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De padre del grindcore a padre de una niña: Shane Embury de Napalm Death

El mítico bajista de esta banda insignia de la música extrema, que estará en Rock Al Parque 2016, habla de metal y paternidad.
20.4.16

Parafraseando a Apocalypse Now, qué delicioso es el sonido de Napalm Death por la mañana. Para ese 97% de nosotros que nos levantamos gruñones y muy poco sociables, vale la pena probar la combinación de una taza de café bien cargado mientras escuchas grindcore a todo volumen. Como dicen que desgracia compartida, menos sentida, en el grindcore uno encuentra un compañero de batalla malhumorado con el cual enfrentarse al sol de la mañana y sobrellevar el día que te espera. Inténtalo. Al menos, poniendo grupos como Napalm Death por la mañana se ahogará el desquiciante tarareo de tu roommate, evitando incluso que llegues a perpetrar un apuñalamiento matutino.

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Para los profanos en el grindcore, este tipo de música podría definirse como un cruce entre el hardcore y el death metal. Las letras son todo GROOOOGRAAAAGROOO; la batería saca humo, TATATATATA, y la guitarra y el bajo van a un ritmo de vértigo, TRATRATRA-DU-DU-TRATRA. Los temas suelen ser ridículamente cortos y tienen un tempo absurdamente rápido. En resumen: la banda sonora de Satán eructando y cagando al mismo tiempo.

El bajista Shane Embury es uno de los padres del grindcore y el miembro activo más antiguo de Napalm Death. Aunque el Ejército de los EUA utiliza el grindcore como arma para torturar psicológicamente presuntos terroristas prisioneros en Guantánamo y en lugares negros de la CIA, Shane ha estado tocando este género abrasivo desde 1987. Vive con su mujer y su hija en Birmingham, en el Reino Unido, la cuna del heavy metal y de grupos como Black Sabbath, Judas Priest y Godflesh. Cuando le llamamos por teléfono, él y el baterista estaban intentando conseguir que su bebé dejara de llorar.

NOISEY: Hola, Shane, ¿cómo estás? [Bebé llorando] ¿Te agarro en un buen momento?

Shane Embury: No hay problema, hombre. Estoy en casa del baterista. Hay un poco de caos ahorita. Tenemos unos días de descanso de la gira y ahora estoy con mi bebé de cuatro meses. Danny, nuestro baterista, está dándole el biberón a mi hija por primera vez. Toda una experiencia. Acabamos de volver del mercado y ahora parece que está bastante tranquila, así que todo bien.

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¿Es tu primera hija?

Sí. Nació en diciembre, así que no he parado. He pasado mucho tiempo fuera de casa. Mi mujer es japonesa y hace unos meses se llevó a la pequeña a Japón para que la conocieran sus abuelos. Y ahora viene lo bueno. Está empezando a sacar los dientes y se mete cosas en la boca. Pronto empezará a gatear y va a ser, bueno, madre mía… [Risas]. ¡Ya veremos!

¿Ya la has ido introduciendo en la música?

Bueno, le canto bastante. Le canto todo tipo de música, además de cosas heavy. Creo que no desentono mucho. Pero estoy intrigado, porque tiene los dedos bastante largos y pienso… mmm… ¿pianista? ¿Guitarrista? Yo le pondré heavy metal y le moveré los pies cuando suene el bombo. Derecho, izquierdo, cosas así. No sé si entenderá lo que hago, pero quizá en el subconsciente le esté enseñando un poco de coordinación sin que se dé cuenta.

¿Qué tipo de música le pones?

Pues el otro día me dieron el demo de un tema de At the Gates, porque somos amigos. La puse y empezó a balancearse en mis rodillas y a mover las manos. Ese fue su primer acercamiento a la guitarra heavy, el nuevo tema de At the Gates. Por cierto, no debería estar hablando de eso, pero bueno.

Ahora vives en Birmingham. ¿Por qué crees que el heavy metal tiene tantas raíces en las West Midlands británicas?

Dicen que porque es una zona industrial. Pero hay muchas zonas industriales. Más que nada, creo que fue Tony Iommi quien dijo una vez, “allí hay mucha miseria y la gente solo quiere largarse”. Quizá ese fue el punto de inflexión. En cualquier caso, cuando estás en un sitio con tanta historia musical, es inevitable que tú mismo empieces a crear cosas interesantes. Si lo pienso, muchas de esas bandas se formaron en el mismo barrio en que yo crecí. Cuando era joven no era consciente de ello.

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He oído que tocas mejor cuanto peores son las condiciones y viceversa.

Tienes dos opciones: o te quejas de las cosas, que es lo que hacen algunos, o esperas a ver qué pasa. A veces es inevitable que, cuando las condiciones son muy malas al principio, esos conciertos salgan muy bien.

Parece que cuando un grupo lleva una cierta cantidad de años juntos, se convierten en una especie de institución que ha superado el punto de ruptura. Y Napalm Death está en la escena desde 1981.

