“Las artes son la vida de Colombia”: Habla Bertha Quintero sobre las amenazas a funcionarios de IDARTES

¿Qué nos puede enseñar un gesto de guerra en el arte sobre el papel del arte en la construcción de paz? Habla una veterana de la cultura de la capital.
30.3.16

Hace unos días hablamos con Félix Báez, ex funcionaro del IDARTES, sobre las presuntas amenazas que recibió por parte de cierto sector del hip-hop bogotano cuando cumplía su labor como gestor cultural. Luego le pasamos el micrófono a varios líderes raperos que nos hablaron tanto de esta situación como del contexto de su movimiento y los aportes le ha dado a la capital. Ambos grupos sentaron fuertes opiniones sobre el movimiento, pero también sobre la institución que regula su relación con el estado, el IDARTES.

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Con la intención de seguir alimentando la discusión, fuimos hasta las oficinas de la entidad para hablar con Bertha Quintero, subdirectora de las artes, respetada veterana de la cultura en la capital. Con ella, conversamos sobre lo más urgente, pero también sobre el papel de la institución en su misión de fortalecer las prácticas artísticas en el sector del hip-hop y en el marco de las artes en la capital. Como con todos los involucrados, fuimos más allá. La conversación fue puesta en el contexto del conflicto histórico que involucra al país entero y sirvió para reflexionar sobre el papel de las artes como prácticas fundamentales para su desarrollo y por qué no, para la construcción de paz.

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Noisey: ¿Cómo ha sido el historial de amenazas que vinculan a cierto sector del hip-hop con la institución?

Bertha Quintero: Yo creo que antes de hablar de esto debemos tener tres aspectos en cuenta: primero, debemos tener claro en qué país vivimos y en qué condiciones está viviendo la gente. Y también, entender a Bogotá: una ciudad de ocho millones de personas que ha crecido muy rápidamente en los últimos años con una población significativamente amplia, muchos jóvenes, que no tiene condiciones óptimas de vida, de salud, de educación, oportunidades de empleo… todas estas posibilidades. Esto hay que enmarcarlo. Un país donde además se formalizó el ojo por ojo, la ley del más fuerte y el fin justifica los medios…

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Lo segundo que debemos tener en cuenta es el tema de las artes, que han venido en desarrollo y evolución como objetos de política pública. Esto no lo tenía la ciudad hace algunas décadas. Por fin digamos que los artistas de la ciudad encuentran como un “doliente” que legitima al arte como un medio para la expresión, para la cohesión, para el desarrollo. Y eso es un elemento importante, pues como finalmente esta ciudad es una ciudad conservadora, clasista, racista, discriminatoria, y muchos de estos sectores encuentran una posibilidad de expresión en las artes. Y aquí entra el movimiento hip-hop que tiene treinta años de existencia en esta ciudad, con una postura crítica directa y unas formas de expresión muy diferentes a las de los otros géneros musicales. Una cultura que a veces, por esto mismo, no es entendida por varios sectores del país, incluyendo el mismo sector que ha trabajado las políticas públicas para las artes. Esta ruta no ha sido tan absolutamente clara.

Por todo esto, en el movimiento se presenta todo lo que se presenta en cualquier otro sector, sobre todo en sectores económicos donde se habla de competitividad, accesos, oportunidades. Pero de ninguna manera se puede afirmar que esto es representativo de todo el movimiento. No es un problema del hip-hop. Es un problema del país.

