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Rusty Eye: una banda mexicana de metal que se fue a Los Angeles a armarla

Un ejemplo de consistencia y esfuerzo, con este trío afincado en el corazón de Sunset Strip.

Foto vía

Los clavados dirán que el metal se canta en inglés. Los menos conservadores te dirán que en español no está tan mal. Rusty Eye lo hace en ambos idiomas.

Dos de los integrantes de este trío radicado en Los Ángeles, California son mexicanos, y se lanzaron para allá hace casi 15 años buscando mejores oportunidades para su música. Al principio la vieron dura. Hoy ya están establecidos, hasta con historias de Lemmy de Motörhead en Hollywood, de quien fueron vecinos.

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¿Progresivo? ¿Thrash? ¿Death? Estos estilos se mezclan en Rusty Eye, que se conforma por quienes se aventaron a tomar una decisión de vida en otro país: Mr. Rust al bajo y voz y Miss Randall, baterista y prácticamente vocalista del grupo. Y ya en L.A. conocieron a su liro: Baron Murtland.

Su primer y segundo disco de estudio jalaron bien en inglés, idioma con el que se dieron a conocer en la Ciudad de México cuando todavía vivían ahí. Hace pocos años les pegó la nostalgia y se aventaron un disco de covers en español con rolas de Los Amantes de Lola y La Cuca.

Rust y Randall se alejaron de uno de sus días rutinarios en Los Ángeles para enlazarse por Skype y contarnos qué onda con la banda y cómo la vida los llevó a encontrarse con Carmen Salinas… Sí, esa Carmen Salinas.

Foto de Evan Larimore

Noisey: ¿Saliendo de un día de trabajo?
Miss Randall: Sí, justo venimos del trabajo.

¿En qué están?
Miss Randall: Yo trabajo en una oficina de abogados de cine y estoy estudiando una maestría en comunicaciones de marketing. Acabo de empezar en enero.
Mr. Rust: Estoy en una tienda que financia a hispanos y estoy en lo de las ventas por Internet. Me encargo del diseño digital y también hago sonido para las bandas en el Rainbow [Bar and Grill, un bar en Sunset Strip] y pongo música.

Vienen de México y comenzaron con la banda en inglés. Quizás ahora sea más lógico que lo sigan haciendo en ese idioma allá en Estados Unidos. Pero cuando estaban aquí, ¿por qué empezaron así?
Mr. Rust: Cuando yo empecé fue con la idea de ser diferente. En México el rock en español ya se había vuelto mainstream porque antes no había mucho; luego empezó duro con Caifanes, todos querían emular su sonido. Justo por esa época algunos grupos comenzaron a cantar en inglés, que ya fue mejor aceptado; pero antes cantar en inglés era como nada honroso al país.
La idea principal fue ir contra la corriente; eventualmente hicimos un disco en español porque ahora es al revés. ¿Cómo reconectar con México? Quisimos ampliarnos, volverlo más universal. La cuestión es que más que “para salir del país”, cantar en inglés fue darle universalidad a la música. A los clavados les dimos la versión en español y ahora lo que hemos pensado es hacer discos en español y en inglés. Sería lo mejor de lo mejor.
Miss Randall: Cuando nos fuimos de México fue hacer todo en inglés porque tuvimos que hacer todo de nuevo; hacer un nombre en Estados Unidos, como si nunca hubiéramos existido. Fue difícil. Eran tiempos diferentes.

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Vivieron en México y se lanzaron a Estados Unidos. Dejando la música de lado, ¿qué tal fue el cambio social?
Mr. Rust: Al principio fue difícil. Tuvimos que pagar el precio de salir a tocar a la calle. Me acuerdo que tocamos un montón en clubes y pequeños bares, jalando a la gente a que fuera, hacíamos los flyers, los press kits. Nos tocó la parte dura, y conforme fueron pasando los años, todo eso se aligeró. La calidad de los eventos comenzó a mejorar. Ahora cuando tenemos algun evento ya, al menos, sabemos que hay un seguimiento. Antes era salir a darse a conocer. Es durísimo pero es una de las tantas pruebas que muchas bandas no pasan. Ese tipo de transición fue muy dura. Aquí todo es diferente… Si tú quieres a Los Ángeles, Los Ángeles te quiere de regreso, eso es un hecho. Aquí la gente que fracasa es porque la gente siempre se queja, y el lugar solito los manda de regreso.
Miss Randall: Yo salí a conocer a mucha gente, y es lo de hoy, ir a los conciertos, ir a conocer, introducirte con la gente, los promotores, los que programan música en radio. Como estamos establecidos en el Sunset Strip, enfrente de todos los clubes, casi todos los días me iba a caminar, a conocer a todos los de las puertas, presentarme, decirles que tenía una banda.

