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Documentos filtrados revelan el fracaso de la ONU para proteger a los rohingya en Birmania

Documentos obtenidos por VICE News revelan que la Coordinadora de Residentes de la ONU en Birmania habría privilegiado la relación diplomática con el gobierno local, antes que denunciar uno de los genocidios más execrables de la actualidad.
Una mujer rohingya llora después de un incendio accidental en un campamento para desplazados internos cerca de Sittwe, en el estado de Rakhine, Myanmar, el 3 de mayo de 2016. (Imagen por Nyunt Win/EPA)
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Naciones Unidas ha sido incapaz de proteger los derechos humanos de los rohingya, una etnia birmana proverbialmente maltratada. Así lo revelan los documentos filtrados a los que ha tenido acceso VICE News.

Los papeles también indican que los delegados de Naciones Unidas sobre el terreno habrían ignorado las múltiples recomendaciones que se les habrían hecho sobre los derechos y la seguridad que habría que observar para preservar la integridad de la minoría étnica birmana.

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Los rohingya son en su mayoría de religión musulmana y proceden del estado de Rakhine, en la Birmania Occidental, un país mayoritariamente budista. Han sido objeto de toda suerte de persecuciones, aunque pocas han sido tan violentas e implacables como la masacre de 2012 que dio lugar a su éxodo masivo.

La organización humanitaria Human Rights Watch describió el año pasado que existía una campaña de "limpieza étnica" dirigida contra la etnia musulmana, y que se estaban cometiendo "crímenes contra la Humanidad", para perpetrarla. Sus ejecutores estarían siendo las mafias locales e, incluso, algunas agencias del estado birmano. En un informe de 2015 redactado por un equipo de la facultad de derecho de la universidad de Yale para la ONG Fortify Rights ya se descubrían "poderosas evidencias de que se está cometiendo un genocidio" contra los rohingya.

Y lo cierto es que el gobierno de Birmania decidió confinar a los 140.000 rohingya, desplazados por la escalada de violencia de hace cuatro años, hasta unos precarios campamentos de refugiados, donde malvivían en condiciones deplorables. En el estado de Rakhine los derechos fundamentales de los rohingya están siendo violados permanentemente. No conocen nada parecido a la libertad de movimientos y su acceso a la sanidad está seriamente obstaculizado por las medidas gubernamentales. La segregación racial es absoluta y la fuerte presencia militar en la provincia no es un síntoma nada halagüeño para la supervivencia de la etnia.

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El acuerdo de alto el fuego nacional alcanzado en Birmania es de todo menos nacional. Leer más aquí.

Los rohingya fueron proscritos en 1982, el año en que se les despojó de su ciudadanía. Entonces se convirtieron en uno de los grupos de refugiados apátridas más numerosos del planeta. El año pasado, sus reivindicaciones saltaron a las páginas de la prensa internacional. Entonces, un montón de ciudadanos rohingya y de Bangladesh fueron abandonados a su suerte en alta mar, a bordo de precarias embarcaciones que habían sido rellenadas por traficantes de personas. Poco después, se descubrirían en Tailandia las fosas comunes en las que se habría enterrado a cientos de refugiados.

Es posible que la acusación más flagrante que se desprende de los documentos obtenidos por VICE News, se encuentre en un informe comisionado por Naciones Unidas para examinar "las implicaciones para los derechos humanos", de las matanzas y las persecuciones orquestadas en Rakhine. El informe, de carácter independiente, titulado Sin salida: ¿ayudando a las víctimas de sistemas abusivos?, fue redactado para ser analizado internamente por Naciones Unidas. Sus conclusiones, sin embargo, apuntaban que "la situación del estado de Rakhine está forzando a las instituciones internacionales a convertirse en cómplices de un abuso sistémico contra los Rohingya, en parte debido a una "excesiva autocensura" de sus derechos.