En pocas palabras, se evidencia cierta lógica que viene del conflicto. Un poco eso de dirimir las diferencias a través de la violencia, por decirlo de alguna manera…

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Claro, hablamos del conflicto, ¿pero en qué términos? Este es un conflicto que está desde hace 500 años y que se mantiene hace 200, cuando se crea la república. Los pobres son más pobres, los ricos son más ricos. Las posibilidades que se han abierto para estos sectores no se han abierto de una manera significativa. ¿Qué pasa en nuestras zonas de frontera? ¿En un departamento como el Chocó? ¿En los mismos extramuros de Bogotá? ¿En qué condiciones está viviendo la gente? Todavía la clase política no está mirando de qué manera podemos transformar realmente estas condiciones. Ahí no hay una planeación. Hay una oferta educativa, claro, ¿pero hacia dónde va? Ahora mirando el tema del arte, ya se han abierto programas de arte en el país. Hace treinta años no había los programas que hay en este momento. Y eso es algo muy interesante: que esta entidad, en un lugar en el que el arte era considerado cualquier cosa, es la que ha tenido que empezar a pensar en el significado del arte en la construcción de una ciudad, en la canasta familiar, en el tema de industrias culturales… y hasta ahora estamos comenzando a trabajar. Hasta ahora por fin le estamos dando cumplimiento a una ley del 95, la ley de educación que decía que los currículos escolares deben incluir el arte, el deporte y la ciencia de manera obligatoria. Y eso nunca se había cumplido, solamente para ciertos sectores de población de estrato 6, 7, 8, 9 y 10, pero para los demás sectores no. Entonces hay algo que de alguna manera está evolucionando en la ciudad. Ahora, ni el arte es la panacea ni el arte es un paliativo, pero el arte sí puede ser un factor cohesionador, movilizador, educador, concientizador de una realidad. No más. Y además te puede provocar una reflexión, te puede aportar.

Parece pertinente contextualizar este fenómeno en el marco incluso de una discusión sobre conflicto y paz, pero hablemos del historial de amenazas, porque hubo personas que amenazaron de diversas maneras y en distintas ocasiones a varios funcionarios del IDARTES. ¿Cómo fue eso?

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Cuando se arma el IDARTES, se sigue trabajando en una política de fomento a las prácticas artísticas, y para esto se usan recursos públicos. Ahora, los recursos públicos no se pueden asignar a dedo, sino que esto se hace a través de convocatorias públicas, con unos jurados externos. Y siempre, siempre, los resultados generan molestias, molestias que, de acuerdo también a una condición de vida, se manifiestan de una manera distinta. Posiblemente desde una condición de vida yo me siento a hablar, desde otra me pongo brava, desde otra puedo llegar a los puños y desde otra puedo llegar a una amenaza, porque esto es lo que ha funcionado para ciertos grupos en este país.

Hay un comentario recurrente, y es que la entidad no denunció estas amenazas ni ni trabajó en dirección de poder garantizarle cierta protección a estos funcionarios. ¿Qué opinión tienes tú al respecto?

En este sector no se habían presentado ese tipo de situaciones ni había una ruta de acción definida. De todas maneras lo que ha dominado siempre en el sector ha sido buscar la concertación, el diálogo. Tampoco quienes estuvieron afectados presentaron sus denuncias en el momento. Nadie actuó como debía haberlo hecho, contundentemente, para que se iniciaran procesos. Pero ahora llegamos a un punto tal vez límite donde definitivamente este tipo de situaciones nos impone otro comportamiento al interior de la entidad. Por una parte tenemos que manejar mejor la divulgación de las situaciones, tenemos que buscar llegar mucho más, acercarnos mucho más a las localidades, dar la información pertinente. Y también, por otra parte, tendríamos que pensar en unos mecanismos de protección a todos los que participan, tanto de los funcionarios, de los artistas, como del público en un evento. Todo eso requiere además dinero, mucho dinero, para poder hacer un diseño. ¿Qué pasa a la salida de un festival cuando no hay un transporte, cuando todos los muchachos salen con una alegría desbordante porque oyeron o con una rabia porque no oyeron? ¿Qué pasa afuera?

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Está el caso del joven que fue asesinado afuera del festival en 2014…

Exactamente. Entonces allí tendríamos que pensar en un acompañamiento mayor al público que sale: una iluminación mejor, una solución de transporte… allí hay muchos elementos de la política pública que nos llaman la atención y que yo espero que esto que está pasando pueda promover una ruta al interior de las entidades del distrito.

