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Cultură

Más que la hija de David: una entrevista con Jennifer Lynch

Directora y guionista, Jennifer Lynch recuerda con nosotros más de dos décadas de su búsqueda de la creatividad… y la cantidad de palos que ha recibido.
4.10.12

A los 17 años, ya le debía la vida a una mujer – Jennifer Lynch. La primogénita de David Lynch publicó The Secret Diary of Laura Palmer, una novela conectada con la serie de su padre Twin Peaks, una novela tórrida sobre la vida de la chica muerta más famosa de la televisión y que ocupaba una posición honorífica debajo de mi colchón. Un año o dos más tarde, justo cuando estaba experimentando la agonía de mi primera ruptura, vi su película debut, Boxing Helena, la cual causó una impresión imborrable en un jovencillo a quien se le había prohibido ver la MTV durante toda su vida. Una combinación mortífera de cero autoestima e incomodidad social crónica hicieron que me identificara un poco demasiado con el antagonista de la película – un cirujano blandengue que anhela tanto poseer a la mujer a la que ama que le corta los brazos y las piernas y la sube a un pedestal en forma de caja. Nunca creí que viviría para ver mi propio auto-odio reflejado en el tío de Warlock (Julian Sands), pero Boxing Helena se convirtió en algo así como una obsesión para mí, y la alquilaba casi cada semana. Incluso escribí una reseña de la película para mi periódico local, lo que condujo a que un editor me llamase para preguntarme si de verdad creía que esa película era ROMÁNTICA. Pero mientras yo trataba de exorcizar mi tormento interior, a Jennifer Lynch la estaban atormentando otros. Los medios se regocijaban hablando sobre el famoso juicio que ensombreció la película (supuestamente, Kim Basinger se echó atrás después de haber accedido a protagonizar la película y fue demandada por los productores por casi 10 millones de dólares), y que hizo que las masas tachasen a Lynch de ser una misógina que sólo había podido hacer la película porque tenía un papi famoso. Después del fracaso de Boxing Helena, Lynch desapareció del radar hollywoodiense hasta 2007, año en que estrenó un thriller llamado Surveillance, que recibió buenas críticas e incluso algunos premios. Actualmente trabaja en proyectos para la televisión, donde su trabajo es apreciado de nuevo. Su libro The Secret Diary of Laura Palmer ha sido reeditado y en estos momentos está planeando una nueva película con Tim Roth y Vincent D’Onofrio titulada A Fall From Grace. Después de algunos intentos fallidos, VICE finalmente consiguió hablar con Jen (como la llaman sus amigos) por teléfono en Toronto, donde estaba dirigiendo un episodio de Warehouse 13, para que nos explicase algunas historias sobre su tumultuosa carrera y cómo fue pasar su infancia en el plató de Eraserhead… y que te regañe el mismísimo David Lynch.

VICE: ¿Qué es lo más antiguo que recuerdas de tu infancia?
Jennifer Lynch: Recuerdo estar en una habitación enorme, en una cuna. A decir verdad, no sé si era una cuna, pero yo estaba llorando y había una mujer que parecía estar lejísimos de mí y que estaba pintando. Mis padres dicen que sería mi niñera o algo así, y que seguramente ellos habrían salido aquella noche. La habitación era enorme y estaba cubierta de lienzos. Cuando eras niña tu padre estaba ocupado rodando Eraserhead. ¿Qué recuerdos tienes de cuando estabas en el rodaje?
Bueno, esos momentos fueron algunos de los que más cosas me aportaron en toda mi vida. Por eso me siento tan a gusto en un plató. Es donde me encuentro más feliz. Recuerdo a Jack (Nance), a Catherine (Coulson) y a mi padre y mi madre, y también recuerdo cables y cámaras y sombras y voces. Aún no soy capaz de dormir en silencio. Gente hablando, gente repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Me acuerdo muy vagamente de cuando grabamos la escena en la que aparezco –buscando unos céntimos entre la suciedad– que al final no se añadió, pero aún así salí en los créditos. Tampoco logré aparecer en Terciopelo Azul, pero ahí ya ni siquiera salí en los créditos.

Bueno, en IMDB tu nombre aparece en “miscellaneous crew”.

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Ja. Qué bueno. Supongo que no pude conseguir el “título” de ayudante de producción. Para que luego hablen del favoritismo, ¿eh?

