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Conoce al primer “foodie” del mundo

Aunque parezca que el fenómeno foodie es algo nuevo, está muy lejos de serlo. Conoce a Marcus Gavius Apicius, el hombre que inició con esto en el siglo I AD.
28.4.15
Photo via Wiki Commons

Aunque parezca como que los foodies idiotas sean un fenómeno nuevo, realmente está muy lejos de serlo. Todo esto ha sido resultado de los innumerables blogs de comida, de la obsesión de nuestra cultura gastronómica, del el ojo que lo documenta todo en Instagram y de su vórtice de #foodie. De hecho, los orígenes de actuar como un imbécil cuando se trata de comida pueden remontarse tan atrás como en la Roma ancestral, del primer siglo de después de Cristo. Más específicamente en la vida y muerte de Marcus Gavius Apicius, el primer gourmet del mundo.

Amante del lujo y de todas las cosas gourmet, Marcus Gavius Apicius era un miembro adinerado de la alta sociedad de Roma que vivía y respiraba todas las cosas en exceso. Como miembro de la elite romana, Apicius servía bajo las ordenes del Emperador Tiberius como un concejal culinario, a menudo cocinando y cenando con la elite de la sociedad. Pero a Apicius le dan crédito usualmente (aunque es generalmente disputado) por escribir el primer libro de cocina, Apicius. Dividido en diez secciones que cubren todas las categorías de proteínas, vegetales, y postres – incluso hasta el mantenimiento de la casa y la jardinería, el libro de cocina de Apicius tiene algunas platillos clásicos como un buen soufflé.

Photo via Wiki Commons

Más allá de su reivindicación a la fama como el más importante foodie por haber sido el autor del primer libro de cocina, Apicius, fue también el hombre que organizó una fiesta con una cena inolvidable. Mientras la mayoría de la población de Roma vivía de caldo - un guiso soso hecho de trigo con algún resto de pescado – las fiestas lujosas de Apicius eran legendarias y consistían en variados platos hechos con ingredientes caros y exóticos, desde variedades de aves a mariscos, langostas y otras carnes traídas de lugares lejanos. A Apicius no le gustaba nada que se pareciera remotamente a la comida de los campesinos, convenciendo al hijo del emperador, Drusus, de evitar consumir repollos o coles porque eran demasiado "comunes." Las cosas como hígado de ganso alimentado con higos, albóndigas de delfines, loros hervidos, avestruz asada, útero de cerdo, y talones de camello aparecían regularmente en su cocina.

Stuffed Chicken, one of Apicius's recipes. Image via Flickr user vintagedept.

Pollo relleno, una de las recetas de Apicius. Imagen vía Flickr usuario vintagedept.

Pero los ingredientes no eran sólo exóticos; eran importados con el mayor de los cuidados. Luego de escuchar que había deliciosos camarones en la costa de Libia, Apicius alquiló un bote con tripulación para que navegaran hasta allí y los compraran para él. Pero cuando los pescadores locales se acercaron al bote y le presentaron dichos camarones, dio la vuelta y se fue sin siquiera bajar a la costa: los crustáceos no estaban a la altura de sus estándares.

Con la publicación de un libro de cocina en su haber, amigos importantes y su reputación de sus festines decadentes, sin mencionar sus millones de sestertii, el dinero romano de la época – la escena culinaria romana del I A.C. era , sin lugar a dudas, la perra de Apicius.

Roman feast re-creation at the British Museum. Image via Flickr user vintagedept.

Recreación de los festines romanos en el British Museum. Imagen vía Flickr user vintagedept.

Luego de años de cocinar constantemente platos lujosos en medio de una vida de verdadero exceso, Apicius se dio cuenta –un poco tarde – que se había gastado la mayoría de su fortuna en su obsesión con la comida.

Mientras que el dinero que le quedó hubiera sido suficiente para vivir el resto de su vida en una relativa pobreza, Apicius sintió tener que vivir su vida comiendo la comida de campesino que tanto asco le daba no iba a funcionar. Así que decidió ponerse su toga de fiesta y gastar lo que le quedaba de su fortuna haciendo lo que sabía hacer mejor – dar una última decadente cena en una fiesta que haría llorar hasta un comensal moderno. Y luego se envenenó a si mismo, pero no porque le preocupara vivir sin dinero sino porque tenía miedo de morir de hambre.

Meditemos sobre esto por un segundo.