A propósito, no solo de la denuncia sino de la discusión que esta ha generado, hay muchas críticas que se le hacen a la institución frente a cómo ha abordado este tema de las convocatorias, de las concertaciones, de las mesas desde donde finalmente se toman decisiones que afectan al sector. Muchos dicen que dentro de la institución no hay gente que pertenezca al hip-hop o que lo entienda, también se habla de malos manejos… en fin, hay todo tipo de comentarios. ¿Qué reflexión o autocrítica le harías a este sistema que ha ideado la institución para para tomar decisiones que afectan puntualmente al sector del hip-hop?

Yo creo que aquí llega una parte muy importante que se tiene que entender y es cuál es la misión de una entidad pública que está trabajando fundamentalmente en fortalecer las prácticas artísticas de una ciudad. Si es pública, cómo debe manejar el dinero y quién es el que toma las decisiones en una entidad. Yo creo que hay un desconocimiento total de los procesos internos hacia fuera. La responsabilidad, me parece a mí, que está un poco en la entidad que seguramente le hace falta comunicar mejor, pero yo creo que de ninguna manera se ha actuado irresponsablemente.

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La política pública para las artes está en construcción. Esto no está terminado. Sin embargo, hay unos elementos fundamentales que han dirigido esta política y que tienen que ver con las dimensiones del arte, con la investigación, con la formación, con la creación, con la circulación y con la apropiación. Y esas cinco dimensiones del arte que están establecidas y que están escritas en la política y creemos que son las que deben ser para cualquier arte, también tienen que ver con procesos de organización, con procesos de centralización y con procesos de apropiación, que es la consulta que se hace hacia fuera. El movimiento hip-hop ha venido creciendo significativamente en todas las localidades, y hemos tenido propuestas, por ejemplo, de cambiar el festival y que este sea el resultado de festivales locales. Pero esto significaría muchísimo más tiempo y muchísimos más recursos. Aquí, la gerencia de música, compuesta por un equipo de cinco o seis personas, es la responsable de hacer el trabajo de esas cinco dimensiones. Y yo creo que hay un desconocimiento hacia afuera de qué significa realmente hacer un festival, de qué significa realmente un proceso de concertación cuando tenemos en la ciudad unos cultores del hip-hop que están en todas las localidades y que requieren posiblemente de todo: de investigación, de formación, de procesos de circulación… Todavía no hay el recurso suficiente en la entidad para poder responderle a las necesidades de estas personas en la ciudad. Hay algún recurso, pero no es suficiente.

Segundo: hay un elemento, que tampoco se tiene en cuenta, y es que la entidad tiene que tener cuidado con la calidad de lo que se presenta. Tiene que haber un proceso de selección. Así como en una convocatoria unos quedan afuera porque simplemente no llegaron a tiempo, otros quedan afuera porque no cumplen el requisito de la calidad. Quién define la calidad no es ningún funcionario del IDARTES. Se llama generalmente a jurados externos que conocen el sector del hip-hop nacional o internacionalmente. Que nos dan elementos frente a las líricas, frente a las músicas, frente a la danza, frente al grafiti. Gente que conoce muy bien qué significa el hip-hop para darnos criterios. Esto tampoco se entiende y se acusa de una manera irresponsable que aquí no se conoce y que al interior no se está manejando correctamente. Yo creo que el camino que estamos llevando es correcto y toda esto es desinformación. Aquí nos gastamos horas con un banco de jurados de artes que tiene el distrito donde se escogen las hojas de vida para los jurados de todo, un concurso de cuento, de novela, de danza… Y aquí tampoco hay recursos como para hablar de un problema de corrupción interna, o de los votos que puede dar trabajar en una entidad como esta. Es un imaginario que se hace la gente.

