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'Todo esto eran mangas', el contundente regreso de Parlantes

La mítica agrupación paisa, formada en 2003, regresa con un nuevo disco tras siete años de ausencia. Las calles de Medellín y sus personajes siguen siendo su materia de inspiración.

Foto por Alfonso Posada

El olor a café recién hecho se mete por la ventana. Son las 4:00 p.m. de un viernes nublado y en la oficina de Camilo Suárez, ubicada en la Universidad EAFIT, al sur de Medellín, alcanza a sentirse el penetrante humo que expulsan las chimeneas de Colcafé.

Camilo, profesor de literatura y asesor de las maestrías en Hermenéutica Literaria, Estudios Humanísticos y Escrituras Creativas, cuelga su celular. Alguien lo llamó para preguntarle si ya repararon un juego de luces que debe estar antes del 11 de mayo en el Auditorio Fundadores de la Universidad. Allí, él y sus compañeros de banda, Parlantes, presentarán desde las 7:30 p.m. su tercer álbum: Todo esto eran mangas.

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-Uno quiere ofrecer un lanzamiento con todas las posibilidades y todas las características óptimas de sonido y puesta en escena. Montar algo en un espacio, así sea tan bueno como el Auditorio Fundadores, supone muchos trabajos y definiciones. Pero en eso estamos-, dice Camilo con voz pausada.

Aunque en los últimos días ha tenido que alternar sus ocupaciones como profesor y su rol de papá con los ensayos de la banda, él mantiene el equilibrio y prefiere guardar energías para el concierto del martes.

-En el concierto tocaremos canciones de los discos anteriores (Parlantes y Lengua negra), que creemos pueden relacionarse con las nueve de nuestro nuevo disco. Quienes vengan al concierto encontrarán a un grupo de personas que tienen la conciencia de que ha pasado mucho tiempo y que fue un trabajo difícil, pero que ahora quiere entregárselo a otros para que experimenten algo de lo que se nos ocurrió mientras lo hicimos. O también pueden pasar una buena noche y escuchar una canción que les resulte atractiva. Eso puede ocurrir el martes y esperamos que así sea-, comenta Camilo sentado frente a su escritorio, repleto de libros de Martin Heidegger, Friedrich Schiller, Harry Martinson y otros autores que lee con fervor.
*** Tras una pausa de siete años, Parlantes -integrada por Camilo Suárez (Voz), Alfonso Posada (Batería), David Robledo (Percusión), Pedro Villa (Bajo), José Villa (Guitarra), Fredy Henao (Teclados) y Camilo Orozco (Guitarra) –se puso manos a la obra para grabar un nuevo disco. Pero antes de ello, la banda tuvo que sortear algunas dificultades que le plantearon nuevos retos y otros horizontes.

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-Pasaron muchas cosas, pero hubo una que explica ese lapso entre un disco y el otro, y es la partida de John Henao (Heneas). Heneas se fue a vivir a Canadá y además de ser uno de los pianistas, jugaba un papel muy importante en el proceso de composición de las canciones y en la definiciones creativas y musicales del grupo. Tuvimos que construir nuevamente vías para la composición y decidir acerca del espacio que dejó John. Encontrar esa dinámica fue difícil, tuvimos que hacer sesiones de improvisación, reunirnos por grupos y dividirnos tareas. Todos esos recursos los utilizamos para ver de qué manera nos resultaba más cómodo encontrar un nuevo espacio y otro modelo de composición-, explica Camilo.

Aparte de la partida de Heneas, Pedro Villa tuvo “un proceso médico largo”, mientras que Camilo sufrió un desprendimiento de retina que lo llevó varias veces al quirófano. Este conjunto de incidentes aplazaron la realización del disco, pero la banda se mantuvo activa.

-El grupo siempre estuvo activo, pero frente a una incapacidad médica de dos o tres meses se generaban baches o se aplazaban los compromisos con el estudio. Pero estuvimos activos, surgieron nuevas canciones y algunas se fueron puliendo con el paso del tiempo. Eso, de alguna manera, contribuyó a que se decantaran mejor algunas ideas, porque a pesar de esas circunstancias encontramos la forma de aprovechar el tiempo-, agrega Camilo.