A finales de los 90 hiciste una entrevista en televisión en la que describes cómo jugabas con Spike, que es el apodo del muñeco de Eraserhead. ¿Cómo jugabas con Spike? Porque imagino que era un objeto frágil y vital para el rodaje.

Catherine Coulson cuenta que yo le pregunté a mi padre si podía jugar con Spike y él respondió que sí pero que no lo podía tocar. Así que hablaba con Spike y lo miraba. Me fascinaba. Me sentía muy cercana a él, pero nunca lo toqué.

No te pediré que reveles el secreto… pero ¿sabes cómo se hizo Spike?

Sí. Si lo sé, pero nunca lo contaré. Mi hija se muere de rabia porque nunca se lo cuento.

Tenías 6 años cuando tus padres se divorciaron. ¿Eso te supuso un gran trauma?
No creo que a ningún niño le siente bien que sus padres se divorcien, incluso si la situación en su casa es un desastre. Lo de mi casa no era para tanto, simplemente estaba claro que cada uno tenía planes muy distintos. Creo que mi mayor miedo era que no vería suficiente a mi padre, pero él se aseguró de que eso nunca pasase. Pero ese era el miedo de niñita que tenía: “¿Y si no le veo nunca? Es lo primero que me viene a la cabeza cuando recuerdo aquellos tiempos. ¿David era muy estricto? Cuando te portabas mal, ¿qué tipo de castigo te mandaba?
Una vez me dio un azote, pero solo pasó una vez y siempre se ha arrepentido mucho. Parece ser que no me lo merecía. La única vez que recuerdo que me chillase fue cuando tenía seis o siete años. Me pilló leyendo Helter Skelter, se arrodilló ante mí y dijo “En el mundo hay oscuridad y hay luz, pero también existe el diablo”. Y cogió el libro, lo tiró y dijo “¡Esto es el diablo!”. Yo estaba obsesionada con Vincent Bugliosi. Pensaba que era un abogado fantástico. Ese libro me fascinaba. Pero eso es todo lo que recuerdo en cuanto a sus castigos o enfados. No era muy estricto. Yo no era la típica niña que tenía toque de queda. Mi juventud no fue así. Cuando acabábamos de hacer lo que estuviésemos haciendo, si estábamos cansados entonces era hora de irse a dormir. ¿Cómo te rebelabas cuando eras adolescente? ¿Había algo contra lo que rebelarse?
En realidad, no me rebelé hasta los 20 o así. Fui una niña bastante buena. Todos los niños intentan ser buenos, pero yo simplemente no tenía nada contra lo que luchar. Fui bastante modosita y sacaba buenas notas. Me entretenía tratando de encontrar mi “propia voz”. Mi madre es una escritora y pintora excelente, mi padre un director de cine genial, y yo, ¿qué podía hacer contra todo eso? Así que no intenté seguir ese camino. Cometí algunos errores, por supuesto. Creo que una vez me metí en problemas en el colegio, y mi padre quedó fascinado de una forma bastante extraña. Me pillaron metida en una cabaña con otras dos chicas y un chico, desnuda. Nos pilló el pastor. No es así como una desearía encontrarse con el pastor del colegio. Y David me preguntó “¿Pero qué estabas haciendo ahí, Jen?” A mi madre le tocó educarme (y sufrirme), pero incluso si le preguntas a ella, te dirá que no le causaba ningún problema. Tienes hermanastros y una hermanastra que acaba de nacer. ¿Cómo te llevas con ellos?
Genial. Aún no he conocido a Lula (la hija recién nacida de David Lynch con su mujer Emily Stofle) porque nació mientras yo estaba en Europa, pero le estuve hablando a la barriga de Emily durante todo el embarazo, así que ya sabe como es mi voz. Tengo muy buena relación con Austin y Riley. Somos todos hermanos y hermanas. Siempre quise tener una gran familia y ahora hasta sigue aumentando. Creo que es fascinante que mi hija vaya a cumplir 17 años y tenga una tía a la que puede coger en brazos.

