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15 años después, 'Mario Sunshine' todavía me hace sonreír

El primer juego de Mario para GameCube cumple 15 años esta semana
1.9.17
Imagen cortesía de Nintendo

Este artículo fue publicado originalmente en Waypoint, nuestra plataforma dedicada a los videojuegos.

Esta semana, pero hace 15 años, Super Mario Sunshine fue lanzado para GameCube. Me acuerdo muy bien, porque hace 15 años esta semana yo empecé a ir a la universidad. Me mudé de la casa de mis papás, me despedí en medio de lágrimas, y pasé por la inevitable transición a la adultez de todo chico de clase media: vivir en un pequeño dormitorio con un completo extraño.

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Compré mi copia de Sunshine esa semana, por supuesto, para que le hiciera compañía a mis consolas —me había traído mi Dreamcast y mi GameCube conmigo, junto con un pequeño televisor de 13 pulgadas y unos cuantos juegos— y pudiera hacer la transición a mi nueva vida.

En esa época se escribió mucho sobre el hecho de que el GameCube hubiese salido sin un juego de Mario. En vez de eso, se lanzó en 2001 con Luigi's Mansion (que, desde ahí generó un serie respetable). Esto nunca había pasado, ya que antes las consolas se lanzaban con juegos de Mario, juegos de la mejor calidad como Super Mario World y Super Mario 64. Y con la entonces nueva consola, en cambio, salió el aburridísimo hermano de Mario, junto a una aspiradora demasiado grande para él. Nunca olvidaré la reseña de Dan Hsu, de Electronic Gaming Monthly que, básicamente quedó asqueado con el juego y le dio 5.5/10, para mi sorpresa.

Pero Mario no tardó mucho. Aproximadamente diez meses después del lanzamiento, salió Sunshine, una versión tropical en 3D. El juego sucede en la Isla Delfino, con playas, parques de diversión, aldeas y muelles, en vez de los escenarios típicos del mundo de hielo, el mundo volcán y el mundo de tubos verdes de los juegos previos. Fue bien reseñado, pero ni se acercó al proyecto revolucionario de su antecesor.

Me pasé Sunshine lentamente; tardé un año antes de llegar siquiera a la Aldea Pianta. ¡Tenía muchas cosas que hacer! Seis clases, dos carreras, y lo más importante para mí en ese momento, el lacrosse y el cross country, que, aunque no estábamos en Primera División, éramos competitivos en ambos deportes. Además, Wind Waker llegó a mitad de mi segundo año, y ese juego sigue siendo una absoluta obra maestra.

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No creo que Sunshine estuviera a ese nivel, pero estuvo lejos de ser un mal juego. Super Mario 64 era imposible de superar y, de todas formas, Sunshine hizo un gran trabajo diferenciándose, tanto temáticamente como mecánicamente, gracias al énfasis en el fludd (el jetpack/pistola de agua de Mario). Los escenarios siguen viéndose hermosos, con muchas áreas memorables: las secciones de escalar en Ricco Harbour, las atracciones verticales de Pinna Park, y la belleza sutil y relajada de Noki Bay.


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Sunshine estuvo ahí para mí en medio de problemas y de mi transición a la adultez. Tuve una situación realmente mala con mi primer roommate, y el dormitorio al que me mudé después no mejoró mucho las cosas. Vivía con un desconocido al que no le caía bien, y yo era apenas un niño de 18 años con depresión, a pesar de todas mis actividades deportivas y de mis amigos. Hubo tres juegos que me hicieron sobrevivir al primer año: este, Wind Waker y Animal Crossing. Los tres excelentes, familiares de cierta manera, entretenidos y los suficientemente largos como para distraerme por mucho tiempo.

La felicidad de Sunshine fue como un bálsamo para mí, en especial durante el invierno. Podría estar helando afuera, con vientos muy fuertes, pero adentro yo me relajaba en la Playa Gelato, con agua cristalina. Podía pasar el rato con Yoshi. Podía escaparme por un rato de esa terrible habitación y de ese terrible roommate, de ese clima de mierda y de esa soledad que, creo, es muy natural en el primer año por fuera de casa.

De vez en cuando me dan ganas de volver a ese juego, incluso más que los de la serie de Galaxy. Ahora que tuvo su aniversario y que estoy en medio de mi nostalgia, creo que me sumergiré nuevamente.