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La banda llegó a El Alto Estudio, dirigido por Juan Diego Galvis, para grabar y mezclar las canciones del nuevo disco. En este proyecto también participaron otros músicos paisas como Juan Fernando Giraldo (El Guapo) en los vientos, y Sara Rodas, vocalista de Mr. Bleat, en los coros. Las pausas continuaron durante el proceso de grabación y las canciones tuvieron que ser grabadas en tres tandas. Aunque las sesiones fueron largas, se convirtieron en un juego.

-Fueron momentos muy distintos, pero tuvimos la ventaja de contar con la hospitalidad y generosidad de Juan Diego, lo cual permitió que esas interrupciones no alteraran la integridad de nuestra búsqueda: hacer un álbum de estudio de la mejor manera posible, incorporando vientos y encontrando un mejor espacio para las guitarras eléctricas, que se encargaron de cubrir un poco la ausencia de Heneas. Y bueno, tratamos de que fuera muy tranquilo el proceso. El ambiente también fue festivo y cómodo para nosotros, porque si necesitábamos un órgano no había problema en aplazar una tarde de grabación para conseguir un buen registro. O podíamos hacer las sesiones de vientos hasta reunir lo que queríamos. Fue una buena combinación entre recursos y disposición que generó una comodidad muy valiosa- detalla Camilo, quien permanece sentado en una cómoda silla.

Esa comodidad abonó el terreno para que Parlantes regresara con un álbum en el que el rock se mezcla con otros géneros como el tango o la salsa. Cada una de sus canciones habla con ingenio de esa Medellín bucólica que fue invadida por el agresivo cemento. ***

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Desde la ventana de la oficina de Camilo se ve la Biblioteca Luis Echavarría Villegas, un imponente edificio de ladrillo que imita a los zigurats o templos de la antigua Mesopotamia. No se divisa ninguna montaña y fuera de la oficina hay varios jardines zen.

Este paisaje es muy diferente a la ciudad agreste que recrea Todo esto eran mangas, un disco conformado por nueve canciones como “Los madrugadores”, “Ripio”, “Equis balada” o “Raponero”. Su nombre alude a esa frase utilizada por los más mayores para remitirse a ese valle despoblado que tuvo que abrirle paso al recio progreso.

-El disco y las canciones establecen un balance entre una dimensión rural y la condición urbana de todos nosotros. Por ejemplo, en una canción como “Sinclair”, donde aparece la expresión “todo esto eran mangas”, hay una historia que plantea la hipotética desolación de esta ciudad. Entonces, habla de un sujeto que la recorre mientras la maleza y el verdor del abandono comienzan a cubrirla- explica Camilo con paciencia, como si estuviera en una de sus clases de literatura.

Basta con escuchar unos cuantos segundos de la melancólica canción que él acaba de mencionar para sentir esa “conjunción del verdor con la ciudad” que atraviesa a todo el disco:

Solo quedan los más viejos/Los que no pueden marchar/El miedo llena sus cuencos /Persiguen el fruto del basural /De regreso a los cambuches /Opulenta soledad /Maleza rompe el alfalto/ perfuma los delirios del andurrial/ Esta villa es un villorrio /Un poblado fantasmal /Un caserío en la ruina/Todo esto eran mangas…/

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Otras canciones están inspiradas en apuntes autobiográficos. Tal es el caso de “Equis balada”, un monologo de un cantante que va de cuadra en cuadra cantando sus dichas y dolores:

Sin pisar la raya. Vamos por el surco del asfalto. Está temprano —la ventaja de ser madrugador de la tribu—, así voy de acá hasta Robledo y vuelvo, no por toda la 80 sino callejiando entre los barrios. Así me oyen mejor y hasta logro almuerzo… Una sopita de fideos con aguacate, ¡Qué rico! Ah, pero vea pues, yo ya despaché la mañana.

¿Con cuál sigo? Una de esas que solo oírlas y ya está uno de pelea, como cuando hundía F7. Pero suave, que me gasto la voz y falta mucho, se me rasga y llego en harapos. Bueno, ya está cajeta pero sigue pintando como pedazo de ladrillo en la calle. Mentiras, pero la lluvia borra eso y yo no creo que lo cantado se olvide, no señor, esto es lo mío, a todo pulmón. Que llueva. Y no se borra lo cantado: en el aire queda. Así es la cosa, señor, como dice Elvis, la música mueve por dentro y por fuera. Así es conmigo. Público cantor, soy otros, soy judío errante que canta los pasos.

