El Otro Baile: El tesoro de la música experimental mejor guardado de Sudamérica

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El Otro Baile: El tesoro de la música experimental mejor guardado de Sudamérica

En las áridas tierras de Bolivia, un colectivo independiente trabaja en silencio una de las discografías más alucinantes por este lado del mundo.

Experimental, contemporáneo, progresivo, latinoamericano y por sobre todas las cosas, boliviano. El Otro Baile, un colectivo de bandas con base en La Paz, lleva desde principios de esta década trabajando en silencio, grabando disco tras disco, impulsando su propuesta de forma independiente y motivado por la necesidad de hacer música y, en el camino, dejando registro de una obra que merece llegar a muchos más oídos. Es un lugar en el que no existen los intereses comerciales, donde cada boliviano que entra se gasta en pro de hacer más música y mejores conciertos. Los discos se ofrecen gratuitamente en Internet y, en vez de buscar el éxito comercial, cada proyecto muere cada vez que se cumple un ciclo, para dar paso al renacer de otra creación musical desde ceros.

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La banda con la que comenzó su historia es Enfant -uno de los descubrimientos más sorprendentes que nos ha dejado la serie de Independencia Continental- con su disco Filium Ex Machina del 2010 . Un trabajo visceral basado en el rock progresivo y colmado de arreglos de vientos compuesto y dirigido por Dante Domínguez con la participación otros músicos como Bernardo Paz, Luis Aranda y Christian Aillón y la colaboración de Dan Zlotnik (Los Dorados) y Mark Aanderud (The Mars Volta). Ese grupo de artistas conformaría la primera base del colectivo: un grupo con una conexión estética y musical, y con la idea clara que, más allá de ser un mercado de bandas, El Otro Baile debía ser un cementerio donde enterrarlas de a una sin necesariamente buscar la difusión.

Puede sonar como un panorama completamente desesperanzador para un colectivo, pero es sencillamente una postura artística: alejarse de la idea de éxito en la era de las redes sociales que en muchos casos se limita a un like y a caer en lugares comunes que no permiten buscar una expresión sonora honesta. Quitarse las cadenas que supone el reconocimiento de la masa y hacer música por la necesidad de hacerla. Un año más tarde aparecería en escena Taki Ongoy, un proyecto de Domínguez y Aillón con una raíz mucho más acústica y con una presencia marcada de ritmos nativos de los valles bajos bolivianos. Música para volar con los ojos cerrados que quedó consignada en dos discos: Asilo (2011) y El Otro Baile (2012) -en el que se les unió Paz-.

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El proyecto, como lo habían prometido desde un principio, culminó su etapa con Clara, un álbum que fue grabado en vivo de una serie de tres presentaciones que dieron en La Paz y Cochabamba. Conciertos que según el colectivo, no se dan muy a menudo en ninguno de sus proyectos debido a la preparación minuciosa que va detrás de cada uno y los pocos espacios que hay para las nuevas propuestas en su país, lo cual hace que encontrar un buen venue sea complicado.

En la última etapa de Taki Ongoy nació Nicolás Uxusiri, uno de los alias de Domínguez -que en realidad se llama José Auza- donde la música dodecafónica y la experimentación pura y dura, son una de las muestras de que el colectivo nunca ha tenido nada que perder, que su estado de mutación constante les permite volarse para donde les de la gana. Uxusuri fue el encargado de la banda sonora de la película Los Girasoles del director Martín Boulocq y antes de ser enterrado a finales de 2013, publicó los discos Cadere, Timor - Dux y Lunes - Qurquy.

Y aunque se podría pensar que el colectivo gasta mucho dinero produciendo discos -porque aparte todos están grabados en una calidad excelente-, ellos aseguran que es gracias a la tecnología y sus pequeños estudios independientes que los gastos se reducen al mínimo y que un factor externo no puede ser excusa para dejar de inmortalizar sus proyectos. Con esa idea en el 2013 vio la luz el disco solista de Christian Aillón y Vulnerable, la primera producción de Nonsum -la unión de Auza y Paz- basado en timbres electrónicos y ritmos polimétricos y polirítmicos.

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Puede que toda esa jerga de músico suene como algo únicamente para especialistas, pero lo cierto es que la mayoría de integrantes del colectivo, aunque tengan algo de bagaje académico, son músicos que se han formado en la marcha. El aprendizaje, en su caso, se dio componiendo, grabando y tocando la amplia discografía que han ido amasando en el relativamente poco tiempo que llevan en el ruedo y con la pretensión clara de siempre ir moldeando una voz que refleje su tiempo y lugar en este mundo.

En 2015, después de una corta pausa, El Otro Baile revivió entre sus muertos a Enfant y grabó la que es tal vez su gran obra hasta el momento: Ellipsism. Un álbum repleto de texturas musicales, errático por momentos, rocanrolero y electrónico y con unos cantos populares bolivianos que le dan un motivo andino oscuro e hipnótico. Naturalmente las mentes detrás de todo fueron Auza, Paz y Aillón, pero además fueron tan ambiciosos de meterle otros 12 músicos a la producción. Una obra que tiene que ser escuchada por más personas y que hablando con toda honestidad, no tiene absolutamente nada que envidiarle a lo hecho por grupos como Radiohead.

Para entrar a ser parte de El Otro Baile solo existen dos requisitos: estar dispuesto a publicar toda la música gratuitamente en Internet y poder conectarse de alguna manera estética o de pensamiento con sus fundadores. Y con sus ideales de independencia y la idea de no repetir ninguna de sus fórmulas y no estancarse en un solo lugar se transforman en un experimento jodidamente originales y novedosos. Esto tampoco significa que las bandas que han ido dejando en el pasado nunca vayan a volver a aparecer o que deban cambiar radicalmente cada tanto para tener la motivación de seguir andando. Se trata de que no exista una zona de confort, de verse obligados a crear por la misma motivación que les produce el arte por el arte.

Después del disco de 2015 de Enfant han salido nuevos proyectos de El Otro Baile que pueden escuchar y descargar -junto a todo el catálogo del colectivo- por aquí. Por nuestra parte, simplemente admiración por El Otro Baile, un grupo de músicos que en una época guiada por la inmediatez y desde una base de operaciones con tan poca visibilidad como lo es Bolivia, se ha entregado con el corazón a hacer música no convencional y homenajeando siempre, a su manera, a los que vinieron detrás de ellos, a esas raíces sudacas que sacan a relucir musicalmente porque les corren por la sangre.