Empezaste a escribir el guión de Boxing Helena cuando eras adolescente. Explícame cómo se te ocurrió.
Yo leía poesía en un sitio llamado Helena’s Out, en Los Ángeles. Una noche, tras acabar mi lectura, se me acercó un hombre llamado Philippe Caland, que más tarde fue uno de los productores, y me dijo que estaba interesado en que una mujer escribiese un guion para una historia que había escrito. Se llamaba Boxing Helena, y trataba sobre un tío que le cortaba las extremidades a una mujer y la metía en una caja porque la amaba. Y yo le dije que sonaba terrible. Me contestó que no lo entendía, así que me lo explicó y lo hablamos y resultó que Philippe era un hombre adorable, aunque la idea seguía sin gustarme mucho. Le pregunté si podía moldearla la idea un poco según mis experiencias. Yo nací con un caso de pies equinovaros, así que cuando nací me pusieron una escayola. Nunca gateé debido a las varas que tenía en las piernas, y mi abuela tenía una réplica de la Venus de Milo en su comedor. A mí siempre me sentaban al lado de la estatua. Siempre me sorprendió la forma en que todo el mundo miraba a la Venus de Milo. No la veían como una estatua rota, sino como algo realmente bonito. Y eso me impactó. Yo pensaba que yo misma estaba rota y que quizás algún día alguien pensaría que también era preciosa. Así que la idea era que un chico con problemas y que tenía una clara obsesión intentase recrear desde su punto de vista, como algo que no tenía brazos ni piernas, la única cosa que no le hizo daño o le abandonó. Se trataba de recrear esa obsesión que todos tenemos por moldear a la otra persona hasta que tiene la “forma” que nosotros esperamos para poder estar con nosotros. La idea de la historia es exactamente esto. Con el permiso de Philippe pude transformar su historia.   La intención nunca fue hacer una película de terror y tampoco creo que sea así como se concibe. Por Dios, escribí un cuento de hadas y ya antes de acabarlo los abogados empezaron a decir que trataba de “amputaciones” y “terror”. La pobre peliculilla nunca gozó de la oportunidad de ser comprendida. Pensaba que sólo la verían cinco personas y que a tres de ellas les gustaría. Cuando la escribí nunca pretendí dirigirla. Nunca había cogido una cámara y la idea de que yo la dirigiese me pareció algo bastante gordo, pero todo el mundo me decía que como yo la había escrito, nadie podría dirigirla mejor. Pero no me siento muy bien con respecto a eso. Es muy difícil conseguir una buena crítica, o una mala crítica, es muy difícil satisfacer todas las expectativas. Pero me gustaría decir públicamente que gané un Raspberry Award (como peor directora) por esa película y que nunca me lo dieron. Y estoy cabreada, quiero mi puto premio. Boxing Helena quedó completamente “anulada” por el juicio. Veinte años después, ¿cómo te sientes sobre lo que hizo Kim Basinger?
Bueno, no siento rencor hacia Kim. Para nada. Y tampoco entonces. Me decepcionó que se dejase aconsejar por un abogado nuevo que llegó después de hacer el trato. Fue ese tío el que no quiso darme la mano al saludarme sino que me dio unas palmaditas en la cabeza y me dijo que Kim nunca protagonizaría mi película. A nosotras no se nos permitía hablar. Ella sintió que por alguna razón no debía embarcarse en este proyecto y, de hecho, el proyecto era tan pequeño y poco importante que ella pudo marcharse sin dificultad. Creo que es una actriz inteligente y con mucho talento, a quien, como a muchas otras personas, se puede influenciar para que tome decisiones que no son siempre las más humanas o las más correctas, simplemente por el negocio en el que se mueve. No me disgustó en aquel momento y no me disgusta ahora. Fue un incidente desafortunado que se hizo más grande de lo que debía porque el productor, Carl Mazzocone, era el tipo de hombre que era: simplemente no pudo callarse y tragárselo. Así que le doy las gracias a él y a los abogados que nos ayudaron. Ganó el caso, unos 9,2 millones de dólares, pero nunca vimos ni un duro porque él se quedó todo el dinero. Fue una experiencia de la que aprendimos cosas. Una cosa que hoy en día sigo sin entender es por qué te acusaron de misógina.
Sí, recuerdo que uno de los titulares decía que no merecía amor. Déjame que te diga que esa fue una muy buena razón para desaparecer del negocio durante un tiempo. Fue devastador. Mi mayor miedo siempre había sido que yo no mereciera ser amada porque estaba rota y era demasiado fea. Según mi punto de vista, en la película la mujer siempre tiene el control de la situación, es un puto sueño, es un cuento de hadas, él es un príncipe y ella la típica Blancanieves que siempre le da dolor de cabeza. Pero ambos están “heridos”. Simplemente no pude entender por qué la gente no podía verlo como un estudio de los personajes. ¿Por qué estúpida razón escribiría una chica de 19 años una historia misógina y pornográfica? No tenía sentido. Todo el mundo se metía con la película, y creo que si no la hubiese dirigido la hija de David Lynch nadie habría dicho ni una palabra. Sherilyn (Fenn), Julian (Sands), Bill (Paxton), Art (Garfunkel) y Kurtwood (Smith) se portaron muy bien mientras rodábamos la película. Fueron muy valientes. Cada vez que Julian se comportaba de forma demasiado masculina tenía que decirle que aflojase un poco, ¡pobrecillo! Y Sherilyn a veces tenía que ser extremadamente humana y otras veces perder toda humanidad. No puedo agradecérselo lo suficiente y me siento muy bien cada vez que alguien reconoce que en aquel momento la película no fue bien recibida pero que ahora le encanta y la tiene en casa. Yo sólo quería que la película se viese por lo que era, no que fuese odiada por lo que no era. No me importa fracasar en algo en lo que me he esforzado. Lo que no quiero es fracasar por algo que no he hecho.