-Es inevitable echar mano de la experiencia y de los episodios autobiográficos. “Equis balada” tiene que ver con la experiencia de oír a un personaje que caminaba por las calles cantando canciones. Y bueno, uno estaba en la casa, oía un murmullo que iba creciendo y se asomaba por la ventana o salía al balcón para ver pasar a alguien absolutamente extraordinario, que cantaba a toda voz canciones que uno había oído en la radio. A partir de esa imagen, me puse a investigar y preguntarles a vecinos o amigos si hablaron con él o si sabían dónde vivía. Algunos de esos datos se consiguieron, pero era una vida difícil de construir plenamente. Entonces, lo que no fue posible recobrar se construyó a partir de lo que uno considera que pudo haber sido la vida de él. Y hay algo que se revela en la canción y es que de cierto modo yo hubiera querido ser él, el cantante idealizado-, recuerda Camilo mientras los ojos le brillan detrás de sus lentes de marco grueso.

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Además de las vivencias propias, la literatura está latente en las canciones de Todo esto eran mangas. Hay reminiscencias al poeta nicaragüense Rubén Darío en “Madrugadores”, mientras que algunos fragmentos del poema Maleza, escrito por el antioqueño Tomás González, aparecen en “Sinclair”. Andrés Caicedo también se hace presente con su cuento El atravesado en “Futuro Anterior” y Porfirio Barba Jacob con su Balada de la loca alegría al final de “Sweet Banana", inspirada además en la legalización de la marihuana en Los Ángeles (Estados Unidos). Incluso, el geólogo y escritor Ignacio Piedrahita lee un fragmento de su texto Las piedras en “Ripio”.

-Yo creo que la literatura y otro tipo de creaciones, cinematográficas o de otros medios, operan como una riqueza que uno reconoce y valora. Uno aprovecha para hacerles un homenaje o tratar de potenciar el sentido que esas obras tienen. El mérito de algunos versos de León De Greiff, César Vallejo, Tomás González o José Manuel Arango es que uno quiere aproximarse a ellos, y de cierto modo, intenta hacerlo al incorporar esos elementos en las canciones. Todo tiene que ver con el gusto por esas obras, el interés por la literatura y la manera como aparecen cuando uno trata de hacer algo con palabras-, comenta Camilo al tiempo que observa los libros que reposan en su escritorio.

Los guiños literarios de Todo esto eran mangas son aderezados con una mixtura de sonidos que sobrepasan cualquier frontera.

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-Nosotros tenemos una base común que es el rock y la naturaleza libre de este género nos permite experimentos y exploraciones muy diversas. Tenemos una relación muy particular con otros géneros y eso nos hace sentir cómodos con un punteo, unas congas o una campana. Así llegamos a ese conjunto de aires que surgieron en la composición de las canciones. Nunca hubo la radical decisión de que tenían que sonar de tal o cual manera, sino que tratamos de construirlas. Si una canción tenía un piano muy tango o medio salsa, pues no nos preocupaba que tuviera esa sonoridad si lograba transmitir un efecto.

Este maridaje de letras y sonidos se complementa con el arte del disco. La caratula es sobria y nostálgica: en ella aparece en primer plano una máquina de escribir con una hoja de papel donde puede leerse su evocador nombre. La banda utilizó el símbolo de la máquina “para aterrizar y materializar las palabras”. “Como ya estamos tan acostumbrados a Word, tratar de escribir a máquina exige una reflexividad que para nosotros desapareció. Volver a experimentar esa sensación fue muy interesante porque vivimos nuevamente ese trabajo tan particular con las palabras”.

El álbum está disponible en plataformas digitales y próximamente saldrá en vinilo, un formato acorde al concepto que quiere transmitir la banda.