Bueno, los dos primeros años que pasé en la banda, antes de que llegaran Barney, Mitch, Jesse y Danny, estaba un poco inestable la cosa porque todos vivíamos en zonas distintas. No estábamos tan cerca. Éramos muy jóvenes y hacíamos muy pocos conciertos, porque todo estaba empezando. Pero por 1989 o 1990, cuando llegaron los otros chicos, los cuatro estuvimos viviendo en la misma casa Dios sabe cuántos años. Entonces empezó a estrecharse nuestra relación. Supongo que eso tuvo mucho que ver. Hombre, durante estos años ha habido ocasiones en las que hemos tenido nuestras diferencias. En cierto modo es como un matrimonio. De vez en cuando, si nos peleamos, tienes que verlo todo en perspectiva y pensar que gracias a esto puedes conocer el mundo, a gente interesante, y tocar la música que te gusta. A veces tienes que tragarte el orgullo y darte cuenta de que hay cosas por las que no vale la pena enfadarse. Supongo que no todo el mundo puede hacerlo.

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¿Cómo te pusiste en contacto con los miembros del grupo la primera vez?

Los vi por primera vez en 1986, literalmente a unos metros de donde estoy ahora mismo. Me hice muy amigo de los chicos. Por entonces tenía 18 o 19 años y un trabajo de media jornada. También estaba en un par de grupos y me atraía mucho la agresividad. Me gustaba la mezcla de hardcore y death metal al estilo Celtic Frost. Era genial. Así que nos hicimos buenos amigos y los seguí a todas partes. Hacían conciertos en varios sitios y yo me unía a ellos. Grabaron la cara A de Scum, que se suponía que tenía que ser un 12 pulgadas. Yo estaba en el estudio con ellos, encantado de la vida. Luego me preguntaron que me uniera a la banda, pero no lo hice directamente. Es de lo que más me arrepiento, la verdad. De no haber aceptado antes.

Quizá así podrías haber grabado la cara B de Scum, ¿no?

Sí. Fue una locura. Nicholas Bullen, uno de los que formaron el grupo originalmente, se fue para tocar la batería en una banda llamada Head of David. Había un concierto punk en Coventry y Nick me preguntó si quería tocar la guitarra. Yo pensé que podía tocar más o menos bien, aunque era mejor baterista y bajista, pero le dije que sí, que claro. Así que volví con Nicky, el baterista, y Jimmy, el bajista, y tocamos un par de canciones que más tarde saldrían en el segundo disco. Todo fue bien, pero me sentía abrumado. Al final me asusté y les dije que no sabía tocar la guitarra lo suficientemente bien. Nick acabó pidiéndoselo a Frank Healy, desgraciadamente. Grabaron la cara B y el resto es historia.

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¿Cómo volviste con ellos?

En 1987, cuando Jimmy se marchó, dijeron que necesitaban un bajista por un tiempo. Hablé con el cantante y le comenté que me sentiría más cómodo tocando el bajo porque [risas] tiene cuatro cuerdas y no seis. Todo el mundo se arrepiente de algo. Yo me arrepiento de no haberme lanzado antes. Pero el bajo me gusta un poco más. Te da más libertad para moverte en el escenario. Con la guitarra tienes que vigilar más lo que haces. Es más preciso. Cuando entré en el grupo, lo primero que hicimos fue la Peel Session.

¿Cómo fue conocer a John Peel?

Recuerdo ver un montón de equipo de grabación muy raro y vintage en los estudios de la BBC. Era un tipo muy buena onda, con los pies en el suelo. Se aficionó a Napalm Death y a otras bandas del momento. Tocaba de todo, desde Napalm Death hasta los Smiths, The Cure e incluso música underground con inspiración tribal africana. Le gustaba mezclarlo todo. En sus primeras sesiones había una mezcla de metalheads, punks y chicos indie noise. Podías ver tocar a Slayer después de Dinosaur Jr, y eso me encantaba. Todo estaba mezclado.

¿La ideología en los inicios del punk y el metal era tan restrictiva como dicen?

La gente nos señalaba con el dedo por tonterías como beber una lata de Coca-Cola. En la época de Scum, todo el mundo tenía una política muy directa. Yo venía del metal, que es menos político que el punk. A lo mejor yo estaba bebiéndome una Coca-Cola y venía a decirme algo un tipo que llevaba unos zapatos que costaban 200 libras. Un poco hipócrita, ¿no? Cuando llegó el CD y Napalm sacó su segundo álbum en este formato, se nos acusó de ser unos vendidos. No lograba entenderlo, viniendo del entorno del metal. Me gustaba la actitud y la agresividad del punk, pero veía que había cierta hipocresía política. Por un lado predicas unidad y libertad de pensamiento, pero si no puedes tocar en un festival por cualquier razón política, ¿de qué sirve todo eso? Para eso te quedas en casa o vas al mismo club todo el tiempo y tocas lo mismo una y otra vez. Pero de ese modo no le llegas a gente nueva.

Parece que la corrección política está mucho más centrada en la red, hoy en día. Si dices algo malo, corres el riesgo de que te salten al cuello en las redes sociales.

Vivimos en una era en la que estamos controlados 24 horas al día, 7 días a la semana. A veces se sacan las palabras de contexto para dar la impresión de que alguien es de una u otra forma. La verdad es que resulta complicado. Todo el mundo quiere expresar su opinión. Cualquiera puede publicar un tweet o un comentario. Yo procuro ser directo. Hay muchas cosas jodidas en el mundo, pero si se trata de política, prefiero guardarme mi opinión.

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Greg Pike es escritor y vive en Canadá. Síguelo en Twitter.