Steph Curry

Los 'haters' van a por Curry después de su derrota

Steph Curry había llegado a ser una superestrella sin experimentar la parte más dura del camino: las derrotas. Ahora, el jugador vivirá por fin el lado más oscuro de la fama.
21.6.16

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El camino de Stephen Curry a la cima de la fama se parece más a un paseo pausado que a un ascenso épico contra la naturaleza. Steph comenzó como una curiosidad, saltando y anotando triples en Davison College; cuando los problemas de tobillo consumieron sus primeros años en NBA, los fans no esperaban gran cosa de él, de modo que sentían más lástima que frustración por ese base larguirucho —para comprobar un ejemplo del efecto contrario, ver el caso de Derrick Rose—.

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Una vez las lesiones de Curry sanaron —conociendo todos los inventos que ha hecho Steph sobre la pista, nada parece más sorprendente que la forma en la que el jugador fue capaz de proteger sus tobillos—, su fortuna y la de su equipo cambiaron radicalmente.

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Con buena salud, Curry se convirtió en el centro de un equipo divertido pero con severos problemas que alcanzó la primera ronda de los play-offs; después, llegó a ser el gran líder de un conjunto campeón; finalmente, fue el MVP unánime de la franquicia con mejores números de toda la historia en la temporada regular.

Curry alcanzó una fama enorme: filmó anuncios con Barack Obama y lanzó tiros desde su casa durante los entrenamientos. Incluso tuvo sus propios emoticonos. Evidentemente hubo discrepancias, pero en general la percepción de Curry entre fans y analistas oscilaba entre el respeto y la completa adoración. Eso sí que no tiene precedentes.

Durante las últimas semanas, sin embargo, Steph ha recibido una valiosa lección sobre cómo todo esto puede desaparecer en un segundo. Seguramente el primer paso fue la presentación de sus nuevas zapatillas deportivas, las Curry Two Low Chef, que desataron una tormenta de bromas en Internet; la cantidad y crueldad de las críticas sugirió una creciente inquina hacia la pureza de Curry dentro y fuera de la pista.

Curry estuvo brillante en los tres últimos partidos frente a los Oklahoma City Thunder. Foto de Cary Edmonson, Reuters

Posteriormente, Steph tuvo un par de actuaciones más bien reguleras en las Finales; Curry no pudo alcanzar los 20 puntos en los primeros dos partidos y mucha gente le acusó de ser una mentira. ¿Qué pasaría si los Warriors se hicieran con el título pero Steph no fuese el MVP? ¿Será que a lo mejor no era el auténtico líder del equipo?

En el sexto partido, Curry jugó mal, cometió muchas faltas y encima tiró su protector bucal al público; en el séptimo, Steph anotó 17 puntos, dio solo dos asistencias y perdió cuatro balones. Fue un final difícil, pero adecuado para este último paso en su evolución: Curry había pasado las dos últimas temporadas ascendiendo felizmente hacia el estrellato, disfrutando los beneficios sin enfrentarse a las dudas tan insistentes como injustas que habían plagado las carreras de, por ejemplo, LeBron James o Kevin Durant.

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Algo ha salido mal, sin embargo, en la impoluta trayectoria de Curry. Por primera vez en su carrera, las Finales de 2016 marcan una expectativa no cumplida. Curry no volverá a ser el intocable que fue: nadie se queda en la cima por siempre… así que Steph tendrá que reinventarse de nuevo.

Steph Curry le dio 22,6 puntos por partido a los Warriors en las Finales de NBA. Foto de Bob Donnan, USA TODAY Sports

Una desventaja, si podemos llamarlo así, es la naturaleza del ascenso gradual de Curry: su camino tranquilo puede sugerir que su éxito debe ser permanente y total. Hasta ahora, cada capítulo le había llevado al siguiente de una forma fina, sin sobresaltos; las piezas de su juego encajaban tan bien que cualquier desliz parecía una falta de carácter.

Hemos visto a Curry arrasar con el resto de la NBA en dos temporadas, manteniéndose lejos de los problemas; entonces nos parecía difícil de creer que un breve bache en su juego representaría un golpe durísimo a su figura. En estas situaciones tan repentinas, los fans solo sabemos hacer una cosa: juzgar. Si un crack falla, le tachamos de fraude. Es una especie de ley no escrita entre los aficionados.

No importa si Curry había brillado durante los play-offs; sí, Klay Thompson estuvo maravilloso en la remontada frente a los Oklahoma City Thunder —su partido de 41 puntos y 11 triples fue una obra maestra, sin más—, pero Steph anotó 31, 31 y 36 puntos en los últimos tres encuentros y dirigió a su equipo a una racha de juego tremenda.

En las Finales, a pesar de sus problemas para tirar a canasta, Curry siguió siendo un bastión para su equipo: su defensa y su trabajo en equipo probablemente habrían recibido una catarata de halagos si Golden State se hubiese llevado el anillo. Incluso en el sexto partido, a pesar de las faltas y de la expulsión, Curry perseveró y terminó dando 30 puntos a los Warriors.

Durante varias partes de las Finales, Curry fue superado por Kyrie Irving. Foto por Cary Edmondson-USA TODAY Sports

El problema de Curry en las Finales es que sus apariciones mágicas se intercalaron con periodos de desaparición completa. Es difícil decir qué porcentaje de esta mediocridad corresponde al demérito de Curry y qué porcentaje al mérito de los Cavaliers; el equipo de Cleveland hizo cambios defensivos, dio ayudas y estuvo intenso en todo momento, pero Steph había lidiado con defensas así durante todo el año y las había borrado del mapa. ¿Por qué ahora ya no?

Cuando James se equivoca sobre la pista, todos te indican lo que debía haber hecho; LeBron tiene tanto talento que cuando da un pase malo le criticamos no haber tirado y cuando tira le echamos en cara no haber penetrado a canasta. Con Curry, esto cambia radicalmente: ¿qué puede decirse de él, más allá de que su juego es milagroso? El enfoque de Curry invierte la lógica del deporte: cuando las cosas le salen mal no tenemos solución para él. Solo podemos esperar que vuelva a jugar como antes y ya está.

Durante gran parte de las Finales, Curry no pudo ser él mismo, de modo que ahora aparentemente le toca aguantar críticas de todo tipo y juicios a mansalva. La lección más repetida, como decíamos antes, es lo difícil que resulta en realidad ser una estrella, como si él mismo no lo fuera y lo supiera. Durante los próximos meses, mientras James disfrute de la tranquilidad más prolongada de su carrera, el juego de Curry será sometido a análisis pormenorizados y criticado hasta la saciedad.

Como decíamos antes, estas discusiones son duras, tontas, reaccionarias y casi completamente incorrectas, pero también son inevitables. James lo sabe: ha pasado la mayor parte de su vida escuchando a desconocidos diciéndole que debería ser mejor en las cosas que hace mejor que nadie.

El éxito de LeBron implica que los criticones profesionales pasarán a necesitar otro blanco… y por suerte allí está Steph Curry, listo para interpretar la única parte del papel de superestrella que aún no había conocido: la del perdedor.

El autor critica solo lo justo y necesario en Twitter: @robertfoconnell