Llevar la primera clínica cannábica de España no es un trabajo fácil

Hablamos con los responsables de un tratamiento pionero en España sobre las aplicaciones de esta sustancia y los problemas legales con los que se encuentran.

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mar. 23 2016, 4:00am



Mi abuela a punto de encenderse un peta. Fotografía por la autora

Todos conocemos el uso de la marihuana como fiel acompañante de dolores del alma, así como de divertida serpentina del espíritu, que le da color a la vida. Algún que otro se automedica con un porro como postre de la cena, para adormecer las oscuridades del cerebro y caer redondo al catre. También las hay que se fuman un cigarrito de verdor para aliviar los dolores menstruales. Y después estamos los pobres desgraciados para los que fumarnos un porro es una ruleta rusa que puede terminar en un fiestón de risa y pensamiento lúcido, o bien en pesadilla paranoica malsufrida en posición fetal.

Seas del tipo que seas, seguro que te costaría relacionar el cannabis con esa señora que camina por la calle con gesto torcido mientras se lleva la mano al costado, o con cualquier persona que esté bien jodida, retorciéndose en una cama de hospital, o simplemente teniendo que lidiar con un dolor crónico cada día de su vida. Sin embargo, nuestros botiquines son muebles-bar de pastillas legales con extensísimos prospectos, que en ocasiones, y sobre todo cuando se toman de forma prolongada, provocan efectos indeseados.

La pregunta es: ¿Hay otras alternativas para el dolor? Y la respuesta es que sí, que claro que las hay. Entre estas alternativas se encuentran los cannabinoides, especialmente DOS de los 111 que se han descubierto hasta el momento:

Por un lado está el THC, o tetrahidrocannabiol. Es el principal constituyente psicoactivo del cannabis. A pesar de sus infinitas posibilidades analgésicas, de sus virtudes como paliativo en enfermedades como la esclerosis múltiple, el Alzheimer o el Parkinson, entre otros, los medicamentos con una concentración mayor del 0,2 % de THC son ilegales en España, así que una dosis de THC que vaya más allá de ese 0,2 % está penada por la ley.

Por otro lado el CBD, o cannabidiol, un componente procedente del cáñamo. Es un reconocido paliativo en casos de epilepsia, psoriasis, síndrome de Tourette, enfermedades autoinmunes, asma y estrés postraumático, por nombrar algunas enfermedades de una larga lista. No es psicoactivo (no hay colocón, no hay efectos colaterales en forma de ansiedad o paranoia). Y es legal.

Kalapa Clinic, en Barcelona, da a los pacientes que libremente han deseado iniciar una terapia lateral con cannabinoides las herramientas para una reducción de riesgos asociados a su consumo

Sin embargo, ya sea por un querer hacer oídos sordos de la industria farmacéutica ante nuevas e interesantes posibilidades o por un rechazo a unas sustancias relacionadas con la psicodelia, con Satanás y con las "drojas en el colacao", estas sustancias han permanecido por ahora bastante alejadas de los tratamientos médicos habituales. Este estigma le pone la zancadilla a la investigación y a la posibilidad de una legalización que se traduciría en controles de calidad, acceso seguro a las sustancias y un seguimiento médico del tratamiento.

Pero desde hace unos años, pequeños-grandes brotes de lucidez han ido surgiendo aquí y allá. Por un lado, plataformas como el OECM (Observatorio Español del Cannabis Medicinal), formado por profesionales de distintos ámbitos que trabajan en el estudio y la divulgación del uso medicinal del cannabis, o asociaciones como Dosemociones (cuya fundadora, Carola Pérez, ya nos contó su experiencia personal con uso terapéutico del cannabis), que asesoran a enfermos que deseen conocer las aplicaciones y propiedades medicinales del cannabis. Por otra parte, desde hace tres años, Kalapa Clinic, en Barcelona, da a los pacientes que libremente han deseado iniciar una terapia lateral con cannabinoides las herramientas para una reducción de riesgos asociados a su consumo. Ofrecen lo que pueden ofrecer legalmente por ahora: servicios de consulta, asesoramiento y seguimiento con personal médico y psicológico especializado. Es decir, que, debido al limbo legal en el que aún se encuentra el cannabis en España, Kalapa realiza el trabajo hasta donde le está permitido hacerlo.