También escribiste el best seller The Secret Diary of Laura Palmer. ¿Fue difícil meterse en la cabeza de Laura Palmer?
Para nada. Su cabeza es diferente a la mía pero a la vez muy similar. Creo que lo que le gustaba a la gente sobre Laura era que perfectamente podía ser cualquiera de nosotros. Todos los hombres querían estar con ella, y también las mujeres, y ambos le tenían miedo o tenían miedo de nunca poder llegar a ser como ella. Cuando tenía unos 12 años estaba en el coche con mi padre y me preguntó qué estaba pensando. Le contesté que quería encontrar el diario de otra chica y llevármelo a casa y leerlo para ver si ella tenía miedo de las mismas cosas que yo, si le gustaban las mismas cosas que a mí o si yo era la rara y diferente. Quería saber qué eran todos aquellos sentimientos secretos que sentía, o si era solo una exageración mía. Cuando David estaba rodando Twin Peaks, me escribió y me preguntó que si me acordaba de lo de leer el diario de otra niña y yo le dije que sí, y entonces me propuso escribir el diario de Laura. Por supuesto, le dije que sí. La adolescencia es un período terrible y pensé que si había algo que pudiese hacer para curar las heridas de esa parte de mi vida era escribir ese diario. Laura me proporcionó la oportunidad perfecta, puesto que ella era muy americana y aún así le pasaron esas cosas tan terribles. Escribirlo me ayudó mucho y lo pasé muy bien. Mientras escribías el libro, ¿recurriste a alguna de tus experiencias sexuales de la adolescencia?
Hay dos momentos concretos que me pasaron a mí. Uno de ellos nunca se lo contaré a nadie, pero el que no es sexual es el sueño que ella tiene sobre comerse su propio pie para que no se lo coma una rata. Eso fue un sueño que tuve. Recurrí a mis propias experiencias sexuales, aspiraciones y miedos porque ella no podía (ni debía) reflejarme a mí únicamente, si no a todas las chicas. Una de las cosas que me dijeron en Simon & Schuster fue que recibí más cartas de admiradoras de 13 años y de reclusos de lo que allí habían visto jamás. Una vez leí que algunas tiendas de libros no lo vendían porque era demasiado obsceno.
Sí, lo prohibieron en algunas librerías. Por aquel entonces yo estaba mirando un documental sobre todos esos críos que acusaron a profesores y psicólogos de abuso sexual satánico. Una de las profesoras que se había inventado toda esta historia le dio a un niño una copia del libro y le convenció de que las cosas que se contaban en el libro le estaban pasando a ella de verdad. He ahí un ejemplo de hacer un mal uso de las cosas. Una amiga me dijo que le había encantado mi libro y que lo había leído con una sola mano. Eso es un cumplido y no menosprecia el trabajo. Todos sentimos deseos sexuales (algunos más oscuros, otros no tanto) y cuanto antes lo reconozcamos y nos protejamos, mejor. Después del estreno del libro y de Boxing Helena desapareciste hasta 2007. ¿Dónde estuviste durante esos años? Sé que tuviste una hija y un accidente de coche casi mortal.
Bueno, el accidente fue cuando tenía 19 años y todavía estaba escribiendo Boxing Helena. Pero el embarazo sí. Desde el accidente sentía muchos dolores, así que empecé a medicarme (demasiado) con marihuana. Me sometí a tres operaciones en la columna y estuve en cama muchos meses. Sabía que iba a ser madre soltera y también que había invitado a una niñita al mundo y era mi responsabilidad cuidar de ella. La gente suele querer hacer todas las cosas que cree que sus padres nunca hicieron; yo no fui diferente y me convertí en una madre muy atenta. Cuando ella fue más mayorcita y yo ya no me hundía si alguien decía que no merecía ser amada, volví a rodar películas. Cuando estuve en cama supe que, aunque nunca volviese a caminar, tenía que seguir contando historias. Y eso hice. ¿Cómo te mantuviste durante esos años?
Hice un montón de pequeños trabajos. Y cuando lo necesitaba mi familia me ayudaba. Trabajé limpiando casas, en Top Ramen, y escribiendo cosillas aquí y allá. Tuve cuidado de pasar tan desapercibida como pude. El juicio de Boxing Helena tuvo sus repercusiones y me estuvieron llamando misógina también después del diario de Laura Palmer. En lugar de verlo como el diario de una chica maltratada por su padre, me acusaron de haberla convertido en un juguete sexual. Yo no entendía nada. Yo creía que Laura era muy humana, agradable y una heroína. Nunca se sabe lo que la gente va a pensar. No puedo decir que no me importe porque sí me importa, pero he llegado a ese punto en el que ya no busco mi propio nombre en Google y leo todo lo que se dice. Lo que sí he visto es el documental sobre mí, Despite The Gods [un documental que habla sobre el trabajo de Lynch para rodar Hisss]. Siempre y cuando sea sincera conmigo misma y aprendiendo de lo que hago, creo que hago lo correcto. No hago las cosas para joder a nadie. Solo quiero crear un diálogo. Me encantan las películas que dan de qué hablar una vez has terminado de verlas. Y también las que son puro entretenimiento. No intento fastidiar o cabrear a la gente, todo lo contrario de lo que creo que la gente piensa de mí. Se desvía un poco del tema, pero he visto que a veces tu nombre aparece como Jennifer Chambers Lynch. ¿De dónde viene eso de Chambers?
Chambers era el nombre de soltera de mi tatarabuela, y siempre me ha encantado. Aunque no me gusta lo largo que suena. Si dependiese de mí seria Jen Lynch. Se me empezó a conocer como Jennifer Chambers Lynch debido al juicio. Estaban desesperados porque pareciese que soy una persona legítima, pero en realidad sólo es Jennifer Lynch.

