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En el Vive - El collage en Of Montreal

Of Montreal son veteranos de su propio género.
28.3.14

Inmediatamente después de la fiesta gay en AFI, nos fuimos a la carpa Rockampeonato, sin duda, nuestro escenario favorito del festival. Las palmeras que se ven en el fondo visten el escenario de manera espectacular. Son unas palmerotas melenudas que se pintan de colores con las luces y parece que cambian de textura a cada rato. Sonaba “The Party Is Crashing Us Now” y la fiesta ya estaba increíble. Nunca me había dado cuenta con tanta claridad, creo que es cosa de verlos en vivo, pero todas las canciones de Of Montreal son collages. El show completo es un popurrí continuo. Tienen un rollo completamente esquizofrénico de estructura. Cuando empiezan a hacer eso en tu cara, se pone demasiado fuerte.

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Me van a querer quemar las patas como a Cuauhtémoc, pero Of Montreal fue lo mejor de la noche. Son muchísimos y son buenísimos músicos todos. De repente suenan a bandita hedonista del siglo XXI pero de pronto parecen unos pinches jipis que pudieron haber tocado en Woodstock hace casi cincuenta años y después hacen un ruidazo elegantísimo que bien podría ser parte de un show de Sonic Youth. No estoy exagerando. Son muy prolíficos por su naturaleza esquizofrénica como de cut-up y tocan muy bien. La corista se daba golpes de pecho mientras hacía con una elegancia absoluta lo que tal vez Denise de Hello Seahorse! intenta hacer torpemente. Al mismo tiempo, los sintetizadores están a todo volumen y las guitarras se pusieron tan grandilocuentes como las de un Hendrix sesentero.

De pronto, una vendedora de cerveza se paró en mi cara y, como si yo fuera invisible, gritó como si estuviera buscando a alguien: “¡Cerveza! ¡Cerveza!”. Después de hacer eso un par de veces se fue, pero inmediatamente llegó un vendedor grandote con la charola de cerveza en la cabeza. Como si estuviera ayudando a la anterior a buscar a ese mismo alguien gritó, con menos entusiasmo, pero también en dirección a mi cara: “¡Cerveza! ¡Cerveza!”. Y cuando dio un paso hacia el horizonte, una fila de conga de vendedores de cerveza se armó detrás de él y emprendieron una peregrinación por encima de mi invisibilidad. “¡Cerveza! ¡Cerveza! ¡Refrescos! ¡Cervezaaaaaa!” gritaban, cada uno a su ritmo y estilo, mientras desfilaban uno tras otro. Uno gordo y chaparrito, otro viejo, uno muy alto, una con carita de ratón y otra gorda y simpática. Así siguió la fila de conga hasta que se desvaneció en un hoyo negro de especímenes-vende-cerveza.

Cuando pude volver a poner atencón, Kevin Barnes ya estaba sin camisa y cantando una canción que decía algo así como: “ella dice que le encanta chuparme el pito”. Un hombre dijo: “puedo ver ese camel toe hasta aca”. Y sí, Barnes se veía paquetón. Eso me hizo pensar en que lo joto esplendoroso que se ve en Of Montreal no impide que hombres y mujeres se sientan atraídos por Barnes sin ninguna intención de estarlo. Es interesante cómo, a pesar de que está ahí muy cínicamente representado todo el tiempo, lo maricón en of Montreal pasa a un plano muy irrelevante porque lo que están haciendo es realmente bueno. La homosexualidad contenida en el show de AFI y lo marica ostentoso de Of Montreal fue un excelente maridaje para completar la experiencia gay en el festival.

Esta es sólo una parte de la reseña del jueves de Vive Latino. Lee el resto aquí:

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