La "estrategia actual de Naciones Unidas de enfatizar las inversiones para el desarrollo como solución a los problemas del estado de Rakhine", concluye el estudio, "fracasa a la hora de considerar que las iniciativas de desarrollo orquestadas por los actores del estado a través de estructuras discriminatorias solo producirá resultados discriminatorios". En otras palabras, despilfarrar en el desarrollo sin solucionar las medidas de opresión impuestas por el gobierno birmano contra los rohingya, no solucionará el problema, obviamente. El informe añade que tamañas medidas están pensadas "para apaciguar a las poblaciones hostiles que han perseguido con violencia a los rohingya en el pasado.

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Los autores del informe, que ha sido clasificado como "confidencial y que fue elaborado en 2015, tuvieron acceso a multitud de documentos internos y llevaron a cabo decenas de entrevistas personales con muchos funcionarios de Naciones Unidas y con trabajadores de organizaciones humanitarias. Es muy posible que se trate del análisis interno sobre los rohingya más completo de los elaborados hasta ahora por Naciones Unidas.

Los hallazgos del informe resultan especialmente escabrosos a la luz de las advertencias internas sobre lo inadecuada que estaba siendo la reacción en el terreno de Naciones Unidas, y que están contenidos en el material al que ha tenido acceso VICE News.

Mira el documental de VICE News 'Abandonados o muertos: la minoría musulmana de Birmania' (pronto con subtítulos en español):

Según un informe elaborado por la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR en sus siglas inglesas) en noviembre de 2014, ya se documentaba la existencia de graves violaciones como "asesinatos, torturas y violaciones" y se llamaba a tomar "acciones concretas" para detenerlos. Entonces ya se contempló la creación de un sistema de "seguridad humana", diseñado desde Naciones Unidas, para prevenir futuras atrocidades.

Igualmente, un documento fechado en la misma época obtenido por VICE News y también clasificado como "confidencial", contiene los detalles de un encuentro del "Grupo de Acción de Expertos", uno de los organismos que forman parte de la cúpula de Naciones Unidas, al que asistieron algunos de los responsables de las distintas agencias de la organización y el subsecretario de la misma, Jan Eliasson.

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La memoria de aquella reunión detalla que Eliasson "subrayó la necesidad de priorizar las iniciativas preventivas (…) y adoptar una postura de tolerancia cero ante las vulneraciones de Derechos Humanos", mientras que un especialista de la organización se refirió a "algunos factores de riesgo asociados al genocidio", en alusión a la situación de los rohingya en Birmania.

Naciones Unidas decidió establecer entonces la llamada estrategia Con los Derechos Humanos Por Delante, una iniciativa orquestada como respuesta a una concluyente investigación interna sobre el estrepitoso fracaso del organismo internacional a la hora de prevenir las atrocidades que se registraron en Sri Lanka durante el último año de la salvaje guerra civil de la isla, en 2009.

La estrategia fue lanzada en 2013 por el secretario general de la organización, Ban Ki-moon, con el objetivo de "alentar al personal de Naciones Unidas a asumir un papel preponderante y actuar con coraje moral para prevenir las gravísimas violaciones" a gran escala de Derechos Humanos. La misma sugiere, además, una serie de acciones que se pueden tomar para garantizar el cumplimiento del objetivo.

El mencionado informe Sin salida, sin embargo, describe que la situación en Birmania es una repetición de la vivida en Sri Lanka, por mucho que las circunstancias sean significativamente distintas. "La dinámica de pasividad y de complicidad a nivel estatal ante las violaciones de los Derechos Humanos… se está repitiendo en Birmania a un nivel alarmante", concluye la investigación.

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Una parte de la misma, la que se refiere específicamente a la misión Con los Derechos Humanos por Delante, detalla las exigencias desplegadas por la misión y concluye que el destacamento de Naciones Unidas sobre el terreno está lejos de cumplir con todos sus objetivos en todas y cada una de las áreas que se había propuesto abordar.

Acaba 2015, el año en que el sudeste asiático se enfrentó a su propia crisis de refugiados. Leer más aquí.

Igualmente, un informe de final de misión escrito por un veterano miembro de Naciones Unidas que trabajó en su día en Birmania y que también ha sido filtrado a VICE News por fuentes estadounidenses, señala que los sucesivos fracasos son, en gran medida, responsabilidad de la Coordinadora de Residentes en Birmania. La coordinación de residentes es el cargo más elevado que puede ocupar un funcionario de Naciones Unidas. Sería equiparable al de embajador.

