágenes de Estado Islámico:

Esta imagen crea un escenario imaginario, como si rindiera tributo a una suerte de santuario marco.

Según Ravveduto la intención de muchos de sus post es incuestionable: mostrarse poderosos y desafiantes, probablemente inspirar temor, puesto que los mismos camorristas viven con el miedo constante a ser traicionados.

"Alardear y exhibirse son formas de defenderse y de protegerse, maneras en las que buscan reforzar sus propia ideología y, por extensión, disminuir el riesgo de ser traicionados. Se trata siempre de apelar a elementos imaginarios para seguir inspirando el terror", asegura este experto.

Y lo cierto es que el miedo y el terror están muy presentes en sus perfiles. Y no solo eso, los camorristas también necesitan mostrar emociones más humanas y solidarias. Y eso es lo que hacen cuando alguno de ellos es encarcelado o es asesinado.

Entre los comentarios que se pueden encontrar en el perfil de Marfè, muchos hablan de que el cuerpo de Ciro sigue vive entre ellos, y que la muerte no será suficiente para separarles de su ídolo caído.

A fin de cuentas, necesitan reivindicar un sistema de valores que sea consecuente con su causa: y Marfè ha muerto, justamente, por esa causa.

"Desde su punto de vista es más importante haber vivido solo 25 años, como Marfè y haber vivido bien, paseándose por todas partes con la cartera llena euros. Ellos creen que tales rasgos simbolizan una vida vivida plenamente", concluye Ravveduto. "La muerte no es el final de nada, es una constante, un ingrediente necesario para restaurar la fe. Y ellos saben que han elegido una vida en la que terminar asesinado o en la cárcel es lo más probable".

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