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Lo tercero: estas mesas distritales a veces funcionan y a veces no. A veces unos no están de acuerdo con otros, hay enfrentamientos por la forma en la que suena un grupo o porque no se considera que quien está sentado ahí sea representativo. ¿Pero es que quién es representativo en este país? A ver: las elecciones aquí se ganan con un 70%, 40%, 50% de abstención. Tenemos que entender un poquito también que cuando uno abre una mesa, uno no sabe necesariamente quién llega ni qué representa. Si uno se pusiera a investigar quién representa y quién no representa, ¿pues a qué horas podría hacer las reuniones con los diferentes géneros de la música? Entonces a esas mesas llegan quienes quieren. Y generalmente, pasa lo mismo que pasa con las convocatorias: se presentan siempre los mismos. Los otros no se presentan o no tienen la actitud o están en contra de lo establecido o no quieren saber nada… Ahí hay muchos elementos a tener en cuenta.

Yo creo que aquí se han establecido unas rutas que hemos ido mejorando, que es trabajar en esas dimensiones del arte, hacer convocatorias públicas, hacer mesas de trabajo donde uno escucha las problemáticas y donde, de acuerdo a un presupuesto asignado, uno asigna unos recursos que tiene que distribuir. Esta entidad tiene un presupuesto que tiene que distribuir entre las seis artes, todo por convocatoria. Uno no puede cuestionar tan tranquilamente que por qué a este le dan y por qué a usted no.

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Para que la gente se haga una idea, a comparación con otro tipo de entidades, ¿cuánto presupuesto se maneja acá?

Esta entidad tiene 130 mil millones de pesos. Educación tiene billones, 35 mil docentes, 350 colegios, un millón de niños… ¡imagínense!

Hay otra crítica muy importante y que no solo se da en el hip-hop, sino también en rock, y es que a veces la política y el presupuesto público está muy enfocado en el tema de un gran festival anual, de repente descuidando procesos locales y hasta sociales que se viven al interior de las localidades y que tienen que ver con la música. Como que se invierte mucho una vez al año en un festival muy grande, muy costoso, descuidando otros procesos u otras partes de este proceso de construcción de ciudad a través de la música. ¿Qué opinas tú de eso?

Posiblemente los procesos de investigación, formación, apoyo, circulación y demás deben ser mayores, pero en esta ciudad el arte todavía no tiene un reconocimiento que le signifique un mayor recurso frente a transporte, salud, vivienda, educación… si lo tuviera, posiblemente se pudiera apoyar mucho más esos procesos locales. Yo creo que IDARTES sí lo piensa, sí lo propone, sí lo inicia y lo hace con los procesos que se tienen, como digo, de investigación, de formación… la entidad sí ha hecho un esfuerzo por tener una articulación con las escuelas locales de formación en el hip-hop, por ejemplo, por articular la gerencia de artes plásticas o la gerencia de danza a unos procesos locales. Ahora, nos parece que es importante mostrar estos resultados que vienen dándose, acompañados o no acompañados por una entidad pública, a través de un festival. Porque es que un festival significa más allá, mucho más allá del arte. Significa, en una ciudad que es difícil, que es violenta y que tiene problemas de todo tipo, tener dos o tres días de un encuentro masivo donde se está respetando la diferencia, donde se le muestran procesos a un público, procesos de cultura, de emprendimiento… A mí me parece importante en esta ciudad que esos espacios de encuentro se mantengan, así sean de un día o de dos días. Ojalá Bogotá tuviera 360 festivales o que cada mes hubiera uno, pero eso es costoso, porque lo que se quiere garantizar, por otro lado, es darle elementos formativos a estos artistas para que se puedan proyectar nacional e internacionalmente. Ofrecerles una capacidad logística, un diseño, unas tarimas, unos sonidos y unas luces que también son elementos formativos para un artista distrital, ya que en esa tarima va a estar alternando con artistas internacionales. No queremos que se sientan menos, queremos que se sientan exactamente igual. Que entiendan la dimensión de lo que significan este tipo de presentaciones. Yo creo que los festivales son el resultado de un proceso que va llevando a una ciudad frente a su expresión artística. Que hay que trabajar mucho más lo local, que hay que trabajar mucho más los procesos, claro que sí, pero también requeriría un presupuesto más grande en la entidad y equipos mucho más grandes.

