Unos cuantos trucos para cagar sin hacer mucho ruido

Tirar de la cadena mientras cagamos, el cojín de papel o "el guante" son algunos de estos maravillosos truquitos.

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nov. 9 2018, 5:00am

Imagen por WikiImages vía Pixabay/CC 0

Nosotros, que nos pasamos el día en las redes sociales exponiéndonos en demasía, tenemos un pequeño complejo a la hora de comunicar nuestros ejercicios fisiológicos diarios. Fotografiamos nuestro culo respingón en Instagram y abrimos hilos 👇 en Twitter con acertadas disertaciones sobre la actualidad pero somos incapaces de superar la vergüenza que sentimos cuando emitimos ruidos varios a la hora de defecar, ruidos que evidencian la cagada, una cagada que queremos que no exista.

Los problemas que orbitan alrededor de lo fecal siempre han sido los que más han inquietado y causado estupor a la humanidad, son la zona 0 del rubor, esa materia que siempre se escapará de las garras de la búsqueda de la fama de las redes sociales, ese algo que ocultaremos por completo, como si no existiera.


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Es por esto que necesitamos trucos humanos para estos problemas humanos. A todos nos incomoda empezar a cagar y descubrir que alguien acaba de entrar al baño de al lado. Ahí se genera un silencio violento; nadie quiere ser escuchado tirándose pedos o descargando materia en el baño. Estaremos en el baño, sentados, dando golpecitos con el pie sin evidenciar que estamos cagando. Tosemos, golpeamos la puerta, cualquier cosa para tapar un sonido que consideramos desagradable, que nos sonroja.

Es por esto que —a falta de los lavabos del futuro de los japoneses que incorporaran un botón de privacidad con un hilo sonoro (pajaritos, cascadas, peces o música clásica) para tapar el estruendo— he decidido recopilar unos cuantos trucos que me han ido muy bien a lo largo de mi tormentosa vida. Esto es todo lo que tengo que ofreceros, este es el motivo por el que existo: para hablaros de cómo cagar sin hacer ruido.

EL TRUCO DE TIRAR DE LA CADENA A LA VEZ QUE SE CAGA

Este es el nivel básico, el truco de primero de cagar. Consiste en sincronizar el esfuerzo intestinal y la salida de gases y materia con la activación de la cadena para que baje agua y se lleve el producto. El sonido ensordecedor del agua en cascada nos dará unos segundos de libertad, una libertad que aprovecharemos para lanzar perdigonazos. Dicen que este truco también se lleva el hedor, por lo que al salir, nadie se enterará que ahí ha tenido lugar algo equivalente la batalla del Ebro.

Es una leyenda, yo no creo que funcione del todo. Este truco hace que tengamos que tirar de la cadena, como mínimo, un par de veces durante la visita al inodoro, pues una vez hayamos terminado es de suponer que querremos limpiarnos el recto.

Todo esto hará que la persona vecina de lavabo pueda pensar que estamos completamente locos, tirando constantemente la cadena por Dios sabe qué puto motivo, como intentando aniquilar un trozo de mierda que se nos ha quedado atrapado y que NO SALE, cosa que hace que todos nuestros esfuerzos para no “ser descubiertos cagando” obtengan el resultado opuesto. Ahora seremos esa persona que caga troncos enormes inasumibles para un desagüe.

EL TRUCO DEL COJÍN DE PAPEL

Otro clásico, hemos estado muchas veces tomando un vermut en casa de este truco, muy buen anfitrión. ¿Verdad? Consiste, como ya sabéis, en pillar una buena cantidad de papel (mínimo medio metro) y crear una especie de nube o cojín que posaremos encima del laguito del inodoro.

Mientras caguemos, la mierda irá cayendo encima de esa superficie y amortiguará el impacto con el agua, como la gente que salta de un edificio en llamas (cuando cagamos somos realmente un jodido edificio en llamas, la verdad) hacia esa colchoneta que ponen los bomberos, evitando así ese “chof” característico. También evitará ese desagradable —o no tan desagradable—momento en el que a veces una gota te salpica el recto, ya sabéis.

¡Cuidado!, tiene que instalarse el cojín después de haber meado, que si no, echaremos a perder la funcionalidad del cojín, debilitado y aplanado por la orina.

“EL GUANTE”

Puede generar cierto rechazo a la gente más delicada. Si no nos fiamos del truco del cojín —al fin y al cabo no tenemos ningún tipo de control sobre el cojín— siempre nos quedará enrollarnos varias capas de papel de váter en la mano, pasar el brazo por en medio de las piernas y dejar que la mierda se pose, a medida que sale, en la palma de nuestro “guante”. No generará ningún tipo de ruido, a menos que el día anterior te hayas petado varias cervezas Guinness y tu culo hable más que tú. Es ideal para situaciones extremas, como primeras citas, comidas con la familia de la pareja o esos primeros días en el trabajo en el que no queremos destacar demasiado.

EL TRUCO DEL TOBOGÁN

Simple: sentarse con el culo muy adelante, lo justo para que el interior de la taza funcione como un tobogán por el que resbalarán nuestros amigos.

LA TOS

Este es un truco muy básico que a veces hacemos incluso de forma involuntaria. Carraspear, estornudar o sufrir un ataque de tos en el momento justo para tapar cualquier ruido. Lo bueno de esta técnica es que, además, os ayudará a generar el esfuerzo abdominal necesario para extraer todo el material que tengáis dentro.

