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Hablamos con Sophie Calle sobre Feist, Peaches y Laurie Anderson

Una de nuestras artistas favoritas de todos los tiempos va a estrenar su exposición Cuídese Mucho en el Museo Rufino Tamayo. Fuimos a platicar con ella al respecto.

Foto vía Galerie Perrotin.

Llegué corriendo al Museo Tamayo a las 10:30 AM. Subí las escaleras de la explanada a toda velocidad mientras les veía las caras borrosas a todos los que estaban en la fila para entrar a ver la exposición de Yayoi Kusama. Crucé la puerta sin formarme y me pegué en el pecho una estampa de prensa sin que nadie me diera nada. Entré corriendo a la sala donde ya está montada la última exposición de Sophie Calle, Cuídese Mucho. Ahí estaban los periodistas (de esos que usan chalecos con muchas bolsas, gafetes que parece que nunca se quitan y unas grabadoras gigantescas súper equipadas) rodeando a Sophie Calle. El ambiente era un poco tenso, pero supongo que así se viven las rondas de prensa. Una guerra por sacar la mejor información, más tortuosa que atravesar multitudes sudorosas en el Metro a hora pico.

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Me le quedé viendo a Sophie entre dos cabezas periodísticas. Traía puesto un vestido de muchos colores con figuras dispuestas de manera caleidoscópica, unos lentes oscuros y muchos anillos en los dedos. Estaba hablando al micrófono, respondiendo a una pregunta probablemente muy abstracta que alguien le había hecho pero que no escuché por llegar tarde. Los periodistas le preguntaban mucho sobre venganza, feminismo y esas cosas morbosas. Es entendible. Finalmente, el trabajo de Calle tiene mucho de voyerista tanto en el caso de quién lo ve, como en su posición como artista y objeto de la obra.

Sophie Calle, Les Dormeurs, 1979.

Sus trabajos anteriores (los más famosos) son dos proyectos que tienen que ver con la observación de la vida privada de otras personas y a veces de la propia. En su obra Les Dormeurs invitaba a personas aleatorias a dormir en su cama durante ocho días mientras ella los fotografiaba. Y en L’Ombre se hizo seguir por un investigador privado después de haber pasado años siguiendo ella misma a desconocidos por las calles de París. En este ultimo proyecto, Cuídese Mucho, Calle tomó una carta que recibió por e-mail, en la que su pareja de entonces termina su relación con ella. La última frase de esa carta es la que le da título a la exposición, donde se muestran las reacciones de 107 mujeres de distintas profesiones ante la carta y hacen algo en respuesta.

Un periodista le preguntó su opinión sobre el feminismo en el 2014. Mientras yo pasaba los ojos por las fotografías en la pared de la sala, Sophie habló de haber sido militante feminista. “Pero ya tengo 61”, dijo. “Ahora estoy en otra época de mi vida.” Luego le preguntaron sobre su ex, el autor de la carta. Ella mencionó que la llamó por teléfono un día, cuando se enteró del proyecto. “Me dijo que no estaba contento, pero que respetaba el trabajo. Fue muy noble y muy humilde. Me cayó tan bien lo que me dijo que nos hicimos amigos. Sí, ahora somos amigos.” Luego se puso a hablar de que cuando algo personal se convierte en un elemento de trabajo, se toma cierta distancia. Pero aun así, como espectadores de su obra, sentimos una relación directa con su vida privada. Le pregunté que cómo podía sentirse tanta intimidad en su trabajo si todos son pedazos de su vida privada de los que ella misma tomó distancia. “Mi vida privada no es lo que está en las paredes. Digamos que sólo hay ciertos elementos que he tomado de mi propia realidad, que después se convierten en otra cosa. Siempre he tomado fotografías, y en algún momento empecé a hacer películas. En el 96 hice No Sex Last Night con Greg Shepard. Todo eso sí pasó en la realidad, pero no estaba pasando en ese momento. Más bien, tiempo después, nos llevamos las cámaras y decidimos convertirlo en un proyecto. Eso pasa con el resto de mi trabajo. Claro, no son ficciones. No me lo invento. Pero ya no es mi intimidad tampoco.”

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No Sex Last Night, Sophie Calle y Greg Shepard. 1996

Alguien le preguntó cómo había seleccionado a las mujeres del proyecto. “Son 107 porque en algún momento tenía que parar y porque en Francia hay un coche famoso que anuncian como el 104 y tenía miedo de tener un número de coche.” Nos contó que buscaba tener un espectro diverso de mujeres en distintos campos y que todas accedieron a participar sin paga, porque antes de la Bienal de Venecia en 2007, quienes le comisionaron el proyecto, no tenía dinero para financiarlo. “Quise contactar a muchas celebridades norteamericanas que accedieron pero me mandaron un millón de contratos para sus peinados. Con Feist, por ejemplo, fue muy fácil.” Le pregunté por qué escogió a Feist. “Conozco a alguien que la conoce, casi con todas las que trabajaron en esto ese fue el caso. Ella vive en Berlín. Tardó un poco en responder pero accedió sin problema. Yo tuve que volar a Berlín, pero lo hizo por puro interés en el proyecto.” Me dijo que tenía a muchas que se dedicaban a la música. Desde cantantes de opera hasta gente como Peaches y Laurie Anderson.

Busqué cada uno de sus trabajos. Ahí estaban las tres. Cada una desde su trinchera respondiendo ante una carta que terminaba en un “Cuídese mucho.” Aquí abajo pueden ver las fotos y los videos de lo que hizo cada una de las tres. Para ver el resto vayan a la exposición en el Museo Tamayo. Inaugura hoy mismo.

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Feist

Foto vía Arsty.

Laurie Anderson

Foto vía Galerie Perrotin.

Peaches

Foto vía Bright Hub.

A Raquel nunca le han cortado por e-mail, pero sí por Twitter: @salvenseustedes