FYI.

This story is over 5 years old.

Por qué comes más cuando estás triste o estresado

Si sueles comer más cuando enfrentas emociones fuertes, eres un 'comedor emocional' y tus padres tienen la culpa de eso. Aquí la razón.
18.4.16
Photo via Flickr user Kevin McShane

Si tu mamá te daba un pedazo de chocolate cada vez que te comías todos tus vegetales, como recompensa, es seguro que en tu adultez tengas el mismo tipo de comportamiento de compensación.

Un estudio reveló por qué solemos amortiguar nuestras emociones fuertes con comida —o sea, por qué comemos más cuando estamos tristes, estresados o incluso enojados—. Un grupo de investigadores de la Universidad de Aston, Loughborough y Birmingham en Inglaterra, realizaron un estudio en niños de 3 a 5 años de edad para analizar sus hábitos alimenticios, sobre todo los que incluyen la comida como premio por parte de sus padres. En la segunda parte del estudio pusieron a niños de siete a 12 años ante situaciones de estrés y observaron sus reacciones. Los niños que fueron educados con la idea de "la comida como premio" se llenaron con comidas grasosas y dulces. La conclusión es que, si tus padres te daban dulces como recompensa cuando eras joven, es seguro que de adulto seas propenso a comer más cuando pasas por emociones fuertes.

LEER MÁS: Por qué comer moras azules ayuda a combatir la depresión

Esto es problemático, particularmente por el hecho de que la obesidad infantil se ha duplicado en los niños y cuadriplicado en adolescentes en los últimos 30 años, de acuerdo a la CDC. De hecho, actualmente hay más gente gorda que delgada en el mundo.

Photo via Flickr user megaul

Foto de megaul.

"La evidencia muestra que llevando a cabo este tipo de comportamientos le estamos enseñando a nuestros hijos a usar la comida para suplir diferentes sentimientos. Los estamos convirtiendo en comedores emocionales, todo de forma no intencional", mencionó la líder de la investigación Claire Fellow de la Universidad de Aston.

Otro estudio publicado el año pasado en el Journal of Experimental Psychology encontró que la mejor recompensa es un juguete. Martín Reimann y su equipo en la Universidad de Arizona encontraron que la promesa de un juguete o algo que no sea comida podría hacer que los niños coman porciones más pequeñas. En su investigación le ofrecieron a los niños dos opciones: la primera era un sándwich completo y la segunda era un medio sándwich y unos audífonos; el 78 por ciento de los niños eligió la segunda opción. Él lo llama el "efecto comida feliz"; sobre todo porque se podría reemplazar al sándwich con otra comida menos saludable y los niños de cualquier modo elegirían la opción con menos comida y el juguete.

Bueno, ya sabemos cómo no educar a nuestros hijos, pero ¿qué hacemos nosotros que somos adultos convertidos por nuestros padres en comedores emocionales? No lo sabemos. Qué estrés. Vamos por algo para comer.