Cultură

Fuimos cosplayers por un día en la Argentina Comic Con

Te mostramos cómo es este mundo desde adentro, junto a dos grandes referentes locales del cosplay
Fotos por Cristian Calavia

Artículo publicado por VICE Argentina

La escena comienza con los tres entrando al departamento. Son apenas pasadas las 10 pm. Tardamos casi dos horas en volver de la Argentina Comic Con, versión local de la convención dedicada a cómics y cultura pop celebrada en San Diego desde 1970, y que con los años se ha convertido en la más importante del mundo. La alta demanda de transporte, los festejos de los hinchas de River tras haber ganado la Copa Libertadores y nuestra poca suerte para encontrar un baúl en el que entrara la silla de ruedas que habíamos alquilado para la performance, nos dejaron varados un buen rato en la esquina de Figueroa Alcorta y Jerónimo Salguero, en Palermo Chico, Buenos Aires. Sin embargo, a pesar de todos los contratiempos y la sed infinita, de los pies latiendo de tanto caminar y el maquillaje todavía a flor de piel, el cansancio no lograba imponerse ante la satisfacción de la tarea cumplida.

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Anne Valmont y Alejandro Fanzago se conocieron hace cinco años en un festival de cine y series. Ella había ido caracterizada como Izzy de Shadowhunters, mientras que él se había mimetizado con Alex DeLarge, de La Naranja Mecánica. Por aquel entonces, Alejandro recién había llegado de Salta para estudiar cine y Anne estaba terminando la carrera de Filosofía y Letras y daba clases de inglés. Pocos meses después de ese primer encuentro, no sólo empezaron a salir, sino que también se volvieron socios en el oficio del cosplay. No les fue nada mal: en 2016 ganaron el concurso Master Ensamble en la Comic Con de Los Angeles y se posicionaron entre los mejores cosplayers de la escena local. Como si todo eso fuera poco, ahora mismo están trabajando en la producción de una serie web sobre los dos personajes que los llevaron a lo más alto: el Joker y Harley Quinn.

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El universo del cosplay no se trata simplemente de disfrazarse para parecerse lo más posible a una figura del cine, la literatura, las historietas o la televisión. Es un compendio de habilidades vinculadas a la actuación, el maquillaje, los efectos especiales, el vestuario y todos los desafíos que puedan llegar a cruzarse en el camino. Es estudiar los movimientos, los gestos y la historia de un personaje, como también tomar elementos de sus múltiples versiones para crear una composición única y original. La primera reunión que tuve con ellos fue en su departamento en el barrio de Las Cañitas. Un verdadero museo del universo de Batman y Star Wars, entre otros. En el corazón del hogar está montado el taller donde guardan los materiales, insumos y herramientas para poner a prueba su creatividad y en práctica sus invenciones.

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Allí conversamos largo y tendido sobre qué íbamos a hacer. Finalmente, ellos optaron por encarnar una nueva interpretación del Joker y Harley Quinn y yo a Jeremiah Arkham, director del psiquiátrico donde se hospedan los villanos más peligrosos de Ciudad Gótica. A partir de ahí, ambos empezaron a llamarme “doc”. Durante las semanas siguientes, me dediqué a rastrear y conseguir los elementos necesarios para encarnar al personaje, basándome en imágenes que encontré en Internet: delantal blanco, camisa clara, corbata verde y celeste a rayas, pantalón y saco de vestir negros, cinturón de hebilla plateada, zapatos, anteojos de marco grueso y credencial de empleado del Asilo Arkham. Por sugerencia de ellos, también me afeité una semana antes del evento para llegar con una barba incipiente. Sabía que iba a salir a la cancha con dos expertos en la materia y no quería desentonar.

El día de la convención nos encontramos nuevamente en su casa. Afuera la sensación térmica era de 27 grados y el calor se hacía sentir bastante. Mientras Alejandro terminaba de maquillarse —se había dejado crecer las uñas durante tres meses para que parecieran lo más reales posibles— Anne me contó sobre distintas situaciones que le tocaron vivir en el oficio. “Te puede pasar que no te quede tiempo ni para tomar un vaso de agua o que haya gente que te quiera sacar del personaje preguntándote cualquier cosa”, me advirtió. Después de ayudar a Alejandro a ponerse su chaleco de fuerza, bajamos a la puerta del edificio y nos quedamos esperando el taxi bajo la lluvia. “Cuando te dedicás a esto, la Ley de Murphy se cumple a rajatabla, siempre tenés que estar lidiando con imprevistos y eso también es parte del encanto”, dijo ya totalmente convertido en el archienemigo del hombre murciélago.

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Cuando uno asiste a este tipo de eventos la interacción con los cosplayers generalmente es efímera y medio de pasada. A lo sumo, una selfie y a seguir recorriendo los pasillos y stands en búsqueda de algún souvenir medianamente accesible. Sin embargo, para quien está interpretando un personaje es una ardua jornada de tiempo completo, sin distracciones ni recreos. Nadie quiere ver al Joker sentado, encorvado y en silencio, con el corbatín desatado y fumando un cigarrillo. En palabras del insigne Ben Parker "todo gran poder conlleva una gran responsabilidad", y una de las reglas inquebrantables de este arte es mantenerse en el rol. No romper el código del juego implícito que se establece entre los transeúntes y sus personajes favoritos. Al principio, es un desafío muy divertido. Luego de un par de horas, se vuelve una tarea cada vez más y más difícil de sostener.

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Dicho y hecho. Tardamos más de 45 minutos en hacer los primeros diez metros de recorrido del primer pabellón. Ni bien entramos al lugar, la gente enloqueció. Deben habernos sacado más de 100 fotos. Éramos el centro de la escena. Todos y todas querían llevarse un recuerdo de su encuentro con el Joker, Harley Quinn y Jeremiah Arkham. De golpe, un enjambre incontable de celulares nos había rodeado y toda la serenidad y entusiasmo de la previa se había transformado en caos. Incluso, algunos conocidos de otros ámbitos se acercaron a pedirnos una foto y ni siquiera me reconocieron. Entre flashes, poses y algún que otro empujón, las horas empezaron a suceder vertiginosamente y el paso del tiempo sólo se percibía por el cansancio en las rodillas.

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Tanto la voz de los parlantes como los empleados de prevención anunciaron que el evento había terminado. En ese momento, me di cuenta que no habíamos tenido la oportunidad de visitar un solo stand ni de participar en ninguna de las actividades que había en los pasillos de los pabellones. Ni hablar de acercarnos a alguna de las charlas o de ir a ver el desfile de Star Wars con el que dieron por concluidas las atracciones del escenario principal. A pesar de que la Argentina Comic Con había llegado a su fin, a cada paso que dábamos en dirección a la puerta de salida se nos acercaba alguien con ganas de una selfie más, siempre una más, para las stories de Instagram.

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