-Para nosotros la materialidad del trabajo siempre ha jugado un papel especial. Queremos aprovechar este formato para incluir nueve versiones gráficas de las canciones que sirven como base a la carátula de Todo esto eran mangas. Es una forma de aproximarnos a esa experiencia más reposada de la audición de un disco, que permite poner primero un lado y luego otro. Y mientras eso ocurre se pueden mirar los créditos o abrir el empaque en el que hay unas hojas. El vértigo de la experiencia digital ha reducido esas posibilidades; los celulares, las tabletas y los computadores reducen esa experiencia más minuciosa y detallada. Pero nosotros queremos ofrecer lo valioso que hay en los discos y una relación con la música más reposada- asegura Camilo antes de mirar las ilustraciones que vendrán dentro del disco y que fueron hechas a máquina de escribir por Alfonso Posada. ***

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Son las 4:50 p.m. y el olor a café recién hecho se esparce por toda la oficina. Camilo mira en su computador el afiche del concierto. Aunque está concentrado, su mirada sugiere que quiere tomarse un tinto caliente para despedir un día ajetreado. Los minutos pasan, el celular no ha vuelto a sonar y él recuerda los siete años que se tomó Parlantes para sacar un “disco difícil”.

-Este disco fue duro, pero absolutamente enriquecedor. Duro porque no fue una condición ideal demorarse tanto, sufrir problemas médicos y darse cuenta que los años pasan. Por más que mamaran gallo los amigos más cercanos al preguntarnos: “¿Todavía están grabando? ¿Cuándo van a terminar de grabar?” “¿Esta vez sí?”, siempre estuvo presente el propósito de terminar bien el disco. No queríamos dejarlo por la mitad, ni salir con un EP o con tres temas y ya. Había buenas ideas y buenas canciones, eso nos unió y nos trajo hasta este punto-, reflexiona Camilo.

Para llegar a este punto Parlantes mantuvo un interés por que ocurrieran canciones. Sus integrantes podrían estar ensayando un tema y si un amigo llegaba a contarles una historia ellos hacían una pausa para escucharla con atención mientras se tomaban una cerveza. “Esa historia tratábamos de meterla en algún lado y ese gusto por lo que ocurría alrededor de la música nos mantuvo”.

Gracias a ello la banda vuelve al ruedo musical con Todo esto eran mangas. Al escucharlo es inevitable transportarse a lugares tan disimiles como El Poblado, con sus lujosos apartamentos, centros comerciales, restaurantes y bares; o a las empinadas calles de Santo Domingo Savio en las que se levantan casas de dos o tres pisos que pueden verse desde una cabina del metro cable.

En las nueve canciones de Todo esto eran mangas también aparecen las voces de quienes habitan esta bella y caótica villa: las abuelas que se asoman al balcón para ver pasar la tarde, los pelaos que juegan un picaito en la cuadra, los pregoneros que van por las calles vendiendo aguacates, gelatinas de pata, pomadas y otros artículos de primera necesidad, el oficinista que corre veloz hacia su lugar de trabajo o el ladrón que se camufla entre los transeúntes después de robarse una billetera.

El disco, aparte de hacer una cartografía sonora de Medellín, ofrece una experiencia contemplativa a quien lo escuche. Una vez más, Parlantes demuestra que lo suyo es narrar con palabras y sonidos una ciudad difícil que no para de crecer, donde los contrastes están a la orden del día y las mangas son cortadas por los edificios como un recuerdo ingrato.

- Creo que nuestra música ha encontrado recursos, sonoridades y combinaciones que a veces dialogan de un modo más cómodo. Hemos aventurado cosas, traspasado algunas fronteras para buscar cosas nuevas, pero hay inquietudes que se mantienen. Nuestros tres discos nos han puesto frente a temas, situaciones, experiencias y personas que nos gustaría siguieran ocurriendo y hemos tratado de que así sea. Para todos es muy difícil mantener esa regularidad en términos de relaciones personales o de situaciones familiares, tener hijos y no estar un sábado en la casa no es ideal. Pero nos ha mantenido el gusto por lo que ocurre cuando estamos juntos-, concluye Camilo, quien se para de la silla para hojear el libro de Harry Martinson. Seguramente los versos del poeta sueco quedaron impregnados con el olor a café que se metió a su oficina y él se tomará una pausa para leerlos. U olerlos ¿Por qué no? ***