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Hablamos con el primer europeo que consiguió escapar del corredor de la muerte de Estados Unidos

​Joaquín José Martínez consiguió quitarse el traje naranja demostrando su no culpabilidad. Lo logró el 6 de junio de 2001, cinco años y medio después de que lo arrestaran tras salir de ver a sus hijos en casa de su ex mujer.
11.12.14

Joaquín José Martínez es el primer europeo que consiguió salir de un corredor de la muerte en Estados Unidos. Lo logró el 6 de junio de 2001, cinco años y medio después de que lo arrestaran tras salir de ver a sus hijos en casa de su ex mujer. Lo acusaban del asesinato de una pareja de Brandon. Después de un juicio lleno de errores judiciales, lo sentenciaron a muerte en Florida en 1997 por uno de los asesinatos y a cadena perpetua por el otro. Durante su estancia en el corredor de la muerte en la cárcel de Orient Road, en Tampa, recibió una multitud de apoyos desde España y otros de carácter internacional como el de la Unión Europea, el de Juan Pablo II o el del Senado Italiano. Finalmente consiguió quitarse el traje naranja demostrando su no culpabilidad.

Ahora tiene 43 años y admite que "antes de entrar en el corredor de la muerte creía en la pena de muerte", como muchos americanos aún siguen creyendo. En el año 2013 fueron ejecutados 39 reos en Estados Unidos. Texas, Florida, Oklahoma, Ohio o Arizona lideran la lista de estados americanos que llevan a cabo la pena de muerte en el país gobernado por Barack Obama. Pero en la zona noreste del país cada vez hay más estados que han suprimido la pena de muerte para todos los crímenes. Son ejemplo de ello Massachusetts, Rhode Island o Vermont, todos ellos de tradición progresista. Aunque también algunos con una tradición política más conservadora como Dakota del Norte o Alaska.

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Cuando entró en las paredes del corredor de la muerte Joaquín José Martínez, que nació en Guayaquil (Ecuador) pero posee también la nacionalidad española, pasó a ser un número: el 124396. "Nada más llegar unos cuantos vigilantes te pegan para que sepas que si no te portas bien de aquí en adelante te va a pasar esto. Te escupen. Te humillan. Dejas de ser persona. Tenía que acordarme de mi número porque si no me pegaban. Te intentaban desgastar al máximo. Yo creo que es un daño más psicológico que físico. Te hacen bromas macabras, como hacer pruebas con la silla eléctrica en la que en teoría vas a morir. Quieren que tengas presente la muerte en todo momento. Y si te portas mal te llevan a the hole (el agujero) castigado durante bastante tiempo", explica Martínez con voz pausada. A continuación relata la sensación que recorrió su cuerpo al verse ahí encerrado por primera vez: "Había doce presos por pabellón. Entre ellos había asesinos en serie que habían hecho barbaridades en universidades o clínicas de aborto. Cuando te encuentras con una situación como esa al entrar, cuestionas tus principios, tu fe. Cuestionas todo".

A pesar de que los afroamericanos representan a penas poco más del 10% de la población estadounidense, un 40% de las personas sentenciadas a muerte pertenecen a esta comunidad. "Hubo un caso que me afectó mucho. Había un preso que era negro africano y muy corpulento. Había perdido la noción del tiempo. Se llamaba Frank. A las dos de la madrugada en su celda se ponía a gritar que era inocente. Venían los guardias y se lo llevaban y no lo devolvían hasta pasados uno o dos días. Le daban palizas. Pero un día no lo devolvieron. Al cabo de más de un mes lo vimos en una camilla estirado y muy delgado. ¡Con lo corpulento que había sido él! Se estaba muriendo de cáncer y nadie hizo nada para salvarlo. Murió. Después de que yo consiguiera salir del corredor de la muerte se acabó demostrando que ese hombre realmente era inocente. Le habían culpado de matar a una niña de diez años que él nunca había matado. Ese caso me cambió la vida", relata Martínez.

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El 64% de los estadounidenses aprueba la pena de muerte en caso de homicidio, aunque en los últimos años se han demostrado graves errores en ejecuciones de inocentes como Frank gracias al ADN.

