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Italia

Machetes y rosarios: así son las bandas latinas que se disputan Milán

Latin King, Comando, Barrio 18, MS13: Investigamos la "guerra" entre las filiales de las bandas latinoamericanas en Milán
2.12.15
Foto via U.S. Immigration and Customs Enforcement
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El pasado 22 de septiembre fueron detenidas 16 personas en la Lombardía — la mayoría de nacionalidad salvadoreña — acusadas de asociación ilícita, robo agravado, tráfico de drogas, intento de asesinato, lesiones graves y posesión de armas de fuego y blancas.

La operación, que condujo a la detención de los líderes de la mara 'Barrio 18', fue solo la última de una serie de acciones en contra de las muchas pandillas formadas principalmente por personas de origen latinoamericano que hace años se enfrentan en una guerra en Milán.

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El problema de estas pandillas había llegado a la cumbre de la atención publica el pasado junio, cuando en la periferia de Milán dos latinoamericanos de unos 20 años casi amputaron el brazo derecho al conductor de trenes Carlo Di Napoli.

José Emilio Rosa Martínez, de Salvador, y Jackson Jahir Lopez Trivino, de Ecuador, pertenecían a Mara Salvatrucha 13, una pandilla nacida en Los Angeles, y una de las más violentas de la ciudad.

Desde hace años, en la capital de Lombardía, el panorama de las pandillas de latinos se encuentra en permanente evolución, y ha resultado imposible para las autoridades mantenerlos controlados. "Podríamos decir que en Italia empezamos a acercándonos a las pandillas por primera vez en 2004", explica a VICE News Paolo Lisi, responsable de la sección Criminalidad Extranjera de la Policía de Estado.

"Habíamos pensado establecer un equipo especializado dentro de nuestra estructura cuando nos dimos cuenta que los crímenes de las bandas no eran esporádicos, sino hechos encadenados unos con otros, con contextos criminales muy precisos".

En 2006, la 'Mobile' concluyó sus primeras operaciones, con un saldo de 27 órdenes de arresto por violencia, apuñalamientos, peleas, robos, hurtos y extorsiones.

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El fenómeno, dice Lisi, empezó a crecer a partir de ahí: "Al principio notamos la presencia en la ciudad de grupos conectados con los Latins Kings, los Ñetas y los Comando", a los cuales con el tiempo se acercaron otros — como los salvadoreños Mara Salvatrucha 13, Barrio 18 y los dominicanos Trinitarios.

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A pesar de los arrestos, los afiliados nunca faltan. Desde este punto de vista, Milán — así como Génova — representa un rico mar en el que pescar. Es un territorio donde comunidades como las de Ecuador, de El Salvador y de Perú se encuentran entre las quince más grandes de extranjeros.

La edad promedia de los miembros de las pandillas es muy baja, pero la definición de baby-gang es a menudo engañosa e inexacta: muchas pandillas están conformadas sólo por adultos con mucha experiencia en delitos callejeros, y sus jefes — o 'parabreri'— que acaban detenidos gracias a operaciones como las de septiembre,  serán sucedidos por otros, es un ciclo que nunca se detiene.

¿Cómo logran estas bandas organizarse en Europa con la misma eficacia y cohesión que logran es sus respectivos países de origen? ¿Y cómo han logrado tomar el control de prácticamente todos los crímenes de pequeña-mediana entidad de barrios enteros en la ciudad?

Desarrollarse en las zonas donde las comunidades más numerosas son provenientes del centro y sur de América no necesita de una estrategia de protección: las pandillas europeas vuelven a crear el mismo escenario criminal del país de origen, siguiendo un modelo ya comprobado.

Sin embargo, estos grupos, advierte Lisi, parecen tener menor fuerza respecto a la potencia que exhiben en sus países: las pandillas activas en Milán hoy en día mantienen una estructura elemental. "Afortunadamente estamos muy lejos de los niveles de peligro que aquellas bandas expresan en sus países de procedencia, pero igualmente hay que tener cuidado".

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Esto, sin embargo, no prohíbe que los miembros de las pandillas lleven a cabo delitos como violaciones y asesinatos, o que vayan por la calle armados con machetes — o que sean propietarios de una sustancial porción del comercio de drogas de barrios enteros.

Siendo que la mayoría de los miembros de estas bandas nació en América Central o América del Sur y se crió dentro de estructuras criminales antes de trasladarse a Italia, la exclusión económica y social seguramente son dos factores determinantes en la afiliación.

Es muy fácil, por tanto, que la escasa integración social facilite el ingreso en la delincuencia organizada. "El fenómeno de la no-integración — explica a VICE News Francesco Calderoni, un criminólogo del equipo de búsqueda TransCrime — es fundamental para el desarrollo de estas bandas: la necesidad de obtener confianza a su alrededor, e identificarse en un grupo, es decisiva para el proceso de adhesión a una pandilla".

No es casualidad que buena parte de la violencia entre bandas 'milanesas' esté alentada por la exasperación del concepto de pertenencia a un círculo criminal, cultural o geográfico.

Emblemático en este sentido es un caso del 2009. David Stenio Novoa Betancourt, de 26 años y más conocido como Boricua, había militado entre los Latin Kings New York — enemigos de los Latin Kings Chicago — y acababa de salir de la cárcel.