Foto de Fabien Castro

¿Tuvieron algún tipo de broncas por ser de México?
Mr. Rust: Aquí en Los Ángeles no, pero en México… no sé si ya cambió, pero antes era un relajo porque todo lo que era la industria de entretenimiento, sin importar el género, era muy hermético. Siento que ahora hay más apertura pero antes conocer a alguien en la industria era un milagro, si no eras parte de su círculo no te hacían caso.
Me acuerdo que una vez tuve que hablar con Carmen Salinas por teléfono porque ella tenía uno de los poquitos estudios que existían en México para grabar. Era la época de los casetes… imagínate. Grabar un disco era algo extraordinario. Los únicos que tenían estudios eran los de Televisa, los famosos. Buscando opciones y cotizando, tuve que hablar con Carmen Salinas que no nos quiso aceptar en su estudio porque éramos un grupo de metal. Me preguntó que a quién conocíamos, pero no conocíamos a nadie. Ahora es más fácil.
Ahora hay una mayor apertura a bandas nacionales. Cuando yo me fui, banda nacional que se subía a tocar para abrirle a algún grupo internacional, la gente la bajaba a pedradas solamente porque eran nacionales… Buena o mala, los bajaban.

Han estado de los dos lados. Si alguien de México quiere lanzarse a Los Ángeles por esa onda ochentera del Sunset y Mötley Crüe, ¿hay chance de que alguien la arme por allá?
Miss Randall: Depende del género. Eso de los ochenta es una ola que va y viene. Cuando nosotros llegamos, el Sunset estaba lleno de chavos que parecían de Mötley Crüe.
Mr. Rust: Es dificilísimo. Una de las cosas de las que yo me he percatado a lo largo de los años, es que hay un montón de bandas suecas, australianas, griegas, que no sé de dónde sacan el dinero; si la familia les ayuda o piden préstamos, pero vienen una temporada, como seis meses a tocar en el Whisky, que además te cuesta una lana tocar ahí, y se hacen amigos de todos; todos los van a ver, pasan los seis meses y no llegaron a nada y se terminan regresando. Eso lo he visto muchas veces. Eso de venir a tocar a Hollywood para que una disquera te contrate ya no existe. Eso se acabó en los ochenta. A los que yo he visto durar y que todavía siguen, hacen lo mismo que nosotros: llevar el propio negocio, manejar tu carrera por debajo de todo lo que está de moda en Hollywood. Es muy efímero. Ahora hay un mar de bandas y un mar de información que ya no te deja mucho donde enfocarte.

A nivel mundial el Sunset Strip otra vez tuvo su mini auge por la muerte de Lemmy, quien por cierto era un asiduo del Rainbow.
Mr. Rust: Lemmy siempre estuvo en contacto con la gente, era una persona de la que todo mundo te puede contar una anécdota de cuando lo conoció. Realmente fue un artista abierto a su público, no estaba escondido.
Miss Randall: Yo fui al funeral de Lemmy. Yo lo conocí, fue mi vecino. Mi roommate era su hijastro. Fui a la ceremonia, fue muy hermosa y emocional. Estuvieron Dave Grohl, Dee Snider, Rob Halford, Gene Simmons. Nunca había sentido algo así.
Lemmy nos impulsó a seguir su modelo de vida. Era muy trabajador. Una vez le pregunté qué opinaba de las bandas de mujeres que tocaban metal y me dijo que no había que pensar en eso: “Que te valga madres, haz lo que haces”.
Mr. Rust: Nosotros aprendimos directamente de Lemmy; simplemente había que ser como eres.