La fachada de Kalapa Clinic en Barcelona

"Abrimos Kalapa Clinic hace tres años -nos cuenta Serafín Otero, fundador y director general de la clínica- previamente habíamos montado el primer consultorio online gratuito sobre uso medicinal de cannabinoides, en el que el Doctor Mariano García de Palau, actual director médico de Kalapa Clinic, ofrecía asesoramiento a personas que quisiesen hacer uso de los efectos terapéuticos del cannabis". Fue ese consultorio el que les hizo percatarse de la demanda real que existía por parte de mucha gente.

Desterremos la idea de un doctor de bata blanca recetándote un porro

En el caso de Mariano García de Palau, que además de director médico de la clínica es especialista en reducción de riesgos en tratamientos coadyuvantes con cáñamo y derivados, el interés por la aplicación terapéutica del cannabis venía de lejos. Había trabajado de médico de urgencias, como cirujano, pero la cuestión del cannabis siempre le había suscitado curiosidad. "Dentro del reino botánico es una planta única. Es la única que produce cannabinoides, y es la única que, en cada una de sus variedades, posee tantos principios activos". La idea de Kalapa Clinic, de alguna forma, cristalizaba el interés y la certeza de las capacidades de esta planta y le ofrecía la posibilidad de aplicar sus conocimientos.

Se concretaba así una estructura de trabajo que permitía compartir la información sobre el uso terapéutico de los cannabinoides y poder dar un servicio a un sector de población que por la situación legal o alegal del cannabis, se encontrasen en una situación en la que no podían recurrir de manera sencilla a médicos que trabajasen en ese ámbito. Kalapa Clinic no vende nada. Su función es únicamente la de difundir los conocimientos que poseen, tanto a pacientes como a profesionales de la salud que se interesen por el tema. Básicamente, esa su vía de actuación. Y desterremos la idea de un doctor de bata blanca recetándote un porro. La medicación hacia la que más se orienta Kalapa Clinic consiste, generalmente, en aceites con diferentes concentraciones de CBD o THC, que se administran por medio de un spray sublingual.

La clientela de Kalapa Clinic estaba formada, en un principio, por casos abandonados por la medicina. Dolencias que, o bien no tenían tratamiento paliativo, o bien se habían hecho resistentes al tratamiento que les había sido dado. Después empezaron a llegar otro tipo de pacientes con dolencias crónicas de diferente origen que querían mejorar su calidad de vida: problemas osteoarticulares, artritis, artrosis... "Ahora mismo -cuenta Serafín Otero- uno de los grandes logros que hemos conseguido ha sido guiar el tratamiento de más de 50 niños con epilepsia refractaria. Algunos han pasado de tener 30 o 40 ataques al día a tener muy pocos, o ninguno".

La ventaja de los cannabinoides es que son sustancias muy poco tóxicas, por lo que suponen una importante medida terapéutica en pacientes que ya no toleran las medicaciones que recibían

La ventaja de los cannabinoides es que son sustancias muy poco tóxicas, por lo que suponen una importante medida terapéutica en pacientes que ya no toleran las medicaciones que recibían, o bien habían generado una tolerancia que hacía que cualquier medicamento fuese inútil. Pero, puestos en la situación de alegalidad del cannabis en la que nos encontramos, ¿cómo obtiene un paciente la dosis de THC o CBD que le es recomendada en la clínica? "El CBD, al estar en el terreno de lo absolutamente legal, se puede obtener fácilmente por internet. Está comercializado como elemento alimentario. Con respecto al THC, un paciente puede obtener el remedio en forma herbal, en las asociaciones de cannabis. El problema es que esta compra no deja de moverse en el limbo de lo alegal. No está muy claro el tema, porque hay asociaciones que funcionan sin problemas y otras que están muy controladas, que de pronto se cierran... De momento, esto es lo que hay".


Serafín Otero, director general de Kalapa Clinic, en la feria Spannabis 2016

La evidencia del beneficio para el tratamiento de determinados dolores y enfermedades no parece ser suficiente. Porque, a pesar de estos datos sorprendentes, la medicina halopática sigue mirando para otro lado. "Está claro que la legalización del THC no se produce, entre otras cosas, por el efecto psicoactivo -aclara Mariano- pero las farmacias están llenas de fármacos que colocan. Después hay otras razones, como la absoluta falta de información y el desconocimiento que hay acerca de los cannabinoides, cuando es una droga menos perjudicial como droga de abuso que el alcohol".

