El regreso en vivo de Arctic Monkeys nos recuerda por qué son atemporales

No importa lo que digan, la gran cantidad de fechas de festivales de la banda es una razón para ponerse nostálgico del pasado y emocionado por el momento.
Lauren O'Neill
London, GB
31.1.18

Todo el mundo tiene una historia sobre su primera vez. No estoy hablando de algo tan banal como el sexo. Hay algo mucho más importante; un breve momento de trascendencia que todos en algún momento de la vida vamos a sentir. Para mucha gente pasa en la adolescencia, cuando tu cerebro está abierto a muchas posibilidades nuevas, y tienes un anhelo por algo que solo puedes nombrar muchos años después, como el deseo de algo más allá de una vida normal. La primera vez que escuchas música que entiendes y que a la misma vez te entiende a ti, te forma como persona para siempre.

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Para mí, así como para mucha gente que creció en los Midlands y el norte de Inglaterra a mediados de los 2000, eso pasó con los Arctic Monkeys, y, específicamente, con su primer albúm de 2006, Whatever People Say I Am, That's What I'm Not. A veces me gustaría que fuera algo menos evidente, pero cada vez que lo escucho me siento desesperadamente identificado, y en ese momento me doy cuenta de que nunca podría haber sido otro.

Salidos de la escena británica caracterizada por bandas de indie como Los Libertines, Arctic Monkeys consistía en cuatro chicos de Sheffield cuyas canciones sobre temas como la vida y el primer amor lograban transformar tus experiencias aburridas en una experiencia technicolor. Un viaje en taxi después una fiesta se transformaba en una poema épico, un portero agresivo se volvía un villano de dimensiones shakespearianas. Sentí que por fin había saciado un hambre por algo que ni siquiera sabía que necesitaba.

Aunque las ensoñadoras acuarelas utópicas de Pete Doherty y los retratos tenues y ahumados de Julian Casablanca fueron importantes y inteligentes en su manera, para mí eran demasiado abstractos en comparación con las instantáneas de enfoque nítido de Alex Turner. Sentía que describía los lugares y la gente que conocía. "Classic Reeboks, knackered Converse, or trackie bottoms tucked in socks" eran cosas que yo veía todo los días y habían sido inmortalizadas por rockstars. La letras le daban romanticismo a mi existencia aburrida en Birmingham. Las guitarras sinceras y los tambores incesantes de Matt Helder me dieron un espacio para expresar mi inútil furia adolescente.

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Durante un tiempo escuché Whatever People say I Am sin cesar. Como mucha gente con su primer álbum, todavía puedo recitar toda la letra. Después hice la transición hacia el emo y el punk, pero siempre tuve una debilidad (a veces difícil, después de que Alex Turner se transformara en… ¿un vaquero?) y escuchaba de vez en cuando sus otros álbumes. Sin embargo, algo de lo que estoy seguro es de que su constante producción de discos desde 2006 ha tenido el mismo efecto en las vidas de innumerables adolescentes que tuvo en mí a lo largo de los años. Por esta razón, su regreso a los escenarios en 2018, que anunciaron hace dos días, significa mucho para muchas personas. El grupo va encabezar una lista de festivales impresionante, empezando con Primavera Sound en junio.

Para mí, los conciertos en vivo de los Arctic Monkeys marcaron mi vida adolescente y se sienten como puntos específicos de dónde estaba en ese entonces. Su concierto en Manchester, en el que Amy Winehouse también tocó me hizo sentir igual a cuando escuché Whatever People Say I Am por primera vez. No me acuerdo muy bien de su concierto en Reading Festival, porque tenía 15 años y estaba en Reading Festival. No los he visto tocar en muchos años, pero la posibilidad de verlos me llena de emoción. Pueden ser fácilmente considerados como un grupo de rock promedio a pesar de que su álbum AM, fue su mejor esfuerzo en muchos años. No creo que puedan ser considerados como innovadores, pero hay una razón por la que se siente una vibra especial en el público antes de un concierto de Arctic Monkeys: uno se siente a la misma vez jóven e identificado todavía con la letra. De alguna forma, la experiencia es atemporal.

Alex Turner, para bien o para mal, narró mi adolescencia dando sentido a nuestras vidas de mierda en los pueblos británicos grises. Las transformó en algo hermoso, y todavía lo pueden hacer. Eso es lo mejor de la música, y los Arctic Monkeys lo lograron a una gran escala. Además, ¿a quién no le gusta “Mardy Bum”?

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Este artículo apareció originalmente en Noisey UK.