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Sobre todo en una hipotética etapa de posconflicto. Las artes son muy importantes…

Las artes son lo que le han permitido a este país subsistir. Cuando los seres humanos se pueden expresar, las tensiones pueden disminuir y buscar una salida al diálogo. Cuando la gente se puede expresar libremente, cuando la gente puede expresar un dolor o una reflexión, es un elemento fundamental para poder continuar. Lo que tendría que pensarse es no 20 festivales al año, sino por lo menos 100 festivales al año de artes donde haya encuentros, encuentros masivos, donde se puedan encontrar las personas que son diferentes, donde se pueda promover ese respeto a esa diferencia. Yo creo que eso es un llamado de atención al gobierno, que de este tipo de programas, de proyectos y de entidades como IDARTES, debería haber al menos en las diez capitales más importantes del país, que el arte tuviera mayor apoyo y una política clara. Eso mejoraría las condiciones de vida. Claro: el arte puede ser una herramienta que le permita a la gente no solamente expresar sus problemas, sino también de golpe buscar salidas, porque el arte tampoco es que sea la panacea, pero sí puede aportar positivamente en ese proceso. Igual, ¿qué es el posconflicto? Aquí no podemos hablar de paz en abstracto. Aquí tenemos que hablar sobre las condiciones en las que nacen los niños, por qué nacen, en qué condiciones viven, cuáles son sus condiciones de salud, de educación, de empleabilidad. Esto es sobre lo que tenemos que hablar.

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Y pensando puntualmente en el hip-hop, que en últimas también apela mucho a las clases más populares de la ciudad donde muchos no tienen acceso a ciertas oportunidades de desarrollo a las que sí lo tienen otros de otros sectores de la ciudad, este sí se vuelve un campo tremendamente abonado, no solo para expresarse, sino para buscar salidas…

La cultura hip-hop le está dando lecciones a todas las demás expresiones del arte, porque es un movimiento que no solamente está mirando el arte para expresarse, sino que está ya haciendo procesos de emprendimiento artístico. Está mirando cómo a partir de su proceso, de su agrupación, puede generar trabajo para sus familias. Es algo muy interesante que se debería manifestar mucho más, darle un mayor reconocimiento. Es una pequeña industria.

Y las escuelas…

Total. La academia en esta ciudad escasamente se ha abierto a ciertos sonidos del rock, al jazz un poco más, a la música tradicional colombiana y a las músicas regionales se demoró 30 años en abrir las escuelas, aunque había uno que otro conservatorio. Pero no se ha abierto a las músicas populares urbanas. Fíjense cómo este movimiento ha podido liderar todos estos procesos, y esto es de lo que el movimiento mismo tiene que ufanarse, no solamente en su arte sino en los procesos de organización y de emprendimiento que se pueden desprender de una ruta que ellos mismos han realizado solitos. El apoyo del distrito en el caso de Bogotá no ha sido muy fuerte para sus industrias, pero igualmente los grandes empresarios de la ciudad también podrían apoyar. Pero no se le puede pedir a IDARTES que solucione todo el problema social de los hip-hopers, como tampoco se le puede pedir a IDARTES que de solución a su calidad artística. Tampoco podemos pretender que esta entidad garantice que no haya una amenaza o que no haya una pelea.

No existe para eso tampoco…

Claro… y no está para eso. Ese me parece un punto que se confunde y que se confunde por parte de todos: pensar que IDARTES tiene que dar solución a esto o simplemente no hacer el festival. ¡No! Nosotros tenemos que cumplir la misión de fortalecer una práctica artística.