Una farmacéutica no le interesa hacer un producto que te lo puedes hacer tú en tu casa. Aparte, el CBD, como es orgánico, no se puede patentar

"Evidentemente -explica Serafín- a una farmacéutica no le interesa hacer un producto que te lo puedes hacer tú en tu casa. Aparte, el CBD, como es orgánico, no se puede patentar. Tú puedes patentar una botella con su marca y su todo, pero una fórmula no. Si la farmacéutica intuye que hay un producto que puede echar por tierra otros productos suyos, pues no lo saca, claro está. Y más tratándose de un producto que es una planta que puede plantarse y que se da en todo el mundo". Aún así, sí que hay pediatras que se han rendido ante la evidencia de la remisión de ataques en casos de epilepsia. De hecho, uno de los únicos ensayos clínicos sobre cannabis que está teniendo lugar ahora mismo es sobre el CBD terapéutico en casos infantiles de epilepsia refractaria. El laboratorio que está realizando este ensayo clínico es GWPharma, el mismo que tiene un producto patentado, el Sativex, un spray bucal que combina THC y CBD, para tratar a pacientes con esclerosis múltiple. "Esto en España sería imposible -dice Mariano- porque el Estado tendría que invertir en I+D, y ya sabemos que en España I+D es igual a cero".

Habiendo tantos pasos que dar antes de que el cannabis de uso terapéutico se legalice en nuestro país, el trabajo de Kalapa Clinic es una labor más que complicada. Mariano explica: "El problema es que no siempre estas asociaciones tienen el tipo de cannabis que necesita el paciente. En el caso de los aceites, al no haber nada regulado, la situación se presta a que haya problemas. No hay control de calidad, ni seguridad de tener lo que necesitas en el momento en el que lo necesitas. Es un mercado que no está nada controlado". Evidentemente, esto no sucedería si el paciente pudiese ir a una farmacia y obtener lo que necesita. Afortunadamente, existen otras opciones más controladas de comprar el cannabinoide recetado. "Hay asociaciones que facilitan la obtención del producto, y también determinados laboratorios que fabrican estas sustancias, con las que el paciente se puede poner en contacto". ¿Pero dónde? ¿Cómo? Me imagino en la piel del paciente, recién salido de la consulta con una recomendación, perdido en tierra de nadie.

Yo tengo todas mis esperanzas en que llegue pronto el momento en el que los pacientes puedan tener un acceso seguro y regulado a una vida mejor

Mientras entrevisto a Mariano García de Palau y Serafín Otero, me doy cuenta de que llega un momento en el que sus respuestas se hacen algo inconcretas, y continúo con la conversación tanteando a ciegas, haciendo como que entiendo, pero sin entender realmente. ¿Por qué diferencian con tanto énfasis entre "extender una receta" y "hacer una recomendación"? ¿Qué significa que "en tal o cual asociación te pueden FACILITAR la obtención del producto"? ¿Por qué cuando voy a la página de esa asociación e intento informarme de cómo comprar, veo que en su página dice claramente "EN ESTA ASOCIACIÓN NO DISPENSAMOS CANNABIS NI SUS DERIVADOS"? Me doy cuenta de que estas dos personas que hablan conmigo, y quizás también el equipo con el que trabajan codo con codo, juegan cada día un juego peligroso, pero tremendamente justo y generoso por su parte. Dan lo que creen que deben dar. E incluso diría más: Dan más de lo que pueden dar, moviéndose en el frágil equilibrio entre "el peligro tirar por la borda 40 años de carrera médica" al que declara enfrentarse Mariano cada día y su convencimiento absoluto de estar haciendo lo correcto. En juego están las vidas de pacientes que luchan por su derecho a existir lo más dignamente posible.

"La legalización de una droga -remata Mariano- no debería ser un acto político, sino un acto científico. El hecho de que el cannabis esté en la lista de un error histórico que el cannabis esté en la lista de estupefacientes de la Convención de Ginebra. Yo tengo todas mis esperanzas en que llegue pronto el momento en el que los pacientes puedan tener un acceso seguro y regulado a una vida mejor". Pienso en gente viviendo dignamente y recuerdo a mi abuela, frotándose con aceite de cannabis las manos llenas de artrosis, y sorprendentemente ligera, ya casi centenaria, después de haberle dado un par de caladas a un porro de marihuana. Y me pregunto por qué se complican los caminos de una cosa que parece tan sencilla, de algo que debería ser un derecho fundamental: el que la gente pueda disponer de la libertad sobre su propia salud.

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