
Fecha de nacimiento: 02.22.2004Cuando Christopher llegó a su primera evaluación, no era un niño de ocho años normal. Había elementos salvajes en él; cabello largo y desarreglado, signos de caries, manchas cafés en la piel por un hongo. Oscilaba entre un vacío emocional pétreo y momentos de mucha energía al recorrer la habitación, recogiendo objetos y examinándolos con escrutinio casi forense; se veía particularmente atraído a la colección de amonitas y especímenes geológicos que guardo en el estante. Tampoco tenía la edad correspondiente a su comportamiento, pues carecía de un entendimiento de las reglas y restricciones sociales básicas; por ejemplo, los zapatos que usaba le parecían incómodos, así que decidió quitárselos y comenzó a morder uno de sus tacones. Cuando hablaba utilizaba un modo de comunicación verbal fascinante y poco ortodoxo, carente del pronombre personal, e intercambiando “yo” por “nosotros”. —Queremos regresar a Lea—, me dijo. Christopher fue remitido a tratamiento luego de ser hospitalizado por un pérdida extrema de peso. En ese momento vivía bajo cuidado institucional temporal, luego de ser removido de su casa; una comuna en las montañas llamada Brant Lea, cerca de K-town (un asentamiento aislado en las colinas al norte de Inglaterra).
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