Después de tantos años fuera del negocio, ¿cómo surgió la oportunidad de hacer Surveillance?
Es una historia muy larga, pero te haré un resumen. Yo había producido algunos cortometrajes, había estado escribiendo bastante, creado un grupo de escritura con unos amigos, y tenía ganas de volver a la carga. Uno del grupo me pidió que leyese el guion que había escrito y yo le pregunté si quería que lo leyese como amiga o como escritora. Contestó que ambas cosas. El guion trataba sobre unas brujas y tenía un montón de ideas interesantes, pero yo añadí unas cuantas notas que le cabrearon un poco. Me dijo que qué coño haría yo en su lugar con todas las partes en que había añadido notas y dicho que tenía que hacer esto y lo otro. Así que escribí Surveillance. A la gente le gustó el guion, pero no me estaba llevando a ninguna parte. Entonces, una noche, mi padre me llamó y me dijo “¡Eres la mujer más rara que conozco! No puedes acabar la historia así”. Yo le contesté que por supuesto que podía. Pero terminé escribiendo un final alternativo, que también rodé aunque sabía que nunca formaría parte del producto final. Meses después me volvió a llamar y me preguntó qué leches pasaba con mi película. Yo le dije que no sabía si era porque había estado 15 años sin hacer nada o por el tema de la película, pero que la gente se estaba asustando. Me propuso ser productor ejecutivo de la película, porque le gustaba mucho y quería asegurarse de que la íbamos a acabar. Que haríamos el experimento de poner su nombre como productor ejecutivo y a ver qué pasaba. En 24 horas ya tenía ofertas. Fue lo más asqueroso que me ha pasado jamás, aunque también lo más excitante. Ahora hablemos de Hisss. No he visto el documental sobre el making of [Despite the Gods] pero parece que la película fue una pesadilla.
Fue una alegría poder hacerla, pero cuando la estaba editando los productores me dijeron que me tomase el resto de la semana libre, lo hice y los tíos se llevaron la película a India y jamás volví a verlos. Editaron la película, pero dejando mi nombre. No es mi película. Después de trabajar 9 meses para acabarla estaba devastada. Gané un montón de kilos. Esa fue la mayor pérdida que jamás he experimentado. Sherilyn Fenn vio el documental y me dijo que yo no había ido a India para hacer Hisss, sino para hacer Despite the Gods. Eso me hizo sentir un poco mejor. India me encantaba. Volvería sin pensármelo y rodaría ahí otra vez. Fue una experiencia cautivadora, me transformó. Fue una locura. Y las cosas que no aparecen en el documental… ¡Dios mío, no te creerías la de cosas que no se han añadido! La directora, Penny Vozniak, me mostró el documental en [el festival] HotDocs, en Toronto. Es una película importante, porque ella logró lo que todo director debería poder: hacer la película que quería hacer. Me habría gustado poder hacer eso con Hisss. Prefiero fracasar haciendo lo que yo quiero y no con algo que me han arrebatado. Lo llevé dentro de mí durante nueve meses y cuando lo parí, me lo robaron. No tengo nada que ver con la