En el informe de final de misión, que cobra la forma de un carta dirigida a los excolegas del autor del mismo, este señala que "he terminado concluyendo una y otra vez que la coordinadora de residentes ha ignorado de manera sistemática toda la información que se le ha suministrado en que se advertía de la gravedad de la situación para los rohingya". Según defiende el escrito, la Coordinadora de Residentes habría dado órdenes al personal a su cargo de que pasaran por encima del resto de agencias de Naciones Unidas que habían reaccionado con más determinación ante las violaciones de los Derechos Humanos de los rohingya.

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Si bien la misiva no detalla los motivos por los que la coordinadora se habría comportado de tal manera, el informe Sin salida, observa que el equipo de Naciones Unidas en el país dirigido por la coordinadora, habría perseguido una estrategia que privilegiaba la tranquilidad diplomática y la creencia "de que la inversión en desarrollo reduciría las tensiones" en el estado de Rakhine, una aproximación que desató la indignación y la perplejidad del resto de organismos de la organización.

El autor del informe de final de misión abunda en su denuncia y asegura que la Coordinadora insistió siempre en observar las estrategias que ella misma habría decidido seguir y que "criticaba, vilpendiaba, intimidaba y desacreditaba a todos los que tenían una visión diferente a la suya".

'A mí se me encomendó que reescribiera la historia'.

En un momento dado el autor del informe denuncia que la Coordinadora de Residentes le habría "insistido repetidamente en que averiguara todas las veces en que el responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios y/o al personal del OHCHR en el país no estaba disponible… para así ella poder organizar reuniones sin tener que escuchar [sus puntos de vista]", que no compartía en absoluto.

El informe de final de misión también denuncia que los varios intentos de mantener a flote la iniciativa Con los Derechos Humanos por Delante y el establecimiento de un sistema de seguridad humana, fueron "archivados en el último cajón", y que la Coordinadora de Residentes "ni analizó ni publicó la información que le había sido suministrada".

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La denuncia está acompañada de observaciones más amplias contenidas en el informe Sin salida, que advierte que "se ha fracasado a la hora de implementar la estrategia de ampliación de protección", un resultado achacable "a la falta de trabajo en equipo, un trabajo que habría exigido observar la iniciativa Con los Derechos Humanos Por Delante".

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La carta también alude "a la atmósfera de intimidación dominante, al desentendimiento de responsabilidades y a la manipulación informativa", que ha empeorado todavía más las secuelas de la desastrosa mascare acontecida a principios de 2014 cerca de Maungdaw, en el estado de Rakhine. Se trata de un acontecimiento igualmente contemplado en el informe Sin Salida como un factor determinante, que advierte que "que cuando el gobierno cuestionó lo sucedido y rechazó que se le acusara de haber orquestado masacre alguna, la Coordinadora de Residentes decidió cambiar de estrategia y mostrarse más cautelosa, de manera, que, en adelante, no volvería a reivindicar la denuncia original".

Después de este inesperado cambio de rumbo, según compulsa el agente que redacta la carta, lo que sucedió fue que el OHCHR fue culpado por "haber tensado la relación con el gobierno", tras sus incendiarias acusaciones sobre la masacre. Y ello sucedió aún cuando la Coordinadora de Residentes había mostrado su más acérrimo apoyo al informe original del OHCHR, del que se desdijo tan pronto el mismo fue publicado.

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"A mí se me encomendó que reescribiera la historia", se queja el autor de la carta, en relación al documento de "lección aprendida", que hubo que redactar durante el convulso momento diplomático que sucedió a la masacre. Según apunta el mismo autor del informe, una parte del mismo que se refería a la reacción inicial de la Coordinadora de Residentes fue presuntamente excluido del redactado por órdenes precisas de la misma coordinadora.

Mira el documental de VICE News 'Escapar de Birmania' (pronto con subtítulos en español):

Cuando el empleado de Naciones Unidas le reprochó su comportamiento a la Coordinadora, fue directamente amenazado. Se le dijo que "nunca más sacara a colación el tema ni ante ella ni ante nadie más si quería continuar con su carrera en Naciones Unidas".