EL GRIFO

Mucha gente abre el grifo cuando le cuesta mear (nunca lo he entendido). Este truco lo podemos trasladas al mundo fecal. Dadle fuerte al agua, malgastad, dejad poblados andaluces secos para poder cagar tranquilamente. Cuanta más fuerza, más sonido ensordecedor. Dadle caña.

HACERSE UN “PHIL SPECTOR”

Esto consiste en crear un muro de sonido a vuestro alrededor. ¿Cómo? Joder, estamos rodeados de tecnología que nos permiten crear este paisaje sonoro brutal: radios, vídeos de YouTube, películas, series, canciones, charlas TED. Lo que sea, cualquier cosa que deje nuestros pedos a la altura del betún.

LA SINCRONÍA CON EL MUNDO

En los sitios públicos debemos intentar cagar solo cuando otro personaje tira de la cadena, tose, cierra con un portazo o utiliza el secamanos. Microestallidos de esfuerzo intestinal muy localizados en el espacio y el tiempo; pequeñas batallas de Waterloo muy puntuales. Conatos de guerra, incluso, porque a veces el sonido ajeno se te queda corto y tendrás que optar por la retirada y esperar un siguiente momento de sonido ajeno más propicio. Requiere mucha atención y concentración, se trata de un trabajo quirúrgico.

EL VACÍO

Bueno, consiste en sentarse intentando ocupar todo el perímetro de la taza con las nalgas, cerrarlo con los muslos y las piernas. Solo así lograremos generar un vacío absoluto dentro, en el que podría estallar un planeta y nadie se enteraría. OJO: Vigilad al levantaros, antes tenéis que despresurizar poco a poco porque si os levantáis de golpe os saldrán los intestinos por el culo.

“LOS SEGUNDOS PIS”

Aprovechad el ruido que hacemos al mear para defecar con esperpento. Concentraos, solo tenéis esos segundos para hacerlo absolutamente todo, como un reloj de arena pero de pis. Son “los segundos pis”.

EL SILBIDO

Tiene que ser un silbido fuerte, de esos de llamar a alguien que se encuentra en la colina del otro lado del valle, sino, nunca podréis silenciar el estruendo de la comida que sale por detrás. Es una mala opción, la gente pensará que estáis completamente chiflados y luego vendrán los despidos o el divorcio.

“EL PROFESIONAL”

Ir cagado al curro. Ir cagado por la calle, ir siempre cagado. No me refiero a ir por la vida lleno de mierda, sino vacío de heces. Ser absolutamente previsor, tenerlo todo controlado, cagar siempre en casa, no fallar nunca. Ser “El Profesional”.

Otra variante de “El Profesional” consiste en esperar el momento idóneo y estudiar tu entorno para poder cagar sin miedo. ¿Cuál es el momento en el que hay menos gente en la oficina? ¿Qué baño de El Corte Inglés es el menos concurrido? Memorizad los horarios y las costumbres de la gente de tu alrededor y tocad la gloria con la libertad de cagar sonoramente.

LA LLAMADA TELEFÓNICA

Esta requiere de mucha concentración e inventiva. Tenéis que simular una llamada telefónica, con sus silencios y subidas y bajadas de volumen, sus cambios de tono y dicción. Todo esto tendréis que ir dosificándolo en momentos clave. Requiere de mucha maestría pues supone tener que hacer dos cosas a la vez con un solo cerebro.


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EL AUTOENGAÑO

Este truco trabaja bajo la premisa de que si algo no lo escucháis vosotros mismos, tampoco nadie lo escuchará. Somos cárceles de nuestra propia percepción y fuera de nuestra cabeza nada existe. Respirad muy fuerte por la nariz, hasta que solo escuchéis un ruido tipo “FFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFSHHHHHHHH”. Este sonido invadirá vuestra cabeza y es en este momento cuando tendréis que dejar estallar vuestro esfínter.

EL BUEN MENÚ

Lo más importante para el defecador tranquilo es no tener que llegar a ese punto en el que tiene que intentar ocultar un acto fecal escandaloso, que es, evidentemente, fruto de una mala alimentación. Si queréis cagar lisamente y silenciosamente, deja de beber cervezas y limitaos a comer basura, así cagaréis un hilo de agua fecal que entrará suavemente dentro del agua del inodoro. Una columna de mármol, fría y silenciosa, libre de gases y perdigonazos. Pura poesía.

EL TRUCO DE “MANUEL”

Manuel no existe. Coged un post-it. Pegadlo en la puerta del lavabo. Manuel no existe. Escribid en ese post-it “Soy Manuel, estaré aquí cagando un rato, que me encuentro mal”. Manuel no existe. Vosotros no sois Manuel, Manuel no existe, pero ahora tenéis plena libertad para tiraros pedos y hacer ruidos porque ahora no sois vosotros, sois otra persona; sois Manuel. Pero tranquilos, que Manuel no existe.

§

Estos son tan solo algunos de los mejores trucos pero está claro que hay muchos más. Os animo a compartirlos y practicarlos, pues al fin y al cabo todos somos compañeros en esta gran cruzada. Tenemos que lograr acumular muchos trucos, lo que sea menos superar el miedo que tenemos a que nos descubran cagando, a que nos interpreten como seres cagadores. No, nosotros no hacemos esto.

Sigue al autor en @rodellaroficial.

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