Su asesinato – que sucedió fuera del Thini Cafe de Via Brembo después de una agresión a cara cubierta — fue atribuido a varios miembros de los Chicago, quienes luego fueron condenados a penas de entre 18 y 26 años de prisión.

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Fue entonces que la prensa local centró su atención sobre el problema. Y el asunto volvió a los titulares de los periódicos en el año 2011 con el asesinato de Luis Alberto Bautista Solís.

El enfrentamiento en aquel entonces había sido entre los Comando y el grupo dominicano Trinitarios. Luis Alberto, de 21 años, fue asesinado por 18 heridas de arma blanca en la Via Fulvio Testi — gracias a la información obtenida al mirar las grabaciones de las cámaras de seguridad de la parada de metro de Sesto Rondó, las cuales grabaron en enero una pelea entre integrantes de ambas bandas.

Otros asesinatos y actos de violencia como éstos — explica el jefe del departamento de Criminalidad Extranjera de la Mobile de Milán — dicen mucho sobre las relaciones que se crean entre las bandas, "sobre las alianzas que se han formado y consolidado con el tiempo, y de cómo las rivalidades reflejan odios atávicos existentes ya en los países de origen".

A menudo — dice Calderoni — las peleas entre pandillas "empiezan por cuestiones personales, pero luego entra en juego el espíritu de pertenencia del grupo y el control de la pandilla. Lo que queda claro es que — en comparación con la realidad del Centro y Sur América — la realidad italiana y europea es mucho menos peligrosa. Formar parte de una pandilla en América tiene mucho más eco".

Además de la idea de conquista de un presunto respeto y el odio mutuo entre las bandas, existen también muchas actividades de tráfico de drogas, robos y hurtos, necesarias para el mantenimiento de las bandas y para dar apoyo de los familiares de los detenidos. Mantener el control del proprio territorio — a veces incluso pequeños sectores bordeados de parques y bancos, a veces barrios enteros como aquel de Via Padova — es una necesidad crucial.

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Es precisamente éste un problema central por el que las pandillas terminan chocando entre sí, peleando por la gestión de una determinada área, o por conflictos mientras operan en zonas adyacentes en actividades similares.

El tráfico de drogas — por ejemplo — es uno de los principales negocios en Milán, no obstante que es de dimensiones mucho más modestas que las del  crimen organizado o cárteles de droga en el continente americano.

La vinculación con estos generalmente se limita sólo al conocimiento personal por parte de unos cuantos miembros y nada más "a pesar que los contactos no faltan, no podemos decir — específica Lisi — que haya una relación estructural directa y bien organizada entre estas pandillas y el crimen organizado".

Difícilmente estas pandillas tratan grandes cantidades de drogas, con ciertas excepciones, como el tráfico organizado de Latin Kings, Nietas, Luzbel y Trebo, quienes en 2013 lograron llevar cocaína desde México utilizando unos perros como mensajeros, de los cuales 50 de ellos acabaron siendo asesinados. Al final los detenidos fueron 75, y 18 eran menores de edad.

En estos años, la mayoría de las investigaciones han sido a criminales individuales, pero ha tenido mucha importancia la simbología de las pandillas — desde los 'tags' [firmas] en las paredes hasta los tatuajes de los pandilleros — que no solo aportan información sobre la pertenencia a los distintos grupos, sino también sobre cada criminal de manera individual.

Las pruebas — como demuestran las conclusiones policíiales — son bastante elocuentes y explicativas: un cráneo alado indica que el pasado del criminal hay por lo menos un asesinato; las cartas y los datos reflejan una "vida loca", un rosario apretado entre unas manos significa un pedido de perdón, y los tres puntos que suelen estar en las manos representan el cementerio, la iglesia y la cárcel — incidentes en la 'carrera' del criminal que admite de haber tenido.

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El caso más elocuente es sin duda el de 'marero', el nombre con el cual se definen los miembros de la Mara Salvatrucha. Suelen llevarlo tatuado en el interior del labio inferior. "Aquí el mensaje es 'sabes que eres un marero, pero todavía no eres digno de ser reconocido externamente como tal", explica Lisi.

Poco antes de su muerte — en la ultima entrevista concedida a la prensa en mayo 2009 — David Stenio Betancourt Novoa había declarado su intención de repudiar la violencia de las pandillas así como de renunciar al mundo de las bandas criminales. "No veo más un futuro en Italia", declaró.

Par dejar de ser miembro de una pandilla es necesaria una autorización por parte del jefe de la banda, pero "por lo general quien quiere salir de la pandilla es un criminal que tiene un considerable peso propio en cuanto a crímenes, y por lo tanto tiene derecho a seguir su proprio camino", explica Lisi.

Tu decisión personal no es suficiente, continúa Lisi, "porque en los casos que conocemos el resultado ha sido siempre lo mismo: la pandilla tarde o temprano te encontrará". Y cuando eso pasa ya no puedes escapar, porque si la banda no puede encontrarte a ti, encontrará alguien de tu interés de tu familia, a través de una búsqueda que puede tranquilamente llegar hasta tu pequeño pueblo de origen.

El principal desafío para los investigadores está dado por el hecho de que casi nadie que forme parte de una pandilla tiene el coraje de salir y de denunciar crímenes. Las detenciones de septiembre ocurrieron después de una investigación llevada a cabo por un informe de violencia sexual. "De vez en cuando sucede que alguien se abre — concluyó Lisi — pero el hecho es que para muchos la pandilla es una familia que no se debe traicionar".

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