"El descrédito a la OHCHR continuó durante todo el año 2014 y la verdad fue a menudo distorsionada en encuentros cara a cara con miembros directivos de la ONU", abunda el exfuncionario.

Michael Shaikh, el autor del primer informe de Naciones Unidas sobre la masacre, comenta a VICE News que él defiende su trabajo. Desde su punto de vista, Naciones Unidas cambió de postura ante el incidente porque "decidió priorizar su relación con el gobierno a defender a la gente a la que tenía obligación de defender profesionalmente".

En declaraciones a VICE News, Renata Lok-Dessalien, la Coordinadora de Residentes a la que se menciona en el informe de final de misión, desmiente todas las acusaciones, y niega que Naciones Unidas fuera incapaz de proteger los Derechos Humanos. "Yo creo que nadie se ha manifestado ni tan alto ni tan claro como Naciones Unidas a la hora de denunciar las violaciones", asegura. Cuando se la interroga por su presunta complicidad en los abusos, sentencia que "no existe ninguna complicidad ni nada que se le parezca".

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Sin embargo, su vindicación sobre la franqueza a la hora de hablar de las violaciones de Derechos Humanos queda seriamente cuestionada por el testimonio de otro delegado de la dirección de la ONU. Tomás Ojea Quintana, reportero especial sobre Derechos Humanos en Birmania hasta el año pasado, recuerda que Lok-Dessalien le habría pedido personalmente que no fuera muy explícito en lo concerniente a los derechos de los rohingya. Es más, le invitó a que no visitara los campamentos que se había habilitado para los refugiados.

'Todo el mundo se implicó en la crisis, pero nadie se quiso responsabilizar de asumir la voz cantante y ordenar lo que había que hacer'.

"Ella defendió que cambiáramos de estrategia, y que no nos concentráramos tanto en el tema de los Derechos Humanos como en el desarrollo económico en la zona. Su consejo fue que no fuéramos demasiado honestos al visitar el estado de Rakhine", recuerda Ojea.

Otros miembros veteranos de Naciones Unidas consideran que criticar a la misión del equipo en el país asiático está fuera de lugar. Según ellos, si se desea encontrar responsables habría que hacerlo en Nueva York, ciudad en la que está enclavada la sede de la organización. Charles Petrie, cuyo informe de 2011 en Sri Lanka contribuyó a la creación del frente Con los Derechos Humanos por delante, y que fue también Coordinador de Residentes en Birmania entre 2003 y 2007 es uno de los que defienden esta perspectiva.

"Veo muchos paralelismos con lo que sucedió en Sri Lanka", explica. "Uno de los mayores problemas con los que nos enfrentamos entonces fue el funcionamiento negligente de la sede central de Naciones Unidas en Nueva York. Todo el mundo parecía implicado en la crisis pero nadie quiso responsabilizarse de asumir la voz cantante y ordenar lo que había que hacer. Es exactamente lo mismo que está pasando en Birmania".

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Un portavoz de la oficina del secretario general de Naciones Unidas en Nueva York ha declarado a VICE News, que, al contrario de lo que apuntan algunas denuncias expresadas aquí mismo, Naciones Unidas dispone de las infraestructuras necesarias para responder de manera eficaz ante cualquier violación de los Derechos Humanos; e incluso, para prevenirlos", y que las violaciones de los derechos fundamentales de los rohingya son un motivo de seria preocupación. "Hemos hablado de manera directa del tema, tanto a nivel público e institucional como entre nuestros contactos".

Sin embargo, fuentes relacionadas con el mundo de las ONG que han vivido los acontecimientos de muy de cerca y que prefieren mantenerse en el anonimato por el riesgo que entrañaría para sus carreras no hacerlo, sostienen que las divisiones sobre cómo abordar la crisis en el estado de Rakhine se mantienen, incluso, a día de hoy.

Las mismas fuentes también han señalado que la organización habría arrancado una "caza de brujas interna" después de que saliera a la luz el documental de VICE News: Abandonados o muertos: la minoría musulmana de Birmania, partes de cuya investigación son citadas en este artículo.

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