Pasé un año retratando desconocidos en México

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Cultură

Pasé un año retratando desconocidos en México

No importaba el lugar o la hora, tenía que tomarle una foto a alguien antes de acostarme a dormir. Un proyecto en el que se retrata un año de vida a través de la caras y la presencia de otros.
11.2.15

Desde el 16 de octubre del 2013 (día de mi cumpleaños) y durante todo un año, me propuse retratar diariamente a un desconocido. No importaba la hora o el lugar, tenía que hacer un retrato antes de irme a la cama. El objetivo era hacer un diario fotográfico que documentara un año de mi vida.

La mayoría de las personas que retraté las descubrí en la calle, en el trabajo, en los mochilazos o en la fiesta. Eran sujetos que llamaban mi atención, ya fuera por su físico, mirada o energía. Burdamente fueron seres que me persuadían por su condición social, tipo de trabajo o apariencia específica. También hubo otros retratos que ya habitaban mi mente, sólo restaba encontrar a alguien que fuera el vehículo para traer esa imagen al mundo.

La dinámica era la siguiente: me acercaba a ella o a él y le pedía que me dejara hacerle un retrato. Cuando preguntaban para qué, les explicaba rápidamente el proyecto. Mientras, de forma apurada, preparaba la cámara, hacía mediciones de luz o cambiaba el lente. En el proceso siempre procuraba platicar con el retratado para conocerlo un poco más y quitar esa envoltura que te impide interactuar con otros miembros de nuestra especie. Si el sujeto accedía, hacía unos disparos con la cámara y miraba la pantalla de lcd para ver el resultado. Seguíamos platicando. Habiendo roto el hielo y generado un ambiente de mayor confianza entre ambos, pasaba de la foto puramente documental a la foto construida.

A pesar de habitar en un país con más de 100 millones de habitantes, no todos me llaman la atención, así como tampoco puedo tener acceso a todos ellos. Sin embargo en la búsqueda de estos seres, también coincidí —en limitadísima cantidad— con otros más tímidos, aunque no menos complejos e interesantes: tuve la fortuna de retratar energías procedentes de elementos básicos como la tierra, el agua, el fuego y el viento. No de una forma literal, sino en un formato más fantástico.

Al ser un proyecto más o menos largo, consideré que podrían surgir ciertas situaciones que quizás me impedirían fotografiar, entre ellas la ausencia de salud, tiempo, dinero, equipo fotográfico o seguridad propia. Incluso pensé en qué pasaría si nadie me dejaba fotografiarlo: si llegaba a pasar algo así, podría recurrir al autorretrato.

¿Quién se conoce a sí mismo al 100%? Creo que nadie. Entonces, se puede decir que aún así continuaba en la línea fotográfica de retratar "desconocidos".

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No le pagué a los sujetos por las fotografías. Aunque hubo gente que me pedía una moneda. A otros me nació invitarles un refresco, un sandwich o una chela. Con otros acordé darles una copia digital o impresa de su retrato. Tampoco les pedí nombre o información acerca de su origen. De esta forma creí que tendrían más libertad de ser.

En ocasiones este viaje fotográfico parecía una obsesión. Afortunadamente el proyecto terminó el 16 de octubre de 2014 y pude cumplir con mi propósito. Sin embargo, al momento de estar organizando el material obtenido, me di cuenta que a través de estos desconocidos, del azar y de los autorretratos, conocí un mundo alterno que realmente existió aunque haya sido por un instante, donde los seres fotografiados parecían oriundos de un sueño o de un episodio de esquizofrenia amistosa. En tal ciclo, el mundo "real" y el "imaginario" se fundieron en uno solo, hasta no saber si lo que veía a través del lente era la realidad o un sueño.

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