El día a día del preso español era aterrador: "sobre las cinco de la mañana sonaba la diana. A las once se comía y a las cinco o a las seis de la tarde se cenaba. Había un recreo de dos horas dos veces por semana. Pero si llovía o hacía frío a veces preferíamos quedarnos en las celdas. Además, si salías tardaban quince minutos en ponerte las cadenas y las esposas, y le tenías que enseñar la boca, las manos y demás a los guardias. De hecho, tenías que desnudarte antes de salir. Era terrible. Al tercer año me pillaba hablando conmigo mismo. Y eso que tenía apoyo desde fuera, no como otros".

La semana pasada el preso Scott Panetti fue salvado 'in extremis' de su ejecución. Panetti ingresó en la cárcel en 1992 después de asesinar a sus suegros y secuestrar a su mujer e hija en Texas. Pero hace más de 30 años que a éste individuo le diagnosticaron esquizofrenia. De hecho, durante el juicio por doble asesinato se presentó como vaquero y actuó como si fuese su propio abogado. Algunos de los testigos que citó fueron John F. Kennedy, el Papa y Jesús.Varios colectivos, liderados por la Asociación de Psiquiatría Americana, pidieron la detención de la ejecución y el juzgado Federal de Apelaciones número 5 se encargó de llevar a cabo tal petición. Este caso inauguró un debate en Estados Unidos sobre qué hacer en casos de enfermedad mental del sentenciado a muerte.

Joaquín José Martínez en el 2013. Foto vía

¿Por qué cree Martínez que no desaparece para siempre la pena de muerte en un país desarrollado como los Estados Unidos? "Mucha gente de la calle pide que exista la pena de muerte. Además, una ciudad que practica la pena de muerte mejora económicamente porque el gobierno le da mucho dinero para mantener las infraestructuras y el personal. Piensa que en el corredor de la muerte cada preso tiene dos vigilantes. Y estos tienen que cobrar. La pena de muerte es una forma de hacer dinero. Hay ciudades que se ofrecen para practicar la pena de muerte para ganar dinero. Por otro lado, la gente de la calle te responde que no critica la pena de muerte porque forma parte de la ley. Pero ahora en California se está debatiendo abolir la pena de muerte porque genera pérdidas económicas. Es en estas circunstancias cuando te das cuenta que no es por un tema de principios", explica.

Actualmente aún hay 21 países en los que la pena de muerte es legal. China es el país donde se ejecutan más penas de muerte con mucha diferencia. En Irán o en Irak hay pruebas que demuestran que muchas de las confesiones que han 'justificado' una condena a muerte se han conseguido después de torturas horribles. En Arabia Saudí los condenados no disponen de abogado y pasan semanas incomunicados. Otros países que forman parte del grupo de 21 son Corea del Norte, Afganistán, Bielorrusia, Bangladesh, Japón o Somalia. Amnistía Internacional afirma que "en muchos países donde se aplica la pena de muerte, la existencia de deficiencias graves similares en la administración de justicia muestra, por y en sí misma, que esta pena es indefendible. Sin embargo, aun en el caso de que el sistema de justicia fuera infalible, nadie debería ser ejecutado ni vivir condenado a muerte. La pena capital es el homicidio premeditado y sancionado judicialmente de un ser humano a manos del Estado. Es la máxima negación de derechos humanos. El uso de esta violencia calculada en nombre de la justicia mancilla cualquier sistema de justicia. Otro supuesto en que se basan los partidarios de la pena de muerte —que es necesaria para hacer frente a las amenazas para la sociedad— es igualmente insostenible. Por definición, una persona condenada a muerte deja de ser una amenaza inmediata porque ya está en prisión y, por tanto, fuera de la sociedad."

Al principio de este artículo Martínez afirmaba que antes de entrar en el corredor de la muerte él defendía la pena de muerte. ¿Por qué? "Porque creía en la justicia americana. Sabía que era inocente y pensaba que en el juicio se demostraría que era inocente. Pero la situación se fue complicando y vi que iba de verdad. Cuando vi que me iban a matar me puse las pilas. Hasta entonces yo creía en la justicia norteamericana. Al ver el sufrimiento de los otros presos del corredor y de sus familias, cambió mi percepción sobre la pena de muerte."

Pablo Ibar es el único español en todo el mundo condenado a muerte en la actualidad. Lo es también en Estados Unidos, donde lleva 14 años en el corredor de la muerte.