También a veces se siente como si los sectores artísticos fueran muy dependientes del distrito, del subsidio, del festival… como si su carrera o sus procesos artísticos comenzaran y terminaran con iniciativas ligadas a lo público…

Ahí hay un problema: uno no puede negar que el único empleador de las artes en este país es el gobierno. Cuando aquí tengamos al arte presente en la canasta familiar, posiblemente los artistas podrán vivir de su trabajo. Cuando el oficio del artista sea reconocido como se reconoce el oficio de un médico, cuando sea pagado como se le paga a un arquitecto o a un ingeniero, cuando no sea un problema para los padres de familia porque hoy en el siglo XXI no quieren que sus hijos sean artistas. Entonces todavía el camino por recorrer es muy largo. Es un proceso que no viene de IDARTES ni de lo hopers, es del concepto que se tiene sobre las artes en el país. ¿Cuántos son los recursos que se le dan al Ministerio de Cultura o a una Secretaría de Cultura o a un instituto como IDARTES? Cuando se empiece a reconocer que el arte tiene un papel que cumplir como movilizador, cohesionador, como afirmador de identidad y de ciudadanía, cuando la gente aquí se pueda expresar sin miedo, ahí sí las cosas serían distintas. Yo creo que estamos en el camino y en la ruta, nos falta muchísimo, nos falta conciencia de parte y parte. Hasta de los artistas, porque no hay ni conciencia acerca de lo que significa ser artista y de cómo entendemos el arte. Yo soy música, soy percusionista, viví 27 años de eso, pero era todo un problema con el grupo entero entender qué papel estábamos haciendo, qué estábamos liderando… eso no es claro.

A veces pareciera que el IDARTES es una institución muy sofisticada para un contexto tan complejo como el colombiano…

Creo que la política para el arte ha evolucionado por el camino correcto. Y que está dándole un ejemplo al país y posiblemente a otros países que nos están mirando. Los festivales al parque son mirados por otros países como una herramienta válida de formación de público, de fortalecimiento de artistas, lo ven muy positivo. Yo creo que de la manera como los siguientes gobiernos sigan manejando, con mucho o con poco recurso, el papel del arte, es posible que se pueda aportar a la transformación de la ciudad. A unas nuevas condiciones. Ahora, todo esto tendrá que cruzarse con las condiciones de equidad, de vivienda, de salud, de educación, de empleo, porque a mí hablar del posconflicto no me dice nada. ¿Qué es lo concreto que se va a proponer? Si esto no se trabaja articuladamente para sacar adelante al 60% de la población que está en condiciones que no son óptimas, pues no va a haber ningún cambio. Y claro: primero el respeto a la vida. Si para acceder a ese cupo y presentarme allá arriba en tarima, lo mejor es que yo lo mate a usted, entonces la vida no vale nada. Pero esto no lo puede hacer solamente IDARTES. Por eso, yo no creo que IDARTES sea sofisticado, sino que al contrario, por fin esta ciudad tiene la entidad que esperaba hace años. Una entidad que pueda permitirle la expresión a la ciudad.

De repente a los ojos de algún gobierno puede parecer como si este tipo de iniciativas fueran muy sofisticadas para lo que supuestamente se necesita, y esto se refleja en términos presupuestales…

Quien no haya entendido esto no ha entendido lo que un país como estos significa. Realmente este país vive por las fiestas y los festivales que tiene durante el año, que son miles. Es decir, si tenemos 365 días al año, tenemos el triple de días de festivales de música, de arte, de danza, de reinados, de todo… Este tipo de cosas son las que mantienen a la gente: el encuentro. Y esto lo dan las fiestas populares, desde Barranquilla hasta el Amazonas, y en todos los grupos, incluyendo los originarios de Colombia. Habría que analizar qué pasa después de tres días de festival de Hip-Hop al Parque: ¿cuántos niños nacen después de este festival? A los nueve meses del Carnaval de Barranquilla nacen cientos de niños en toda la Costa. Esto nos da para muchas reflexiones. Las artes son en realidad la vida de Colombia.