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Tal vez necesitamos dejar de hablar sobre Kurt Cobain

Kurt es el güey muerto más vendible del mundo. Pero, ¿por qué?
20.1.15

Kurt Cobain por Abigail Radnor para The Times Magazine

Este artículo se publicó originalmente en Noisey UK.

En 2002 apareció en las tiendas un libro gordo disfrazado de cuaderno Mead rojo con espiral. Podría haber sido el cuaderno de cualquier estudiante de la prepa. Con un poco de garabatos en la portada en tinta negra y una frase adolescente que advertía “if you read you’ll judge”. Dentro, estaba la versión facsimilar de los diarios de Kurt Cobain. Cuando lo encontré en uno de los anaqueles de una tienda de ropa de moda chatarra, lo sostuve en mis manos y pensé: qué pasados de lanza. Entonces vi las camisetas, los bobbleheads, los imanes, las velas, las matrioskas, las patinetas y los posters de Kurt desperdigados por cada una de las tiendas de ese centro comercial entre los murmullos de los vendedores y los silbidos de las cajas registradoras.

Journals, Riverhead Books, 2002.

Los homenajes a este icono de Seattle abarcan desde covers infinitos a canciones populares de Nirvana, entrevistas con “amigos” y colaboradores que cargan con la clásica brigada “YO LO CONOCÍA MEJOR QUE TÚ”, hasta todo lo que se pueda extender comercialmente para hacer dinero a sus costillas, que a estas alturas deben estar fundidas con la tierra. Ya pasaron dos décadas y Cobain se mantiene como el icono torturado arquetípico, sólo derrotado por Bob Marley, el Che Guevara, John Lennon, Michael Jackson y Jesucristo, que funciona como el güey muerto más vendible del mundo. Pero, ¿por qué?

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Es fácil darse cuenta de que Kurt ha alcanzado casi un estatus religioso entre aquellos que encontraron insuficiente a la Iglesia Católica Romana. Era absolutamente opuesto a lo que una deidad debe ser: efervescente, aspiracional y demasiado humano. Se paraba en todos lados a decirle a miles de personas, “Todo es una mierda. Me odio a mí mismo. No eres el único”.

De la colección Dead Legacy Kurt Cobain. Foto cortesía de Urban Outfitters.

Irónicamente, todo lo que Kurt odiaba es lo que propicia que siga estando en el primer plano de la venta de garaje de las celebridades muertas. Voy a decir algo muy cínico, pero al haberse muerto en la cúspide de su carrera y a una edad en la que todavía era carne fresca para llevarse a la cama, la imagen de Kurt es perfecta para vender esas cosas que llevan las caras de la gente impresas en ellas. Junto a Miley Cyrus, los Beatles y la portada del Unknown Pleasures de Joy Division, vas a encontrar a Kurt Cobain colgando de los bastidores de camisetas en Urban Outfitters. Y hay una razón por la cual es él quien termina ahí y no Thom Yorke, y no es porque Urban Outfitters esté lleno de gente que tararea “Rape Me” mientras navega entre overoles florales. Es porque Kurt es hermoso y ya no puede hablar por sí mismo. Eso es lo que vende.

Claro, no hay un solo aniversario de la muerte de Kurt (o AMK la abreviatura que probablemente marque los libros de contabilidad de Geffen) que no incluya algún refrito de viejas glorias a beneficio de alguien que quiere juntar algo de dinero para darse unas largas vacaciones. El In Utero de Nirvana, un álbum que, desde que se escribió hasta que se produjo por Steve Albini, estaba destinado a ser un regreso a las raíces crudas y sin retoque de la banda, se reeditó en 2013 para su aniversario número 20. El Nevermind también recibió el tratamiento de reedición y remasterización en 2011, bajo el desaliento casi universal de los fans, mientras cada Record Store Day o cada aniversario de lo que sea que tenga que ver con Kurt, parece venir completo con una levemente nueva versión de lo que es esencialmente un canon de trabajo bastante chico como para seguir siendo arado dos décadas después. ¿Todas estas son reevaluaciones que valen la pena y pueden sumar algo relevante? No. ¿La gente hace dinero con ellas? Sí.

Foto vía Flavor Magazine.

Pero todo esto no es nada comparado con la contenciosa batalla todavía en marcha sobre los “derechos” del legado de Cobain. Mientras Courtney Love sigue en disputa con Dave Grohl y Krist Novoselic, ex integrantes de Nirvana (Love declaró recientemente que hasta sentarse con ellos en la inducción de Nirvana al Rock and Roll Hall of Fame sería “incómodo”), parece haber una colección interminable de terribles decisiones en torno a la forma en la que los bienes de Cobain y de la banda son tratados. Como una puja de poder en el patio del recreo: “yo puedo hacer algo peor que cualquier cosa horrenda que tú hagas”. Grohl y Novoselic decidieron tocar con su alegre fan que tiene permanentemente los dos pulgares arriba, Paul McCartney, por primera vez desde que compartió un escenario con Nirvana, conduciendo a una precipitadamente denominada “reunión”. Pero que el hombre más feliz del pop haya reemplazado al más enojado, fue precedido con la respuesta de Courtney en forma de “Kurt Cobain: El Musical”. Podrías pensar que ninguna de estas dos opciones serían las que el cantante elegiría para pasar su tiempo si tuviera poder de decisión, pero los desacuerdos interminables entre las dos partes son temas de agenda noticiosa, para variar.

Foto vía.

Cobain, por culpa de todo el mundo menos la suya, ha caído dentro de una locura insignificante y deprimente. Solamente “Smells Like Teen Spirit” tiene covers completos de Miley Cyrus, Imagine Dragons, Little Mix y The Muppets, ha aparecido una cantidad de veces innumerable en The X Factor y se asoma de pronto en una canción de Jay Z con Justin Timberlake. No es raro escuchar homenajes a Cobain en la radio seguidos de esta canción aunque él mismo declaró que llegó a odiarla con todo y su popularidad.

Los homenajes a Kurt Cobain a través de los años han sido guiños cariñosos hacia una de las figuras más importantes e inspiradoras en la historia de MTV. Pero para preservar el legado de Cobain de una forma que se relacione por lo menos un poco con cómo empezó su historia, tal vez deberíamos de dejar de hablar de él todo el tiempo.

Foto vía imgarcade.com