película. No es mi criatura aunque la gente siga diciendo que sí. No puedo permitirme demandarlos para que dejen de usar mi nombre y reclamar todos los DVDs. Lo único que puedo hacer es decir que siento mucho que se volvieran locos y se asustasen e hicieran lo que hicieron. Seguro que a ellos tampoco les sentó bien sentir tanto miedo o tener que engañarme para robarme la película, pero, ¿sabes qué? Si realmente había un problema habría preferido afrontarlo. ¡Dios mío! ¡Tuve que irme a India 9 meses y luego van y me roban la película! Parece que Surveillance te abrió puertas. Ganó algunos premios y tuvo buenas críticas. Hiciste Hisss, Chained, y ahora vas a hacer una nueva con Tim Roth, ¿no?
Sí. Ahora estamos haciendo el cásting. Espero empezar a rodar pronto. Si empezamos en invierno o primavera, eso depende de la disponibilidad de los actores. Me encantaría empezar en otoño, o invierno, porque es una estación que queda muy bien en las películas, pero en Hollywood en invierno no trabaja ni Dios. Pero sí, he tenido mucha suerte en los últimos años. He dirigido tres episodios de Psych y mi primer episodio de Warehouse 13, y espero seguir haciendo más televisión. Me gusta trabajar rápido y la televisión me da eso. Me encantan los retos que presentan las nuevas situaciones y la brevedad de la televisión. Requiere un montón de trabajo en un período de tiempo muy corto. Y necesito el dinero desesperadamente. Nunca he cobrado tanto como para poder sentarme y escoger un proyecto y pensar en él tranquilamente. Siempre voy con prisa. Ya televisión me ayuda dándome dinero suficiente para poder decir, “OK, ahora puedo pagar el alquiler de 3 meses. ¿Qué puedo hacer?” Es un gran regalo. A pesar de ser la hija de David Lynch, ¿te mueres de hambre?
Pues sí. Todavía sueño con que un día no me despertaré a las 3 de la mañana cagada de miedo por no poder ocuparme de mi familia. Hay gente que dice que ganar la lotería te arruina la vida. Joder, ¡pues yo acepto el desafio! Y si tenéis razón ya os lo haré saber. Tengo 44 años y me gustaría tener problemas que no fuesen preocuparme por el dinero. Estoy cansada de eso. Creo que la gente piensa que mi vida no es para nada así, y se sorprende cuando lo ve. Por supuesto que si tengo problemas o he de ir al hospital mi familia me ayudará. No vivo en la calle, joder. Míralo así. Hace cuatro años, cuando pasó el escándalo de Hisss, pensé que nunca tendría un compañero. Quizás mi papel en esta vida sería estar sola, tener un trabajo que me encanta y una familia que me quiere y a la que quiero. Pero entonces recibí un bofetón por parte de la vida cuando encontré al hombre más maravilloso del mundo, con un trabajo estable y una hija que se va haciendo mayor, y todo sigue su curso. Cuanto más mayor te haces, mejor te sientes con tu vida. Sigue haciendo lo que te gusta y todo saldrá bien. Este es el secreto mejor guardado de todos los tiempos: hacerse mayor es lo mejor. Yo me lo estoy pasando en grande. Mejor que en toda mi vida. Si lo estás haciendo bien, todo sale solo. Confía en mí.